La educación chilena ha sido objeto de discusión durante las últimas décadas, tanto a nivel nacional como internacional, al constituirse como ejemplo de un sistema educativo caracterizado por una lógica de mercado asociada a la competencia y la privatización de la educación, que sostiene y posibilita una alta segregación social de los establecimientos educativos. De acuerdo con Vain (2009), la escuela nace en el contexto histórico de la modernidad, a partir de un pacto en el que las familias entregaron al Estado la responsabilidad de educar a sus hijos. Así, la escuela se transformaría en el motor que haría posible la inclusión y movilidad social de los estudiantes. Sin embargo, al imbricarse la educación dentro de un sistema social y económicamente capitalista, se quebranta la promesa de la escuela pública que abre a los sectores marginados la posibilidad de insertarse en los estratos altos de la sociedad, ya que esta opción pasa a estar condicionada a las necesidades de expansión del mercado y se limita por la oferta de distintos niveles de calidad educativa según los sectores sociales atendidos. Con todo, la educación sigue siendo para la mayoría de la población el principal vehículo de movilidad social, impactando en el futuro socioeconómico de las personas (Anabalón et al., 2008).
El presente texto sintetiza hallazgos y enfoques de investigaciones que abordan la relación entre desempeño docente y rendimiento académico en contextos de vulnerabilidad, destacando las perspectivas desde la formación docente, las regularidades de las trayectorias de vida y las dinámicas de inclusión educativa. Se revisan identidades profesionales, teorías situadas y procesos de cambio curricular que configuran la calidad educativa y las posibilidades de acceso a prácticas laborales y sociales más equitativas.
Contexto y fundamentos teóricos
Desde la literatura citada, se propone que la presencia de docentes con alto desempeño mejora el sistema formativo inclusivo y habilitante (Kromydas, 2017; Green et al., 2018). Siguiendo a Westoby et al. (2021), las inequidades en el acceso inicial a las oportunidades al sistema educativo que forma a docentes permiten notar su grado de apertura (o cierre) que enmarca el impacto de las fuerzas adscriptivas ligadas a la herencia social familiar y las adquiridas por los individuos en su propia trayectoria. Las condiciones para la formación de las personas docentes se muestran como escenarios clave. En estas coordenadas, se ha promovido la reformulación de políticas de desarrollo profesional y la revisión de la acreditación universitaria como mecanismos para orientar la mejora educativa (Mizala y Schneider, 2020; Brunner et al., 2020).
Además, la documentación señala que la educación superior enfrenta desafíos de inclusión y segmentación, donde las condiciones de acceso, la diversidad de orígenes y las trayectorias previas de los estudiantes configuran escenarios de vulnerabilidad. En este marco, la teoría fundamentada y enfoques cualitativos permiten explorar las racionalizaciones situadas de los formadores ante las vulnerabilidades de origen y su influencia en el rendimiento académico final (Charmaz, 2014; Corbin y Strauss, 2014; Hallberg, 2006).
Metodología y diseño del estudio
El estudio analizado combina enfoques cualitativos y descriptivos, con una orientación constructivista y uso de la teoría fundamentada para atender elementos latentes del objeto de análisis. Se realizaron entrevistas semiestructuradas a docentes y directivos en múltiples instituciones, con muestreo estructural representativo y documentación de roles y contextos institucionales (Tabla 1). La codificación y el análisis siguieron fases de desarrollo inductivo de categorías, partición del texto y formación de un sistema axial, para finalmente generar descripciones y conexiones entre categorías de datos (Corbin y Strauss, 2014; Hallberg, 2006).
La definición de vulnerabilidad se aborda desde la mirada de Bourgois et al. (2017) sobre la vulnerabilidad estructural, y se examina cómo las biografías y trayectorias previas influyen en las capacidades de ingreso, aprendizaje y desempeño de los estudiantes. Se enfatiza la interacción entre variables de origen de vulnerabilidad, participación parental y expectativas educativas como predictores del rendimiento académico (Garza, 2019; Rivera y Milicic, 2006; Valdés et al., 2013).
Vulnerabilidad de origen y teorías situadas
La definición de vulnerabilidad propuesta por Jackson (2018) incluye la probabilidad de factores de riesgo y protectores para acceder al bienestar. En este marco, las teorías situadas producidas por docentes y directivos revelan prejuicios y sesgos que moldean la percepción de los perfiles de ingreso y las trayectorias académicas de los estudiantes. Las epistemologías docentes de universidades masivas y de élite señalan diferencias en el acceso, la movilidad y las oportunidades, condicionadas por antecedentes familiares, nivel educativo previo y variables institucionales.
