La población mundial de 60 años o más es de 650 millones, y se calcula que en 2050 alcanzará los 2000 millones, según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2009). Este fenómeno, conocido como envejecimiento poblacional, representa un desafío significativo para la atención de la salud física y mental en esta demografía. Desde hace algunas décadas, ha surgido un interés público en comprender y fomentar las características que propician un envejecimiento exitoso, un proceso en el que la salud física y mental se mantienen sin detrimento hasta la vejez (Fernández-Ballesteros, 2001).
Entre los factores asociados al envejecimiento exitoso, las variables psicológicas han demostrado una asociación positiva con diversas áreas de la salud en la vejez. De estas variables, la autoestima es particularmente relevante debido a su relación con el mantenimiento de la salud mental y física en adultos mayores (Ortiz & Castro, 2009). Se considera un factor protector en el proceso de envejecimiento exitoso, ya que se asocia con la percepción positiva de la calidad de vida, la satisfacción con la vida y la realización personal (García, Marín & Bohórquez, 2012; Wang, Seo & Cha, 2009).
Conceptualización de la Autoestima
Existen diversas conceptualizaciones de la autoestima. La primera descripción en psicología se remonta a 1890, en el libro Principios de Psicología de William James, quien la definió a partir del concepto de "self". El self es considerado como un fenómeno consciente que abarca la suma de lo que una persona puede considerar propio, incluyendo su cuerpo, familia, vocaciones, posesiones, estados de conciencia y reconocimiento social. El self se compone de rasgos físicos y psicológicos personales, valores propios, responsabilidades, posibilidades, limitaciones, capacidades, debilidades, y los pensamientos sobre quiénes somos y qué somos.
Por su parte, Rosenberg en 1965 conceptualizó la autoestima como un sentimiento hacia uno mismo, que puede ser positivo o negativo, y que se construye a través de una evaluación de las propias características (Rojas-Barahona, Zegers & Förste, 2009). Yagosesky, en 1998, la describió como el resultado de un proceso de valoración profunda, íntima y personal que cada individuo realiza de sí mismo en todo momento, consciente o inconscientemente.
Para Brown (2007), la autoestima se aborda desde dos perspectivas teóricas:
- Como un sentimiento de afecto por sí mismo que se desarrolla mediante procesos viscerales o irracionales (aproximación afectiva).
- Como un juicio que la gente hace respecto a sí mismo, cuya evaluación recae en las propias habilidades y atributos (aproximación cognitiva).
Fernández-Ballesteros (2009) la describe como la agrupación de las valoraciones o juicios afectivos sobre sí mismo, que involucra un componente afectivo de la identidad. En términos generales, la autoestima se relaciona con los sentidos de valía, capacidad y merecimiento de un individuo.
Trayectoria de la Autoestima a lo Largo del Ciclo Vital

La relación de la autoestima con el proceso de envejecimiento aún no está completamente clara. Robins, Trzesniewski, Tracy, Gosling y Potter (2002), con el objetivo de conocer las posibles diferencias en el nivel de autoestima a lo largo del desarrollo humano, evaluaron a 32,664 participantes con edades entre 9 y 90 años. En su estudio, encontraron que en la infancia existe un mayor nivel de autoestima en comparación con otras etapas del desarrollo, seguido de un declive hacia la adolescencia (aproximadamente hasta los 22 años).
Posteriormente, entre los 23 y 40 años, la autoestima tiende a aumentar y no muestra cambios significativos. Entre los 40 y 50 años, observaron un incremento de la autoestima, mientras que entre los 60 y 80 años identificaron un declive significativo que, por lo general, se manifiesta a los 70 años. Resultados similares fueron descritos por Wagner, Lüdtke, Jonkmann y Trautwein (2013), quienes, en un estudio con 1,215 adultos mayores (rango de edad de 65 a 103 años), revelaron que la autoestima era en promedio estable, con una pequeña disminución que solo surge en edades avanzadas y al final de la vida.
