El concepto de Vulnerabilidad Educativa hace referencia a aquellos individuos que experimentan una serie de dificultades marcadas a lo largo de su trayectoria escolar, lo que les impide sacar provecho al currículo y a las enseñanzas dentro del aula de clase. Esto usualmente desemboca en fracaso escolar.
Por su parte, la vulnerabilidad social es un "proceso multidimensional que confluye en el riesgo o probabilidad del individuo, hogar o comunidad a ser herido, lesionado o dañado ante cambios o permanencia de situaciones externas y/o internas adversas", según la definición de Busso (2001). En el contexto escolar, esto deriva en fracaso académico y una interferencia en el bienestar y la calidad de vida del alumno.

Barreras y Factores de la Vulnerabilidad en el Ámbito Educativo
Barreras Individuales y Contextuales
Las barreras que pueden presentarse a los jóvenes en su paso por la educación formal pueden ser de diversa índole. Estas incluyen factores emocionales, familiares, interpersonales, o relacionados con el proceso de enseñanza y aprendizaje o con el clima de la institución educativa en la que están inmersos. Usualmente, estas condiciones vienen acompañadas de fenómenos mucho más complejos o profundos, y en la mayoría de los casos, conducen al fracaso escolar.
Violencia de Género en el Ámbito Escolar
La violencia es generada por múltiples factores, siendo el género uno de los principales motores de la violencia en la escuela y sus alrededores. Educandos de todos los sexos pueden experimentar violencia de género en la escuela y sus alrededores, lo que obstaculiza gravemente su educación, sus derechos y su salud física y mental.
Denominada violencia de género en el ámbito escolar, esta forma de violencia incluye actos o amenazas de violencia sexual, física o psicológica que se cometen en las escuelas y sus alrededores. Estos actos son perpetrados como resultado de normas y estereotipos de género perjudiciales y son reforzados por dinámicas de poder desiguales. Esta situación se ve exacerbada por las intersecciones de género con las construcciones de etnia, cultura, pobreza y discapacidad, provocando, por ejemplo, la violencia específica basada en la orientación sexual y la identidad o expresión de género, que incluye el acoso homofóbico y transfóbico. Abordar la violencia escolar requiere, por tanto, comprender el género y las arraigadas normas patriarcales, sociales y culturales.
En el contexto del acoso, los datos demuestran que las niñas sufren acoso tanto como los niños. Sin embargo, los tipos de acoso que sufren son diferentes. Los niños están mucho más expuestos al acoso físico y a la violencia física en general que las niñas. Estas últimas están ligeramente más expuestas al acoso psicológico, especialmente mediante el ciberacoso y el acoso basado en la apariencia. El acoso sexual (bromas, comentarios y gestos sexuales) afecta a la misma proporción de niños y niñas.
Situaciones Específicas de Vulnerabilidad en la Escuela
Existen diversas situaciones que pueden generar vulnerabilidad en el entorno escolar:
- Las circunstancias familiares influyen enormemente en el rendimiento del alumno, su bienestar, sus relaciones, sus frustraciones y su calidad de vida. Por ejemplo, que uno de los padres sea alcohólico puede generar un gran estrés en el hogar, así como sentimientos de culpabilidad e impotencia en las personas que conviven con él.
- Las dificultades con los profesores pueden interferir negativamente en la trayectoria académica del estudiante.
- Los problemas de conducta son otra de las situaciones de vulnerabilidad en la escuela.
- La necesidad de un alumno de requerir ciertos apoyos y atenciones educativas específicas durante un período (o la totalidad) de su escolarización también es un factor de vulnerabilidad.
El Impacto de la Pandemia en las Escuelas Vulnerables
La pandemia de COVID-19 evidenció y exacerbó las desigualdades existentes en el sistema educativo, especialmente en las escuelas vulnerables.
En comunas como Colina, Chile, la realidad social se reflejó directamente en los colegios. Una profesora de Colina relató que "de marzo a junio no hubo clases para los niños en mi colegio, solo nos dedicamos a contactar a las familias, encuestarlas y saber en qué condiciones se encontraban. La mayoría de los apoderados estaba sin trabajo, lo que complejizó mucho la situación. Por otra parte, de los 40 alumnos de mi curso, solo el 50% tiene computador, por lo que cualquier estrategia online no funcionaría".
El plan de retorno a clases, que incluía soluciones semipresenciales y dependencia de recursos online, fue visto como "imposible" por docentes debido a la falta de condiciones mínimas como conectividad. La conectividad de los estudiantes y el nivel educacional de los padres fueron barreras significativas que los profesores debieron sortear en sus diseños metodológicos, sin que se observaran mejoras sustanciales para el año siguiente.
Una fonoaudióloga del programa de integración de la misma comuna tuvo que invertir en un nuevo computador y aprender a grabar videos para poder atender a los niños, ya que no contó con herramientas de apoyo de la corporación. El principal desafío fue comunicarse eficazmente con los padres, quienes a menudo no entendían las instrucciones escritas, lo que la llevó a grabar videos explicativos.
