Fano y la Iglesia al cuidado de los ancianos

La **Iglesia** ha desempeñado históricamente un papel fundamental en el cuidado y la asistencia a los ancianos, una misión que se refuerza con las enseñanzas y el ejemplo de los Papas, y que se manifiesta a través de diversas congregaciones e iniciativas. La preocupación por los mayores no solo se basa en principios de caridad, sino también en el reconocimiento de su **dignidad** y **misión** en la sociedad y la comunidad cristiana.

Ilustración de Pachi Velasco Fano sobre el cuidado de los ancianos

El mensaje del Papa Francisco sobre los ancianos

El Santo Padre ha exhortado en numerosas ocasiones que «los ancianos son una riqueza, no se pueden ignorar», denunciando la **cultura del descarte** que los considera un peso o un lastre. Con este propósito, ha recordado sus visitas a casas de reposo en Buenos Aires, donde conoció casos de ancianos abandonados por sus hijos, como una mujer que llevaba ocho meses sin ser visitada.

Según el Papa, «los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que estaban antes que nosotros en el mismo camino, en nuestra misma casa, en nuestra batalla cotidiana por una vida digna. Son hombres y mujeres de los que hemos recibido mucho». Destaca que el anciano no es un extraño, sino que «el anciano somos nosotros: dentro de poco, dentro de mucho, en todo caso, inevitablemente, incluso cuando no pensamos en esto».

Francisco ha apelado a la conciencia para renovar la opción por la cercanía y la gratuidad hacia los ancianos, especialmente hacia aquellos que son frágiles, solos o marcados por la enfermedad. Advierte que «una sociedad sin proximidad, donde la gratuidad y el afecto sin contrapartida - también entre extraños - van desapareciendo, es una **sociedad perversa**» y que «la Iglesia, fiel a la Palabra de Dios, no puede tolerar estas degeneraciones».

La Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores

En el marco de estas catequesis, el **dibujante malagueño Pachi Velasco Fano** ha ofrecido una ilustración para celebrar la I Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, convocada por el papa Francisco, que en España se celebra el lunes 26 de julio, fiesta de santa Ana y san Joaquín. Fano enfatiza que «ser catequista significa hacer resonar, es hacer eco de las palabras de Jesús para que siempre siga sonando», y que gracias a las abuelas y los mayores hemos recibido la buena noticia.

«Ellos son las grandes montañas que hacen resonar la voz de Dios... Gracias a ellos muchos podemos decir "por todo lo que me enseñó mi abuelo vuelo, vuelo, vuelo......."», concluye Fano, invitando a seguir siendo eco de la palabra de Jesús.

Tercera edad dicen que somos. Cortometraje Documental

La dignidad y misión del anciano en la Iglesia y el mundo

El Pontificio Consejo para los Laicos dedicó a los ancianos el documento titulado “La dignidad del anciano y su misión en la Iglesia y en el mundo”. Este documento aborda la aspiración más elemental y sagrada de los ancianos de vivir sus años de vejez en su propia casa, con su familia, o en residencias adecuadas. Subraya la importancia de facilitar una vida correcta y confortable para las personas mayores, quienes han entregado su vida a los suyos y ahora tienen derecho a recibir ese cuidado.

Desafíos de la vejez y el confinamiento

Según la **OMS**, el término **adulto mayor** se refiere a cualquier persona que sobrepase los 60 años de edad. La salud en la vejez no depende solo de la genética, siendo este uno de los factores con menos peso. El confinamiento, por ejemplo, ha impactado la salud mental de todos, pero especialmente la de los adultos mayores, quienes son un grupo de mayor riesgo ante enfermedades como el COVID-19.

Los ancianos no solo han lidiado con la vulnerabilidad ante la enfermedad, sino que también debieron modificar su vida: delegar tareas básicas, dejar de trabajar o adaptarse al teletrabajo, y abandonar sus actividades en organizaciones de mayores o centros de día. La pérdida de la rutina diaria puede tener efectos perjudiciales en la salud física y mental, aumentando fenómenos como la **soledad no deseada**, que es un factor de riesgo para la depresión y la demencia.

Valores que aportan los ancianos

Los ancianos son portadores de valores esenciales que enriquecen a la sociedad:

  • La gratuidad: Viven en una cultura que valora la eficiencia, pero ellos encarnan la dimensión de dar sin esperar nada a cambio.
  • La memoria: Contribuyen a que las generaciones jóvenes no pierdan el sentido de la historia y, con él, la propia identidad. Una sociedad que ignora el pasado corre el riesgo de repetir sus errores.
  • La experiencia: Ofrecen la sabiduría de una vida acumulada, algo que la ciencia y la técnica no pueden reemplazar.
  • La interdependencia: Su vida recuerda que nadie puede vivir solo, contrarrestando el individualismo.
  • Una visión más completa de la vida: En una vida dominada por la agitación, los ancianos ofrecen la sencillez, la contemplación y la reflexión sobre los interrogantes fundamentales del ser humano.

