Este artículo representa una primera aproximación al pasado del concepto de discapacidad intelectual (DI), particularmente en el contexto de Chile, aunque también se aborda su evolución a nivel internacional. El desarrollo de este concepto ha transitado por diferentes etapas e hitos, mostrando que la discapacidad intelectual ha sido un constructo cuya trayectoria histórica y normativa es el resultado de constantes revisiones.
Desde el punto de vista de los criterios de significación clínica, hoy está vigente la Clasificación Internacional del Funcionamiento de la Discapacidad y de la Salud (CIF), que constituye una medida estandarizada útil de la discapacidad causada por los trastornos mentales. Ciertamente existen diferentes modelos para la comprensión de las diversas acepciones e intervenciones de la discapacidad humana, los que han influido en las normativas según el periodo histórico en que ubiquemos tal o cual definición.
Evolución Conceptual y Terminológica
A la noción actual de discapacidad intelectual le anteceden otras nociones, tales como deficiencia mental, retraso mental y debilidad mental. La semántica de la educación para personas en situación de discapacidad en este periodo incluye conceptos como débiles mentales, retrasados mentales, anormales, idiotas, defectuosos y subnormales.
En el pasado, la idea de que a lo largo de la historia las personas con discapacidad han vivenciado tratos indignos, marginación y exclusión en diferentes escenarios de interacción con otras personas, ha condicionado su calidad de vida a partir de obstáculos o barreras impuestas por la sociedad que les impiden ejercer sus derechos de manera libre y autónoma. Esto ha resultado en un sinnúmero de situaciones de discriminación sistemática que continúan perpetuándose incluso frente a la evolución de las sociedades y los marcos regulatorios internacionales.

En este contexto, se desarrollaron mitos negativos sobre las personas con discapacidad al considerarlas peligrosas para la comunidad, y se comenzó a prestar atención al control de su reproducción. El debate respecto a la discapacidad intelectual no conduce a la discusión respecto a la inteligencia, la que ha sido tradicionalmente conceptualizada como una capacidad natural de adaptación al medio.
Debido a la difusión de las ideas evolucionistas a fines del siglo XIX y comienzos del XX en muchos países del mundo occidental, la investigación de la inteligencia quedó ligada, quizás más que otras categorías, a las ciencias naturales. El modelo tradicional prevalece en este contexto social, político y cultural, donde se atribuía a la persona con discapacidad una condición de marginación producto de sus características y limitaciones personales orgánicas, por lo tanto, incurables y de carácter permanente.
Perspectiva Histórica en el Tratamiento y Estudio
Cuando se estudia la evolución del pensamiento científico en relación con este tema, se aprecia que la información disponible es escasa, y se hace difícil encontrar el punto de partida sin abordar las enfermedades mentales en general.
Antigüedad y Edad Media
El primer peldaño en el estudio de las enfermedades mentales puede considerarse colocado por el médico griego Alcmaeon de Crotón (aproximadamente en el año 500 a.n.e.), al plantear que el órgano del cuerpo donde se captaban las sensaciones, se generaban las ideas y se permitía el conocimiento, era el cerebro. Esta idea fue posteriormente desarrollada por Hipócrates (460-377 a.n.e.), quien consideró los desórdenes mentales como consecuencia de enfermedades del cerebro, y mencionó la anencefalia y otras malformaciones craneales asociadas a un severo retraso mental.
En contraste, las leyes de Esparta y la Antigua Roma incluían medidas sobre el exterminio de niños severamente retrasados. En la Europa medieval, los enfermos mentales eran a menudo considerados poseídos por demonios, y los retrasados mentales solo eran "afortunados" si eran vistos como bufones. A pesar de esto, Avicena (980-1037), el más célebre de los médicos árabes, incluyó el término amencia para designar el retraso mental en su clasificación de enfermedades mentales.
Renacimiento y Siglos XVII-XVIII
A partir del Renacimiento, con el auge del humanismo y el desarrollo científico, el ser humano se constituyó en objeto de estudio. Félix Platter (1536-1614) introdujo el término de imbecilidad mental en su clasificación. Poco después, en 1667, Thomas Willis (1621-1675) introdujo el término morosis para denominar el retraso mental. En 1689, John Locke (1632-1704) estableció por primera vez una clara distinción entre el retraso mental y otras enfermedades mentales, contribuyendo a la profundización del conocimiento.

La Revolución Francesa (1789), con sus ideas humanistas, marcó un cambio. Philipe Pinel (1745-1826) inició la transformación al considerar a los enfermos mentales como pacientes desde el punto de vista médico, liberándolos de sus cadenas en 1793. Aunque existían precedentes como el manicomio de Valencia en 1409, el gesto de Pinel fue significativo para la época.
