La estigmatización social que enfrentan las familias asociadas al Servicio Nacional de Menores (SENAME) en Chile, y las experiencias de los niños, niñas y adolescentes (NNA) internados en sus residencias, constituyen un problema multifacético y de larga data que ha sido objeto de estudio y preocupación constante. A lo largo de la historia, desde la fundación de la primera casa de expósitos en Santiago en 1758, la internación de niños ha sido un medio frecuente de protección a la infancia gravemente vulnerada, pero paradójicamente, esta solución legal ha traído consigo otras formas de vulneración.

El Sistema de Protección Residencial y sus Contradicciones
Separación Familiar: Protección vs. Castigo
El estudio realizado por UNICEF y el Poder Judicial ha develado los abusos en residencias de protección, recordando que anualmente cerca de quince mil niños son atendidos en estos centros. La separación de un niño de su familia de origen es una situación excepcional y transitoria, debido a los graves efectos psicológicos que este tipo de acontecimientos tiene, estudiados hace más de 60 años. Si bien la separación protege a los niños del maltrato grave y la negligencia parental, esta medida no transforma a los padres ni garantiza la restitución de los derechos vulnerados.
Sin embargo, en Chile, el tiempo promedio de permanencia en las residencias es de 2,7 años, lo que convierte la situación provisional en prolongada e incluso permanente, tal como lo señala un estudio de 2010 encargado por UNICEF y SENAME. La forma en que está diseñado el sistema de visitas al interior de las residencias habitualmente no presenta condiciones mínimas para encuentros que permitan la promoción de relaciones familiares, con horarios de visitas restringidos, espacios inapropiados o una distancia excesiva entre la residencia y el hogar familiar. Desde esta perspectiva, la separación, que busca proteger, es experimentada como un castigo antes que como una oportunidad para modificar un problema en las relaciones entre padres e hijos. Esta dificultad para desarrollar lazos de confianza, apoyo o solidaridad obstaculiza la restitución de los derechos vulnerados.
La Violencia Institucionalizada
El sistema de protección, en su afán por proteger, a menudo repite y actualiza la violencia sobre los niños, las familias y los profesionales. La frecuencia con la que se destapan situaciones de vulneración en residencias de protección, seguidas de la negación y el silenciamiento de las historias de los niños y niñas internados, es un claro indicador de un sistema desarticulado. Se ha creado y legitimado un sistema de protección de la infancia segregado donde la desconfianza circula entre los organismos colaboradores, el SENAME y el Poder Judicial. El sociólogo Alejandro Tsukame, especializado en protección de la infancia, enfatiza que existe una percepción de que los niños del Sename son peligrosos, independientemente de si han infringido la ley o no. Agrega que se tiende a creer que los niños que necesitan protección se transformarán indefectiblemente en delincuentes, lo cual es una “gran irresponsabilidad” y “simplemente falso”.
World Vision y su análisis sobre la crisis del Sename
Impacto de la Estigmatización en Niños y Jóvenes del SENAME
La Categoría de "Niño/a SENAME"
Pertenecer a una residencia o institución que restituye vulneraciones de derechos no es fácil, ya que la carga de aquellas personas que pasan por estos lugares no consiste solamente en lidiar con el abandono parental. Como menciona Goffman (2006), los usuarios que han pertenecido a estas residencias pueden ser estigmatizados por parte de la sociedad, poseyendo un atributo desacreditador que les puede limitar las oportunidades en su trayectoria vital. En el caso de Chile, esta categoría es la de “niño/a SENAME”. Dicho estigma afecta directamente la construcción de la identidad y la opción de abrir esta parte de la historia a las personas cercanas, que muchas veces se esconde por la carga negativa de haber sido institucionalizado/a.
Según un estudio de Díaz-Prieto y García-Sánchez (2019), los adultos y mayores con una calidad de vida más baja experimentan un mayor número de emociones negativas derivadas de dichas experiencias vitales, unidas a mayores efectos a corto y medio plazo y un mayor impacto actual. En un estudio reciente, Acosta y Aliaga (2020) entrevistaron a jóvenes egresados del Servicio Nacional de Menores y concluyeron que la indefensión que viven y sienten los/as adolescentes al cumplir la mayoría de edad se puede entender como una respuesta ante la falta de atención del Estado y del SENAME.
