La historia de Roboam, hijo y sucesor del rey Salomón, es un relato bíblico que subraya la importancia de la sabiduría y el buen consejo. Su reinado, marcado por decisiones imprudentes y la desobediencia, llevó a la división del floreciente reino unificado de Israel.
Orígenes y Ascenso al Trono de Roboam
Roboam (en hebreo: Rəaḇʿām, "un pueblo ampliado") fue el hijo del rey Salomón con Naama, una mujer amonita, lo que lo hacía israelita únicamente por su padre. Se convirtió en el cuarto rey de Israel, asumiendo el trono alrededor del año 931 a.C. tras la muerte de su padre Salomón, quien había reinado durante 40 años.
Roboam heredó un reino estable y rico, con palacios grandiosos, un ejército poderoso y consejeros destacados, disfrutando de los beneficios de una herencia envidiable. Sin embargo, su abuelo David había fallecido cuando él era apenas un niño, y Salomón se había alejado de Dios, lo que generó una profecía divina: Dios le arrancaría el reino a Salomón, pero le dejaría una tribu por el bien de David, y esto ocurriría durante la vida de su hijo, no durante la suya (1 Reyes 11:9-13).
Desde los primeros años después del establecimiento de Israel en Canaán, existieron celos entre las dos tribus más poderosas: Efraín y Judá. El hijo de Salomón, Roboam, era el sucesor legítimo al trono de David, pero las tribus del norte de Israel no lo apoyaron unánimemente. Las tribus no tenían derecho a elegir según su gusto a otro rey que no fuera el heredero legal al trono de David. No obstante, al estar descontentas con el gobierno de Salomón, no fueron a Jerusalén a rendir honores a Roboam, prefirieron Siquem como lugar de reunión y enviaron a buscar a Jeroboam, quien se encontraba en Egipto.
Roboam fue a Siquem porque todo Israel se había reunido allí para proclamarlo rey. "Todo Israel", de acuerdo con lo que sigue (comparar 1 Reyes 12:20-21), significaba las diez tribus aparte de Judá y Benjamín. El derecho de hacer rey al príncipe elegido por Dios era una antigua tradición en Israel, y las tribus la habían seguido no solamente en el caso de Saúl y David (véase 1 Samuel 11:15; 2 Samuel 2:4; 5:3), sino también en el de Salomón (véase 1 Crónicas 29:22). Las diez tribus de Israel hicieron uso de este derecho cuando Roboam subió al trono; pero en lugar de ir a Jerusalén, residencia del rey y capital del reino, tal como debían haber hecho para rendir honores al heredero legítimo de Salomón, habían ido a Siquem, actual Nabulus (véase Génesis 12:6; 33:18), lugar donde se realizaban las antiguas reuniones nacionales en la tribu de Efraín (véase Josué 24:1). En cuanto a la elección de Siquem como lugar para rendir honores, Kimchi observó correctamente que "buscaron una oportunidad para transferir el gobierno a Jeroboam, y por lo tanto no quisieron ir a Jerusalén sino a Siquem, ciudad que pertenecía a Efraín, siendo que Jeroboam era efrainita".
La Petición del Pueblo y el Consejo Rechazado
Tan pronto como llegó al poder, los líderes del pueblo se acercaron a Roboam en Siquem con una petición humilde: "Su padre fue un amo muy duro. Alivie los trabajos tan pesados y los impuestos tan altos que su padre impuso sobre nosotros. Entonces seremos sus leales súbditos". (1 Reyes 12:4; 2 Crónicas 10:3-4). Israel deseaba librarse de las extravagancias de Salomón, las que habían acarreado sobre el pueblo exorbitantes impuestos y trabajos forzados. El trabajo forzado para los proyectos reales de construcción no debía continuar, y los impuestos pesados y desiguales que favorecían a Judá tendrían que ser modificados.

El Consejo de los Ancianos
Roboam primero consultó a los ancianos que habían estado al servicio de su padre Salomón. Les preguntó: "¿Qué me aconsejan ustedes? ¿Cómo debo responder a este pueblo?". (1 Reyes 12:6). Los consejeros ancianos le dieron un sabio consejo: "Si hoy te pones al servicio de este pueblo y les das una respuesta favorable, ellos siempre serán tus leales súbditos" (1 Reyes 12:7; 2 Crónicas 10:6-7). Este consejo prometía la lealtad eterna del pueblo si se mostraba conciliador y compasivo.
