Violencia Sexual Contra Personas con Discapacidad Intelectual y Diversidad Funcional

La violencia sexual representa uno de los tipos de maltrato más frecuentes hacia las personas con discapacidad intelectual y diversidad funcional. Este fenómeno destaca la particular vulnerabilidad de este colectivo a sufrir tales agresiones, debido a una serie de factores interrelacionados que incrementan su exposición a situaciones de riesgo de explotación y abuso sexual.

Introducción a la Vulnerabilidad

La diversidad funcional se entiende como "la diferencia en el funcionamiento de una persona al realizar tareas habituales de manera distinta a la mayoría de la población" (F.V.I. 2005). Esta condición conlleva una serie de limitaciones en el aprendizaje de habilidades para el funcionamiento de la vida diaria y en la respuesta a diferentes situaciones.

En general, las personas con diversidad funcional disponen de menos recursos personales y sociales para defenderse de agresiones, experimentando mayores dificultades para identificar, expresar y/o denunciar circunstancias de abuso (Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía, 2008). La falta de autonomía en las tareas de cuidado personal, que en muchos casos se hace patente, provoca que su cuerpo se interprete como un elemento de total accesibilidad para aquellos que se encargan de ofrecer ese apoyo, pudiendo usarlo para satisfacer sus necesidades sexuales. En muchos casos, quienes sufren la discapacidad pueden llegar a interiorizar la falsa creencia de que su cuerpo es, realmente, "de libre acceso" para sus cuidadores, familiares o allegados. Esto puede llevar a que las víctimas se vean sometidas a una supuesta gratificación personal hacia el agresor por sus cuidados y atenciones, haciendo que este se tome la libertad de ‘utilizarles’ sexualmente (González y Ramos, 2016).

Esquema de factores de vulnerabilidad en personas con discapacidad ante el abuso sexual

Mitos y Prejuicios sobre la Sexualidad y Discapacidad

Existen numerosos mitos, falacias y tópicos en torno a la sexualidad de las personas con discapacidad, que generan actitudes y prejuicios negativos. A las creencias de que las personas con diversidad funcional no tienen necesidades sexuales se suma el miedo a que hablar de ello pueda animarles a tener un comportamiento sexual incontrolado. Estas percepciones erróneas incrementan la exposición de niños y adultos con discapacidad a situaciones de riesgo de explotación y abuso sexual.

Las actitudes y creencias sobre la discapacidad difieren dentro de las comunidades y las familias, pero en muchos casos se ven afectadas por las normas socioculturales, incluyendo mitos que inducen al aumento de la violencia. Un estudio realizado en el 2011 por el African Child Policy Forum en Camerún, Etiopía, Senegal, Uganda y Zambia reveló las creencias de que la discapacidad infantil es causada por el pecado o la promiscuidad de la madre, una maldición ancestral o una posesión demoníaca. Uno de los mitos más delicados es la creencia de que las personas que tienen una ITS pueden curarse de la infección al tener relaciones sexuales con una virgen. Los perpetradores ven a las personas con discapacidad como un blanco fácil por su limitada movilidad física u otras vulnerabilidades.

Estadísticas y Prevalencia de la Violencia Sexual

Varios estudios a gran escala sugieren que las personas con discapacidad corren un mayor riesgo de victimización sexual que las personas sin discapacidad. Los datos elaborados para la Radio Pública Nacional (NPR) por el Departamento de Justicia, a partir de datos federales inéditos sobre delitos, sugieren que las personas con discapacidad intelectual sufren agresiones sexuales en una proporción siete veces mayor que las personas sin discapacidad.

Las cifras indican que entre los adultos con discapacidad intelectual y/o física, un 83% de mujeres y un 32% de hombres son víctimas reales de abuso sexual, presentando una mayor probabilidad de ser agredidas repetidas veces. A pesar de esto, tan solo se informa de un escaso 3% de todos los casos de agresión (Couwenhoven, 2013).

Perpetradores y Entornos de Riesgo

Los datos de la NPR mostraron que las personas con discapacidad intelectual tienen más probabilidades de ser agredidas por alguien conocido y en horario diurno. Los depredadores tienen como objetivo a las personas con discapacidad intelectual porque saben que son fácilmente manipulables y que tendrán dificultades para testificar más adelante. El Departamento de Justicia descubrió que las personas con discapacidades intelectuales tienen aún más probabilidades de ser violadas por alguien que conocen. Para las mujeres sin discapacidad, el violador es un extraño el 24 por ciento de las veces, pero para una mujer con discapacidad intelectual es menos del 14 por ciento de las veces. Además, a menudo es otra persona con una discapacidad, en un hogar colectivo, en un programa diurno o en el trabajo, quien comete la agresión.