Consecuencias de la Falta de Apoyo Post-Egreso
Los jóvenes egresados del SENAME a menudo no cuentan con apoyo institucional o civil alguno, exponiéndose a situaciones violentas. Las posibles ayudas son dadas como favores, por redes de apoyo limitadas y en ocasiones insuficientes, enfrentándose a los 18 años sin una solución habitacional, sin la posibilidad de estudios superiores y con pocas personas de su capital social a las que acudir.
El proceso de egreso y el paso a la autonomía es, sin duda, un hito en la vida del o la adolescente institucionalizada, y un proceso que requiere de todo el esfuerzo de cada uno/a de los integrantes del equipo de la residencia. Por lo tanto, el proceso de salida e inicio de una nueva etapa como persona adulta e independiente, cobrará un sentido positivo en la medida que este cuente con condiciones sociales y materiales sustentables en el tiempo que garanticen su bienestar (SENAME, 2016). Sin embargo, Rodríguez et al. (2018) mencionan que el proceso de egreso y transición a la vida adulta es un tema del cual no se tiene mayor conocimiento, ya que el Estado termina sus tutelas obligatorias sobre el adolescente cuando este cumple dieciocho años, asumiendo que ha desarrollado todas las habilidades necesarias para la vida independiente. Álvarez-Chuart (2012) plantea que la edad y el egreso no se pueden asumir como relación directa de competencias y habilidades para la vida independiente, ya que las edades de egreso oscilan entre 13,5 y 17,5 años.
Historia y Crisis del SENAME
Origen y Evolución del Servicio
El Servicio Nacional de Menores (SENAME) es un organismo gubernamental centralizado, colaborador del sistema judicial y dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Chile. Nace en 1979 como un servicio al alero del área judicial con dos focos: la atención a adolescentes que han estado en conflicto con la ley y la atención a niños/as que han sido vulnerados en sus derechos. Sin embargo, desde el 1 de octubre de 2021, se realizó una separación de los sistemas de atención, y el SENAME se enfoca solo en las áreas de justicia y reinserción juvenil, atendiendo a adolescentes y jóvenes que han estado en conflicto con la ley y que tienen entre 14 y 17 años (SENAME, 2022). Por ello, el área de restitución de derechos pasó a formar parte del nuevo Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social y Familia de Chile, dejando de tener una mirada judicializadora y ubicándose en la intervención y restitución de derechos.
La Crisis de Cifras y el Caso Lissette
La crisis del SENAME se ha abordado a través de diversas disciplinas, pero un problema persistente ha sido la falta de claridad en las cifras. El único dato claro respecto del número de menores vulnerables muertos cada año bajo la tutela del Estado es que no se sabe. Según un informe del Ministerio de Justicia, requerido por el diputado René Saffirio, 185 menores murieron entre 2005 y mayo de 2016. Sin embargo, un reporte de Unicef reveló que el número de fallecimientos durante 2010 era cinco veces el reportado por el informe. BBC Mundo analizó los anuarios oficiales del Sename de 2010 a 2014 y el resultado arrojó 318 fallecimientos, los que, sumados a los 77 correspondientes a ese período de la lista entregada por Justicia, darían un total de 395. Pero el número oficial no parece confiable ni siquiera para quienes lo publicaron.
La causa "indeterminada" de muerte de Lissette, una niña de 11 años, detonó la crisis por los fallecimientos en el Sename. Lissette pasó más de la mitad de su vida entrando y saliendo de centros del SENAME, tras la decisión judicial de que sus padres no estaban capacitados para hacerse cargo de ella. En el centro donde estaba internada, Lissette era conocida por sus episodios de rabia. La falta de capacitación del personal en primeros auxilios y la ausencia de protocolos adecuados fueron factores clave en su trágico deceso. Este caso puso de manifiesto que el sistema no cuenta con protocolos ni normas de primer nivel, ni con un sistema de acreditación que garantice altos estándares de atención.

Problemáticas Asociadas a la Institucionalización
Sobremedicación y Falta de Atención Psiquiátrica
La sobremedicación es una preocupación seria en las residencias del SENAME. El psiquiatra Rodrigo Paz, parte de la querella por la muerte de Lissette, sostiene que ella estaba sobremedicada con un fármaco que, en la cantidad suministrada, actuaba como antipsicótico. Además, estuvo expuesta a antidepresivos por años, a pesar de que, a excepción de la fluoxetina, no está demostrado que hagan efecto en niños. Francisco Estrada, abogado experto en infancia, asegura que la "poca prolijidad" con la que se manipulan este tipo de medicamentos en los centros es "generalizada", lo que genera problemas graves con la dosificación y la administración efectiva.
