El Humor Negro y su Rol en la Vida de los Ancianos

El humor negro, también llamado humor ácido, es un tipo de humor que se basa en encontrar la comedia en situaciones trágicas o desagradables, cuestionándolas o analizándolas mediante la sátira, creando una brecha entre lo que se espera y la reacción cómica que surge. Este tipo de humor también puede usarse como un filtro social, en cuanto al nivel de reacción de quienes lo oyen. Además, el humor negro puede servir como una herramienta para cuestionar las normas sociales establecidas y los valores, actuando como una crítica social. Al estar basado en temas controversiales, puede ser interpretado erróneamente como falta de respeto o empatía.

Esquema de las diversas interpretaciones del humor negro

El Poder de la Risa en la Vejez: Una Historia Personal

La adaptación a nuevas circunstancias en la vejez puede ser un desafío. Después de haber vivido casi toda su vida en Manhattan, una madre se adaptó a la vida en la costa pacífica mucho más fácilmente de lo esperado. Sin embargo, más o menos al año de estar allí, algo cambió. Su hija la encontraba sentada alejada del grupo, con la cabeza inclinada, sin fuerzas para contrarrestar la gravedad y con ganas de dormir. Cuando los demás le hablaban, ella miraba con una mirada vacía hacia la distancia. Había perdido su interés en las comidas, una de sus grandes pasiones.

La hija conocía los servicios para adultos mayores que proveen compañerismo y programas con nombres como Visiting Angels, Senior Helpers y Good Company Senior Care. Pero deseaba algo distinto para su madre de 84 años; quería encontrar a alguien que la hiciera reír. Siendo comediante profesional por años, la hija sabía que cuando su madre la miraba a los ojos, solo veía a una hija con la cual ya no podía comunicarse. Decidió buscar en los medios sociales, publicando: "Busco a una persona cómica con interés en la geriatría. Trabajo remunerado. A tiempo parcial".

Una amiga le sugirió contactar a Sue, una excómica interesada en trabajar con adultos mayores. La hija llamó a Sue inmediatamente. Sue tenía una de esas voces raras, mitad amabilidad, mitad honestidad. "¿Qué pasa, Muriel?", le preguntó Sue a la madre, quien se quedó mirando fijamente hacia adelante. Sin vacilar siquiera, Sue se movió para hacer contacto visual con ella. "No deseas hablar, ¿no es así Muriel?". "Comprendo", dijo Sue. "Algunos días yo tampoco deseo hablar. Cuando alguien insiste, pienso, 'Idiota, ¿acaso parece que quisiera conversar?'”.

En ese momento, la madre volteó la cabeza para mirar a Sue y se sonrió. Sue repitió lo que había dicho, esta vez con un poco más de ánimo. La madre se sonrió aún más, entonces se rio y soltó un "¡idiota!" como un niño que se sale con las suyas. Miró a Sue para ver cómo reaccionaría. Sue se rio a carcajadas y entonces, como todo comediante, le ganó. "¡Oye, idiota! "¡Idiota!", gritó la madre, riéndose tanto que casi ni pudo decir la palabra. La hija, sintiéndose un poco cohibida con toda esa palabrería, pensó en lo perfecta que era una comediante para este trabajo.

Tomaron una pausa para recobrar el aliento. "¿Quieres un poco de agua?", le preguntó Sue a la madre, ofreciéndole un vaso. Ella asintió con la cabeza. Sue se lo llevó a los labios. La hija se secó una lágrima, no tanto por tristeza, sino por uno de esos momentos reveladores. De pronto se dio cuenta de que cuando la lógica, la memoria y el lenguaje se pierden, lo único que nos queda es el momento presente.

Foto de una mujer mayor riendo a carcajadas con su cuidadora

La hija contrató a Sue para trabajar con su madre diez horas a la semana. Dentro de pocos días de conocer a Sue, la madre comenzó a comer de nuevo. Incluso cuando Sue no estaba, se relacionaba más con los demás, saludando con la mano y estirándola para ponerse en contacto con los ayudantes y otros residentes. Comenzó a cantar, no la letra de las canciones, pero tarareaba y se sonreía.

