Los hogares de ancianos, especialmente aquellos gestionados por órdenes religiosas, representan pilares de cuidado, compañía y asistencia espiritual para personas mayores. Estos espacios no solo proveen atención médica y física, sino que también fomentan un ambiente de comunidad y dignidad. A continuación, exploramos dos ejemplos significativos que ilustran la diversidad y el impacto de estas instituciones.
Hogar de Ancianas San José de San Fernando: 75 Años de Dedicación
El Hogar de Ancianas San José de San Fernando, en Chile, fue fundado como una de las primeras obras de las hermanas Carmelitas Misioneras en el país. Con 75 años de trayectoria, ha sido un verdadero refugio de cuidado y asistencia para mujeres mayores, muchas de ellas con altos niveles de dependencia.
Orígenes y Misión
Actualmente, el hogar alberga a 33 residentes, algunas autovalentes y otras postradas, y cuenta con un equipo de más de 40 trabajadoras que día a día cuidan de ellas con dedicación y cariño. La superiora de la comunidad, la hermana Máxima Moscoso, explica que tienen capacidad para recibir a 50 ancianas, por lo que hoy en día hay cupos disponibles para nuevas residentes.
La hermana Máxima destaca la esencia del lugar: “El hogar es una casa, una casa grande, pero una casa. Aquí no solo cuidamos, también acompañamos espiritualmente, escuchamos, compartimos.”
La Vida Cotidiana en el Hogar
Dentro del hogar, la convivencia entre las residentes es diversa y profundamente humana. Algunas son alegres y conversadoras; otras más calladas y reservadas. Pero todas, con el tiempo, encuentran su lugar. “Se apoyan, se cuidan, se llaman. Se guardan el puesto para el almuerzo, se extrañan cuando una no está”, afirma la superiora. Además, indica que se realizan talleres y actividades recreativas que promueven la participación y mejoran la calidad de vida de las ancianas.

Conexión Familiar y Apoyo Comunitario
Lejos de ser un lugar de abandono, el Hogar San José promueve una relación activa y comprometida con las familias de las residentes. En la mayoría de los casos, los hijos o familiares están presentes, llaman, hacen videollamadas e incluso participan en celebraciones o paseos. “Desde la primera entrevista con la familia, les decimos: nosotros los ayudamos a cuidar, pero ustedes siguen siendo los responsables de su ser querido”, enfatizan. Las familias que viven lejos -incluso en el extranjero- también se mantienen cercanas a través de la tecnología.
En el mes de la solidaridad, que se vive intensamente en agosto, el Hogar San José por lo general recibe la visita de colegios y voluntarios que alegran a las residentes con cantos, juegos y meriendas.
Necesidades y Celebración Aniversario
Quienes deseen ayudar pueden hacerlo donando su tiempo, visitando a las residentes, o bien colaborando con aportes materiales o económicos. Una de las principales necesidades del hogar en invierno es el pago de calefacción, dado el tamaño del recinto y el alto costo del gas. Al respecto, la directora de la institución, señala que ha surgido el Grupo de Amigos del Hogar, en su mayoría sanfernandinos que, recordando sus vínculos con las hermanas, se han organizado para aportar mensualmente. “Muchos nos dicen: yo venía con mi papá a dejar papas o leche al hogar”, relatan.
La comunidad religiosa San José de las Carmelitas Misioneras en la ciudad colchagüina está compuesta por seis hermanas, varias de ellas también adultas mayores, quienes desde la discreción y la fe han sostenido por años esta misión. La hermana Máxima Moscoso agrega que, durante años, han trabajado en silencio, enfocadas en el interior del hogar más que en la visibilidad pública. Por ello, cree que no han surgido nuevas vocaciones desde San Fernando, pero la esperanza sigue viva: “Es tiempo de volver a contar nuestra historia y nuestro carisma.”
Para celebrar el aniversario, el acto central será el 23 de octubre, con una Misa presidida por Monseñor Guillermo Vera, obispo de la diócesis, y la participación de residentes, familiares, voluntarios y amigos de la comunidad. Este aniversario es una oportunidad para agradecer, visibilizar y apoyar una obra profundamente humana y evangélica. Se puede colaborar como voluntario, donando productos de higiene, alimentos no perecibles, gas o ayudando económicamente a través del Grupo de Amigos del Hogar.
Video Campaña 2012 Hogar de Ancianos Betania
La Singular Historia del Convento Kloster Goldenstein: Monjas que Vuelven a Casa
En un suceso inusual que capturó la atención pública, tres monjas austriacas de unos 80 años se escaparon de la residencia de ancianos donde estaban internadas para volver a su antiguo convento. Este incidente subraya la profunda conexión que las religiosas mantienen con sus hogares monásticos.
El Escape y el Regreso Inesperado
La hermana Bernadette, de 88 años; la hermana Regina, de 86; y la hermana Rita, de 82, son las tres últimas monjas del convento Kloster Goldenstein, en Elsbethen, a las afueras de Salzburgo. Las religiosas lograron acceder a su antiguo hogar con la ayuda de unas exalumnas y de un cerrajero. “Estoy muy feliz de estar en casa”, dijo la hermana Rita, y agregó: “Extrañaba mi hogar en la residencia. Estoy muy alegre y agradecida de estar de vuelta.”
Las tres religiosas afirmaron que las sacaron del convento en contra de su voluntad en diciembre de 2023. “No nos preguntaron nada”, dijo la hermana Bernadette. “Teníamos el derecho a quedarnos aquí hasta el final de nuestras vidas y eso fue vulnerado”, se quejó.