Datos compilados de 500 casos de sospecha de abuso en 2016 mostraron que el 42 por ciento de los presuntos delincuentes eran personas con discapacidad intelectual. El personal constituía el 14 por ciento de los sospechosos; los parientes eran el 12 por ciento; y amigos, 11 por ciento.

Desigualdad de Género y Tipos de Discapacidad

A nivel global, un estudio del UNFPA revela que las niñas y mujeres jóvenes con discapacidades enfrentan hasta 10 veces más violencia de género que aquellas sin discapacidades. Los niños con discapacidades tienen casi cuatro veces más probabilidades de ser víctimas de violencia que los niños sin discapacidades, y son casi tres veces más propensos a ser víctimas de violencia sexual, con las niñas en mayor riesgo.

Los niños sordos, ciegos, autistas o con discapacidades psicosociales o intelectuales son los más vulnerables a la violencia. Un estudio realizado por el Foro de Política Infantil Africana sobre la violencia contra los niños con discapacidades, encontró que casi todos los jóvenes entrevistados habían sido víctimas de abuso sexual al menos una vez en sus vidas, y la mayoría más de una vez.

La discapacidad también aumenta el riesgo de que los jóvenes sean traficados para trabajo sexual u otro tipo de trabajo forzado, algo que a menudo se atribuye a la falta de inclusión social y estigmas en la comunidad.

Infografía: Tasas de abuso sexual en personas con y sin discapacidad

Desafíos en la Detección y Evaluación

A la hora de extraer información a este colectivo, nos enfrentamos a sus limitaciones intelectuales, así como en habilidades comunicativas y sociales, lo cual dificulta mucho el proceso de evaluación. Además, en los pocos estudios que informan de ello, los datos vienen presentados conjuntamente con otros tipos de abuso (físico, verbal, psicológico, etc.), y se centran sobre todo en casos de abuso sexual informado por adultos (Couwenhoven, 2013). La policía y los fiscales suelen ser reacios a aceptar estos casos porque son difíciles de ganar en los tribunales, lo que a menudo lleva a que estos delitos no se reconozcan, no se persigan y queden impunes.

Prevención y Educación Sexual

La educación sexual es fundamental para la prevención del abuso sexual. Es crucial abordar los peligros del abuso sexual de forma que resulte cómoda para las familias y las personas con discapacidad, ya que la conciencia y la educación ayudan a mantener la seguridad.

La Educación Sexual en Personas con Autismo

Debido a problemas sociales y de comunicación, las personas autistas pueden ser especialmente vulnerables a los abusos sexuales. Se insta a las familias a abordar los peligros del abuso sexual. Es un error creer que es menos importante enseñar sexualidad a los jóvenes adultos con autismo, suponiendo que es poco probable que forme parte de sus vidas. La educación sexual por parte de los padres es muy importante para las personas con autismo, ya que es menos probable que la aprendan de sus compañeros, de las películas o de otras fuentes similares. Las personas con autismo deben conocer la diferencia entre comportamiento apropiado e inapropiado, y distinguir entre los distintos tipos de relaciones sanas. Es importante empezar lo antes posible y ser lo más directo posible.

La enseñanza de la sexualidad se centra ante todo en la seguridad personal y el autoconocimiento. Debe considerarse un elemento clave de un plan de transición integral, con el objetivo de ser un adulto seguro, competente y confiado (Peter F. Gerhardt, EdD).

Elementos de una Educación Sexual Integral

La educación sexual integral consiste en la instrucción en tres áreas de contenido distintas:

  • Datos básicos y seguridad personal
  • Valores individuales
  • Competencia social

Centrarse en las habilidades básicas de seguridad debe considerarse necesario y adecuado para las personas en el espectro autista. Estas habilidades incluyen:

  • Cerrar y bloquear las puertas del cuarto de baño o de la cabina.
  • Comprender la intimidad personal y quién puede y quién no puede ayudarle en el baño o con las habilidades de cuidado personal.
  • Identificar las partes del cuerpo utilizando terminología adulta (por ejemplo, pene en lugar de pipí).
  • Utilizar los baños públicos de forma autónoma.
  • Restringir la desnudez al cuarto de baño personal o al dormitorio.
  • La cuestión del espacio personal tanto para uno mismo como para los demás.