Aproximadamente un mes después, la hija fue a visitarla. Mientras caminaba por el pasillo escuchó la canción “I Get a Kick Out of You”, de Tony Bennett, que se oía a todo volumen desde la habitación de su madre, y entonces la voz marcada de Sue. La hija echó una miradita, silenciosamente, sin que ellas la vieran. "No", le dijo Sue a la madre. Sue dejó de moverse y miró a la madre. Y entonces la hija oyó algo que se parecía mucho a la voz de su madre. "Está bien", le contestó Sue. "No", dijo la madre. "Hola", dijo la hija. "Sí. Sí, así fue. ¿Verdad, Muriel? Solo nos tomó cuatro meses, ¿verdad Mutz?". "¿Ves, Mutz? "Loro viejo", dijo la madre, riéndose. "Sí, somos un par de loras viejas, tú y yo", dijo Sue, riéndose con ella y luego dándole un beso sobre la cabeza.

Ver cómo floreció esa relación durante esos meses -hecha más estrecha por las carcajadas- ha convencido a la hija de que tantas personas, en cada etapa de la vida, podrían beneficiarse de pasar tiempo con una persona con el don del humor y de saber elegir el momento oportuno, para mostrarles que todavía es posible reír y sentirse vivo.

¿Qué hay detrás del mal humor? | Patricia Kelly

La Terapia del Humor en Pacientes con Demencia

La terapia con el humor puede ser tan eficaz como algunos medicamentos para controlar la agitación en los pacientes con demencia. Esa es la conclusión de investigaciones llevadas a cabo en la University of New South Wales en Australia. El estudio analizó la eficacia de los terapeutas profesionales de humor, llamados Elder Clowns (Payasos para mayores), que trabajan con empleados de los hogares de ancianos capacitados en la técnica, llamados Laughter Bosses (Jefes de la risa).

A medida que los pacientes con demencia pierden su función cognitiva, pierden la capacidad de reírse y sonreírse, especialmente como herramienta de comunicación social. Pero algunos tipos de risa se conservan. Como explica un estudio japonés, algunos pacientes con demencia se sonríen o se ríen después de haber dormido o comido bien.

Sin embargo, los que padecen de demencia también pueden ofenderse por el humor. Los pacientes de Alzheimer pueden tener una sensibilidad elevada a los chistes, dado que saben que les cuesta trabajo comprender ciertas cosas. Aunque se pueda menospreciar en juego a las amistades, ese tipo de humor probablemente les parezca humillante o estigmatizador a una persona con Alzheimer.

Infografía sobre los beneficios de la terapia del humor en la demencia

El Humor Negro ante la Muerte y los Funerales

Suele ocurrir que la muerte de personas que han tenido una larga agonía se recibe con alivio, y más si se trata de ancianos que han visto cumplida la vida. En este caso, en medio de la tristeza, su muerte se vive no como una interrupción, sino como una culminación ejemplar. No es tampoco infrecuente que en los entierros sucedan cosas chuscas y esperpénticas. Quizá sólo nos lo parecen por contraste, y porque en un entierro no es fácil estar a la altura del muerto. Por esa razón en los entierros, si no tiene uno que permanecer en las primeras filas, la gente busca instintivamente las últimas.

Es un hecho que en algunos de ellos:

  1. Se cierran grandes tratos y negocios.
  2. Se cuentan los mejores chistes o se entera uno de las historias más increíbles.
  3. Muchos sienten, en cuanto salen del cementerio, un deseo irracional de aparearse, bien con su pareja habitual, bien con cualquier otra persona de las presentes.

Estos fenómenos, aunque puedan parecer irreverentes, ponen de manifiesto la compleja interacción entre el dolor, la vida y la necesidad humana de encontrar un respiro, incluso en los momentos más solemnes.

Ilustración de un funeral con elementos sutilmente humorísticos

La Inteligencia y la Necesidad del Humor Negro

"El humor negro es como hacerlo sin preservativo, hay que saber dónde y con quién hacerlo", eso lo dice Dani Rovira. "Si no me molestaron los chistes sobre mí en plena adolescencia, ¡cómo me van a molestar ahora!", lo añade Irene Villa que, por desgracia, sabe más aún, aunque por otros motivos. Está claro que los chistes de humor negro ofensivos o de mal gusto no son para todo el mundo. Sin embargo, estos chistes nos recuerdan que no debemos tomarnos la vida demasiado en serio y que los temas delicados no están por encima de una buena carcajada.

