La desnutrición es una forma de malnutrición que se produce cuando una deficiencia a largo plazo en la ingesta de calorías y nutrientes esenciales es insuficiente para satisfacer los requerimientos nutricionales de una persona. Esta condición es una preocupación especial en la vejez, dado que esta etapa implica un aumento de las necesidades de nutrientes.
El envejecimiento de la población se asocia a una mayor prevalencia de problemas nutricionales en este colectivo. Envejecer implica una serie de cambios que influyen directamente en el estado nutricional de los ancianos, convirtiéndolos en un grupo vulnerable con un riesgo elevado de sufrir déficits nutricionales. La desnutrición puede aumentar la probabilidad de sufrir problemas de salud como fatiga, enfermedades, una recuperación o sanación más lenta, pérdida de peso o masa muscular, hospitalización, caídas y otras complicaciones.
La prevalencia del riesgo de desnutrición (RD) evaluado por la Valoración Mínima del Estado de Nutrición (VMEN) en adultos mayores en diferentes entornos de cuidado es de aproximadamente 46,2%. En España, una revisión sistemática mostró que la prevalencia de malnutrición en la población anciana varía de forma importante según el ámbito, siendo más alta en personas hospitalizadas (4,1-77,3%) e institucionalizadas (2-62%) en comparación con quienes viven en la comunidad (0-19%). En Yucatán, México, un estudio reportó un RD del 47,9% en adultos mayores, evidenciando la importancia de la detección temprana.

Factores Fisiológicos y Cambios Relacionados con la Edad
Los adultos mayores tienen un alto riesgo de desnutrición porque sus necesidades nutricionales aumentan, mientras que los requerimientos de energía típicamente disminuyen. Esta disparidad requiere el consumo de alimentos ricos en nutrientes para mantener un estado de salud óptimo.
Sarcopenia y Alteraciones de la Composición Corporal
El envejecimiento, incluso sin la presencia de enfermedades o deficiencias dietéticas, conduce a la sarcopenia, una pérdida progresiva de masa muscular corporal que comienza después de los 40 años. La desnutrición contribuye significativamente a la sarcopenia. Las causas de la sarcopenia incluyen la disminución de la actividad física, la reducción de la ingesta de alimentos, el aumento de los niveles de citocinas (especialmente la interleucina-6), la disminución de los niveles de hormona de crecimiento y del factor de crecimiento mecano (similar a la insulina-3), y en hombres, la disminución de los niveles de andrógenos.
Los adultos mayores con riesgo de desnutrición a menudo presentan valores promedio de masa corporal libre de grasa (MCLG) y masa muscular en las extremidades (MME) significativamente menores en comparación con aquellos con un estado nutricional normal. Los valores promedio de la fuerza de apretón de manos también son más bajos en este grupo.

Cambios en el Metabolismo y el Apetito
La tasa metabólica basal disminuye después de los 60 años, principalmente debido a la reducción de la masa magra. La desnutrición en adultos mayores es frecuentemente causada por una disminución en la ingesta de alimentos, impulsada por una amplia gama de factores:
- Menor relajación receptiva del fondo gástrico.
- Aumento de la liberación y actividad de la colecistocinina, una hormona que produce saciedad.
- Aumento de la leptina, una hormona anorexígena producida por las células adiposas.
- Disminución de los sentidos del gusto y el olfato, lo que puede reducir el placer de comer, aunque solo suele disminuir ligeramente la ingestión de alimentos.
- Alteración de los mecanismos intestinales, como el llenado gástrico lento y el retraso en el vaciamiento gástrico.
- Cambios en los mecanismos neuroendocrinos y la anorexia, muy común en la población senil debido, por ejemplo, a una disminución en los requerimientos energéticos.
Condiciones de Salud, Médicas y Dentales
Diversas condiciones médicas y problemas dentales son factores de riesgo significativos para la desnutrición en la vejez.
Problemas Dentales y de Deglución
Los problemas dentales, como la pérdida de dientes, enfermedades de las encías y dentaduras mal ajustadas, limitan la capacidad para masticar y digerir los alimentos. Los trastornos en la deglución (disfagia), causados por accidentes cerebrovasculares, candidiasis esofágica o xerostomía (sequedad bucal), son frecuentes y dificultan la alimentación. La disfagia, la inmovilidad o determinadas complicaciones, como las úlceras por presión (UPP) y las infecciones recurrentes, cambian los requerimientos nutricionales y comprometen aún más el estado nutricional del paciente.
Enfermedades Crónicas y Agudas
Enfermedades crónicas como la diabetes pueden disminuir el vaciamiento gástrico y reducir la absorción de nutrientes. Otras condiciones como el cáncer o la infección avanzada por VIH pueden causar anorexia. Existe una relación positiva y notable entre las enfermedades crónicas o agudas y la presencia de desnutrición. Además, enfermedades como la enfermedad cardíaca y la enfermedad renal pueden afectar el apetito y la capacidad de comer.