Entre las dinámicas analizadas se observa que las percepciones sobre vulnerabilidad de origen pueden funcionar como habilitantes o como limitantes para el rendimiento académico. En las instituciones estatales regionales se reporta una mayor atención a las limitaciones cognitivas y de ingreso; en las privadas de capital masivo, se destacan proyectos valóricos centrados en competencias y desarrollo profesional como motor del proceso formativo. Por otro lado, en instituciones de élite, la vulnerabilidad aparece como elemento marginal que condiciona, en menor medida, el rendimiento promedio.
Rendimiento académico y métricas de evaluación
El rendimiento académico se entiende como resultado de la interacción entre habilidades contextuales, disciplinarias y didácticas. Se sostiene que las trayectorias previas de los estudiantes, su participación en el proceso educativo y sus condiciones de origen influyen en su apropiación de técnicas didácticas, planificación y gestión institucional. En este sentido, la evaluación y la movilidad social se articulan con las prácticas docentes y la gobernanza educativa, afectando la profesionalización y la inserción laboral futura de los egresados.
La literatura señala que la participación de las familias y sus expectativas sobre la educación de sus hijos está vinculada a mayores logros académicos, especialmente en lectura, con efectos mediadores de la motivación y la percepción de eficacia parental (Valdés et al., 2010; Davis-Kean, 2005). En el análisis de casos, la participación de los apoderados se da en dos dimensiones: el hogar y la escuela, enfrentando barreras económicas, de tiempo y de cohesión entre pares. Estas dinámicas se relacionan directamente con el rendimiento académico de los estudiantes y su movilidad social.
Dinámicas de participación, expectativas y rendimiento
La literatura citada sugiere que las expectativas educativas de los padres pueden actuar como mediadoras entre nivel socioeconómico y resultados académicos, y que los docentes funcionan como puentes entre apoderados y escuela. En contextos de alta vulnerabilidad, las expectativas de los docentes pueden influir en las conductas y en la propia construcción identitaria de los estudiantes, generando efectos de autocumplimiento que modulan el rendimiento académico final. Las prácticas de evaluación y disciplina, así como las conceptualizaciones de habilidad e inteligencia, son elementos producidos socialmente que influyen en el éxito o fracaso escolar.
El marco teórico permite interpretar que la movilidad social de los estudiantes depende de la interacción entre ofertas institucionales, apoyos familiares y prácticas pedagógicas que faciliten el desarrollo de habilidades disciplinares, cognitivas y socioemocionales necesarias para la inserción en el mundo laboral y en estudios de postgrado. En este sentido, las políticas de desarrollo profesional docente y la gobernanza de la educación superior emergen como mecanismos clave para la mejora de condiciones formativas y trayectorias laborales en contextos de vulnerabilidad.
Implicaciones para la formación docente y las políticas
La evidencia sugiere que mejorar la calidad docente y las condiciones de acceso a la educación superior puede favorecer entornos educativos más inclusivos y habilitantes. La formación inicial docente, las prácticas de desarrollo profesional y la articulación entre universidades y redes escolares regionales adquieren centralidad en la respuesta a la vulnerabilidad de origen. Es crucial atender las dimensiones de origen de la vulnerabilidad y las trayectorias biográficas de los estudiantes para adaptar las estrategias pedagógicas, las evaluaciones y las oportunidades de movilidad social.
En este marco, las políticas deben promover una gobernanza educativa que priorice la equidad, la inclusión y la calidad docente, con mecanismos de acreditación y formación que favorezcan prácticas compatibles con contextos de vulnerabilidad. Asimismo, es necesario avanzar en investigaciones que conecten las teorías situadas de docentes con indicadores de rendimiento académico y movilidad social, para construir una teoría formal integrada que explique la causalidad entre formación docente, vulnerabilidad y desempeño estudiantil.
- Reconocer las diferencias institucionales entre universidades masivas y de élite y sus implicaciones para el rendimiento de estudiantes con vulnerabilidad.
- Fortalecer el desarrollo profesional docente como motor de equidad y calidad educativa.
- Promover la participación activa de las familias y escuelas como vector de mejora del rendimiento académico.
- Articular políticas de acreditación y gobernanza que respondan a las dinámicas locales y a las trayectorias biográficas de los estudiantes.

VIDEO HÁBITOS DE ESTUDIO Y SU RELACIÓN CON EL RENDIMIENTO ACADÉMICO
Tabla 1. Predictores del rendimiento académico a partir de participación parental, nivel socioeconómico y expectativas educativas (resumen conceptual basado en el material analizado). Se observa que los predictores son significativos y que la correlación entre participación y rendimiento es moderada (r ≈ 0.22; p < 0.001).
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