Estrés Infantil: Causas, Consecuencias y Desafíos en el Sistema de Protección

Comprendiendo el Estrés Infantil

El estrés en la niñez puede manifestarse en cualquier situación que requiera que un niño se adapte o cambie. Aunque el estrés puede ser provocado por cambios positivos, como comenzar una nueva actividad, con más frecuencia está vinculado a cambios negativos, como una enfermedad o una muerte en la familia. El estrés es una respuesta normal a los cambios y los desafíos que la vida presenta, incluso durante la infancia.

Es importante comprender que el estrés no siempre es negativo. En pequeñas cantidades, y cuando los niños cuentan con el apoyo adecuado, el estrés puede ser un impulso positivo. Puede ayudarlos a estar a la altura de un desafío, a realizar los esfuerzos necesarios para alcanzar una meta, concentrar sus energías y cumplir con plazos. Este tipo de estrés positivo permite que los niños desarrollen habilidades y fortalezas internas, conocidas como resiliencia. Sin embargo, cuando el estrés es muy intenso, grave, duradero o repentino, puede superar la capacidad del niño para afrontar la situación, afectando su forma de pensar, actuar y sentir.

La profesora Karla Cervantes, de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que el estrés es positivo cuando nos mantiene en alerta, pero se vuelve negativo cuando es un estado constante. Por ejemplo, en los niños, es positivo cuando deben activarse para solucionar un problema, como cuando olvidan un material para la escuela o llegan tarde a un entrenamiento. Pero si el estrés o la adversidad son muy intensos y persistentes, pueden ser nocivos cuando los niños no tienen la oportunidad de relajarse o cuando carecen del apoyo o las habilidades necesarias para afrontarlo. Con el paso del tiempo, el exceso de estrés puede afectar la salud física y mental de los niños.

Síntomas del Estrés No Resuelto en Niños

Es posible que los niños no se den cuenta de que están estresados. No obstante, si los síntomas empeoran o aparecen nuevos, los padres y cuidadores pueden sospechar un aumento en el nivel de estrés del niño. Cuando un pequeño interioriza el estrés, puede estar muy distraído porque está enfocado en aquello que le preocupa. En cambio, cuando el estrés se exterioriza, los pequeños están muy irritables constantemente, se enojan fácilmente y se pelean.

Los síntomas de estrés no resuelto pueden ser de diversas índoles:

  • Síntomas físicos:
    • Disminución del apetito y otros cambios en los hábitos alimentarios.
    • Dolor de cabeza.
    • Empezar a mojar la cama o hacerlo frecuentemente.
    • Pesadillas y alteraciones en el sueño.
    • Molestia estomacal o dolor de estómago.
    • Otros síntomas físicos sin ninguna enfermedad subyacente.
  • Síntomas emocionales o de comportamiento:
    • Ansiedad o preocupaciones.
    • Incapacidad de relajarse.
    • Miedos nuevos o recurrentes (a la oscuridad, a estar solo o a los extraños).
    • Aferrarse al adulto, no querer perderlo de vista.
    • Rabia, llanto o gimoteo, incapacidad para controlar sus emociones.
    • Comportamiento agresivo o terco.
    • Regresión a comportamientos típicos de etapas anteriores.
    • Renuencia a participar en actividades familiares o escolares.

El Maltrato Infantil como Precursor del Estrés y el Trauma

El maltrato infantil es un problema de salud pública a nivel mundial que abarca toda forma de maltrato físico, emocional, sexual o de otra índole, que resulta en un daño real o potencial a la salud, la supervivencia, el desarrollo o la dignidad del niño o niña. Aquello ocurre en un contexto de relaciones de responsabilidad, confianza o poder por parte de quien lleva a cabo el maltrato. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se incluyen las acciones, omisiones o tratos negligentes, no accidentales, que priven a un niño o niña de sus derechos y de su bienestar, que amenacen o interfieran su ordenado desarrollo psíquico, físico o social. En todos los casos, los autores pueden ser personas, instituciones o la propia sociedad.

Es importante considerar que rara vez se presenta un solo tipo de maltrato; habitualmente existe una superposición de diferentes formas de maltrato. Incluso cuando se ha detectado un único tipo de vulneración, los efectos se observan como parte de una amplia gama de consecuencias que afectan diversas áreas del desarrollo.

Infografía sobre los tipos de maltrato infantil y sus consecuencias

El Impacto en el Desarrollo Cerebral y Sistémico

El maltrato causa estrés y se asocia a trastornos del desarrollo cerebral temprano. Los casos extremos de estrés pueden alterar el desarrollo de los sistemas nervioso e inmunitario. En términos generales, las consecuencias del maltrato infantil tienen relación con una peor salud física y psicológica que la de sus pares no expuestos a maltrato. Además, suelen presentar conductas que invitan a reflexionar en torno a las dificultades que tienen para ajustarse a las demandas sociales o escolares que se presentan en determinadas etapas de su vida. El estudio de las experiencias adversas en la infancia y de las dinámicas asociadas al trauma en la infancia han mostrado los efectos negativos que el maltrato tiene sobre la vida, no solo en la infancia, sino en la adolescencia y la adultez.