Trastornos Digestivos y Procedimientos Quirúrgicos
La resección intestinal y otros procedimientos quirúrgicos gastrointestinales, como los de bypass, pueden afectar la absorción de vitaminas liposolubles, vitamina B12, calcio y hierro. Condiciones como la enteropatía por gluten y la insuficiencia pancreática también pueden causar malabsorción. Problemas digestivos como la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa y otros problemas de absorción pueden impedir que el cuerpo obtenga los nutrientes necesarios.
Estados de Alta Demanda Metabólica
Infecciones, traumatismos, hipertiroidismo, quemaduras extensas y fiebre prolongada aumentan significativamente las demandas metabólicas del cuerpo. Cualquier trastorno que eleve el nivel de citocinas puede ir acompañado de pérdida muscular, lipólisis, niveles bajos de albúmina y anorexia, incrementando el riesgo de desnutrición.
Factores Psicológicos y Cognitivos
La salud mental y el estado cognitivo son cruciales para el mantenimiento de una nutrición adecuada en la tercera edad.
Depresión y Estado de Ánimo
La depresión es una causa común de desnutrición en adultos mayores, así como otros trastornos del estado de ánimo. La depresión o la soledad pueden disminuir el interés en comer. Un estudio en Yucatán, México, encontró que los sujetos con depresión tienen 3,78 veces más riesgo de desnutrición en comparación con aquellos sin depresión.
Deterioro Cognitivo y Demencia
La demencia es otro factor de riesgo importante. A los factores ya mencionados se suma la presencia de apraxia (dificultad para realizar movimientos coordinados), agnosia (incapacidad para reconocer objetos), trastornos de la conducta alimentaria o lesiones hipotalámicas que pueden afectar los centros reguladores del apetito y, como consecuencia, el control del peso corporal. Se ha encontrado una asociación entre la desnutrición y el deterioro cognitivo moderado o grave en estudios realizados en residencias para personas mayores. Los problemas de memoria, como olvidarse de comer, también contribuyen a la desnutrición.

Factores Farmacológicos y Dietéticos
El uso de medicamentos y ciertos hábitos alimentarios pueden influir negativamente en el estado nutricional.
Medicamentos y Polifarmacia
Muchos medicamentos, como los supresores del apetito, la digoxina o los agonistas del receptor del péptido semejante al glucagón-1 (GLP-1), pueden disminuir el apetito. Otros fármacos alteran la absorción o el metabolismo de nutrientes, o tienen efectos catabólicos (como algunos estimulantes). Por ejemplo, los antiepilépticos pueden alterar la absorción de vitaminas. La polifarmacia, definida como el consumo igual o mayor a tres medicamentos, es un factor de riesgo. Los efectos secundarios de los medicamentos pueden incluir reducción del apetito, náuseas, sequedad bucal o cambios en el sabor de los alimentos.
Dietas Restrictivas o Desequilibradas
Ciertas dietas, como las de moda o algunas dietas vegetarianas y veganas si no están bien planificadas, pueden resultar en deficiencias de vitaminas, minerales y proteínas si no se consumen grupos de alimentos específicos de manera adecuada.
Consumo de Alcohol y Sustancias
Los pacientes con dependencia de sustancias o de alcohol pueden desatender sus necesidades nutricionales. El alcoholismo, en particular, puede alterar la absorción y el metabolismo de los nutrientes, y causar deficiencias de magnesio, zinc y algunas vitaminas como la tiamina.
Factores Socioeconómicos y Ambientales
Las circunstancias sociales y el entorno de vida juegan un papel crucial en el riesgo de desnutrición.
Pobreza e Inseguridad Alimentaria
La pobreza sigue siendo la principal causa de desnutrición en países de todos los niveles de ingresos. La inseguridad alimentaria, resultado de limitaciones económicas o presupuestos limitados, puede dificultar la compra de alimentos nutritivos y restringir el acceso a una dieta adecuada.
Aislamiento Social y Dificultades Funcionales
El aislamiento social puede disminuir el interés por la comida y la preparación de alimentos. Problemas de visión, equilibrio o fuerza pueden dificultar tareas cotidianas como comprar o cocinar. La dependencia física en la realización de las actividades de la vida diaria y la inactividad física también son factores de riesgo.
Los adultos mayores que viven en instituciones también presentan un riesgo elevado de desnutrición calórico-proteica. Pueden experimentar confusión y, en ocasiones, no pueden manifestar que tienen hambre o sus preferencias por determinados alimentos. Además, pueden tener impedimentos físicos para alimentarse solos, y la masticación y deglución pueden ser muy lentas, lo que puede dificultar una alimentación adecuada por parte de los cuidadores.
Guía de consejos para los cuidadores de personas mayores (movilización)
Consecuencias de la Desnutrición en Adultos Mayores
La desnutrición en personas mayores puede tener consecuencias devastadoras para la salud y el bienestar, comprometiendo la calidad de vida y aumentando la morbimortalidad.