Se suele creer que el hecho de que te gusten los chistes de dudoso gusto es un signo de inteligencia (y quizá de algunos problemas subyacentes). Cuanto más oscuro, irónico y repugnante sea el humor de tu preferencia, más probable es que tu coeficiente intelectual sea mayor. O, al menos, eso es lo que nos gusta creer. Quizá nos gusten estos chistes también podría reflejar nuestra visión nihilista del mundo. Todos sabemos que las cosas tienden a volverse desagradables de imprevisto, y en ese caso siempre es mejor que las penas nos pillen riendo. Reírse de lo terrible es la única forma de no acabar llorando en una esquina.

Chistes de Humor Negro Relacionados con la Vejez y la Muerte

Los chistes de humor negro pueden ser una forma divertida de romper el hielo en reuniones con amigos, siempre y cuando se cuenten en el contexto adecuado. Los siguientes ejemplos ilustran cómo este tipo de humor aborda la vejez, la muerte y situaciones cotidianas con un toque oscuro y, a menudo, sorprendente:

  • A mis parientes mayores les gustaba burlarse de mí en las bodas, diciendo: "¡Tú serás el siguiente!". Pero dejaron de hacerlo enseguida cuando empecé a hacer lo mismo yo en los funerales.
  • El médico en la consulta. "Tengo buenas y malas noticias". "Deme primero las buenas", dice el paciente. "Han llegado los resultados de sus pruebas y solo le quedan dos días de vida". "¿Esas son las buenas noticias? ¿Y cuál es la mala?", dice el paciente. "Llevo dos días intentando localizarle".
  • Un tipo se adentra con un niño en el bosque. Este se dirige a él y le dice: "Oiga señor, está oscureciendo mucho y tengo miedo". El hombre responde: "¿Cómo crees que me siento yo que tengo que volver caminando solo?".
  • Quiero morir tranquilamente mientras duermo, como mi abuelo. No gritando, como los pasajeros de su autobús.
  • Los chistes de humor negro son como los niños de los antivacunas, nunca se hacen viejos.
  • Un hombre va a la biblioteca y pide un libro sobre cómo suicidarse. El bibliotecario le responde, "no te lo presto, que no me lo devuelves".
  • Nunca olvidaré las últimas palabras de mi abuelo justo antes de morir. "¿Sigues sosteniendo la escalera?".
  • Un hombre va al médico para un chequeo, y este le dice: "Tengo malas noticias, usted tiene cáncer y alzheimer". El hombre le responde: "¡Gracias a Dios que no tengo cáncer!".
  • A medida que me hago mayor, me acuerdo de toda la gente que he perdido por el camino. Quizá mi carrera de guía turístico no fue la elección correcta.
  • Mi abuelo decía que mi generación depende demasiado de la última tecnología. Así que le desconecté de la respiración asistida.
  • Opción 1: Vamos a comer abuela. Opción 2: Vamos a comer, abuela. Ahí lo tienes. La prueba de que la puntuación salva vidas.
  • Si crees que bromearía sobre el Alzheimer, olvídalo.
  • Nunca olvidaré las últimas palabras de mi padre. "Borra mi historial de búsqueda, hijo".
  • Doctor: "Pronto estarás en paz". Hombre: "¿Me estoy muriendo?". Doctor: "No, pero su esposa sí".
  • FIERA EN LA CAMA: Una anciana le dice a otra: "Con los años, mi marido se ha convertido en una fiera en la cama". "¿Te hace el amor como un salvaje?". "No, se mea en las sábanas para marcar su territorio."
  • APRENDIENDO INFORMÁTICA: "Abuela, ¿qué haces en frente de la computadora con los ojos cerrados?". "Nada, hijo, es que Windows me dijo que cerrara las pestañas..."
