La vulnerabilidad social implica privaciones vinculadas a aspectos económicos, educativos, ocupacionales, emocionales, sociales y de derechos. Esta condición afecta a un porcentaje significativo de la población, abarcando, por ejemplo, el 30,7% de la población argentina según datos de la CEPAL (2018). En este contexto, los estilos parentales se refieren a las diversas formas de interacción entre cuidadores e infantes que impactan directamente en su desarrollo cognitivo y socioafectivo.
Una revisión narrativa realizada con el objetivo de analizar el impacto del nivel socioeconómico (NSE) en los diversos estilos de crianza y sus factores mediadores, encontró que el NSE influye significativamente en los estilos parentales. Las variables con mayor poder predictivo fueron el nivel educativo, el tipo de comunicación e interacción, y el entorno sociocultural. Se observa que la crianza en contextos de bajo NSE puede llevar a relaciones más punitivas y negligentes, aunque es crucial considerar el contexto cultural para un análisis ecológico de las prácticas parentales.
La Familia como Contexto Fundamental para el Desarrollo Humano
El ámbito familiar ha sido ampliamente reconocido como uno de los factores más relevantes para el desarrollo humano en todas sus etapas. Si bien los niños reciben influencias de diversos ámbitos, como la escuela o el grupo de pares, el entorno familiar es fundamental para un crecimiento sano. Es el primer entorno, el más persistente e intenso a nivel afectivo, y en él se desarrollan los vínculos iniciales necesarios para la supervivencia.
Aunque las funciones familiares pueden cambiar a lo largo del ciclo vital de una persona, la familia de origen sigue repercutiendo en la vida de sus miembros. Existe una amplia evidencia sobre los efectos del contexto familiar en el desarrollo afectivo, social y cognitivo de los hijos, especialmente en las primeras etapas de la vida (infancia y niñez), con repercusiones en fases posteriores. La mayoría de los estudios concuerda en que una de las funciones más importantes de la familia es la adecuada satisfacción de las necesidades socioafectivas y cognitivas de los hijos.
Aunque los agentes socializadores y los ámbitos de socialización pueden ser diversos, la bibliografía enfatiza el ambiente familiar y, en particular, el rol de los padres. En este sentido, la función de crianza o la parentalidad social se define como el conjunto de competencias, conocimientos, creencias, pautas y actitudes que los padres y madres asumen en relación con la socialización de sus hijos. Esta función se desarrolla en diferentes escenarios socioculturales que influyen en su configuración.

Vulnerabilidad Social y su Impacto en la Parentalidad
El potencial del desarrollo psicosocial humano y familiar se encuentra estructuralmente limitado por las características socioambientales y económicas del entorno de vida cotidiano. Algunos organismos internacionales han definido la vulnerabilidad social como una combinación de eventos, procesos o rasgos que constituyen adversidades potenciales para el ejercicio de los derechos ciudadanos o el logro de los proyectos de las comunidades, hogares y personas.
El despliegue de las competencias parentales está íntimamente ligado al medio social donde se desarrollan los procesos parentales. Estas competencias son sensibles al riesgo psicosocial, que incluye factores como la extrema pobreza, el consumo excesivo de alcohol y drogas, los ambientes delictuales, y las dinámicas de violencia intrafamiliar y maltrato. También influyen las consideraciones culturales sobre lo que significa ser "buenos padres", así como las propias experiencias de apego, temperamento y factores resilientes de los progenitores o cuidadores.
En la crianza de los hijos, las funciones parentales más importantes (afectiva, socializadora y educativa) pueden verse debilitadas o disminuidas en padres o cuidadores que viven en contextos de riesgo psicosocial. Las investigaciones indican que los padres en contextos socialmente vulnerables suelen experimentar altos niveles de estrés en su rol de crianza, lo que a menudo les impide responder satisfactoriamente a las necesidades de sus hijos.

El Concepto de Competencia Parental
El análisis y la evaluación de las competencias parentales son tareas centrales en los Servicios Sociales y, en particular, en los servicios especializados de atención a familias en situación de riesgo psicosocial. Es indispensable conocer y evaluar estas competencias, entre otras razones, para implementar medidas de apoyo a la unidad familiar o incluso para determinar si es necesario retirar a un menor de su hogar. Paradójicamente, esta área ha sido poco explorada en la investigación y ha ocupado un lugar secundario en el campo de la protección de menores.