- Inmunidad reducida: La falta de nutrientes debilita el sistema inmunológico, haciendo a los mayores más susceptibles a infecciones y enfermedades.
- Pérdida de masa muscular (sarcopenia): Esto aumenta el riesgo de caídas y fracturas.
- Osteoporosis: La deficiencia de calcio y vitamina D puede llevar a la pérdida de densidad ósea y mayor riesgo de fracturas.
- Complicaciones cardiovasculares: La desnutrición puede afectar negativamente la salud del corazón.
- Problemas digestivos: Puede causar o exacerbar el estreñimiento y la mala absorción de nutrientes.
- Deterioro cognitivo: Afecta la función cerebral, causando problemas de memoria, confusión y deterioro cognitivo.
- Aumento de la mortalidad: La desnutrición severa y no tratada eleva significativamente el riesgo de muerte.
Identificación y Prevención del Riesgo de Desnutrición
Reconocer los signos de desnutrición es esencial para una intervención oportuna y eficaz. Prevenirla es fundamental para mantener la salud y calidad de vida de los adultos mayores.
Signos de Alerta de Desnutrición
Es crucial estar atento a los siguientes signos:
- Pérdida de peso no planificada o ropa que queda más holgada.
- Cabello fino, uñas quebradizas o piel seca y pálida.
- Debilidad, sensación de cansancio o agotamiento.
- Mayor tiempo de recuperación de enfermedades, infecciones o cirugías.
- Resfriados o enfermedades más frecuentes.
- Heridas y hematomas que sanan lentamente.
- Dificultad para mantener el equilibrio o caídas más frecuentes.
- Pérdida o encogimiento muscular en brazos, piernas o cara.
- Cambios de humor, como irritabilidad o retraimiento.
- Saltarse comidas, dejar comida sin comer u otros signos de cambios en el apetito.
- Confusión o cambios en la memoria.
Herramientas de Evaluación
La Mini Evaluación Nutricional (MNA) es una herramienta validada para identificar a pacientes mayores de 65 años en riesgo de desnutrición. Si se detectan estos signos, o si la pérdida de peso es continua e inexplicable, se saltan comidas, hay problemas de masticación, deglución o digestión, o la persona parece confundida, inusualmente cansada o frágil, es recomendable buscar ayuda nutricional.
Estrategias de Prevención
Pequeños cambios y una atención constante pueden marcar una gran diferencia. Estos consejos pueden ayudar a una alimentación saludable en adultos mayores:
- Programar comidas y refrigerios regulares: Muchas personas mayores se benefician de comidas y refrigerios más pequeños a lo largo del día.
- Alimentos ricos en nutrientes: Incluir un equilibrio de proteínas, fibra, grasas saludables y cereales integrales.
- Proteínas en cada comida: Huevos, yogur griego, queso, pollo, mantequilla de nueces, frijoles o tofu son buenas fuentes.
- Alimentos blandos o fáciles de masticar: Especialmente útiles para quienes tienen problemas dentales.
- Alimentos para comer con los dedos o batidos: Más fáciles para personas con problemas de coordinación o temblores.
- Calorías saludables: Añadir aceite de oliva, mantequillas de frutos secos o aguacate para aumentar los nutrientes.
- Facilitar las comidas: Comprar frutas precortadas, mezclas de ensaladas o comidas congeladas saludables.
- Realzar los sabores: Usar hierbas, especias, jugo de limón o caldo para hacer la comida más atractiva.
- Hidratación adecuada: Beber agua, leche u otras bebidas saludables a lo largo del día, evitando líquidos excesivos antes de las comidas.
- Batidos o licuados: Pueden ser sustitutos de comidas o suplementos para obtener calorías y nutrientes adicionales.
- Comidas sociales: Comer con amigos, familiares o en grupos en centros para personas mayores. La compañía puede mejorar el apetito y la ingesta de alimentos.
- Involucrar a los mayores: Permitirles participar en la planificación y preparación de comidas aumenta su interés.
Rol de Cuidadores y Profesionales de la Salud
Los cuidadores tienen un papel fundamental en el fomento de un envejecimiento saludable. Deben estar atentos a los cambios en los patrones de alimentación o la cantidad de comida sobrante, y ofrecer ayuda con las compras, la preparación de comidas o la organización de entregas de alimentos. Compartir comidas y fomentar la actividad regular también son beneficiosos. Hablar con proveedores de atención médica sobre suplementos nutricionales es importante si la ingesta no es suficiente.
Un médico o un nutricionista registrado puede ayudar a identificar las causas de la desnutrición, sugerir análisis de laboratorio, suplementos o planes de nutrición personalizados, y recomendar apoyo domiciliario o recursos locales, como programas de comidas a domicilio y asesoramiento nutricional para adultos mayores.