Estrategias de Afrontamiento para Superar la Vulnerabilidad

Las estrategias de afrontamiento son recursos psicológicos que las personas ponen en marcha para hacer frente a situaciones estresantes. Aunque su implementación no siempre garantiza el éxito, estas estrategias ayudan a generar, evitar o disminuir conflictos, contribuyendo al fortalecimiento personal.

Los procesos de afrontamiento no solo se manifiestan a nivel individual, sino que también actúan como mediadores en el ámbito social. Dentro del grupo familiar, se despliega el uso de estrategias para afrontar crisis normativas o no normativas, con el fin de mantener o recuperar el equilibrio y garantizar el bienestar de sus miembros.

A pesar de que tanto el afrontamiento individual como el familiar implican esfuerzos comportamentales y/o cognitivos orientados a manejar la situación estresante, existen distinciones entre ellos. El afrontamiento individual se refiere a procesos personales que, si bien reciben influencia social, son definidos por el sujeto para manejar los problemas en su vida cotidiana. Por su parte, el afrontamiento familiar ilustra una dinámica de grupo que busca regular tensiones y garantizar la salud de sus miembros.

Lineamientos Conceptuales sobre el Afrontamiento

A lo largo de la historia, se ha buscado comprender la dinámica del ser humano frente a situaciones estresantes que intenta manejar a través de diversas estrategias. Inicialmente, el estudio se abordó desde el modelo médico, luego por el psicoanálisis del yo y posteriormente desde la psicología cognitiva. Diversos modelos intentan explicar las respuestas adaptativas del sujeto ante eventos críticos con el fin de mantener la funcionalidad dentro de su entorno.

Afrontamiento Individual: Evolución del Concepto

A nivel fisiológico, las investigaciones médicas de los años treinta y cuarenta del siglo XX planteaban que la supervivencia dependía de la habilidad para percibir el medio ambiente como predecible y controlable, permitiendo impedir, escapar o dominar agentes nocivos. El psicoanálisis del ego, en 1937, definió el afrontamiento como el conjunto de pensamientos y actos realistas y reflexivos que buscan solucionar problemas y reducir el estrés. En esta línea, se clasificaron estrategias que van desde mecanismos primitivos (que distorsionan la realidad) hasta mecanismos más evolucionados, ambos agrupados como mecanismos de defensa.

Desde esta perspectiva, el afrontamiento permite al individuo manejar su relación con el entorno, siendo considerado el proceso más organizado y maduro del yo. Sin embargo, estos términos poseían una connotación rígida y poco diferenciada, y al centrarse en rasgos, generaban una comprensión parcial del concepto, ignorando la complejidad y mutabilidad de las formas en que una persona puede afrontar una situación.

A partir de este primer modelo psicológico, Lazarus y Launier (1978) definieron el afrontamiento como los esfuerzos intrapsíquicos orientados a la acción para manejar demandas internas y ambientales que ponen a prueba o exceden los recursos personales. En 1986, la propuesta de Lazarus y Folkman, desde una perspectiva cognitivo-sociocultural, adquirió mayor reconocimiento. En este momento, definieron el afrontamiento como los "esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes, que se desarrollan para manejar las demandas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo" (p. 164).

Esta concepción considera el afrontamiento como un proceso en constante cambio, donde las condiciones del contexto sociocultural determinan la interacción del sujeto consigo mismo y su entorno. Se reconoce la interacción mutua entre el individuo y las instituciones sociales a las que pertenece, conformando el ambiente circundante. Esta perspectiva se sustenta en un enfoque cognitivo-fenomenológico.

Folkman y Folkman (1986) plantean que la amenaza al bienestar se evalúa de forma distinta en diferentes etapas, dando lugar a distintas formas de afrontamiento. El afrontamiento se deriva de las interacciones de las personas con y en las múltiples circunstancias de su vida en contextos socioculturales, lo que evidencia la multicausalidad del fenómeno. Dichas interacciones implican efectos de influencia mutua sobre variables personales y situacionales, y por tanto, una causación recíproca. La mediación se da a través del intercambio simbólico en un contexto social determinado, es decir, en términos de creencias, normas sociales, costumbres, asimilación de derechos y deberes, esquemas de comportamiento y significados que caracterizan a las instituciones a las que el individuo pertenece.

La propuesta de estrategias de afrontamiento individual privilegia la dimensión social del ser humano, al reconocer que el afrontamiento surge de la interacción recíproca y la rutina, exigiendo la toma de decisiones por parte del individuo. El individuo, al pertenecer a un contexto sociocultural, es partícipe activo de una realidad simbólica unida por el lenguaje. Al ser parte de esa realidad, genera un esquema de comportamiento; así, cualquier cambio en su sistema sociocultural necesariamente modificaría los esquemas o representaciones mentales que la persona ha creado.