El Consejo de los Jóvenes
Sin embargo, Roboam rechazó el consejo de los ancianos y, en cambio, pidió la opinión de los jóvenes que se habían criado con él y que ahora eran sus consejeros (1 Reyes 12:8-9). Tontamente, estos jóvenes le dijeron al nuevo rey que amenazara con condiciones aún más duras: "Así debería responder a esos que se quejan de todo y que quieren una carga más liviana: '¡Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de mi padre! Es cierto que mi padre les impuso cargas pesadas, ¡pero yo las haré aún más pesadas! Mi padre los golpeaba con látigos, ¡pero yo los azotaré con escorpiones!'" (1 Reyes 12:10-11). La referencia a escorpiones (véase 1 Reyes 12:14) parece ser una alusión a los azotes o látigos hechos con varias tiras de cuero que tenían trozos de metal en los extremos.
Roboam siguió el consejo de los jóvenes. Tres días después, Jeroboam y toda la gente regresaron para conocer la decisión de Roboam, tal como el rey había ordenado. Entonces Roboam habló con dureza al pueblo porque rechazó el consejo de los ancianos y siguió el consejo de los más jóvenes. Así que le dijo al pueblo: "Mi padre les impuso cargas pesadas, ¡pero yo las haré aún más pesadas! Mi padre los golpeaba con látigos, ¡pero yo los azotaré con escorpiones!".
La División del Reino
Esta respuesta desagradable, odiosa y arrogante, comprensiblemente, condujo a una revuelta nacional. El rey no prestó atención al pueblo porque ya el Señor así lo había dispuesto, para confirmar el mensaje que el Señor le había dado a Jeroboam, hijo de Nabat, por medio del profeta Ahías de Silo (1 Reyes 12:15). Cuando todos los israelitas se dieron cuenta de que el rey no iba a hacerles caso, respondieron: "¡Abajo la dinastía de David! No nos interesa para nada el hijo de Isaí. ¡Regresa a tu casa, Israel! Y tú, David, ¡cuida de tu propia casa!".
Diez de las doce tribus de Israel rechazaron el gobierno de Roboam y eligieron a Jeroboam como rey (1 Reyes 12:16, 20), formando así el reino del norte de Israel. Cuando los israelitas supieron que Jeroboam había regresado de Egipto, convocaron una asamblea y lo nombraron rey de todo Israel. Así que solo la tribu de Judá permaneció fiel a la familia de David, junto con los miembros de la tribu de Benjamín, largamente asociada con la de Judá, y los levitas que ya vivían en Jerusalén y sus alrededores y que servían en el templo (véase 1 Reyes 12:21). "Estos 'hijos de Israel' son miembros de las diez tribus que se habían venido estableciendo en Judá; y especialmente los de la tribu de Simeón están incluidos entre ellos, siendo que fueron obligados a permanecer en el reino de Judá desde el establecimiento de su territorio".
LA HISTORIA DEL REINO DIVIDIDO DE ISRAEL EN LA BIBLIA: EL REINO DEL NORTE Y EL REINO DEL SUR
Luego el rey Roboam envió a Adoniram, quien estaba a cargo del trabajo forzado, a restaurar el orden, pero el pueblo de Israel lo apedreó a muerte (1 Reyes 12:18). Roboam debe de haber pensado que el pueblo no le hablaba con seriedad en cuanto a la rebelión, pues envió a Adoram entre ellos. Como Adoram "era quien se encargaba del tributo, probablemente fue enviado a recoger los impuestos de costumbre. Pero el pueblo, indignado contra el amo que les había dado una respuesta tan cortante, apedreó al siervo y le dio muerte". Cuando el rey Roboam se enteró, enseguida subió a su carro de guerra y huyó a Jerusalén (1 Reyes 12:18).
La Intervención Divina
Cuando Roboam llegó a Jerusalén, reunió a 180.000 guerreros de las tribus de Judá y Benjamín para organizar un ataque y recuperar el reino. No obstante, Semaías, un profeta de Dios, transmitió a Roboam el mensaje de Dios: las tropas debían volver a casa porque el reino dividido había venido del Señor. "No peleen contra sus parientes, los israelitas. ¡Regrese cada uno a su casa, porque lo que ha sucedido es obra mía!". (1 Reyes 12:21-24; 2 Crónicas 11:1-4). El pueblo de Judá escuchó sabiamente y no invadió Israel.
Consecuencias y el Reinado de Jeroboam
En el reino del norte, Jeroboam, que era hijo de Nabat de la tribu de Efraín y uno de los doce superintendentes nombrados por Salomón, había sido profetizado por el profeta Ahías para tomar gran parte de la nación israelita (1 Reyes 11:28, 31-32). Con el reino dividido, las diez tribus no podían adorar convenientemente en el templo de Jerusalén porque Judá controlaba aquella ciudad. Jeroboam, preocupado por mantener a Israel bajo su dominio, programó un nuevo método de adoración que permitiría a su pueblo adorar lejos de Jerusalén. Hizo dos becerros de oro en las ciudades del norte (Betel y Dan) e invitó a su pueblo a adorarlos, estableciendo una religión política y festividades distintas a las indicadas por el Señor. También expulsó a los sacerdotes levitas y ordenó sacerdotes de entre el pueblo común (1 Reyes 12:25-32).