La competencia, en un sentido amplio, es un concepto integrador que se refiere a la capacidad de las personas para generar y coordinar respuestas (afecto, cognición, comunicación y comportamiento) flexibles y adaptativas, a corto y largo plazo, ante las demandas de sus tareas vitales, y para aprovechar las oportunidades que les brindan los contextos de desarrollo. Esta definición subraya que la competencia es:
- Multidimensional: Implica el funcionamiento integrado de la cognición, el afecto y el comportamiento.
- Bidireccional: Sirve tanto para propiciar el ajuste personal y social a los contextos como para analizar lo que los contextos proporcionan a las personas en su desarrollo.
- Dinámica: Cambia a medida que el individuo se enfrenta a nuevos retos y tareas evolutivas, así como a expectativas sociales.
- Contextual: Las tareas evolutivas se practican en contextos vitales que, a su vez, ofrecen oportunidades para nuevos aprendizajes y prácticas.
Para su desarrollo, las competencias requieren oportunidades para practicarlas, el aprendizaje de habilidades para utilizar esas oportunidades y el reconocimiento social de la tarea bien hecha, lo que motiva a continuar y perfeccionar las habilidades. La familia, la escuela, los pares y el ocio son contextos que brindan estas oportunidades, entrenamiento y reconocimiento.
Centrándonos en el tema de las competencias parentales, las definimos como el conjunto de capacidades que permiten a los padres afrontar de modo flexible y adaptativo la tarea vital de ser padres, de acuerdo con las necesidades evolutivas y educativas de los hijos e hijas y con los estándares socialmente aceptables. Esto implica aprovechar todas las oportunidades y apoyos que brindan los sistemas de influencia familiar para desplegar dichas capacidades.
Factores que Influyen en las Competencias Parentales
Las competencias parentales son el resultado del ajuste entre las condiciones psicosociales en las que vive la familia, el escenario educativo construido por los padres o cuidadores, y las características del menor.
- Condiciones Psicosociales: Factores como la monoparentalidad, el bajo nivel educativo, la precariedad económica o la vida en barrios violentos dificultan la tarea de ser padre o madre. Sin embargo, padres con determinadas competencias pueden no solo evitar comprometer el desarrollo de sus hijos, sino incluso favorecer su resiliencia. Por ejemplo, aquellos que se centran en sus hijos y tienen expectativas positivas, potencian la resiliencia más que quienes tienen expectativas no realistas o carecen de ellas.
- Escenario Educativo: Es fundamental analizar las concepciones y prácticas educativas empleadas por los padres. Las prácticas disciplinarias o el modo de interactuar con el niño o adolescente configuran su escenario de desarrollo. Estudios sobre resiliencia parental muestran cómo se pueden construir escenarios educativos adecuados en contextos de riesgo, sin un impacto negativo en el desarrollo del menor; por ejemplo, una supervisión parental más estricta en contextos de alta delincuencia puede facilitar una mejor adaptación del menor.
- Características del Menor: La vulnerabilidad y resiliencia del menor son factores clave para determinar qué competencias parentales deben potenciarse en los progenitores. Niños con características particulares (prematuridad, discapacidad, problemas de conducta, hiperactividad, problemas de sueño o alimentación, temperamento difícil) requieren ajustes y compensaciones en la crianza. Es necesario potenciar competencias cruciales para su cuidado y desarrollo positivo. Además de los rasgos de vulnerabilidad, las características resilientes de los menores (buena competencia social, inteligencia media o superior, temperamento fácil, alta autoestima, sentido del humor, búsqueda de apoyo positivo, capacidad de solución de problemas, iniciativa, orientación al futuro, entusiasmo) pueden paliar los efectos negativos de los contextos de riesgo.
Dimensiones Clave de las Habilidades Parentales
Existen diversos modelos que describen las habilidades necesarias para una parentalidad competente. Sandra Azar y sus colaboradores han agrupado las competencias parentales en cinco áreas:
- Educativas: Incluyen el manejo del niño, el cuidado físico, la seguridad y la expresión emocional.
- Sociocognitivas: Comprenden el perspectivismo, las expectativas adecuadas respecto a las capacidades infantiles, un estilo de atribución positivo y la autoeficacia.