Educación sexual en personas con discapacidad intelectual

Consejos Clave para la Prevención de Abusos

Para proteger a los niños y niñas de los abusos sexuales, se recomienda:

  • Enseñar los nombres exactos de las partes íntimas del cuerpo.
  • Evitar centrarse exclusivamente en el "peligro de los extraños", ya que la mayoría de los abusos son cometidos por personas conocidas y de confianza.
  • Enseñarles la seguridad corporal y la diferencia entre las caricias que "están bien" y las que "no están bien".
  • Hacerles saber que tienen derecho a tomar decisiones sobre su cuerpo y empoderarlos para decir "no" cuando no quieran que los toquen, incluso de forma no sexual (por ejemplo, rechazando educadamente los abrazos), y para decir "no" a tocar a los demás.
  • Asegurarse de que los niños y niñas sepan que los adultos y los niños mayores nunca necesitan ayuda con las partes íntimas de su cuerpo (por ejemplo, para bañarse o ir al baño).
  • Enseñarles a cuidar de sus partes íntimas (por ejemplo, bañarse, limpiarse después de ir al baño) para que no tengan que depender de la ayuda de adultos o niños mayores.
  • Educarlos sobre la diferencia entre los secretos buenos (como las fiestas sorpresa) y los secretos malos (aquellos que el niño o la niña debe mantener en secreto para siempre).
  • ¡Confiar en el instinto! Si incomoda dejar a un niño o niña con alguien, no hacerlo. Si preocupa un posible abuso sexual, hacer preguntas.

El mejor momento para hablar con un hijo/a sobre el abuso sexual es ahora.

Señales de Advertencia de Abuso Sexual

Padres, cuidadores y amigos pueden proteger a sus seres queridos aprendiendo ciertas señales que pueden indicar victimización. Es importante recordar que cada persona es diferente y puede mostrar signos distintos. Reconocer los posibles signos de abuso puede ayudar a la víctima a obtener ayuda y a poner fin al abuso lo antes posible.

Comportamientos Comunes en Niños y Niñas que han Sufrido Abusos

La Asociación Estadounidense de Psicología describe los siguientes comportamientos:

  • Aumento de las pesadillas u otras dificultades para dormir.
  • Ataques de ira.
  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Dificultad para caminar o sentarse.
  • Comportamiento retraído.
  • Embarazo o contracción de una enfermedad venérea, especialmente si es menor de 14 años.
  • Propensión a huir.
  • Negativa a cambiarse para ir al gimnasio o a participar en actividades físicas.
  • Comportamientos regresivos en función de la edad (por ejemplo, volver a chuparse el dedo o mojar la cama).
  • Reticencia a quedarse a solas con una persona o personas concretas.
  • Conocimientos sexuales, lenguaje y/o comportamientos inusuales e inapropiados para su edad.

Cuando un menor denuncia abuso sexual por parte de uno de sus padres u otro cuidador adulto, tómelo siempre en serio.

Signos Específicos en Niños y Niñas con Autismo

En el caso de los niños y niñas autistas, los signos pueden manifestarse de forma diferente. La doctora Meredyth Goldberg Edelson, de la Universidad de Willamette, señala que "Si un niño o niña con autismo sufre abusos sexuales, los intentos de este por afrontar o dar sentido a ese abuso pueden conducir a un aumento de la intensidad y la frecuencia de las conductas de estimulación, las conductas autolesivas y las conductas repetitivas o al desarrollo de nuevas conductas que antes no estaban".

Estas reacciones conductuales al abuso sexual pueden ser malinterpretadas por los demás como un mero síntoma de su autismo, lo que puede provocar que el hecho de que el niño ha sufrido, o sigue sufriendo, abusos sexuales pase desapercibido.

El Instrumento de Detección del Abuso Sexual (DAS)

El objetivo de un estudio ha sido desarrollar un instrumento que garantice la calidad en la detección de casos de abuso sexual en personas con discapacidad intelectual. El instrumento de detección del abuso sexual creado (DAS) no solo puede ser útil para la detección de casos de abuso sexual, sino también para descubrir factores de riesgo que permitan identificar una eventual mayor vulnerabilidad y probabilidad de ser víctima.

Aspectos innovadores del DAS incluyen la incorporación de imágenes para facilitar la comprensión en aquellos casos en que la persona tenga un nivel de lecto-escritura bajo o nulo, en línea con lo sugerido por Lyden (2007) para evaluar el conocimiento sexual de personas con comunicación alterada. Se ha constatado que los usuarios responden mejor ante ítems dicotómicos (verdadero/falso) que ante opciones de respuesta múltiple, debido a su falta de flexibilidad mental, baja memoria de trabajo y atención fluctuante (Rodríguez et al., 2011). El DAS es un instrumento breve, lo cual es una gran ventaja al pasar pruebas costosas o largas. Este proceso de construcción-validación ha permitido reflexionar sobre la importancia de valorar todos los factores que influyen en una evaluación y las dificultades que implican el uso de autoinformes. El papel del evaluador durante la administración de la escala se convierte en un elemento imprescindible, aconsejándose que actúe de mediador, proporcionando una explicación adaptada del instrumento que asegure su comprensión.