Trastornos de Estrés Agudo y Postraumático

Los trastornos de estrés agudo y postraumático (TEPT) son reacciones a hechos traumáticos abrumadores que incluyen recuerdos repetitivos e intrusivos sobre el evento, así como embotamiento emocional y aumento de la tensión o el estado de alerta. Los niños tienden a evitar aquellas situaciones que les recuerden el evento. El trastorno por estrés agudo suele empezar inmediatamente después del acontecimiento traumático y dura entre 3 días y 1 mes. El trastorno de estrés postraumático puede ser una continuación del trastorno por estrés agudo o no desarrollarse hasta 6 meses después del evento, y sus síntomas persisten más allá de un mes.

Causas de los Trastornos de Estrés

Estos trastornos pueden desarrollarse después de que los niños hayan presenciado o experimentado un acto de violencia, como el ataque de un perro, violencia doméstica (particularmente entre cuidadores), un tiroteo en la escuela, un accidente o un desastre natural. También pueden aparecer después de que el niño presencie o experimente un suceso que ha amenazado su vida o su salud, o las de otras personas. Durante el suceso, habitualmente siente miedo intenso, desamparo u horror. En los niños pequeños, la violencia doméstica es la causa más frecuente.

Existen ciertos factores que pueden determinar que un niño desarrolle o no un trastorno de estrés postraumático y, si este se desarrolla, pueden determinar su pronóstico. Estos factores de riesgo incluyen: la gravedad del acontecimiento traumático, si se produjeron lesiones físicas durante el evento, el carácter del niño, el estatus social y económico de la familia, si el niño ha experimentado anteriormente adversidad (como abuso sexual), el buen funcionamiento de la familia, si el niño tiene familiares con trastornos de salud mental, y el apoyo familiar y social.

Síntomas Específicos

Los síntomas del trastorno de estrés agudo y el trastorno de estrés postraumático son similares e incluyen varios tipos:

  • Reexperimentación del evento (síntomas de intrusión): El niño puede revivir el acontecimiento traumático mientras está despierto (escenas retrospectivas o flashbacks) o en sueños (pesadillas). Durante los flashbacks, el niño se muestra aterrorizado y desconectado del entorno, intentando frenéticamente esconderse o huir como si estuviera en peligro. Los niños pequeños a menudo recrean el acontecimiento durante el juego.
  • Evitación de recordatorios (síntomas de evitación): Los niños pueden evitar constantemente todo aquello que les recuerde el trauma, ya sean actividades, situaciones o personas. Incluso pueden intentar evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
  • Efectos negativos sobre el pensamiento y el estado de ánimo: Es frecuente sentirse paralizado emocionalmente o separado del propio cuerpo. El niño afectado pierde el interés en sus actividades normales, se aísla de otras personas y puede preocuparse por la muerte a una edad temprana. Pueden sentirse culpables o recordar detalles del evento de manera incorrecta.
  • Cambios en las reacciones y el estado de alerta: Los niños afectados pueden mostrarse excesivamente pendientes de cualquier señal de peligro (hiperactivación), se sienten extremadamente tensos, son incapaces de relajarse y se sobresaltan fácilmente. Les cuesta controlar sus reacciones, lo que puede dar lugar a conductas imprudentes o arranques de ira, y tener dificultades para dormir o concentrarse.
  • Síntomas disociativos: Los niños pueden sentirse separados de su cuerpo, como en un sueño, o sentir que el mundo es irreal.

Diagnóstico y Pronóstico

El diagnóstico de un trastorno de estrés se basa en el relato de un suceso traumático aterrador seguido por los síntomas característicos, y en la evaluación de si estos síntomas causan un estrés significativo o dificultan el funcionamiento diario del niño. El tratamiento consiste en psicoterapia, terapia conductual y, en ocasiones, fármacos. El pronóstico es mucho mejor para los niños con trastorno de estrés agudo que para aquellos con trastorno de estrés postraumático, pero ambos mejoran con el diagnóstico y la intervención tempranos. Muchos niños con trastorno de estrés agudo se recuperan de forma natural dentro de los primeros meses después del trauma.

El Estrés y la Vulneración en el Contexto del Sistema de Protección

Un estudio realizado por UNICEF y el Poder Judicial ha vuelto a revelar los abusos en residencias de protección, recordándonos que actualmente cerca de quince mil niños son atendidos anualmente en estos centros. Paradójicamente, la solución legal frente al maltrato grave y la negligencia trae aparejada otras formas de vulneraciones: la ruptura parcial o total de los vínculos con la familia de origen y la violencia institucional representada por las prácticas de las residencias.