- Autocontrol: Involucra el control de impulsos, percepciones precisas, habilidades de autocontrol y asertividad.
- Manejo del Estrés: Abarca el autocuidado, la relajación, la capacidad para divertirse, el mantenimiento del apoyo social, la capacidad de afrontamiento y la planificación.
- Sociales: Refieren a la solución de problemas interpersonales, la empatía y el reconocimiento de las emociones.
Por otro lado, Peter Reder y su equipo sugieren que el ejercicio de la parentalidad requiere competencias relacionadas con el funcionamiento personal (resiliencia, agencia personal, reflexión sobre la propia conducta), competencias asociadas al rol parental (cuidados físicos y emocionales, compromiso, métodos disciplinarios, aceptación de la responsabilidad) y competencias asociadas a la relación con el niño (interés en sus experiencias, bienestar, empatía y reconocimiento de sus necesidades).
A partir de la bibliografía y la experiencia en la formación de familias en riesgo psicosocial, las competencias parentales necesarias para la crianza de los hijos se han estructurado en cinco categorías principales de habilidades, que integran aspectos de los marcos mencionados:
- Habilidades Educativas: Relacionadas con la enseñanza y la guía, el manejo del comportamiento y la organización de actividades de ocio familiar.
- Agencia Parental: Capacidad de los padres para actuar de forma efectiva y con iniciativa en el rol parental.
- Autonomía y Desarrollo Personal: Fomento de la independencia y el crecimiento de los hijos.
- Vida Personal: Habilidades de autocuidado y gestión del bienestar personal de los padres.
- Organización Doméstica: Capacidades para gestionar el entorno físico y logístico del hogar.

Desafíos Modernos: Uso de Tecnologías y Adicciones Digitales
En el contexto actual, las familias enfrentan nuevos desafíos, entre ellos el uso de las tecnologías. Algunas investigaciones internacionales muestran que la cantidad de horas diarias dedicadas a las pantallas se ha duplicado durante la pandemia del SARS-CoV-2 en comparación con las estimaciones previas. En el Reino Unido, el uso de redes sociales se ha relacionado con un incremento en las tasas de ansiedad y depresión, dificultades del sueño, problemas de autoimagen y ciberacoso.
En España, el Informe sobre adicciones comportamentales de 2021 del Ministerio de Sanidad revela un aumento en la prevalencia del uso compulsivo de Internet (23,5 % en 2021 frente al 20 % en 2019), afectando a ambos sexos y todos los tramos de edad. Se observa un mayor aumento entre las chicas (28,8 % en 2021 frente al 2,4 % en 2019) que entre los chicos (18,4 % en 2021 frente al 16,4 % en 2019), y en edades más tempranas. De los tratamientos iniciados en las unidades de adicciones comportamentales (UAC) para menores de 18 años, el 76 % corresponde a la adicción a los videojuegos, seguido por otras adicciones digitales con un 17 %.
El abordaje terapéutico de esta problemática a menudo se centra en la atención individual de los jóvenes. Sin embargo, las personas más motivadas y capaces de introducir cambios suelen ser la familia o los amigos. Para los padres y madres, especialmente en contextos vulnerables, es crucial desarrollar habilidades para la gestión del buen uso de las nuevas tecnologías en el hogar. Es importante que las familias participen activamente en el proceso terapéutico, y los grupos para madres y padres pueden reforzar esta implicación.
¿Cómo afectan las pantallas a tus hijos? Michel Desmurget, doctor en Neurociencia
Programas de Intervención para el Fortalecimiento Parental
Aunque la intervención con grupos sociales vulnerables no es reciente, a partir de la década de 1980 se empezó a comprender la necesidad de modelos de intervención centrados en el fortalecimiento de los recursos y la preservación familiar, desde una perspectiva más preventiva y positiva. En este sentido, el enfoque del apoyo social ha adquirido un rol destacable en la intervención con familias y padres de contextos socialmente vulnerables, especialmente en redes formales de apoyo social y sistemas de apoyo comunitario. Estos programas de fortalecimiento parental actúan como fuentes de apoyo social externo y, al mismo tiempo, fortalecen las redes informales y los recursos parentales e intrafamiliares, proporcionando soporte para potenciar los recursos psicosociales de los adultos en su rol de padres o cuidadores.
