Estado Nutricional en la Persona Mayor: Generalidades y Evaluación

La nutrición es el acto de consumir una dieta saludable y balanceada para que el cuerpo obtenga los nutrientes que necesita. Los nutrientes son sustancias en los alimentos esenciales para el funcionamiento y crecimiento del cuerpo, e incluyen proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales y agua. La buena nutrición es importante a cualquier edad, ya que proporciona energía y puede ayudar a controlar el peso.

A medida que una persona envejece, su cuerpo y vida cotidiana cambian, lo que también modifica sus necesidades para mantener la salud. Por ejemplo, es posible que los adultos mayores requieran menos calorías, pero sigan necesitando suficientes nutrientes. Algunos incluso pueden necesitar más proteínas.

Ciertos cambios asociados al envejecimiento pueden dificultar una alimentación saludable. Es recomendable preferir alimentos bajos en colesterol y grasas, evitando especialmente aquellos con grasas saturadas (de origen animal) y trans (procesadas en margarina y grasa alimentaria). Mantenerse hidratado es crucial, ya que algunas personas mayores pierden la capacidad de sentir sed a medida que envejecen.

Si la dificultad para comer sano se debe a enfermedades u otros problemas, es importante buscar soluciones. Por ejemplo, si una persona mayor está cansada de comer sola, puede intentar organizar comidas caseras o cocinar con amigos. Si experimenta problemas para tragar, debe beber líquidos abundantes con las comidas y, si esto no es suficiente, consultar a un proveedor de atención médica. Asimismo, si una enfermedad dificulta cocinar o alimentarse, es fundamental buscar ayuda profesional.

Cambios Nutricionales en el Envejecimiento

A medida que las personas envejecen, experimentan cambios que pueden impactar su estado nutricional. Estos factores aumentan la vulnerabilidad de los adultos mayores a las deficiencias nutricionales y a las alteraciones del estado de nutrición, ya sea por exceso o déficit en la ingesta de macronutrientes como hidratos de carbono, proteínas y lípidos.

Las necesidades energéticas en el anciano son menores que en el joven, fundamentalmente debido a la disminución de su masa muscular y de su actividad física. Se ha observado que al menos el 40% de los ancianos de más de 70 años ingieren menos de 1500 Cal/día. El cálculo calórico se puede realizar con fórmulas que incluyen la edad como parámetro, como las ecuaciones de Harris-Benedict revisadas por Mifflin et al.

Por otro lado, las necesidades proteicas están aumentadas, recomendándose entre 1 a 1,2 g/kg de peso y día en el anciano sano. Los adultos mayores requieren una mayor cantidad de proteínas dietéticas en comparación con jóvenes y adultos, debido principalmente a la resistencia anabólica a la síntesis proteica. Es aconsejable distribuir las proteínas dietéticas de manera homogénea en las tres comidas, procurando consumir entre 25-30 gramos de proteína dietética de alta calidad biológica en cada una.

Además de proteínas, los adultos mayores requieren un mayor aporte de ciertos micronutrimentos como el calcio, el hierro y las vitaminas B12, C y D. Los alimentos de origen animal, como carnes y lácteos, son buenos proveedores de estas vitaminas y minerales. Los adultos mayores deben consumir entre 1,000 y 1,200 mg de calcio por día.

Tabla comparativa de requerimientos nutricionales para diferentes grupos de edad

Factores que Afectan el Estado Nutricional del Adulto Mayor

La población anciana es el grupo etario de mayor riesgo de problemas nutricionales. Esto se debe al propio proceso de envejecimiento, que produce una menor capacidad de regulación en la ingesta, asimilación y metabolismo de alimentos. A esto se suman otros factores asociados como cambios físicos, psíquicos, sociales y económicos, además de la coexistencia de patologías muy prevalentes en este grupo poblacional.

Cambios Fisiológicos y Hábitos Alimentarios

  • Disminución del gasto energético y metabolismo basal: Los requerimientos de energía disminuyen con la edad debido a la reducción de la actividad física y del metabolismo basal.
  • Pérdida de la masa magra: En la edad avanzada se produce disminución de la masa magra y un aumento en la proporción de grasa en el organismo.
  • Dificultades para comer sano: Algunos cambios que ocurren a medida que se envejece pueden hacer más difícil comer de forma saludable.
  • Pérdida de la sensación de sed: Algunas personas pierden la capacidad de sentir sed a medida que envejecen, lo que aumenta el riesgo de deshidratación.
  • Problemas de deglución (disfagia): La disfagia afecta a un elevado porcentaje de la población anciana, del 11 al 33% entre los residentes en la comunidad y del 40 al 75% de los institucionalizados. La presencia de atragantamientos frecuentes, tos en relación con la ingesta o voz “húmeda” después de comer o beber son indicadores clave.
  • Polifarmacia: La polifarmacia, definida como el uso de cinco o más fármacos de manera concomitante, se asocia a un aumento del riesgo de desnutrición. Los fármacos pueden alterar la absorción, utilización metabólica de los nutrientes, y la respuesta terapéutica y toxicidad de un tratamiento farmacológico.