Por esta razón, solo se puede considerar el nivel de adaptabilidad de una estrategia y su eficacia de acuerdo con el contexto y las características de la institución a la que pertenece. Es importante no confundir el afrontamiento con el dominio del individuo sobre el entorno. El afrontamiento se trata de una forma de manejar situaciones estresantes, buscando tolerar, minimizar, aceptar o ignorar aquello que sobrepasa sus capacidades, ya sea resignificando el estímulo, a través de acciones, pensamientos, afectos y emociones.

El afrontamiento forma parte de los recursos psicológicos o psicosociales que el individuo utiliza para hacer frente a situaciones estresantes, y en este proceso intervienen los rasgos de personalidad. Es una de las variables personales expuestas como intervinientes en los niveles de calidad de vida y bienestar psicológico. Las investigaciones han revelado la importancia del afrontamiento para comprender los ajustes que realiza un individuo en su medio y percibir niveles positivos o negativos de calidad de vida.

Blanco (1995), citando a Mead (1913), encuentra que todo acto tiene una parte externa (conducta para utilizar recursos y solucionar problemas) y una vertiente interna (conciencia del individuo). En el caso del afrontamiento, la vertiente interna se refiere a las estrategias cognitivas utilizadas por el sujeto para cada situación específica o evento.

Taxonomía Psicológica del Afrontamiento

Lazarus (1966), en la taxonomía psicológica del afrontamiento, enfatiza dos categorías del proceso: las acciones directas y los modos paliativos.

  • Acciones directas: Comportamientos designados a alterar una relación problemática en un entorno social o físico.
  • Modos paliativos: No buscan la confrontación directa de las situaciones desbordantes, sino que generan en el individuo una disminución de la respuesta emocional producida por el estrés. A modo paliativo, el sujeto realiza una reducción de la tensión; al hacerse ilusiones, efectúa de forma pasiva intentos que conllevan a evitar el problema, lo cual le genera una sensación de bienestar.

En 1986, este planteamiento fue modificado por Lazarus y Folkman, quienes señalaron dos direcciones en las formas de afrontamiento:

  • Afrontamiento dirigido a la emoción: Se realiza cuando el individuo evalúa que no puede hacer nada para modificar las condiciones amenazantes del entorno. Recurre a un grupo de procesos cognitivos para disminuir la alteración emocional, como la evitación, minimización, distanciamiento, atención selectiva, comparaciones positivas y la extracción de valores positivos de sucesos negativos. Lazarus y Folkman (1986) utilizan el término reevaluaciones cognitivas para llamar a las formas de afrontamiento que buscan cambiar el significado de la situación sin modificarla objetivamente. También existe un grupo de procesos que buscan incrementar el trastorno emocional, presentándose en individuos que necesitan sentirse mal antes de sentirse mejor.
  • Afrontamiento dirigido al problema: Se da principalmente cuando las condiciones presentadas al individuo son evaluadas como susceptibles de cambio. Estas estrategias están dirigidas a la definición del problema, buscan su solución y la consideración de diferentes opciones en función de costo y beneficio.

Los jóvenes tienden a utilizar un afrontamiento dirigido al problema, sin embargo, este tiende a ser paliativo cuando se combinan estrategias como la evitación y hacerse ilusiones, o ignorar el problema. McCubbin y McCubbin (1993) encontraron que los jóvenes, para manejar experiencias estresantes, utilizan estrategias como la expresión de sentimientos, búsqueda de diversión, confianza en las posibilidades de realización y optimismo, desarrollo de apoyo social, solución de problemas familiares, evasión de problemas, búsqueda de apoyo espiritual, atracción por actividades exigentes, buen humor y relajación.

Al revisar variables que influyen sobre el proceso de afrontamiento, la edad no parece ser un factor determinante, observándose que adolescentes y adultos muestran variabilidad en la orientación de su afrontamiento hacia la emoción o hacia el problema. Profesionales de la salud tienden a utilizar estrategias emocionales, como la desconexión conductual, la búsqueda de apoyo social y emocional en la familia, el consumo de fármacos y tabaco, desahogarse en momentos de estrés puntual y la desconexión mental, como mecanismos para hacer frente a situaciones desbordantes.

Buscar soporte en personas e instituciones ante situaciones de tensión se constituye una forma positiva y adaptativa de afrontar, implicando un manejo directo del problema a través de la orientación que otros puedan proveer. Se informa una relación positiva entre salud, apoyo social y alta autoestima, siendo esta última un amortiguador de los efectos negativos del estrés.