Una Vida Dedicada al Convento
Las tres monjas han pasado gran parte de su vida en el Schloss Goldenstein, un castillo que ha sido convento y colegio privado para niñas desde 1877, y que empezó a aceptar niños en 2017. La hermana Bernadette asistió al colegio, llegando siendo adolescente en 1948, y fue compañera de estudios de la actriz de cine austriaca Romy Schneider. La hermana Regina llegó al convento en 1958, y la hermana Rita cuatro años después. Las tres trabajaron en la institución educativa como profesoras durante muchos años, siendo la hermana Regina la directora.
Sin embargo, con el paso de los años, el número de monjas disminuyó. En 2022, el edificio pasó a manos de la Arquidiócesis de Salzburgo y de la Abadía de Reichersberg, un monasterio agustino. Al regresar, las monjas se encontraron con que las cerraduras de sus antiguos apartamentos habían sido cambiadas, por lo que necesitaron un cerrajero. Cuando llegaron, no había electricidad ni agua en sus antiguas dependencias, aunque la escuela seguía funcionando.
La Reacción Eclesiástica y el Apoyo Popular
En un comunicado, el rector Grasl calificó la decisión de las monjas de regresar al convento de “completamente incomprensible” y “una escalada”. Advirtió que “las habitaciones del convento ya no se pueden utilizar y no cumplen en absoluto los requisitos para una atención adecuada”. El rector aseveró que las precarias condiciones de salud de las monjas les impedían vivir de forma independiente en el convento Goldenstein y que la residencia de ancianos les había brindado atención médica “absolutamente esencial, profesional y de calidad”. Grasl añadió que se habían tenido en cuenta los deseos de las monjas sobre el futuro del convento, incluyendo la continuidad de la escuela.

A pesar del malestar de la Iglesia, las tres monjas ya se han instalado de nuevo en su antigua casa. Las conexiones de electricidad y de agua se han restablecido parcialmente, mientras que quienes las apoyan les llevan comida y enseres. Unos médicos las han atendido también. Hay un flujo constante de visitantes al convento, muchos de los cuales son sus antiguas alumnas. Una de ellas, Sophie Tauscher, expresó que las monjas pertenecen al recinto: “Goldenstein sin las monjas simplemente no es posible.” Otra estudiante, Alisha, añadió: “Cuando nos necesitan, solo tienen que llamarnos y allí estaremos, sin duda. Las monjas aquí cambiaron muchas vidas de forma muy positiva”, destacando que las monjas siempre reconocían a las antiguas alumnas.
Se han publicado videos de las monjas en Instagram, rezando, en misa, almorzando y bajando la empinada escalera. Las religiosas aseguraron que su vieja silla mecánica que les evitaba tener que bajar las escaleras a pie fue arrancada después de que se las llevaran.
Determinación de las Monjas
No obstante esta incomodidad, las monjas afirmaron estar decididas a quedarse. La hermana Bernadette expresó su firmeza: “Antes de morir en esa residencia de ancianos, preferiría ir a un prado y entrar en la eternidad de esa manera.”
El Significado Profundo de los Hogares de Ancianos Religiosos
Ambas historias, aunque diferentes en sus circunstancias, destacan el rol fundamental de las comunidades religiosas en el cuidado y acompañamiento de las personas mayores. Ya sea proporcionando un refugio seguro y amoroso por décadas o representando un santuario al que las monjas anhelan regresar, estos lugares encarnan un compromiso con el bienestar espiritual y físico, y la dignidad en la vejez. La dedicación, el cariño y el sentido de pertenencia que ofrecen son aspectos irremplazables en la vida de muchos ancianos.