Las duplas psicosociales, encargadas de comprender la realidad de los estudiantes y sus familias, se vieron limitadas al no poder hacer trabajo de campo y tuvieron que auto-proveerse de implementos de seguridad sanitaria. Una trabajadora social destacó la dificultad de hacer entender a los directivos que "los padres preferían comprar un kilo de pan que una tarjeta para recargar su celular para conectarse a la clase". Ante la ausencia de soluciones estatales, buscaron apoyo filantrópico.
El presidente del Colegio de Profesores, Carlos Díaz, advirtió que "la pandemia vino a demostrar la desigualdad que existe en Chile, donde los estudiantes y sus familias no tienen la posibilidad de acceder a los elementos esenciales como la conexión a internet y computador y eso va en desmedro de los niños que están estudiando". Estimaciones sugieren que cerca del 50% de los niños no tuvo cobertura, siendo los profesores quienes buscaron formas de suplir estas carencias.
El Ministerio de Educación de Chile encuestó a 8 mil establecimientos para conocer sus estrategias, reportando que el 99% entregaba material pedagógico, pero el aprendizaje quedaba en segundo plano. Aunque el 76% de los equipos directivos reportó implementar soluciones digitales, este dato desciende al 66% en establecimientos municipales. La OCDE estima que cerca del 12.5% de la población chilena no cuenta con conexión a internet, lo que subraya la complejidad de los modelos semipresenciales en un sector público que concentra el 88% de los alumnos del país.
La brecha digital en alumnado vulnerable
Factores de Éxito en Estudiantes de Sectores Vulnerables
A pesar de estar insertos en liceos con alta vulnerabilidad social, con malos resultados en pruebas nacionales y serios problemas en áreas de gestión pedagógica, directiva y convivencia, existen alumnos que logran un buen rendimiento.
El Dr. Mario Morales, subdirector de la Escuela de Psicología de la Universidad, investigó cómo estos estudiantes logran destacarse y llegar a la Educación Superior. Su proyecto Dicyt, "Factores predictores de éxito en jóvenes de buen rendimiento, provenientes de liceos prioritarios e insertos en contextos laborales, del servicio militar y estudios superiores", arrojó conclusiones preliminares clave.
Los "buenos estudiantes de sectores vulnerables" son personas que poseen proyectos de vida, tienen un adulto significativo en su entorno, presentan un mayor nivel de autoestima, cuentan con redes focalizadas, una familia estructurada y reconocimiento a nivel escolar. Además, son "capaces de aprender de sus errores". Las pruebas psicológicas administradas a casi 500 estudiantes de colegios con altos índices de vulnerabilidad (93-95%) mostraron que los alumnos de alto rendimiento poseen un nivel intelectual mayor, cuentan con un mayor apoyo por parte de los profesores y una familia "un poco más estructurada".
Estos jóvenes destacados también tienen un mayor puntaje en pruebas de bienestar psicológico relativas a la aceptación y muestran diferencias significativas en el área de proyección: "no viven el día, se proyectan a algo específico". Aunque no hay diferencias en los vínculos entre grupos, los alumnos de alto rendimiento suelen ser más "ostras", con menos amigos. En cuanto a la resiliencia, la diferencia radica en la satisfacción, es decir, cómo logran enfrentar los problemas cotidianos. Su objetivo principal es alcanzar la Educación Superior, y son más conscientes que otros estudiantes al aprender de situaciones problemáticas y errores.
Las entrevistas en profundidad revelaron factores como el encuentro con un adulto significativo en su vida escolar, situaciones no normativas que les ha tocado enfrentar, una familia más estructurada, y el deseo de aprender y de "ser alguien en la vida" en el área profesional, con un buen trabajo y la capacidad de ayudar a su familia.
El Dr. Mario Morales plantea como objetivo principal de su proyecto fortalecer estos aspectos a través de programas que permitan a los estudiantes potenciar sus áreas más débiles y avanzar en su calidad académica. Afirma que el desarrollo de estos alumnos también depende de que la apertura de las universidades vaya acompañada de un seguimiento al alumno que ingresa.
Inclusión y Políticas Educativas
Los niños, niñas y adolescentes en mayor situación de vulnerabilidad (aquellos que viven en pobreza, tienen discapacidad, o han migrado de su país de origen, entre otros) corren un mayor riesgo de abandonar el sistema educativo. Con el objetivo de evitar esta situación y asegurar que todos los niños accedan y culminen su educación, el sistema educativo cuenta con normativas que buscan eliminar las barreras en el acceso y promover la inclusión.
Un ejemplo de esto es el "aprestamiento", un periodo de preparación, adaptación y acompañamiento para los estudiantes que han ingresado al año lectivo de manera tardía. En Ecuador, por ejemplo, la falta de requisitos no impide el acceso al sistema educativo en ningún caso, demostrando un compromiso con la inclusión educativa.
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