En Chile, la internación de niños ha sido un medio frecuente de protección a la infancia gravemente vulnerada y se ha mantenido vigente desde 1758, cuando se fundó la primera casa de expósitos de Santiago. Se entiende que la separación de un niño con su familia de origen es una situación excepcional y transitoria, dados los graves efectos psicológicos, estudiados hace más de 60 años, que tienen este tipo de acontecimientos. Sin embargo, un estudio de 2010 encargado por UNICEF y SENAME señaló que el tiempo promedio de permanencia en las residencias es de 2,7 años, lo que transforma una situación provisoria en prolongada e incluso permanente.

Reportajes 24: Sename, el infierno infantil | 24 Horas TVN Chile

Consecuencias de la Protección Residencial

La separación, que busca proteger a los niños del maltrato de los padres, es experimentada muchas veces como un castigo antes que como una oportunidad para modificar un problema en las relaciones entre padres e hijos. En este contexto de gran adversidad, se presenta una tremenda dificultad para los niños, las familias y los equipos de las residencias: la imposibilidad de desarrollar lazos de confianza, apoyo o solidaridad en función de la restitución de los derechos vulnerados. Lo anterior se puede observar en la forma en que está diseñado el sistema de visitas al interior de las residencias, donde habitualmente no existen condiciones mínimas para encuentros que permitan la promoción de relaciones familiares, como horarios de visitas restringidos, espacios inapropiados para compartir o la distancia excesiva entre la residencia y el hogar de la familia.

Aquel desencuentro, prácticamente cotidiano, es el síntoma más evidente de un sistema de protección que en sus cimientos hace inviable la posibilidad de reconstruir los vínculos que se han fragmentado a través de la historia. Describir los efectos de la protección residencial nos muestra la complejidad y la desarticulación con la que opera un sistema que, en su afán por proteger, repite y actualiza la violencia sobre los niños, las familias y los profesionales. Esto se manifiesta en la frecuencia con que en Chile se destapan situaciones de vulneración en residencias de protección, seguidas de la negación y el silenciamiento de las historias de los niños y niñas internados. Se ha terminado por crear y legitimar un sistema de protección de la infancia segregado donde la desconfianza circula entre los organismos colaboradores, el SENAME y el Poder Judicial.

Desafíos del Sistema de Protección

Abordar el maltrato infantil por parte de la familia o las vulneraciones y abusos en manos de instituciones que tienen por principal tarea la protección, no puede desligarse de una discusión que pueda pensar el lugar de los niños y niñas en nuestra sociedad, así como el contexto en el que se desarrolla y reproduce la violencia. Si queremos llevar adelante un proyecto que considere realmente a los niños como sujetos plenos de derechos, no debemos infantilizar la infancia negando su dimensión política y proponiendo sencillamente que este es un problema de eficiencia o voluntarismo que se resuelve entregando mejores prestaciones y servicios a los usuarios.

Estrategias para Prevenir y Manejar el Estrés Infantil

Como padre o cuidador, no se puede evitar que los hijos sientan estrés, pero sí se puede ayudar a los niños y adolescentes a hacerle frente. Esto implica ayudarlos a usar el estrés positivo para alcanzar metas, adaptarse a los cambios, enfrentar desafíos y adquirir confianza, así como brindarles más apoyo y estabilidad cuando atraviesen acontecimientos vitales estresantes y protegerlos de los efectos nocivos del exceso de estrés crónico y traumático.

El Rol de los Padres y Cuidadores

Los padres y cuidadores pueden ayudar a sus hijos a responder ante el estrés de forma saludable con los siguientes consejos:

  • Brindarle al niño un hogar sano, seguro y confiable.
  • La rutina en el hogar puede ser reconfortante. Cenar o tener una noche de cine en familia puede ayudar a prevenir o aliviar el estrés.
  • Dar siempre un buen ejemplo, ya que el niño observará a los adultos como modelos de comportamiento saludable. Mantener el propio estrés bajo control y manejarlo siempre de forma saludable.
  • Ser selectivo con los programas de televisión, libros y juegos que los niños observan, leen y juegan, ya que los noticieros y los programas o juegos violentos pueden producir miedos y ansiedad.
  • Mantener al niño informado de cambios anticipados como los cambios en el trabajo o mudanzas.
  • Dedicarle tiempo de esparcimiento tranquilo a los niños.
  • Aprender a escuchar al niño sin criticarlo ni tratar de resolver el problema de inmediato. En cambio, trabajar con el niño tratando de comprender y resolver lo que le está molestando.
  • Fortalecer los sentimientos de autoestima del niño, utilizando la estimulación y el afecto, y recompensas en lugar de castigo. Tratar de involucrarlo en situaciones en las que pueda tener éxito.
  • Darle oportunidades de hacer elecciones y de tener algún control sobre su vida.
  • No desestimar sus problemas. Como señala la profesora Karla Cervantes, cuando los pequeños cuentan sus problemas, a veces los adultos los ven como algo sin importancia y no debe ser así.
  • Involucrarse con el niño y tener una buena comunicación para saber si está bien y si necesita algo, pasando tiempo con él.
  • Alinear expectativas. No exigir de más a los niños, esperando que, por ejemplo, un niño de 8 años haga cosas de uno de 12, ya que aún no alcanza el óptimo desarrollo para hacerlas.