Estudios sobre Afrontamiento y Resiliencia en Víctimas del Conflicto Armado

El conflicto armado en Colombia ha afectado a la población durante décadas. Se han reportado miles de víctimas de desplazamiento forzado, homicidios, secuestros y tortura, generando consecuencias físicas y psicológicas, entre las que se incluyen depresión, estrés postraumático, ansiedad, ataques de pánico, trastornos bipolares y consumo de sustancias psicoactivas. Estudios confirman la prevalencia del trastorno de estrés postraumático, trastornos depresivos y de ansiedad, a menudo con comorbilidad.

Las estrategias de afrontamiento permiten hacer frente a las distintas situaciones de violencia. Se dividen en dos grupos: centradas en el problema (orientadas a cambiar la situación o aminorar sus efectos) y centradas en las emociones (orientadas a la regulación afectiva y al manejo del malestar emocional).

Investigaciones sobre estrategias de afrontamiento usadas por víctimas del conflicto armado identificaron que las más utilizadas son la religión y la espera. Esto coincide con estudios que señalan la religión, la solidaridad y la búsqueda de apoyo social como estrategias de afrontamiento en mujeres afectadas por el conflicto armado. La estrategia más utilizada por algunos grupos es el olvido, ya que recordar sucesos de violencia se asocia con dureza y horror.

Otras estrategias asociadas a la no pérdida de la esperanza, la construcción de significado y la perseverancia, guardan similitud con el constructo de resiliencia. En adultos mayores, la resiliencia se ve como una capacidad para mantener un porcentaje de salud física y emocional a pesar de las pérdidas.

Investigación con Adultos Mayores Víctimas del Conflicto Armado

Se planteó como objetivo identificar las estrategias de afrontamiento y el nivel de resiliencia de una muestra de 60 adultos mayores víctimas del conflicto armado colombiano. El estudio, de enfoque cuantitativo, descriptivo y transversal, utilizó la Escala de Estrategias de Afrontamiento-Modificada (EEC-M) y la Escala de Resiliencia de Wagnild y Young.

Los resultados indicaron que las estrategias de afrontamiento mayormente implementadas fueron la religión, solución de problemas, evitación emocional y reevaluación positiva. Las de menor uso fueron reacción agresiva, búsqueda de apoyo social, búsqueda de apoyo profesional, evitación cognitiva, negación, autonomía, espera y expresión de la dificultad de afrontamiento.

En relación con la variable resiliencia, se confirmaron altos niveles en la muestra. Las estrategias de mayor uso en la muestra se centraron en el esfuerzo por manejar y regular la carga emocional derivada del conflicto armado. Sin embargo, la falta de estrategias activas como la búsqueda de apoyo social y profesional pueden convertirse en un factor de riesgo para el desarrollo de patologías de salud mental asociadas a eventos traumáticos.

La muestra estuvo conformada mayoritariamente por hombres, con edades entre 65-81 años, pertenecientes a estratos socioeconómicos bajos (1 y 2), y con un nivel de escolaridad de primaria incompleta o completa. Las estrategias de mayor uso fueron la religión (95%), solución de problemas (73.3%), evitación emocional (71.6%), y reevaluación positiva (51.6%).

En cuanto a la resiliencia, los resultados indicaron presencia de resiliencia alta (85%), con resultados más contundentes en la categoría “Sentirse bien solo” (83.3%) y “Confianza en sí mismo” (73.3%).

Investigación con Adultos Jóvenes Víctimas del Conflicto Armado

Se analizó la relación entre las estrategias de afrontamiento y el nivel de resiliencia en una muestra de 70 adultos jóvenes (23 hombres y 47 mujeres) víctimas del conflicto armado colombiano. Se empleó una entrevista semiestructurada, la Escala de Estrategias de Coping-Modificada (EEC-M) y la Escala de Resiliencia (RS).

En cuanto a las estrategias de afrontamiento, se identificaron altas puntuaciones en apoyo social, religión, reacción agresiva y expresión de la dificultad de afrontamiento. Se observaron bajas puntuaciones en las estrategias de solución de problemas, espera, evitación emocional, búsqueda de apoyo profesional, evitación cognitiva, reevaluación positiva, negación y autonomía.

Respecto a la escala de resiliencia, se evidenciaron bajos niveles en la muestra. Se encontraron correlaciones entre las estrategias de afrontamiento y entre la evitación emocional con la ecuanimidad y sentirse bien solos (categorías de la resiliencia).

Se discute que, en esta situación de conflicto, los sujetos presentan estrategias de afrontamiento no adaptativas que pueden influir en el desarrollo de trastornos psicopatológicos, al no potenciar la resiliencia. La mayoría de la muestra estuvo conformada por mujeres, solteras, víctimas del conflicto armado colombiano, con bajos niveles de resiliencia.

