Vulnerabilidad y Riesgo: Un Marco Conceptual Integral

Algunos conceptos, como los de vulnerabilidad y riesgo, son de uso multidisciplinario; ya que son empleados tanto por la antropología y geografía como por las ciencias de la salud y ambientales, o por la ciencia del cambio climático, por solo mencionar algunas, y su definición depende del campo de estudio (Luers et al. 2003; Chambers 2006). Con frecuencia, ambos conceptos son abordados como si no hubiera conexión entre ellos.

Por un lado, el concepto de vulnerabilidad puede ser utilizado simplemente como una nueva forma de etiquetar a ciertos grupos sociales, sin dilucidar aquellas características que los hacen vulnerables (Cardona 2001). Por otro lado, los estudios de riesgo pueden centrarse en mediciones probabilísticas sofisticadas, pero sin un sustento que explique la complejidad del proceso social que lo produce (Álvarez 2008). De esta disociación conceptual emerge el objetivo de examinar, mediante el impacto de las altas temperaturas en la salud humana, las ventajas analíticas de estudiar la vulnerabilidad y el riesgo dentro de un mismo marco conceptual.

La Vulnerabilidad en el Contexto del Cambio Climático

Para cumplir con el objetivo de integrar ambos conceptos, se revisan algunos usos del concepto de vulnerabilidad; el principal argumento es que, para aprovecharlo analíticamente, es indispensable definir la amenaza a la que se está expuesto. También se examina el concepto de riesgo, en particular el enfoque epidemiológico (Álvarez 2008), desde el cual se han hecho importantes contribuciones en el campo de la salud, pero que podría enriquecerse significativamente si se incorpora a la vulnerabilidad como dimensión de estudio, al acercarlo a una mejor comprensión del contexto social que determina la epidemia.

Impacto del Cambio Climático y Eventos Extremos

Las amenazas o peligros climáticos han aumentado porque, por primera vez en la historia, las actividades humanas han alterado la composición de gases en la atmósfera, produciendo cambios en la temperatura del planeta y en la circulación del aire, es decir, produciendo un cambio climático (IPCC 1996). Esto se pone de manifiesto en el número de reportes de desastres relacionados con fenómenos climáticos tales como sequías, inundaciones y tormentas tropicales, que pasó de un promedio de 195 fenómenos por año en el período 1987-1998, a una media de 365 en el período 2000-2006 (Battista et al. 2009).

Los fenómenos extremos relacionados con el clima reducen la posibilidad de satisfacer algunas de las condiciones básicas para conservar la salud, como contar con agua potable, vivienda segura, aire limpio y disponibilidad de alimentos. La desatención a estas condiciones se relaciona con diversas enfermedades, como diarrea, paludismo, dengue y desnutrición (Riojas-Rodríguez et al. 2011; World Health Organization, WHO 2009a).

Infografía: Impacto del cambio climático en la salud humana y los recursos básicos

Uno de los eventos climáticos que más destaca porque afecta o puede afectar la mayor parte del área terrestre, es la elevación de la temperatura. A este respecto, el IPCC calculó que la temperatura de la superficie global del planeta se incrementó en 0.85 °C de 1880 a 2012 (IPCC 2013, 5). Además, el mismo grupo intergubernamental, junto a diversos expertos, ha determinado que los días y las noches calientes, así como las olas de calor serán cada vez más frecuentes (IPCC 2013; Wu et al. 2014). Las olas de calor, definidas como períodos prolongados de temperatura por encima de la media histórica (UN-Habitat 2011), pueden tener implicaciones severas, a veces de vida o muerte, en la población.

Un claro ejemplo es la ola de calor ocurrida en el verano de 2003 en Europa, asociada con alrededor de 70 000 muertes (Robine et al. 2008). La manera más común de determinar el número de muertes debido a las olas de calor es analizar la tendencia de las series de tiempo de todas las causas de mortalidad, para encontrar los valores atípicos ocurridos durante este tipo de eventos (Robine et al. 2008; Oudin et al. 2011). La forma más extrema de daño a la salud asociada con las altas temperaturas es la muerte por golpe de calor. Éste puede producir múltiples alteraciones como afectaciones en el sistema nervioso central, manifestaciones musculares, problemas cardiacos (hipotensión, taquicardia e hiperventilación) y dificultades para respirar (Piñeiro et al.).

