La intervención en casos de niños en situación de vulnerabilidad o riesgo de exclusión social es uno de los cometidos fundamentales de los trabajadores sociales. Trabajar con este colectivo tan vulnerable requiere de determinadas habilidades, dado que la intervención con menores es compleja por las características de su etapa de desarrollo. El papel del Trabajo Social con niños adquiere especial relevancia cuando estos se encuentran en riesgo de exclusión social, situaciones de vulnerabilidad o maltrato, así como cuando es necesaria la integración de menores inmigrantes o de minorías étnicas.
El trabajador social actúa principalmente a través de los Servicios Sociales comunitarios o especializados. La Ley orgánica 8/2015, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia, es la norma de referencia nacional en cuanto a la protección de los menores, haciendo especial hincapié en el interés superior del menor, su derecho a ser escuchados y su protección frente a la violencia.

El Rol del Trabajo Social en la Protección de la Infancia
El principal papel de los trabajadores sociales en este ámbito es la actuación en las áreas de detección (por ejemplo, en casos de maltrato infantil, abuso sexual, problemas sociofamiliares o de desarrollo) y la prevención de situaciones de vulnerabilidad o riesgo de exclusión social. Además, se ocupan de facilitar la integración del alumnado perteneciente a minorías étnicas y migrantes, y de fomentar la participación de las familias en la comunidad educativa del centro escolar.
Ámbitos de Actuación del Trabajador Social con Menores
- Centros escolares (en colaboración con Servicios Sociales comunitarios o especializados).
- Servicios Sociales comunitarios (dependientes de ayuntamientos o diputaciones).
- Servicios Sociales especializados.
- Centros de protección de menores.
- Pisos protegidos para menores.
- Centros de acogida de inmigrantes.
- Centros de menores.
- Peritaje social.
Funciones Clave del Trabajador Social con Niños
- Detección: Identificar situaciones de riesgo social para intervenir antes de que se agraven.
- Mediación intercultural: Minimizar barreras lingüísticas y culturales para la integración de menores inmigrantes.
- Derivación: Canalizar casos a otros ámbitos, como el sanitario o psicológico, para una intervención completa. También es fundamental en casos de absentismo escolar para emitir informes sociales.
- Seguimiento de casos graves: Intervenir en situaciones de maltrato parental, desamparo o acoso escolar.
- Evaluación: Valorar las necesidades de los menores y las intervenciones realizadas, a través de observación y entrevistas con docentes y familiares.
- Peritaje social: Realizar seguimiento y determinar medidas que favorezcan la reeducación de menores que hayan cometido algún delito.
Formación y Habilidades del Trabajador Social con Niños
Para ejercer el Trabajo Social con menores, es fundamental cursar el Grado en Trabajo Social y complementarlo con formación especializada, como Másteres en Educación Especial o Dificultades de Aprendizaje. Es esencial contar con habilidades como el respeto, la empatía y el cariño. La Ley de protección a la infancia y adolescencia estipula, además, que es requisito indispensable carecer de antecedentes por delitos sexuales para trabajar con menores, garantizando su bienestar.
El Cierre del SENAME: Una Historia de Dolor y Transformación
El 12 de enero de 2026, Chile cerró oficialmente el Servicio Nacional de Menores (SENAME). Este acto no fue un simple cambio administrativo, sino el reconocimiento de una historia dolorosa, atravesada por graves violaciones a los derechos humanos, negligencias estructurales y muertes que nunca debieron ocurrir.
El deterioro del sistema de protección a la infancia fue evidente en múltiples ocasiones. En 2007, un incendio en el centro “Tiempo de Crecer” en Puerto Montt terminó con la vida de diez adolescentes privados de libertad, revelando recintos inseguros, sobreocupados y sin condiciones mínimas de protección. Diecisiete años después, en 2024, la Corte Interamericana de Derechos Humanos responsabilizó al Estado de Chile por vulneraciones múltiples y simultáneas cometidas contra niños y adolescentes bajo custodia estatal por este caso.