  • EL ABUELO: En el cumpleaños centenario del abuelo está toda la familia reunida cantándole el Feliz Cumpleaños, y en esto que el abuelo viejísimo se ladea, parece que se va a caer de la silla, y todos gritan: "¡El abuelo!, ¡el abuelo!, ¡cuidado con el abuelo!". Y entre todos lo ponen en la posición correcta. Al cabo de un rato se produce la misma situación. Y así varias veces, hasta que al final el abuelo dice: "¡Pero diantres!, ¿es que ni en el día de mi cumpleaños me vais a dejar tirarme un pedo a gusto o qué?".
  • VAGABUNDO: Un vagabundo va por la playa y le dice a una abuela: "Señora, no he comido en 48 horas". La abuela le contesta: "Muy bien joven, ya puedes ir a nadar..."
  • LA MUELA: Un anciano le dice a otro: "Sabes una cosa Julián, un dolor de muelas se quita, sacándola." El otro responde: "Por supuesto, todo el mundo sabe eso, pero como le duele a un anciano sacarse una muela no solo por el dolor, sino por la nostalgia."
  • ENVEJECIENDO: Va un abuelete al médico, el hombre todo acabado, con su bastón, quejándose del lumbago, cojeando de una pierna... Se sienta y el doctor le pregunta: "Veamos, cuénteme lo que le pasa." El abuelete responde: "Pues mire Doctor, que el tiempo pasa, el primero todavía lo aguanto, el segundo cada vez me cuesta más, el tercero es todo un sufrimiento, el cuarto un infierno y con el quinto ya no puedo..." El médico, se queda todo sorprendido y le pregunta: "Pero, ¿usted cuántos años tiene?". "Noventa y dos", responde el abuelete. Ante lo cual el medico en tono semicompasivo le dice: "Hombre, eso no es ningún problema. Fíjese en mí, con 35 años y ya ve usted, los dos primeros muy bien, el tercero muy poquitas veces y del cuarto y del quinto yo ya ni me acuerdo." Ante lo cual el abuelo le mira y todo sonriente le dice: "¡Ah!, pero usted, ¿TAMBIEN VIVE EN UN QUINTO SIN ASCENSOR?".
  • Y PICO: Dos abueletes se conocen en el parque y uno le pregunta al otro: "¿Cuántos años tiene?". Y el otro responde 80 y pico, y el otro dice: "¡Qué envidia! Yo tengo 70 y ya no pico."
  • PROBLEMA DE MEMORIA: Dos abuelitos van al médico. Le dice el abuelo al doctor: "Mire, venimos porque tenemos un problema de memoria, cada año que pasa nos volvemos más olvidadizos." El doctor responde: "Bueno, a su edad eso es normal. El mejor remedio para eso es acostumbrarse a apuntarlo todo. Deben tener siempre una libreta a mano para anotar cualquier cosa que no quieran olvidar." Esa noche, en casa, están viendo la TV y el abuelo se levanta. "¿Adónde vas?", dice ella. "Voy a la cocina." "Pues ya que vas, ¿me traes una bola de helado? ¡Pero apúntalo, que no se te olvide!" "Mujer, no digas tonterías, para eso no hace falta apuntar nada..." "¡El médico dijo que había que apuntarlo todo...!" "¡Tonterías, te digo que no voy a apuntar esa chuminada!" "Bueno… por cierto, a la bola de helado échale unas cuantas fresas por encima… ¡Y apúntalo, viejo, apúntalo!" "¡Que no lo apunto, mujer, si voy a estar aquí en un momento!" "¡…Y nueces! Échale nueces por encima también… ¡Pero haz el favor de apuntarlo, que te conozco!!" "¡Qué pesada, déjame ya en paz con lo de apuntarlo!" El viejo se va a la cocina refunfuñando, y vuelve al rato con dos huevos fritos en un plato: "¡Ahí tienes!" La abuela se queda mirando el plato, y grita: "¡¿Ves, viejo?! ¡Se te han olvidado las tostadas!!!"
  • TÍPICO: Es típico que tu abuela te dé dinero como si te estuviera pasando droga.
  • SORDERA: Una anciana a la mitad de un servicio religioso se indigna y le dice al oído al esposo: "Ma, acabo de tirar un pedito silencioso, ¿qué hago?".
Ilustración humorística de personas mayores contando chistes

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