Se identificaron algunas correlaciones directas entre las estrategias de afrontamiento y las categorías de resiliencia. La estrategia solución de problemas correlacionó de manera inversa con búsqueda de apoyo social, reacción agresiva y expresión de la dificultad de afrontamiento; y de manera directa con la búsqueda de apoyo profesional, evitación cognitiva y reevaluación positiva.

En cuanto a la estrategia de búsqueda de apoyo social, se identificó una correlación inversa con evitación cognitiva, mientras que la religión correlaciona inversamente con evitación emocional. Respecto de la estrategia de evitación emocional, correlaciona inversamente con la búsqueda de apoyo profesional, la reacción agresiva y la expresión de la dificultad de afrontamiento; y directamente con evitación cognitiva.

En cuanto a la búsqueda de apoyo profesional, se identificaron correlaciones inversas con reacción agresiva y con la expresión de la dificultad de afrontamiento; y una directa con la estrategia de reevaluación positiva. La estrategia de reacción agresiva correlaciona directamente con expresión de la dificultad de afrontamiento e inversamente con evitación cognitiva y reevaluación positiva. La estrategia de evitación cognitiva correlaciona directamente con reevaluación positiva y de forma inversa con expresión de la dificultad de afrontamiento.

Crisis Psicológicas y su Afrontamiento

Las crisis psicológicas son momentos difíciles caracterizados por una alteración significativa en el bienestar emocional y mental, pudiendo derivar de diversas fuentes como la pérdida de un ser querido, problemas de salud, traumas o cambios radicales en la vida. Estas crisis no solo afectan la estabilidad emocional, sino que también pueden repercutir en la calidad de vida, provocando alteraciones en el pensamiento, comportamiento, sentimientos y relaciones interpersonales.

Las crisis son temporales, y aunque algunas son esperadas por etapas de vida, otras son inesperadas, complicando el proceso. Pueden desencadenarse por eventos estresantes, traumáticos o que amenazan el estilo de vida, generando sentimientos de angustia, desesperanza, ansiedad y estrés.

La muerte de un ser querido es un factor desencadenante común. La salud mental previa de la persona también es relevante; individuos con antecedentes de depresión o ansiedad tienen mayor predisposición a atravesar una crisis psicológica.

Manifestaciones y Consecuencias de las Crisis Psicológicas

El impacto de una crisis psicológica se manifiesta principalmente en aspectos emocionales, como ansiedad, frustración, ira, tristeza y miedo, pudiendo llegar a trastornos depresivos graves. También existen consecuencias físicas, como fatiga extrema, trastornos del sueño, problemas gastrointestinales, dolores de cabeza recurrentes y malestares musculares derivados del estrés prolongado. La capacidad cognitiva puede verse afectada, resultando en dificultades para tomar decisiones, concentrarse o recordar detalles.

Ilustración esquemática de las áreas afectadas por una crisis psicológica: emocional, física y cognitiva.

Técnicas Terapéuticas para el Afrontamiento de Crisis

Existen diversas técnicas y herramientas terapéuticas y psicológicas efectivas para afrontar crisis psicológicas, reducir el malestar y promover el bienestar emocional.

  • Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): Enfocada en identificar y modificar pensamientos negativos y disfuncionales, desarrollando habilidades de afrontamiento adaptativas como la reestructuración cognitiva para reinterpretar eventos estresantes desde una perspectiva más equilibrada y realista.
  • Mindfulness o Atención Plena: Consiste en prestar atención consciente y sin juicio al momento presente. A través de prácticas de meditación y respiración, reduce el estrés, la ansiedad y la rumiación, facilitando la aceptación de emociones difíciles y el fomento de la resiliencia.
  • Entrenamiento en Relajación: Técnicas como la relajación muscular progresiva y la respiración profunda ayudan a reducir la tensión corporal y calmar la mente.
  • Red de Apoyo: La búsqueda de soporte en personas e instituciones ante situaciones de tensión se constituye una forma positiva y adaptativa de afrontar, implicando un manejo directo del problema a través de la orientación que otros puedan proveer.

La intervención profesional temprana, acompañada de un entorno de apoyo y comprensión, es fundamental para ayudar a las personas a superar las crisis psicológicas, restaurando su bienestar emocional y fortaleciendo su capacidad para enfrentar futuros desafíos. Promover el acceso a estos recursos y reducir el estigma asociado con la salud mental es crucial para mejorar la calidad de vida de aquellos que atraviesan estos procesos de vulnerabilidad emocional.

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