Los valores afectivos, morales y religiosos que viven los ancianos -sentido de responsabilidad, amistad, prudencia, paciencia, sabiduría, respeto por la Creación, edificación de la paz- constituyen un recurso indispensable. El anciano capta muy bien la superioridad del "ser" respecto al "hacer" y al "tener".

Necesidades espirituales y afectivas de los ancianos

La **necesidad espiritual** no se refiere solo a una carencia, sino también a las potencialidades y expectativas deseadas en el ámbito de lo espiritual. Entre estas necesidades se encuentran:

  • Necesidad de resituarse en el tiempo.
  • Necesidad de auténtica esperanza.
  • Necesidad de ser respetado en sus opiniones, creencias y valores.
  • Necesidad de encontrar un lugar en la Iglesia y en la comunidad.
  • Necesidad de ser reconocido como persona.

Los ancianos esperan de su familia **apoyo material** y **emocional**. Necesitan sentirse amados y valorados por lo que son y lo que fueron. Esperan comprensión para su carácter, respeto por su austeridad y ánimo para disfrutar de la vida. También aguardan que se valoren su capacidad de reflexión, la claridad de juicio, la utilidad de su experiencia, la discreción y la madurez, que enriquecen las relaciones intrafamiliares. Además, requieren apoyo para que sus relaciones conyugales sean felices y armónicas.

Jerarquía de necesidades en el anciano enfermo

En el anciano enfermo, las necesidades se agudizan debido a la frustración. Más allá de las necesidades biológicas atendidas por el personal sanitario, es fundamental abordar las **necesidades bio-psíquicas y espirituales**:

  1. Para sobrevivir (Fisiológicas): Hambre, sed, descanso, sueño, calmar el dolor. Son fundamentales y las más poderosas.
  2. Sentirse seguros: Búsqueda de familiaridad, estabilidad, información y protección ante el peligro (la enfermedad, el dolor, la muerte). La satisfacción de esta necesidad se logra con información segura y confiable de la familia, el médico, el sacerdote, y personas que escuchan y comprenden.
  3. Necesidad de ser amado: La pertenencia y el afecto se ven rotos por la enfermedad, especialmente si hay hospitalización. El anciano es arrancado de su entorno y entra en un ambiente frío y a menudo hostil.
  4. Sentirse competente y valioso (Estima): Se satisface cuando se sienten útiles, apreciados y valorados. Esto genera confianza y capacidad en sí mismos. Es crucial no hacerles sentir inútiles, ya que la enfermedad afecta la autoestima.
  5. Intimidad: La pérdida de intimidad es evidente. La atención sobre el cuerpo desgastado del enfermo (pérdida de peso, coloración de la piel) atrae miradas incluso en los momentos más íntimos.
  6. Posibilidad de realizarse: Es la necesidad suprema. La enfermedad frustra esta realización, percibida como una disminución de la personalidad y una amenaza a la identidad. Sin embargo, mantener la confianza y darle sentido a la enfermedad puede ayudar al enfermo a seguir adelante, renovando sus compromisos personales, familiares y sociales.

La **espiritualidad y la religión** son elementos importantes en la vida de la mayoría de las personas mayores, y aún más en las enfermas, quienes recurren a ellas como soporte para enfrentar dolencias graves o crónicas. La atención espiritual se relaciona con una mayor calidad de vida.

Esquema de las necesidades del anciano enfermo

El acompañamiento pastoral al anciano enfermo

El autor Ángelo Brusco define la espiritualidad como el conjunto de aspiraciones, valores y creencias que organizan la vida del hombre hacia un ser trascendente, que en el cristianismo es Dios revelado en Jesucristo. El acompañamiento al anciano enfermo requiere personas con cualidades específicas:

  • Ser **profundamente humana**: amable, acogedora, comprensiva, generosa y solidaria.
  • Conocerse a sí mismo y al anciano enfermo, con sus vertientes negativas y positivas.
  • Capacidad para trabajar en equipo y crear un estilo comunitario.
  • **Capacidad de empatía** para comprender la situación y estado de ánimo del anciano.
  • Evitar el complejo de mesianismo, acompañando como amigo y no intentando resolverles toda la vida.
  • Estar lleno de **gratuidad**, sin buscar recompensas.
  • Saber respetar el **misterio personal** del anciano enfermo.
  • Ser **comprensivo y compasivo**: sintonizar y padecer con el otro, viendo las cosas desde su perspectiva.
  • Ser humilde y reconocer la propia limitación. Acompañar es “hacerse cargo” del sufrimiento ajeno, dar hospedaje en uno mismo al dolor del otro.

La **Hospitalidad** implica sentirse cómodo consigo mismo para acoger al otro. La **presencia y atención activas** significan no huir de las preguntas, ansiedades y miedos. La **escucha activa** es fundamental. La **compasión** requiere empatía, deseo de ayudar, coraje para acercarse al mundo interior del que sufre, y acción orientada a mejorar la situación, con compromiso e intencionalidad.