Medidas y Apoyo ante el Abuso Sexual

Descubrir que alguien cercano es víctima de abusos sexuales es devastador. Una vez que se sabe, el primer paso es denunciar el abuso.

Primeros Pasos

Si un niño revela un abuso, es fundamental mantener la calma, escuchar atentamente y NUNCA culpar al niño. Agradezca al niño que se lo cuente y asegúrele su apoyo. Pida ayuda inmediatamente.

Contactos de Ayuda

Si se sabe o sospecha que un niño está siendo o ha sido víctima de abusos sexuales, se puede llamar a:

  • Línea directa de abuso infantil Childhelp® al 1.800.4.A.CHILD (1.800.422.4453)
  • Para asistencia de emergencia, llamar al 911.

Muchas comunidades también cuentan con Centros de Defensa de los Niños (Children’s Advocacy Centers, CAC) que ofrecen apoyo y servicios coordinados a las víctimas de abuso infantil (incluido el abuso sexual).

Tratamientos para Víctimas de Abuso Sexual

Hay una serie de tratamientos para los niños y niñas que han sufrido abusos sexuales, entre ellos:

  • Terapia individual
  • Terapia familiar
  • Terapia de grupo
  • Terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma
  • Terapia centrada en el niño

No existe un tratamiento único para los abusos sexuales. Para la comunidad autista puede ser necesario considerar apoyos preferentes de comunicación y comportamiento. Es recomendable trabajar con profesionales que tengan experiencia con el autismo o incorporar a terapeutas que hayan trabajado antes con la persona con autismo. La recuperación es posible: los niños y niñas pueden ser muy resistentes y, con una combinación de tratamiento eficaz y apoyo de los padres/cuidadores, se recuperan de los malos tratos.

Esquema de las vías para la denuncia y el apoyo a víctimas de abuso sexual

Mitos y Realidades sobre la Violencia Sexual y Discapacidad

Es crucial desmantelar los mitos para comprender la verdadera situación de la violencia sexual en personas con discapacidad:

Mito Realidad
Las personas con discapacidad no tienen deseos ni necesidades sexuales. Las personas con discapacidad tienen los mismos deseos y necesidades sexuales que las personas sin discapacidad. Debido a este mito, a pocos niños y jóvenes con discapacidades se les enseña sobre su propio desarrollo sexual y la salud de sus cuerpos.
El abuso sexual en personas con discapacidad es raro. La mayoría de las mujeres con discapacidad (83%) serán agredidas sexualmente en su vida. Los niños con discapacidades tienen casi cuatro veces más probabilidades de ser víctimas de violencia que los niños sin discapacidades, y son casi tres veces más propensos a ser víctimas de violencia sexual.
Las personas con discapacidad no pueden dar consentimiento para la actividad sexual. El consentimiento es un tema complejo que depende de muchos factores, incluidas las habilidades cognitivas y de comunicación del individuo, la comprensión de la situación y el nivel de comodidad y seguridad. Si bien algunos pueden tener dificultades con la comunicación o la toma de decisiones, esto no significa que no puedan dar su consentimiento para la actividad sexual.
Las personas con discapacidad no pueden comunicar sobre el abuso sexual. La mayoría puede comunicar sobre el abuso sexual, ya sea directa o indirectamente. Algunos pueden comunicarse de manera no verbal, como a través de gestos, expresiones faciales, lenguaje de señas o tecnología de asistencia. Es importante que los cuidadores y defensores conozcan estos métodos de comunicación y los tomen en serio.
Los depredadores sexuales no se dirigen específicamente a personas con discapacidad. Los depredadores sexuales se dirigen a personas vulnerables. Debido a que las personas con discapacidad a menudo son percibidas como carentes de agencia e independencia, pueden ser vistas como blancos fáciles para el abuso.
Las personas con discapacidad siempre son víctimas, nunca perpetradores. Las personas con discapacidad pueden ser tanto víctimas como perpetradores de abuso sexual. Es importante reconocer que el abuso sexual es un tema complejo y puede ocurrir en cualquier tipo de relación, incluso entre personas con discapacidad.

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