Antecedentes y Transición del Modelo de Protección Infantil
En 2018, el gobierno de Chile resolvió poner fin a los CREAD (centros de protección masivos), reemplazándolos por residencias familiares destinadas a niños, niñas y adolescentes. Para el año 2021, se anunció el cierre de cuatro CREAD adicionales: Pudahuel en la Región Metropolitana, Entre Silos en Maule, Capullo en Biobío y Alborada en La Araucanía. Este cambio de paradigma busca ofrecer un ambiente de acogida y protección más cercano y familiar.
Capacitación para el Nuevo Modelo de Acogida
Las personas que trabajan en este nuevo modelo de acogida y protección para la infancia vulnerable están siendo capacitadas por el área de Asesorías y Servicios Clínicos (ASC) de Paréntesis en Hogar de Cristo desde hace dos años. La psicóloga Catalina Burmeister, coordinadora del área, explica: “Como área nos interesa asesorar a distintas organizaciones en prevención del consumo de drogas y alcohol, pero esta asesoría la ampliamos a salud mental y todos los factores socioemocionales vinculados a aportar en trayectorias inclusivas”.
Diseño y Contenido de los Cursos
Estos cursos son en línea y fueron diseñados basándose en la experiencia de pilotaje con las residencias de protección terapéuticas especializadas, un modelo implementado por Hogar de Cristo, así como en los lineamientos aportados por el Sename. La trabajadora social y relatora Lorena Ochoa realizó el diseño del curso "Intervención Cotidiana" bajo todos los parámetros de exigencia del Sename, lo que resultó en un producto muy acogedor y acorde a las necesidades de los equipos de trabajo. Posteriormente, fue revisado en conjunto con la consultora Ana Bárbara Ormeño y Catalina Burmeister, basándose en los estándares de calidad de ASC Paréntesis.
Los cursos forman parte del proceso de inducción para los equipos de las residencias, incluyendo a todos los que directa o indirectamente se relacionarán con los niños, como el conductor a cargo de los traslados, los manipuladores de alimentos e incluso personal externo. Cerca de 25 personas conforman cada equipo de una residencia familiar. Según Catalina Burmeister, los cursos son “muy completos y algunos ya han trabajado en los antiguos CREAD, lo que implica que deben hacer todo un cambio de paradigma”.
Un Enfoque Centrado en el Niño y el Vínculo Afectivo
Desde el Sename se ha insistido mucho en enfatizar una mirada puesta en el niño y la niña, un trabajo de protección, de cuidado y de vinculación con ellos para que, idealmente, permanezcan el menor tiempo posible en estas residencias y puedan regresar pronto con sus familias. De esto depende en gran medida el trabajo que realice cada equipo, ya que el ideal no es que un niño, niña o adolescente tenga una trayectoria demasiado larga en la institución.
Este trabajo debe desempeñarse con amor, respeto y confidencialidad, en un equipo alineado con estos criterios, “ya que todo es terapéutico. Esa es la clave”, comenta Burmeister. La intervención terapéutica no se limita a un espacio de cuatro paredes con una dupla psicosocial, como antes, sino que cada miembro del equipo, desde su función, realiza también una intervención, incluso al compartir el almuerzo.
El Rol de Lorena Ochoa y el Curso "Estrategias de Intervención de Vida Cotidiana"
Lorena Ochoa, licenciada en trabajo social, es la encargada de impartir el curso “Estrategias de Intervención de Vida Cotidiana en Residencias”. Previamente, había participado en el proceso de pilotaje de las residencias modelo de protección implementadas por Hogar de Cristo, con una mirada totalmente innovadora. “La experiencia es fundamental y yo quería aportar a la realidad de la infancia en el nivel proteccional, movilizando cambios”, afirma.
Durante los meses de mayo y junio pasados, se realizó el proceso de investigación, elaboración, intercambio de conocimientos, rectificaciones y ajustes para presentar el producto final al Sename. La ejecución del curso, que dura dos días, comenzó en julio con dos grupos. Ahora, se esperan nuevos grupos hasta diciembre, sumando un total de 9 equipos que se están preparando para ingresar a las residencias. Al ser en línea, “esta experiencia es distinta, hay que estar mayormente conectado, de 9 a 6 de la tarde, con una hora de descanso para almorzar”, señala Ochoa.
La Novedad del Modelo de Residencias Familiares
“Todo es novedoso, es una mirada completamente nueva, partiendo porque son modelos de residencias familiares con un máximo de 12 niños y adolescentes”, explica Burmeister. Este modelo de vida familiar, iniciado en Hogar de Cristo, representa una forma efectiva de cambiar el paradigma, especialmente para quienes han trabajado en el antiguo sistema de protección. Este enfoque es todo lo contrario al anterior, ya que está basado en las relaciones, en lo afectivo, y apela mucho al vínculo con los chicos y chicas, lo que implica una preocupación a todo nivel del equipo. Es un estado permanente de intervención de todos los miembros del equipo.
En el antiguo modelo, se focalizaba mucho en la intervención psicosocial, donde la hora de terapia con suerte se daba una vez a la semana con el profesional. Ahora, el compromiso laboral en este espacio tiene una mirada nueva. Desde que el trabajador o la trabajadora entran a la residencia hasta que se van, son un referente: una persona que todo el tiempo está interviniendo con los niños. Cuando se logra que cada uno asuma la importancia de su rol en este espacio, es cuando la intervención empieza a funcionar. Antes, el espacio se limitaba a brindar pan, techo y abrigo, pero faltaba cariño y preocupación.

Satisfacción y Visión Horizontal del Equipo
Catalina Burmeister, Marlene Ruíz y Lorena Ochoa relatan que quienes se han capacitado con estos cursos han terminado muy satisfechos con los contenidos recibidos. Lo importante es que cada trabajador del equipo sienta la importancia del rol que cumple, independientemente de la función que realice. Además, existe una mirada más horizontal del equipo, porque todos los roles son importantes -auxiliar de aseo, manipulador de alimentos, conductor, monitor-, y todos cumplen en algún momento alguna relación con los niños.
“Cada saludo, cada conversación, algún detalle que yo hago, genera vínculo. Este enfoque está relacionado con el vínculo y las relaciones. Es tan bonito cuando se logra integrar de forma real y sacar el paradigma al que estás acostumbrado en relación con la residencia, yo creo en el cambio”, comenta Lorena Ochoa.
Inclusión de la Comunidad y la Familia
La entrega de estas herramientas incluye a la comunidad y a la familia porque, sin duda, los niños, niñas y adolescentes retornarán a sus espacios familiares. “No se puede pensar en coartar esa relación porque es un derecho de los niños, niñas y adolescentes, hay que aprender a incluirlas en este proceso”, explica Burmeister. El objetivo es mostrarles que existe otro espacio llamado comunidad en el que deben aprender a desenvolverse: en los centros de salud, en la municipalidad, en el traslado, aprender a pagar la locomoción, cosas básicas para nosotros. En el antiguo modelo, los niños se encontraban en una burbuja, con modelos paradigmáticos arraigados en lo que es una residencia, donde la preocupación exclusiva era pan, techo y abrigo, y eso no funciona.
Hoy se reconoce que hay otra apertura a sus reales necesidades y que el deber y rol de los cuidadores es entregar herramientas. La clave está en el vínculo: “en la medida que lo fortalezco y mantengo una sana relación con un adulto o varios, es posible entregar más herramientas”, concluye Burmeister.