El desafío de un acompañamiento al estilo de Jesús: El Buen Samaritano

El desafío es acompañar a los ancianos al estilo de Jesús, como el **Buen Samaritano**. La parábola del Buen Samaritano, donde un hombre despojado y golpeado es ignorado por un sacerdote y un levita, pero atendido por un samaritano, ilustra la importancia de amar al prójimo como a uno mismo, mostrando la cercanía y el compromiso desinteresado.

Representación del Buen Samaritano

La Iglesia y el cuidado de los ancianos: ejemplos y congregaciones

La historia de la Iglesia está llena de ejemplos de cercanía a los ancianos. El obispo polaco **Andrzej Maria Deskur**, amigo de **Juan Pablo II**, sufrió una lesión cerebral que lo inmovilizó. La primera visita del Papa como Pontífice fue al hospital donde Deskur estaba ingresado, mostrando su cercanía a los enfermos y ancianos, a quienes reconocía como **sostén silencioso de la Iglesia**.

El **Papa Francisco** se refiere con frecuencia al papel de los abuelos, dedicándoles audiencias y destacando que «la ancianidad tiene una gracia y una misión especial en la Iglesia y en la sociedad», y que «Necesitamos ancianos que recen», considerando la oración de los ancianos un gran don para la Iglesia.

Al comentar la escena evangélica de la presentación de Jesús en el templo, Francisco dice de los ancianos **Simeón y Ana**: «Estos dos ancianos representan la fe como memoria. ¡Los abuelos son la sabiduría de la familia, son la sabiduría de un pueblo!» Solo desde una cultura de la vida se puede contrarrestar el influjo nocivo y egoísta de la cultura del descarte.

Congregaciones dedicadas al cuidado de los mayores

Existen muchas familias cristianas donde la enfermedad, la vejez y las dificultades se afrontan con sentido sobrenatural y común. Como prolongación de este clima familiar, han nacido en la Iglesia iniciativas de acogida a personas mayores en hogares familiares.

1. Las Hermanitas de los Pobres: Fundada en 1839 en Cancale (Bretaña francesa) por **Juana Jugan**, quien acogió a una anciana ciega y abandonada. Hoy, esta congregación está presente en 32 países con 2.800 religiosas que realizan un voto de hospitalidad. Su servicio beneficia a los ancianos que atienden, a sus familias y a jóvenes que colaboran en sus actividades. Santa Juana Jugan fue canonizada en 2009 por Benedicto XVI.

2. Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados: Fundada en 1872 por el sacerdote español **Saturnino López Novoa** y **Teresa Jornet** en Barbastro (Huesca). El 11 de mayo de ese año, la nueva congregación inició su andadura en Valencia. Sus patronos son la Virgen de los Desamparados, san José y santa Marta. Actualmente tienen 204 hogares en 19 países, con el lema: “cuidar los cuerpos para salvar las almas”. Quienes las conocen descubren que el afecto humano y el calor de familia que se respira en sus casas nacen de su compromiso evangélico.

Tercera edad dicen que somos. Cortometraje Documental

La importancia de honrar y valorar a los mayores

Monseñor **Guillermo Vera Soto**, Obispo de Rancagua, invita a reflexionar sobre el importante aporte de los adultos mayores a la Iglesia y a la sociedad. El 26 de julio, la Iglesia recuerda a los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y, por tanto, abuelos de Jesús.

Al conversar con gente mayor, impresiona ver su optimismo al mirar su pasado, incluso a pesar de las dificultades, comprobándose que el paso del tiempo difumina los rasgos de los acontecimientos y suaviza sus aspectos dolorosos. La Sagrada Escritura dice: “ponte de pie ante las canas”.

Honrar a las personas mayores implica un triple deber: **acogerlos, asistirlos y valorar sus cualidades**. Es propio de una civilización plenamente humana respetar y amar a los ancianos, ya que, a pesar del debilitamiento de sus fuerzas, se sienten parte viva de la sociedad. Hay ejemplos elocuentes de ancianos con sorprendente juventud y vigor de espíritu. La comunidad cristiana y la sociedad entera pueden recibir mucho de la serena presencia de los adultos mayores.

En muchas familias, los nietos reciben de los abuelos la primera educación en la fe, pero su aporte beneficioso puede extenderse a otros muchos campos. Cuando las energías disminuyen y las capacidades operativas se reducen, estos hermanos son más valiosos en el designio misterioso de la Providencia.

Todos nuestros mayores necesitan cuidado y cariño. Cada familia debe procurar que sean tenidos en alta estima, consideración y arropados con el cariño de todos. Jóvenes y niños ocupan un lugar muy importante, pues con su cercanía y cariño pueden llenar de vida los días de los mayores; a la vez, pueden aprender de la sabiduría y experiencia de los abuelos. Nuestra sociedad será más humana si nos hacemos cargo de los mayores.

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