En general, durante el curso del desarrollo humano, la autoestima exhibe una trayectoria cuadrática, es decir, cambia en tres direcciones distintas, observándose un decremento significativo durante la vejez en comparación con etapas más tempranas del desarrollo como la adolescencia y la adultez (Orth, Trzesniewski & Robins, 2010).
Respecto al cambio de la autoestima en la vejez, Wagner, Lang y Neyer (2013) señalan que puede verse afectada por variables como el descenso en el estatus económico, la escolaridad, el estado de salud y por los cambios sociales, físicos y psicológicos propios de esta etapa. Robins et al. (2002) sugieren que, si bien los cambios físicos y psicológicos durante el envejecimiento pueden tener un impacto negativo en la autoestima, este proceso debe considerarse como un ajuste positivo en la autopercepción que contribuye a un equilibrio en la evaluación de sí mismo. Además, las personas tienden a mantener cierta estabilidad en su nivel de autoestima a lo largo del tiempo, de modo que quienes tienen alta autoestima en una etapa específica de su vida la mantendrán con el paso del tiempo (Robins & Trzesniewski, 2005). Por consiguiente, en la vejez, la valoración de la autoestima no está determinada únicamente por el paso de los años, como sugiere el modelo deficitario del envejecimiento, sino que es resultado de la interacción dinámica entre los acontecimientos históricos y el contexto de desarrollo de cada individuo.
Autoestima y Salud en la Vejez
En el contexto del envejecimiento, es crucial destacar la relación de la autoestima con la salud mental. Diversos estudios, como el de Zavala, Vidal, Castro, Quiroga y Klassen (2006), subrayan la importancia de considerar la autoestima como un factor de protección para el funcionamiento social, familiar y el mantenimiento de la salud mental. Esto coincide con lo reportado por Sook-Young y Sohyune (2013), quienes señalan un efecto positivo de la autoestima en la satisfacción con la vida en la vejez.
Por otra parte, Orth, Robins, Maes, Trzesniewski y Schmitt (2009) sugieren que la baja autoestima puede ser un factor de riesgo para la depresión solo en ciertos periodos del ciclo vital. Para verificarlo, realizaron un estudio con el fin de conocer las relaciones entre la autoestima y los síntomas depresivos en la edad adulta. Sus resultados indicaron una correlación negativa entre la depresión y la autoestima, lo cual sugiere que un bajo nivel de autoestima funciona como un factor de riesgo para síntomas depresivos en todas las fases de la edad adulta, particularmente en la vejez. Asimismo, Pearman y Storandt (2004) refieren que el nivel de autoestima en la vejez es un buen predictor de las quejas subjetivas de memoria presentes en adultos mayores.
En cuanto a la salud física, un estudio realizado por García et al. (2012) encontró que los adultos mayores que realizan mayor actividad física tienden a tener una autoestima positiva. Los autores sugieren que percibirse con baja autoestima y bajo bienestar conlleva una mayor dependencia funcional, lo que aumenta la vulnerabilidad a sufrir enfermedades físicas.
La Escala de Autoestima de Rosenberg (EAR): Características y Propiedades Psicometricas

En la investigación de la autoestima, la escala desarrollada por Rosenberg en 1965 es un instrumento ampliamente utilizado. Es una herramienta unidimensional, creada a partir de una concepción fenomenológica de la autoestima, que evalúa la abstracción que el individuo hace de sí mismo en relación con sus atributos, capacidades y actividades. La escala está compuesta por diez afirmaciones, cinco de dirección positiva y cinco de dirección negativa, con un formato de respuesta tipo Likert de cuatro opciones (4= muy de acuerdo, 3= de acuerdo, 2= en desacuerdo, 1= totalmente en desacuerdo).