La falta de atención médica especializada es otro factor crítico. El senador Alejandro Navarro afirmó que el 63% de los niños están con tratamiento farmacológico y más de 3.000 niños están sin la debida atención médica de personal especializado. Esta situación se extiende más allá de las puertas del SENAME, ya que Chile tiene la tasa de suicidio adolescente más alta de la región y carece de camas para hospitalización psiquiátrica infantojuvenil. Hay pocos psiquiatras infantojuveniles y la mayoría prefiere trabajar en el sector privado, dejando regiones enteras sin cobertura.
La Pobreza como Factor de Ingreso y Estigmatización
Estela Ortiz, secretaria ejecutiva del Consejo Nacional de la Infancia, se pregunta: "¿Por qué no hay ningún niño en la institución Sename del 50% del nivel económico más alto del país, a pesar de que el abuso sexual y la violencia es algo transversal? ¿No hay una estigmatización de la pobreza también?". Esta pregunta resalta un problema fundamental: los niños son internados por pobreza, provenientes de padres que en su infancia también fueron maltratados. La solución no es quitárselos, sino romper el círculo vicioso, entregando herramientas y acompañamiento. Sin embargo, quienes toman las decisiones, muchas veces con baja formación, optan por la solución más fácil: internar al niño.

Hacia una Solución Integral: Reconstrucción de Vínculos y Desestigmatización
Pilares para una Protección Efectiva
Francisco Estrada propone tres pilares para una solución definitiva:
- Unidades polivalentes con niños adecuadamente medicados y personal dedicado que trabaje también con las familias y no las aísle.
- Que el objetivo final sea que los niños vuelvan con sus familias de origen, a través de apoyo y acompañamiento para romper el círculo de la pobreza y el maltrato.
- Que los niños cuenten con una defensa jurídica adecuada, que vele porque todos los actores del proceso hagan su trabajo. Actualmente, existe una diferencia sustancial entre los menores "infractores de ley", que cuentan con "muy buenos defensores", y aquellos que llegan a los tribunales de familia vulnerados, para ser protegidos por el sistema.
La reparación de los derechos vulnerados no se reduce a la conformación de un ambiente que supla o compense las carencias afectivas y materiales del niño, ni se resuelve por la sustitución de un adulto deficiente por otro mejor. La restitución de los derechos requiere de la familia si es posible, de las educadoras de trato directo, de los profesionales, directores y directorios de las fundaciones, y de la comunidad en su conjunto. La posibilidad de que un niño recupere la confianza en otro, en particular de un adulto, se sostiene en que pueda ser reconocido como un sujeto más allá de sus antecedentes, de su historial de vulneraciones y del estigma de su historia previa.
Nuevas Iniciativas y el Rol de la Comunidad
El proyecto de ley que crearía el Servicio de Protección Especializada, que recibirá a los menores cuyos derechos hayan sido vulnerados, y el Servicio de Responsabilidad Social Adolescente, busca resolver la grave crisis que hoy enfrenta el SENAME. Lorena Bustamante, presidenta de la ONG Red Infancia Chile, ha señalado que esta modificación podría implicar un incremento de la burocracia del sistema y una mayor estigmatización al "tildar como delincuentes" a los niños que han cometido algo ilegal.
La campaña “Más familia, más amor” del Servicio Nacional de Menores busca captar familias que puedan cuidar de manera transitoria a los niños, niñas y adolescentes que han sido gravemente vulnerados en sus derechos. Estas familias reciben formación en áreas como reparación del daño, pautas de crianza, técnicas básicas de manejo conductual y primeros auxilios. La Seremi de Justicia y Derechos Humanos, Paula García, destaca que el programa FAE permite a los niños y niñas permanecer en una familia, lo que resulta fundamental para su estimulación y cuidados personalizados, evitando la internación en centros del SENAME. La necesidad de una perspectiva histórica a la crisis, como plantean Ximena Illanes y Miguel Morales, es crucial para comprender cómo la sociedad ha tratado la infancia vulnerable a lo largo del tiempo y cómo estas instituciones han perpetuado la precariedad y desigualdad social.
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