Proyecciones de Temperatura en México

Las proyecciones del quinto reporte del IPCC apuntan a que es probable que la temperatura media global de la superficie aumente para 2081-2100, en relación con 1986-2005, entre 0.3 ºC y 1.7 ºC en el mejor de los escenarios y entre 2.6 ºC y 4.8 ºC en el peor de ellos (IPCC 2013, 20). En el noroeste de México, Cavazos y Arriaga-Ramírez (2012) desarrollaron escenarios de temperatura para la región del Monzón Norteamericano usando seis modelos de circulación general (MCG), y encontraron que las temperaturas medias anuales podrían aumentar aproximadamente 5 °C en el año 2100 en un escenario de altas emisiones. Un resultado semejante obtuvieron los investigadores Conde y Gay (2008, 43), quienes proyectan que para el 2080 se presentará en el norte de México un aumento entre 4 y 4.5 °C.

Aun si los eventos climáticos no se tornan más frecuentes o intensos, existen regiones en que su propio clima representa por sí mismo una amenaza. Ejemplo de esto es el noroeste de México. De acuerdo con el sistema de clasificación del clima de Köppen-Geiger, la mayor parte de esta región es clasificada como árida y semiárida cálida desértica (BWh y SWh). La tendencia del aumento de la temperatura en el noroeste de México, particularmente en Sonora, ha sido bien documentada; en el período 1966-2015 hubo un incremento en el número de días calientes y días de calor que puede asociarse a factores físicos como la elevación, la cobertura urbana y el porcentaje de precipitación anual durante el verano (Navarro et al. en prensa). No obstante este reciente trabajo, aún no existe un estudio que correlacione, estadística y temporalmente, las olas de calor con la mortalidad y morbilidad producida durante estos eventos en el noroeste de México.

El Aporte Conceptual de LA RED y Gustavo Wilches-Chaux

El término vulnerabilidad ha sido utilizado en una amplia variedad de formas para caracterizar la respuesta de los sistemas sociales y ecológicos a varias perturbaciones (Liverman 2001). Esta polisemia del vocablo ha generado cierta confusión y, en gran parte, la definición teórica del concepto se ha matizado en función de las disciplinas que lo abordan: ecológicas, antropológicas, geográficas, entre otras (Luers et al. 2003; Chambers 2006).

En opinión de algunos, estas diversas acepciones deben ser tenidas por complementarias e indispensables para atender suficientemente la complejidad intrínseca del concepto (Eakin y Luers 2006). Sin embargo, las imprecisiones conceptuales pueden afectar seriamente la tarea práctica de identificar y atender a los grupos especialmente vulnerables (Delor y Hubert 2000; Schroeder y Gefenas 2009).

Definiciones de Vulnerabilidad

  • En el contexto de estudios relacionados con el clima, para la OMS, vulnerabilidad es el “nivel de susceptibilidad de un sistema o de incapacidad para afrontar los efectos adversos del cambio climático, incluidos la variabilidad climática y los fenómenos extremos” (OMS 2003, 33).
  • En el segundo informe de evaluación, para el IPCC (1996, 5), vulnerabilidad se definía como “la medida en que el cambio climático puede dañar o perjudicar a un sistema. Éste depende no sólo de la sensibilidad del sistema, sino también de su capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas”.

La Relación Vulnerabilidad-Amenaza según LA RED y Gustavo Wilches-Chaux

Expertos en gestión de riesgo de desastres, particularmente miembros de la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina (LA RED), entre ellos Gustavo Wilches-Chaux (Wilches-Chaux 1993), han revisado y enriquecido la literatura sobre el riesgo y la vulnerabilidad. Estos autores han señalado la importancia de analizar el binomio vulnerabilidad-amenaza como variables del riesgo (Cardona et al. 2012; Lavell et al. 2012).

Su experiencia influyó enormemente en un Informe Especial (conocido como SREX) (IPCC 2012) y en el Quinto Reporte del IPCC (2014), en cuyos documentos se avanza hacia un marco conceptual del riesgo que involucra a la vulnerabilidad, la exposición y la amenaza como sus componentes.

Ante las diversas nociones existentes, la propuesta de expertos de LA RED rescata que la vulnerabilidad se define en relación con otro elemento: la amenaza o peligro. De acuerdo con Cardona (2001, 11), cuando se habla de vulnerabilidad es fundamental preguntarse y especificar: “¿vulnerable ante qué?”, pues a cada tipo de amenaza corresponderá una serie de factores que caractericen la vulnerabilidad. Por ejemplo, el que un hogar no cuente con aire acondicionado aumenta la vulnerabilidad de la salud ante las altas temperaturas (Curriero et al. 2002), pero quizá no la aumenta ante algún otro tipo de amenaza climática, como podría ser una inundación.