Jeroboam promovió la idolatría y quitó a los levitas del servicio, así que los sacerdotes y levitas vinieron a Roboam y sirvieron en el templo del Señor en Jerusalén (2 Crónicas 11:13-15), junto con todos los que querían buscar al único Dios verdadero (2 Crónicas 11:16).
El Reinado de Roboam en Judá
Roboam reinó 17 años en Jerusalén (931-913 a.C.). Al principio, su reinado se fortaleció en Judá, y 2 Crónicas 11:17 dice: "Así fortalecieron el reino de Judá, y confirmaron a Roboam hijo de Salomón, por tres años; porque tres años anduvieron en el camino de David y de Salomón". También construyó múltiples ciudades para la defensa, con fuertes fortalezas, comandantes y suministros (2 Crónicas 11:5-12). Sin embargo, después de que el rey Roboam se estableció en el reino del sur, abandonó los caminos de Dios (2 Crónicas 12:1).
En el quinto año del reinado de Roboam, Sisac, rey de Egipto, capturó las ciudades fortificadas de Judá y se dirigió contra Jerusalén. El profeta Semaías dijo a Roboam: "Así dice el Señor: 'Ustedes me han abandonado, por eso también Yo los abandono en manos de Sisac'" (2 Crónicas 12:5). Al ver su humildad, Dios dijo que no los destruiría, sino que les permitiría convertirse en súbditos de Sisac. El faraón atacó Jerusalén y se llevó todos los tesoros del templo y del palacio (1 Reyes 14:26; 2 Crónicas 12:9). "Cuando él se humilló, la ira del Señor se apartó de él para no destruirlo totalmente; además las cosas mejoraron en Judá" (2 Crónicas 12:12).
"Algo mejoró en Judá" parece una forma adecuada de caracterizar el reinado de Roboam. Fue imprudente y quizás temerario en su trato con los trabajadores forzados, lo que le llevó a la pérdida del reino. Sin embargo, Dios ordenó esa pérdida, y Roboam siguió los caminos del Señor durante algún tiempo. Pero luego se apartó de Dios, y la nación cayó en la decadencia moral y espiritual. "Judá hizo lo malo ante los ojos del Señor, y lo provocaron a celos más que todo lo que sus padres lo habían provocado con los pecados que habían hecho" (1 Reyes 14:22, NBLA).
Roboam se casó con 18 mujeres, de las cuales dos, Mahalat y Maaca, tenían cierto grado de parentesco con él, pues también eran nietas de David. De todas esas esposas, la que más amaba Roboam era Maaca, hija de Absalón. En total, Roboam tuvo 28 hijos y 60 hijas. Con Mahalat tuvo a Jeús, Semarías y Zaham. Y con Maaca tuvo a: Abías, Atai, Ziza y Selomit. Roboam deseaba que Abías, el primer hijo con su amada, fuera su sucesor en el reino. Por eso, designó a Abías como príncipe sobre sus hermanos. Roboam murió a los 58 años y su hijo Abías lo sucedió en el trono.
Lecciones de la Historia de Roboam
La historia de Roboam es un testimonio de las consecuencias de la arrogancia y la desobediencia. Se resalta la importancia de la sabiduría y el buen consejo. Este episodio demuestra el valor de la edad cuando se necesita un consejo sabio. Por causa de su experiencia, las personas mayores generalmente son más sabias que las jóvenes. Pero por causa de su gran energía y capacidad de adaptación, los jóvenes pueden ser caudillos de mucha relevancia. Como regla general, es mejor permitir que la sabiduría de los más viejos guíe la energía juvenil.
La arrogancia y codicia de Roboam, manifestada en su orgullo e insensibilidad al tratar con la petición del pueblo de aliviar la carga tributaria, lo llevaron a preferir el consejo de los jóvenes, sus amigos de juventud, quienes lo animaron a ser duro y áspero con el pueblo. Esta decisión inmadura llevó a la división del reino de Israel.
Una de las grandes lecciones de la vida consiste en aprender a vivir en armonía con los demás. Donde no hay armonía, el resultado es miseria y tragedia. Por otra parte, donde hay armonía, la consecuencia es progreso y felicidad. Esto no solamente se aplica a las naciones y a los reinos, sino también a las relaciones personales y familiares. Del rey Roboam aprendemos la importancia de los consejeros sabios y de mantener la fidelidad a Dios. Cuando Roboam siguió su propio camino, las cosas no fueron bien para su reino. Su historia marca el fin de un período tumultuoso en la historia de Israel y Judá.