Otro punto de quiebre fue la muerte de Lissette Villa en 2016, consecuencia directa de un modelo institucional que normalizaba la violencia y confundía contención con castigo. Durante años, informes técnicos, comisiones investigadoras, fallos judiciales y organismos internacionales alertaron sobre malos tratos, abusos, sobre medicación, negligencias graves y muertes evitables. A pesar de que el Estado y la sociedad supieron, el sistema continuó operando.
World Vision y su análisis sobre la crisis del Sename
Las cifras son reveladoras: entre 2005 y 2020, más de mil niños, niñas y adolescentes murieron mientras se encontraban vinculados a programas del Estado, la mayoría en programas de protección. Estas muertes incluyeron a niños pequeños, lactantes, niñas y niños con discapacidad, y adolescentes con trayectorias de exclusión, en un entramado institucional que conocía la situación pero no actuó con la urgencia necesaria.
El cierre del SENAME, aunque una reparación tardía, representa el reconocimiento explícito del fracaso del modelo y la obligación ética de separar la protección de la infancia de la lógica punitiva.
Nuevos Horizontes: Servicio Nacional de Protección Especializada y Reinserción Social Juvenil
La responsabilidad de los nuevos servicios, el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia y el Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil, es enorme. Su creación por sí sola no garantiza un cambio real si no se transforman las prácticas, las condiciones materiales y la cultura institucional. Es imperativo que no reproduzcan las lógicas que llevaron al colapso del sistema anterior, garantizando estándares reales de cuidado, supervisión efectiva y condiciones laborales dignas para los profesionales.
Se debe comprender que niños, niñas y adolescentes no son "casos" o "cupos", sino sujetos de derechos cuya vida y dignidad no admiten margen de error.
El Trabajo Social Ante el Desafío de la Reconstrucción
Desde el Trabajo Social, la responsabilidad ha trascendido lo técnico y administrativo. Los profesionales han sostenido la escucha, levantado alertas y acompañado trayectorias marcadas por el abandono institucional en residencias, tribunales, hospitales y territorios. Su rol ha sido visibilizar lo que otros prefirieron callar y resistir la normalización del daño. Aunque se reconoce que no siempre fueron suficientes, esta autocrítica fortalece la profesión, que cargó con el peso de decisiones institucionales que, a menudo, debió ejecutar en contextos de precariedad y sobrecarga.
Hoy, el Trabajo Social exige memoria, verdad y responsabilidades claras, no por revancha, sino porque sin una revisión honesta de las propias prácticas no hay transformación posible. Es fundamental recordar que cada cifra de muerte tuvo un rostro, una historia y una vida que importaba, y que la protección no puede volver a confundirse con control. La deuda con la infancia no prescribe, y la construcción de un país justo no puede basarse en silencios impuestos ni en muertes sin justicia.

Modelos de Intervención Colaborativa y Programas Piloto
Ante la complejidad de las situaciones que involucran a múltiples actores sociales, la colaboración emerge como la mejor respuesta. Iniciativas como el programa "Abriendo Caminos", implementado desde 2009, buscan atender de manera integral a niños, niñas y adolescentes en situación de separación forzada por tener un adulto significativo cumpliendo condena. Este programa, que funciona bajo un modelo público-privado, acompaña a las familias a través de equipos profesionales (incluyendo trabajadores sociales) que realizan diagnósticos integrales y ofrecen apoyo psicosocial y sociolaboral. Además, proporciona acompañamiento personalizado, tutorías y actividades culturales, deportivas y comunitarias.
Otro ejemplo es el proyecto piloto "Nuevos Futuros" para residencias infantiles, una alianza de instituciones públicas y privadas, academia y sociedad civil. Este proyecto, que se implementa en La Araucanía, ha contado con la participación de la Escuela de Trabajo Social de la UC en la creación de contenidos y metodologías, y con un convenio entre Chile Valora y SENAME para el diseño de perfiles laborales y planes formativos para roles clave en las residencias de protección (director, dupla psicosocial y educador de trato directo). Estas iniciativas buscan fortalecer la labor en las residencias y los sistemas locales de protección, favoreciendo la articulación sectorial, familiar y comunitaria para entregar respuestas coherentes y culturalmente pertinentes, visibilizando la infancia y su derecho a la participación.