Conceptos de amenaza, riesgo y vulnerabilidad (URJCx)

Casos de Estudio: Poblaciones Vulnerables a Altas Temperaturas en el Noroeste de México

Para ilustrar las implicaciones conceptuales planteadas sobre la relación entre vulnerabilidad, riesgo y amenaza, se ha elegido el caso de las altas temperaturas en el noroeste de México. Las ventajas y desventajas analíticas se ejemplifican mediante la revisión de estudios recientes (Díaz et al. 2014; Díaz y Calvario 2017; Calvario y Díaz 2017; Navarro et al. en prensa).

Grupos Vulnerables Específicos

En este contexto, un trabajo que examina las estadísticas de mortalidad por calor natural excesivo en esta región es el de Díaz et al. Gran parte de las personas fallecidas por esta causa eran jornaleros agrícolas (Díaz et al. 2014). Los trabajadores agrícolas más expuestos a largas horas de trabajo en un ambiente extremadamente cálido y en condiciones precarias son, principalmente, aquellos que migran desde el sureste de México (Secretaría de Desarrollo Social, SEDESOL 2010).

En 2002 y 2003, en los campos agrícolas de Sinaloa, Sonora y Baja California, los contingentes de asalariados rebasaban los 300 mil y, de acuerdo con el Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas, en Sonora llegaron a residir hasta 80 mil (Calvario y Díaz 2017). Las condiciones en que laboran los jornaleros agrícolas son precarias: muchos de ellos y ellas no cuentan con seguridad social o viven hacinados en lugares con poca higiene dentro de los campos agrícolas (Calvario y Díaz 2017). Asimismo, se ha señalado que las condiciones ambientales del trabajador agrícola se combinan con la movilidad, la desnutrición y las infecciones, factores que atentan contra la salud de este grupo de población (Ortega y Castañeda 2007).

Fotografía: Jornaleros agrícolas trabajando bajo altas temperaturas

Además de los jornaleros agrícolas, otro grupo de población afectado por las altas temperaturas son los migrantes internacionales que cruzan por Sonora con destino a los Estados Unidos (Díaz y Calvario 2017). Sobre este tema, se registra que del 2001 al 2013 en el sur de Arizona, que es parte de la región desértica de Sonora, murieron 2 184 migrantes internacionales y, de ellos, alrededor de 75 por ciento perecieron por hipertermia, golpe de calor o deshidratación. De ellos 1 785 eran hombres y 377 mujeres, en 22 casos el sexo fue indeterminado. Asimismo, el nombre de la tercera parte del total de migrantes se desconocía (Díaz y Calvario 2017). Gran parte de los migrantes fallecidos en el sur de Arizona provenían de Centroamérica (Casillas 2008).

Políticas Migratorias y el "Efecto Embudo"

El incremento en las muertes de migrantes fue el resultado de las acciones que llevó a cabo Estados Unidos en su frontera sur a partir de la década de 1990, las cuales incluían el aumento de presupuesto y de personal de la patrulla fronteriza. Estas políticas también incluían la implementación de operativos como la Operación Bloqueo, la Operación Guardián y la Operación Escudo, que reforzaban la vigilancia en los corredores más transitados por los migrantes: San Diego, El Paso, la zona central de Arizona y el sur de Texas (Alonso 2013). Como resultado, el flujo de migrantes fue empujado a zonas inhóspitas de Arizona, como el desierto de Sonora, creando lo que se denominó el efecto embudo (funnel effect) (Rubio-Goldsmith et al. 2006).

De acuerdo con los datos registrados por estudiosos del tema, antes del efecto embudo fueron recuperados, entre los años 1990 y 1999, 125 cuerpos sin vida en el condado de Pima, mientras en el quinquenio de 2000 a 2005, se recuperaron 802 (Rubio-Goldsmith et al.). Este caso ilustra cómo las políticas pueden aumentar la exposición y, por ende, la vulnerabilidad de ciertos grupos ante amenazas naturales como las altas temperaturas.

Mapa de rutas migratorias y zonas desérticas en la frontera México-EEUU

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