Programa Vivienda Primero en Coquimbo: Soluciones Habitacionales para Adultos Mayores en Situación de Calle

La región de Coquimbo ha sido escenario de la implementación del revolucionario programa Vivienda Primero (conocido internacionalmente como Housing First), una iniciativa diseñada para ofrecer una vivienda digna y permanente como primer paso a las personas en situación de calle. Este modelo se opone al enfoque tradicional de “escalera”, que exigía progresos sucesivos para “merecer” una vivienda, y ha sido traído a la región por el Ministerio de Desarrollo Social.

Esquema explicativo del modelo Housing First

Filosofía y Metodología del Programa

La lógica central del programa Vivienda Primero es que las personas no pueden resolver problemas de salud mental, adicciones o trabajo si antes no tienen un hogar seguro. Su creador, el psicólogo estadounidense Sam Tsemberis, afirma: “La solución a la falta de vivienda es la vivienda. Los servicios son opcionales, la vivienda no”. La iniciativa propone ofrecer una vivienda digna y permanente sin condiciones previas, como la abstinencia de drogas o alcohol.

Con presencia en cinco regiones del país, el programa Vivienda Primero debuta en Coquimbo con un total de 6 casas y 4 departamentos que albergan a 20 personas, distribuidas en dos por vivienda. Todos los beneficiados son hombres mayores de 50 años, con al menos cinco años de experiencia viviendo en la calle. Este grupo fue seleccionado por el equipo social del Hogar de Cristo, en conjunto con expertos de la Subsecretaría Regional de Desarrollo Social y Familia.

Historias de Vida y Transformación

Raúl Funes: El “Viejo de los Globos” y la Nueva Oportunidad

Raúl Funes, de 57 años, conocido como “El viejo de los globos” entre los hinchas de Coquimbo Unido, luce ahora como el más próspero de los jubilados de Miami. Ubicado en primera línea junto a la Avenida del Mar, reside en un balcón del piso 18 con una amplia vista al Océano Pacífico, específicamente a la Bahía de Coquimbo. Pese a esta notable oportunidad, Raúl se empeña en pasar inadvertido, aplicando lo que le enseñó la calle: siempre sonreír.

Raúl Funes en el balcón de su departamento

Raúl comparte su departamento con Irenio Alarcón (51), un penquista. Irenio, descrito como un hombre triste por antonomasia que cayó en el consumo y terminó viviendo en la calle por tremendas penas de amor, es justo lo opuesto al alegre y positivo Raúl Funes. Mientras Raúl está con shorts y camiseta de fútbol, Irenio parece vestido para ir a un matrimonio o un entierro. Ambos dicen que están aprendiendo a convivir en armonía.

Omar Jeraldo, trabajador social del Hogar de Cristo, quien conocía a varios de los hombres seleccionados -ya que eran usuarios de la Hospedería Carmen Goudie de Coquimbo-, destacó la autonomía, perseverancia y capacidad de autogestión de Raúl. Comentó que Raúl era muy querido en la hospedería y que, aunque se intentó que viviera con familiares, no resultó. “No es fácil para una persona que ha pasado en la calle, solo, por tantos años, convivir con otros”, explicó. Raúl, siendo un hombre tan solo, con una historia dura y antecedentes delictuales que ha logrado limpiar, no mendiga. Trabaja en albañilería cuando surge alguna “peguita” y, con una discapacidad, ha sido capaz de ahorrar parte de su pensión. Se inscribió en un Comité para la Vivienda, postuló y logró ser tratado como cualquier ciudadano, avanzando ahora su postulación al subsidio.

Raúl reflexiona sobre su pasado y su cambio de vida: “He estado como cinco veces en la UCI, donde siempre llegué casi muerto, hasta que un día pensé: No soy un gato, no tengo siete vidas, debo cambiar”. Desde entonces, dejó de tomar y de fumar pasta base, decisión que tomó después de quebrarse la columna al caer de una altura de un par de metros, estando “enfermo de curado”. Es simpático y elocuente, dice que la calle le enseñó a tratar siempre de caer bien: saludar, sonreír, no comprarse problemas, pero tampoco dejarse atropellar. “La calle está llena de curados, de drogados, de gente que anda buscando camorra. Por eso a choro, choro y medio, pero sólo cuando no queda otra. Lo mejor es virarse”.

Respecto a la convivencia con Irenio, Raúl explica: “Uno se tiene que adaptar, acomodarse a los horarios y costumbres del otro y complementarse. Yo siempre en mi vida he tratado de molestar lo menos posible y aquí aplico eso”. También es consciente de los prejuicios: “Sé que habrá gente que dirá ‘manso premio que les dieron a esos torrantes’, y trato de llamar lo menos la atención posible”. Comparte su asombro ante el nuevo entorno: “Estar en este lugar tan lindo es un sueño para cualquiera, pero para uno que vivió botado en la calle, tapizado en sebo, cuidando sus pocas cositas para que no te las robaran, esto, es mucho más que un sueño”.

Raúl Funes, el mayor hincha de Coquimbo Unido, nos muestra su dormitorio en suite, que también tiene balcón con vista a la bahía. Dice que no lo sortearon.

Irenio Alarcón: Sueños de Rehabilitación

Irenio Alarcón, el compañero de departamento de Raúl, luce hoy elegante porque hará una disertación frente a su curso. Estudia primer año de la carrera Técnico en Rehabilitación en el centro de estudios CEDUC de Coquimbo y sueña con egresar y trabajar ayudando a otros. Su historia es de superación, marcada por una profunda pena de amor: “Dejé Conce por ella. Acá supe que padecía sordera a causa de los golpes que le había dado mi primo, que era un cafiche explotador. Yo la amé. Nos amamos. Llegamos a arrendar juntos una pieza, pero ella enfermó. Necesitaba un trasplante de riñón”. Nos muestra su habitación pintada de azul, como el océano, que desde hace dos meses alguien puso frente a su ventana.