Modelos Diagnósticos y Clasificaciones
Los saberes acerca de la discapacidad intelectual desde sus inicios fueron abordados por las ciencias de la salud y la psicología, por lo tanto, fue con base en el discurso médico-clínico o, dicho de otra forma, a partir de una tradición médica o psicológica, que se posicionaron los estudios de niños y niñas con discapacidad intelectual.
Paradigma Psicometrico y Evolutivo
La normativa chilena de la época menciona el concepto "débiles mentales", que se enmarca en el paradigma psicométrico, donde el diagnóstico es determinante y se basa en la clasificación de las escalas de Binet y Simon. Esta clasificación es progresiva según el funcionamiento intelectual:
- Los idiotas presentan un grado de deficiencia que les limita incluso cuidar de sí mismos.
- Los imbéciles son capaces de aprender algo.
- Los débiles mentales o morones son personas susceptibles de ser educados.
Esto se acentúa en una sociedad que busca la homogeneización y donde el deficiente mental es tratado como un "otro diferente" a los demás. En este escenario, es pertinente aludir a la "Escuela de Ginebra", en la que se consolida el enfoque evolutivo del retraso mental, el cual se muestra eficaz en su aspecto descriptivo, pero su fragilidad es manifiesta en el orden explicativo de las causas de retraso. Este enfoque considera que el deficiente mental, excepto en casos extremos, puede alcanzar el umbral evolutivo y actitudinal normal, solo que más tardíamente que el resto de los sujetos de su edad.
Sin embargo, este enfoque no considera que, ligado con el retraso, puede estar presente un déficit y que la disfunción derivada de aquel implicará no solo acceder tardíamente al nivel evolutivo, sino que no podrá alcanzarlo jamás.
Modelos Contemporáneos
Hoy, la discapacidad intelectual entendida por el Comité Técnico sobre Terminología y Clasificación de la Asociación Americana de Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo (AAIDD) ha presentado una definición que refiere a personas cuyo funcionamiento cognitivo y conducta adaptativa (conceptuales, sociales y prácticas) se encuentran significativamente disminuidos en relación con los demás y su aparición se da antes de los 22 años. En síntesis, para el diagnóstico existen estos tres criterios:
- Limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual.
- Conducta adaptativa.
- Edad de inicio.
Junto con esto, debe darse una revisión exhaustiva de documentación que incluya la historia social, médica y la trayectoria escolar de las personas.
Mientras que la clasificación del DSM-V, con una mirada clínica, entrega una definición que contempla:
a) Deficiencias en las funciones intelectuales.
b) Deficiencias en el comportamiento adaptativo y su aparición dentro del periodo del desarrollo (infancia y adolescencia).
Los niveles de gravedad determinados por el funcionamiento adaptativo son: leve, moderado, grave y profundo.
Educación y Normativa en Chile (1920-1950)
En Chile, el desarrollo del concepto de discapacidad coincidió con la redacción de una nueva Constitución para Chile en 1925, que, entre otras novedades, prescribió la separación entre Iglesia y Estado. Se indicó expresamente que la educación pública era una atención preferente del Estado, que la educación primaria era obligatoria (constitucionalizando el logro legislativo del año 1920), y se creó una Superintendencia de Educación Pública a cargo de la inspección y dirección de la enseñanza nacional.

Estas circunstancias coinciden con la aparición en el horizonte pedagógico del movimiento teórico denominado "Escuela Nueva" en el campo de la Educación en América Latina y el Caribe, que buscaba una educación más activa y enfocada en la experiencia del estudiantado.
Cuando en las primeras décadas del siglo XX las demandas por acceso universal a la educación abrieron las puertas de los colegios a cada vez más niños y niñas, surgió un movimiento pionero para proporcionar acceso educativo a los estudiantes con discapacidad; pero, en general, en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial no se obtuvieron grandes logros en relación con el acceso a la educación, lo que generó un problema de equidad.
Legislación y Avances Tempranos
En el periodo comprendido entre 1928 y 1950, existían vacíos importantes a nivel internacional y nacional, principalmente de normativas que regularan o resguardaran los derechos de las personas con discapacidad intelectual. No obstante, frente a este paradigma médico imperante, el Estado promovió la educación de niños, niñas y jóvenes con discapacidad intelectual en la escuela.
Dentro de las normativas que dieron lugar a la educación de estudiantes con discapacidad intelectual en Chile se encuentra el Decreto n.° 7500, publicado en 1927, que expone la reforma educacional. Su artículo 17 menciona por vez primera que los destinatarios serían niños indigentes, débiles y de inferioridad orgánica, anormales y retrasados mentales. En 1928 se promulga el Decreto con fuerza de ley n.° 5881, que, entre otros objetivos, tiene la creación de escuelas experimentales destinadas a "débiles mentales".