Factores Socioeconómicos y de Salud

  • Aislamiento social: Si una persona mayor está cansada de comer sola, puede intentar organizar algunas comidas caseras o cocinar con un amigo.
  • Enfermedades crónicas: Las enfermedades crónicas y los síndromes geriátricos pueden afectar el estado nutricional.
  • Problemas dentales: Las alteraciones dentales pueden impedir una adecuada masticación y formación del bolo alimenticio, comprometiendo el estado nutricional.
  • Riesgo de desnutrición: El riesgo de desnutrición en adultos mayores a menudo está relacionado con el bajo consumo de alimentos aportadores de macronutrientes, además de factores socioeconómicos, funcionales y de salud. La malnutrición por defecto es uno de los problemas más prevalentes en la población anciana y es un factor de riesgo para el desarrollo de dependencia.
  • Prevalencia de sobrepeso y obesidad: En México, la prevalencia de sobrepeso y obesidad es alta (74.5%), principalmente debido a un consumo excesivo de calorías. En contraste, en un estudio realizado en Brasil en un barrio de bajo nivel económico, predominaron francamente los ancianos obesos y con sobrepeso.
  • Anemia: La anemia sigue siendo una enfermedad de alta prevalencia en este grupo etario y puede asociarse a problemas cardiovasculares, cognitivos y de funcionalidad.
  • Deficiencias de vitaminas: Varios estudios han documentado deficiencias séricas de vitamina E y D en adultos mayores.

Evaluación del Estado Nutricional en Adultos Mayores

La detección precoz de la desnutrición es un elemento muy valioso en los planes de atención a la población geriátrica. Algún tipo de cribado nutricional debe estar incluido en la valoración geriátrica integral y repetirse periódicamente en el plan de seguimiento evolutivo del paciente geriátrico en cualquier nivel asistencial.

Evaluación nutricional en el adulto mayor y enfermedades degenerativas.

Indicadores y Métodos de Evaluación

Para medir el estado nutricional de los ancianos se dispone de los siguientes indicadores:

  1. Pérdida de peso significativa: Un descenso de 5% o más en un mes; 7,5% o más en tres meses o 10% o más en seis meses. Cualquier pérdida de 5 Kg es importante. Las variaciones en el tiempo aportan un gran interés, ya que una pérdida de peso involuntaria importante respecto al peso habitual es un indicador de posible desnutrición.
  2. Índice de masa corporal (IMC): Un IMC de 18,5 Kg/m2 o menos define deficiencia energética crónica; de 25 a 29,9 Kg/m2 indica sobrepeso y mayor o igual a 30 obesidad. En ancianos, no existe un único punto de corte; el "Nutrition Screening Initiative" recomienda una intervención nutricional para IMC < 24 o > 27. Otros autores sugieren un IMC adecuado de 24-29 kg/m2 para mayores de 65 años.
  3. Signos clínicos: Queilosis y/o estomatitis angular (déficit de vitaminas del complejo B), glositis (déficit de vitaminas del complejo B), sequedad de labios y baja eliminación de orina (deshidratación), falta de grasa subcutánea, falta de masa muscular y retención de líquido (edema).
  4. Circunferencias y pliegues cutáneos: La determinación del perímetro del brazo sirve para valorar los compartimentos magro y graso. Los pliegues cutáneos (tricipital, suprailíaco, subescapular) son útiles para estimar la distribución de la grasa corporal.
  5. Composición corporal: Métodos como la impedancia bioeléctrica estiman la masa libre de grasa y el agua corporal total, basándose en la conductividad eléctrica de los tejidos.
  6. Parámetros bioquímicos:
    • Albúmina: Proteína de vida media larga (20 días), buen marcador epidemiológico, pero no refleja cambios rápidos.
    • Transferrina: Transportadora de hierro en el plasma con vida media de 8 a 10 días, refleja mejor los cambios agudos en las proteínas viscerales.
    • Prealbúmina o transtirretina: Se une a la tiroxina, tiene una vida media de 2 días. Sus valores disminuyen rápidamente ante demandas repentinas de proteínas (enfermedad aguda).
    • Proteína ligadora de retinol: Filtrada por el glomérulo y metabolizada por el riñón, su vida media es de 10 horas, siendo el mejor indicador de cambios agudos de desnutrición.
    • Creatinina: Producto final de la degradación de la creatina, se correlaciona con la masa muscular total. El índice creatinina/talla se usa, pero no es fiable con enfermedades renales y hepáticas.
    • Colesterol total y LDL: Disminuidos en ancianos desnutridos. Algunos autores han demostrado una asociación entre los niveles séricos de colesterol total y el riesgo de mortalidad en ancianos.
    • Micronutrientes: Hipovitaminosis D y del grupo B, déficits de Hierro, Selenio, etc.
  7. Función inmunitaria: Pruebas de valoración de la función inmunitaria, como pruebas cutáneas de sensibilidad retardada y recuento de linfocitos.
  8. Estudio dietético: Práctica rutinaria para detectar ancianos con alto riesgo o signos incipientes de desnutrición. Se pueden usar métodos como registros dietéticos de 24 horas o de 3 días.
  9. Valoración funcional: Un índice indirecto del estado nutricional de gran interés para la geriatría. El Grupo de Trabajo en Nutrición en Geriatría de la SEGG propone la medición de la fuerza máxima de prensión de la mano y el test de velocidad de la marcha.