Estudiante en un centro de formación técnica

Otros Beneficiados del Programa

  • Juan Contreras, autoproclamado el mejor vendedor de parches curita del mundo, y su amigo Juan Díaz, están ubicados en un condominio de departamentos en La Florida, un sector nuevo al interior de La Serena.
  • Alfonso Rojas y Jorge Núñez comparten armoniosamente una casa de dos pisos en un plácido barrio alejado del mar en Coquimbo.
  • Cerca de ahí, está la flamante vivienda de un piso de Feliciano Rute. Con 77 años, es el mayor de los 20 beneficiados y vive con un amigo poco comunicativo, que prefirió no ser entrevistado. Feliciano se mudó junto a su gato Petaco, pese a que este es huraño, y era su mejor amigo en la Hospedería Betania, que próximamente cerrará sus servicios.

Desafíos en la Implementación de Vivienda Primero

La implementación de un programa como Vivienda Primero presenta decenas de preguntas y desafíos significativos. ¿Qué conciencia de mudanza puede tener alguien que ha vivido durante años en la calle? ¿Cómo se implementa un cambio de domicilio tan singular? ¿Con qué criterio y qué dificultades enfrentan los encargados de acomodar en una vivienda a dos personas que no son familiares? ¿Cómo se convence al administrador de un edificio de que los arrendatarios serán buenos vecinos cuando han dormido por años en hospederías, albergues, bajo puentes o en rucos improvisados?

Reunión de equipo psicosocial discutiendo desafíos del programa

Búsqueda y Gestión de Propiedades

María Teresa Moreno, trabajadora social y jefa de operación territorial del Hogar de Cristo en Coquimbo, se convirtió en experta en corretaje de propiedades en los últimos seis meses. Cuando la fundación fue designada responsable de la puesta en marcha de Vivienda Primero en la región, empezó la ardua tarea de buscar viviendas. Asegura haber visitado unas 60 propiedades. Con un presupuesto de 500 mil pesos mensuales de arriendo por vivienda, debía encontrar 10 para acomodar a 20 arrendatarios muy particulares. Se constató que es más práctico y fácil encontrar casas para este perfil, por lo que de las 10 viviendas, 6 son casas.

Moreno explica las dificultades: “Las administraciones de los edificios son mucho más exigentes. Tienen reglas muy estrictas de convivencia. A uno de los beneficiados tuvimos que cambiarlo, porque su moto eléctrica para discapacitados empezó a generar problemas de dónde la cargaba o estacionaba. Además, hay mucho prejuicio, mucho. Cuando decía que era para un programa social del Hogar de Cristo ya empezaba la reticencia, pero después, cuando explicaba que en esa casa vivirían dos personas mayores con experiencia de vida en calle, era todavía peor. A esas dificultades, se suma que el costo se eleva porque hay que pagar gastos comunes”.

Ella aprendió a “seducir con argumentos”, apelando a la reputación de la institución: “Les decía a los corredores o directamente a los propietarios de las viviendas: ‘El Hogar de Cristo tiene estándares de transparencia más altos que los demás empresas y más que los de un particular. O sea, nosotros pagamos los dos meses de garantía, no nos atrasamos ni un día en el pago del arriendo. No nos atrasamos nunca. Y damos garantía de que al irnos dejaremos la propiedad mejor de lo que estaba al recibirla. En esto está nuestra reputación de por medio’”.

El Equipo de Apoyo Integral

El joven psicólogo Kevin Castillo es el encargado de la operación de Vivienda Primero en la región. Su compromiso es total: se ha pasado en su auto yendo y viniendo del Home Center a los distintos puntos de La Serena y Coquimbo donde se ubican las 10 viviendas. Como muchas son nuevas, le ha tocado comprar muebles, electrodomésticos, ropa de cama, ollas, platos, vasos. Además, ha desempeñado roles de electricista, gasfiter y pioneta. En estas tareas y en las de apoyo psicológico y práctico, lo acompañan la trabajadora social Natalia Rojas y la terapeuta ocupacional Tamara Mancilla. Ellas se ocupan de conectar a Feliciano Rute, el mayor de los recién mudados, con los especialistas médicos del Centro de Salud Familiar correspondiente.

El equipo involucrado entrega datos: de los 20 beneficiados, 10 tienen algún tipo de ingreso estable, como pensión por invalidez, discapacidad mental o subsidio calle, lo que sirve para financiar los gastos cotidianos.

Héctor Toro, trabajador social que estaba a cargo de la Residencia Betania de La Serena y ahora integra el equipo, comparte su experiencia: “Es muy emocionante ser parte de esto. Yo soy soltero. Nunca había armado un clóset, instalado un refrigerador, perforado paredes para acomodar estantes, pero he hecho todo eso, además de dar contención a los chiquillos y acompañarlos en sus procesos de instalación y en sus trámites para reinsertarse socialmente”. Resalta la importancia del apoyo continuo: “Ahora mismo me he pasado el día conteniendo a Irenio, quien al parecer va a reprobar un ramo de su carrera”.

El cierre de la Hospedería Betania, y próximamente de la Hospedería Carmen Goudie, es parte de un cambio de estrategia social del Hogar de Cristo, que busca implementar ayudas que no sean meros paliativos, sino que logren la real inclusión de las personas en situación de calle.

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