El artículo 2 de este decreto menciona que las escuelas experimentales serían de dos clases: de experimentación limitada y amplia. Dentro de estas últimas se encuentra la creación de una escuela experimental de desarrollo, destinada a débiles mentales, en el local de la Escuela número 4 de Santiago.
El Decreto n.° 5291 de 1930 expone las características de la educación primaria obligatoria, señalando en su artículo 2 que todos los niños deben cursar la educación primaria. A partir de lo anterior, en 1933, mediante el Decreto n.° 4259, se crea una "escuela especial del desarrollo con régimen de internado" que recibía a niños con deficiencia mental y en situación de indigencia. Al amparo de esta institución nació la clínica de la conducta, una sinergia entre escuela, centro de criminología y psicología.
En este contexto, durante el gobierno de Juan Antonio Ríos, el 23 de diciembre de 1943 se crea "La ciudad del niño" como forma de protección a los infantes, un espacio que tenía como objetivo la protección irrestricta de niños y niñas en situación de indigencia o abandono y de retardo mental. En este periodo, el Estado chileno asumió un carácter asistencialista y de protección a la infancia, lo que se tradujo en la institucionalización de las escuelas especiales, con propósitos regenerativos y terapéuticos. La anormalidad infantil no solo se definió, clasificó y pretendió ser intervenida, sino que además comenzó a ser comprendida desde una renovada terminología con la aparición por primera vez de la expresión "menores en situación irregular".
Desarrollos Internacionales y Visiones Globales
En el ámbito internacional, y resultado de un impulso importante de investigaciones científicas propias de la disciplina de la educación especial, en Inglaterra se publica en 1928 la edición impresa de Ovidio Decroly: The Education of Mentally Defective Children (La educación de los niños mentalmente defectuosos), que posicionó de manera importante los lineamientos pedagógicos para "niños retrasados mentales". Mientras que en España se creó en 1925 el Instituto Médico Pedagógico, lugar en que posteriormente se formaron personas relevantes para la educación especial. En Estados Unidos, durante la década del 40, existieron programas de educación especial dirigidos a personas con sordera, ceguera, daño cognitivo o la combinación de los anteriores.
Hacia 1952 aparece en la normativa internacional el reconocimiento de las personas "psíquicamente disminuidas". La noción de deficiencia, disminución o hándicap incluía las características de innatismo y estabilidad en el tiempo. Las personas deficientes lo eran por causas fundamentalmente orgánicas, que se producían al comienzo del desarrollo y que eran difíciles de modificar posteriormente. De hecho, este análisis lo encontramos previamente en la escuela rusa de Vigotsky, quien en la década del 30 del siglo XX analizó las estructuras de los defectos y afirmó que las personas con discapacidad restablecen o sustituyen las funciones alteradas o perdidas mediante mecanismos compensatorios que podrían favorecer un mayor grado de desarrollo.

La idea de que el retraso mental no es ni solo, ni exclusiva, ni prioritariamente un problema médico o científico, sino también, y sobre todo, un problema social, ha ganado terreno. Es social en su origen, ya que cada sociedad determina quiénes son sus "subnormales" y "deficientes", por qué se les establece su minusvalía y cómo deben ser tratados. Precisamente, por eso, el enfoque general del proceso que conlleva la deficiencia mental, es relativo en cada sociedad y varía dentro de ella con el tiempo.
Actualmente existen condiciones, al menos normativas, para la incorporación de elementos relacionados con el contexto/mundo social, la progresiva aceptación de la diversidad cultural y lingüística, el estudio de sistemas alternativos de comunicación, perfiles sensoriomotores y conductuales. Además de la capacidad presente dentro de la propia discapacidad, la preocupación por el perfil de necesidades de apoyo y diversificación de actividades que se generan en las escuelas, permiten que el desenvolvimiento de una persona con discapacidad intelectual sea mejor para su persona y mejorará su calidad de vida. Por consiguiente, la educación inclusiva es entendida como una forma de interpretación y aceptación de la diversidad del estudiantado en escuelas enfocadas en la gestión, calidad y equidad, que garantice el aprendizaje de los estudiantes.
En el caso de Cuba, a pesar de las dificultades económicas, desde el triunfo de la Revolución los discapacitados tienen una realidad incomparable; y se ha demostrado que en una sociedad como esta, por las prioridades establecidas por su gobierno y por el sistema de salud existente, pueden realizarse estudios que llevan la atención y la confianza al hogar de los más necesitados, así como beneficios y apoyos sin precedentes en el mundo.
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