Protocolo de Valoración Nutricional Geriátrica

En el seno de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) se ha creado un grupo multidisciplinar de profesionales sanitarios para elaborar un protocolo de valoración nutricional geriátrica que pueda aplicarse en diferentes ámbitos (comunidad, residencia, hospital).

Cribado Nutricional

El cribado nutricional es el primer paso de la valoración nutricional geriátrica, buscando identificar precozmente a los sujetos que requieren una valoración exhaustiva y que pueden beneficiarse de una intervención temprana. Debe ser simple, rápido, coste-eficiente, válido y preciso.

  • El Mini Nutritional Assessment (MNA) es un método estructurado validado para población mayor de 65 años a nivel hospitalario, residencial o en la comunidad. Es el cuestionario más aceptado y utilizado mundialmente y permite identificar sujetos con riesgo de malnutrición antes de que aparezcan alteraciones en los parámetros bioquímicos y antropométricos. En 2001 se desarrolló una versión reducida, el MNA -Short Form (MNA-SF).
  • El Grupo de Trabajo en Nutrición en Geriatría de la SEGG recomienda la cumplimentación del cuestionario completo, independientemente de la puntuación obtenida en el cribado, para identificar precozmente las posibles causas del riesgo de desnutrición.
  • Adicionalmente, se recomienda la realización del Eating Assessment Tool-10 para el cribado de disfagia.
  • La herramienta ideal de cribado debe incluir el Índice de Masa Corporal (IMC), la pérdida involuntaria de peso y los cambios en la ingesta.

Valoración Nutricional Exhaustiva

Se realiza en caso de detectar riesgo de malnutrición o malnutrición en el cribado nutricional. Incluye:

  1. Historia clínico-nutricional: Análisis de antecedentes personales, síndromes y enfermedades que impactan el gasto energético o reducen la ingesta (EPOC, demencia, ictus, Parkinson, depresión, anorexia geriátrica). También se revisa la polifarmacia y el estado dental/oral (masticación, xerostomía).
  2. Historia dietética: Identifica posibles carencias en la dieta habitual. Se pueden realizar registros dietéticos individuales de 24 horas mediante observación para pacientes hospitalizados/institucionalizados. Para ambulatorios, aunque un registro de 3 días es lo más adecuado, se deben registrar al menos el número de ingestas, cambios en hambre/saciedad, preferencias/aversiones, alergias/intolerancias, dietas especiales y consumo de suplementos.
  3. Valoración antropométrica: Medición de peso y talla. Para la talla, si hay dificultades, se pueden usar modelos de estimación como la distancia talón-rodilla.
  4. Valoración bioquímica y datos de laboratorio: Análisis de albúmina, transferrina, prealbúmina, proteína ligadora de retinol, creatinina, colesterol total, colesterol LDL, hemoglobina, glucemia, y niveles de micronutrientes (vitaminas D, B, hierro, selenio).
  5. Análisis de la composición corporal: Uso de técnicas no invasivas como la impedancia bioeléctrica para estudiar la masa grasa y muscular.
  6. Valoración funcional: Representa un índice indirecto del estado nutricional, valorando la capacidad de la persona mayor para acceder al alimento (ir a la compra, preparar comida) y la fuerza muscular (fuerza de prensión de la mano, velocidad de la marcha).

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