Modelos de Intervención Familiar y Parental
En la intervención psicológica, existen diversos modelos de abordaje familiar, entre los cuales se destacan:
- Modelo Clínico: Las intervenciones terapéuticas y/o educativas pueden ser individuales o grupales, según el enfoque del terapeuta.
- Modelo Educativo: Se focaliza en la enseñanza de comportamientos y habilidades parentales, con un propósito asistencial y/o preventivo para satisfacer necesidades familiares actuales y prevenir problemas futuros.
- Modelo Comunitario: Busca promover cambios no solo en actitudes y comportamientos individuales, sino también en el entorno social comunitario de los beneficiarios. Muchas intervenciones comunitarias se basan en el enfoque teórico ecológico de Bronfenbrenner, que concibe una relación mutua y permanente entre el sistema familiar y su entorno.
Estudios teóricos y empíricos en España y países latinoamericanos han sugerido que el modelo social comunitario, desde el enfoque ecológico, es el más efectivo para familias en contextos de vulnerabilidad social. Asimismo, el modelo educativo ha sido ampliamente aplicado en programas de entrenamiento para padres o "escuelas para padres".
Propuesta de Intervención en Contextos de Vulnerabilidad Social en Argentina
Dada la escasez de programas de apoyo para familias socialmente vulnerables en Argentina, se ha propuesto una intervención aplicable en el ámbito escolar para fortalecer las competencias parentales. Este programa, basado en el enfoque de la parentalidad positiva, integra elementos de los modelos educativo y comunitario. Se implementa de forma grupal mediante encuentros expositivo-participativos, en coordinación con la escuela a la que asisten los hijos de los beneficiarios.
La propuesta se basa en dos áreas fundamentales:
- Intervención directa para padres: Promoción de habilidades parentales (apego, empatía parental, estilo parental, comunicación positiva y redes de apoyo).
- Intervención indirecta para hijos: Entrenamiento a los padres en estrategias para promover el desarrollo de recursos socioemocionales en los niños (emociones positivas, conducta prosocial, etc.).
La intervención se llevó a cabo en una escuela de un contexto socialmente vulnerable de la provincia de Entre Ríos (Argentina), con la participación de un equipo interdisciplinario (psicólogos y psicopedagogos). Los temas de los encuentros, acordados con los participantes según sus intereses y necesidades, incluyeron la autoestima parental e infantil, la expresión adecuada del afecto, la comunicación positiva y resolución de conflictos, las emociones positivas, el fortalecimiento de recursos cognitivos, la conducta prosocial, las habilidades sociales, la familia, la resiliencia parental e infantil, las redes de apoyo social y las relaciones familia-escuela. Las técnicas utilizadas incluyeron exposición de información, retroalimentación entre pares, modelado de actitudes y comportamientos alternativos, asignación de tareas y entrevistas posteriores a los talleres.
Los resultados preliminares muestran que las habilidades parentales, el tipo de relación e incluso el apego con los hijos podrían modificarse a través de la implementación de estos programas. También se observó una mejora en las relaciones familia-escuela, despertando el interés de los participantes en la situación escolar de sus hijos y mejorando la comunicación entre padres, maestros y personal escolar. Estos hallazgos exploratorios resaltan la necesidad de apoyar e implementar este tipo específico de programas para fortalecer los recursos de las habilidades parentales y fomentar un desarrollo infantil saludable.
Evaluación de Competencias Parentales en Intervenciones
Para las intervenciones grupales, es adecuado evaluar las competencias parentales de los participantes tanto al inicio como al final del proceso de tratamiento. La evaluación inicial permite conocer las necesidades específicas del grupo. Un instrumento útil y congruente con el enfoque de la parentalidad positiva es la Escala de Parentalidad Positiva (e2p). Esta escala explora las competencias parentales vinculares, que se manifiestan principalmente a través de prácticas de crianza socioemocionales. La e2p es un cuestionario sencillo que puede ser respondido por cualquier persona adulta responsable de la crianza.
Debido a que las personas con un uso problemático de pantallas a menudo tienen dificultades para reconocer el problema y buscar ayuda, la participación de las familias en el proceso terapéutico es crucial. Los grupos para madres y padres pueden reforzar esta implicación. Para los profesionales, el trabajo en grupo representa un mayor costo-beneficio, y la combinación de formatos psicoeducativos y terapéuticos permite atender un espectro más amplio de necesidades.
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