Intervenciones Terapéuticas y Apoyo Comunitario

Cuando el estrés es crónico o traumático, puede requerir más apoyo. La psicoterapia de apoyo es beneficiosa. La terapia centrada en el trauma es un enfoque terapéutico específico que reconoce y enfatiza la comprensión de cómo una experiencia traumática afecta el bienestar mental, conductual, emocional, físico y espiritual del niño. Esta terapia incluye la terapia cognitiva, la psicoterapia niño-progenitor, una combinación de terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, entrenamiento para padres y la desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR), que ayuda al cerebro a reprocesar el recuerdo traumático y reducir la carga emocional asociada. La terapia de exposición, un tipo de terapia conductual, también se usa para desensibilizar sistemáticamente a los niños de situaciones que les hacen revivir el suceso.

Una clase de antidepresivos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) o los inhibidores de la recaptación de serotonina-norepinefrina (ISRN), pueden ayudar a aliviar algunos síntomas, especialmente cuando el niño o adolescente también sufre ansiedad, depresión o dificultades para dormir. Finalmente, algo fundamental para la reparación de los derechos vulnerados no se reduce a la conformación de un ambiente que supla o compense las carencias afectivas y materiales del niño. No se resuelve por la sustitución de un adulto deficiente por otro mejor o de una familia con problemas por otra con valores. La restitución de los derechos requiere de otros: de la familia si es posible, de las educadoras de trato directo, de los profesionales, directores y directorios de las fundaciones; requiere de la comunidad. De esa forma, la posibilidad de que un niño recupere la confianza en otro, en particular en un adulto, se sostiene en que pueda ser reconocido como un sujeto más allá de sus antecedentes, de su historial de vulneraciones y del estigma de su historia previa.

La Alerta de la Defensoría de la Niñez: Entornos Violentos y Salud Mental

El "Diagnóstico sobre la situación de derechos de la niñez y adolescencia 2025" de la Defensoría de la Niñez alerta sobre preocupantes cifras que revelan la influencia de entornos cada vez más violentos para niños, niñas y adolescentes en diferentes contextos. El informe, presentado por el Defensor de la Niñez, Anuar Quesille, da cuenta de una serie de factores explicativos como la crisis sanitaria, la digitalización o la movilidad humana, entre otros. Lo que antes se observaba solo como un aumento en problemas de salud mental, parece también tener un profundo impacto en el desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes, quienes vislumbran un escenario más complejo de socialización, menor sensación de felicidad y mayor abandono.

Cifras Preocupantes

  • Durante el año 2024, un total de 57 niños, niñas y adolescentes entre 10 y 17 años fallecieron por lesiones autoinfligidas.
  • Entre 2019 y 2024, aumentó la cantidad de adolescentes de cuarto medio que afirman sentirse solos (10,7%).
  • La crisis de seguridad pública ha afectado profundamente: el 32% de niños, niñas y adolescentes siente inseguridad al caminar sin compañía por las calles cercanas a sus hogares y/o colegios, un temor que es mayor en niños más pequeños, alcanzando un 59% en 1° básico.
  • Un total de 51 niños, niñas o adolescentes fallecieron producto del uso de armas de fuego en 2024, lo que significa un aumento del 122% desde el año 2000. El 72% de estos casos se concentró en la región Metropolitana.
  • El Diagnóstico identifica una disminución en los casos policiales relativos a abuso sexual y violación a niñas, niños y adolescentes entre 2023 y 2024, pero advierte la continuación de un importante foco en explotación sexual, con un aumento del 45,12% en delitos ingresados entre 2022 y 2024 por explotación sexual en entornos digitales, siendo la adquisición y almacenamiento de material abusivo la materia más significativa (62%).
  • En el ámbito de convivencia escolar, las situaciones de conflicto en 2024 han mantenido su tendencia al alza, con casi 8 mil denuncias por maltrato a estudiantes, siendo la mayor proporción de quejas en los últimos tres años.
  • En 2024 se realizaron 89 interrupciones de embarazo de niñas y adolescentes, de los cuales el 88% de los casos fue por causal de violación.

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