La Escala de Autoestima de Rosenberg (EAR) ha sido traducida y adaptada a 53 países en 23 idiomas diferentes (Schmit & Allik, 2005), incluyendo el español (Martín-Albo, Núñez, Navarro & Grijalvo, 2007; Vázquez, Jiménez & Vázquez, 2004), el portugués (Hutz & Zanon, 2011; Burges, Ruschel & Dalbosc, 2010; Moreira, Rodrigues & Masako, 2004), el japonés (Mimura & Griffiths, 2007), el italiano (Prezza, Trombaccia & Armento, 1997), el griego (Galanou, Galanakis, Alexopoulos & Darviri, 2014) y el francés (Vallieres & Vallerand, 1990).
Estas validaciones se caracterizan por reportar apropiadas características psicométricas, con alfas de Cronbach que oscilan entre .61 y .90, y varianzas explicadas del 29.8% al 54.4%. La escala también ha demostrado ser válida y confiable en poblaciones clínicas (Vázquez et al., 2004), en pacientes con diagnóstico de psicosis (Vázquez, Vázquez-Morejón & Bellido, 2013) y en pacientes con depresión (Góngora & Casullo, 2009).
Respecto a la estructura factorial de la EAR, diferentes estudios han reportado una estructura de dos componentes (autoestima baja y autoestima alta), lo cual no coincide con la propuesta unidimensional sugerida originalmente por Rosenberg. Es importante señalar que la mayoría de estos trabajos se han realizado con población joven y adulta o población clínica, siendo escasos los estudios interesados en realizar validaciones de este instrumento en población de adultos mayores. Debido a su facilidad de aplicación y propiedades psicométricas, la EAR sigue siendo una de las escalas más utilizadas en el estudio de la autoestima en diversas culturas, grupos clínicos y etapas de desarrollo.
Validación de la EAR en Adultos Mayores de la Ciudad de México: Un Caso de Estudio
Qué hace la Psicometría, Tipos de pruebas y campos de Aplicación
Debido a la necesidad de contar con instrumentos válidos y confiables para la medición de variables psicológicas positivas en la vejez, como la autoestima, una investigación tuvo como objetivo conocer las propiedades psicométricas de la EAR en población de adultos mayores de la Ciudad de México. De los diferentes instrumentos que existen para medir la autoestima, la escala de Rosenberg ha demostrado ser un instrumento confiable y válido en diferentes etapas del desarrollo como la adolescencia y la adultez. En este estudio particular, el objetivo fue conocer las propiedades psicométricas de la escala de autoestima de Rosenberg en población de adultos mayores de la ciudad de México.
Método
Participantes
Colaboraron 220 adultos mayores residentes de la Ciudad de México, de los cuales el 55% eran hombres y el 45% mujeres, con un rango de edad de 60 a 88 años (edad media = 68.8 años, DE = 6.8). Su nivel de escolaridad se distribuyó de la siguiente manera: 55% con educación básica, 10.9% con educación media, 30.5% con educación superior, y el 3.6% sin escolaridad pero con capacidad de lectura y escritura. En relación con el estado civil, el 13.2% eran solteros, el 55.9% casados, el 3.6% divorciados y el 27.3% viudos. Los participantes fueron seleccionados mediante un muestreo no probabilístico intencional.
Instrumentos
Se utilizó la Escala de Autoestima de Rosenberg traducida al español por Rojas-Barahona et al. (2009). Esta escala está compuesta por diez afirmaciones con cuatro opciones de respuesta tipo Likert. En población chilena, el instrumento explica el 51.78% de la varianza total con un alfa de Cronbach de .75 (Rojas-Barahona et al., 2009). En el proceso de validación para este estudio, se realizó una adecuación lingüística en los ítems para que se ajustara al contexto de la cultura mexicana. Además, para facilitar la comprensión y ejecución por parte de los adultos mayores, se ajustó el formato de respuesta original a opciones tipo Likert pictórico (Reyes, 1993), utilizando figuras geométricas de diferentes tamaños como opciones de respuesta, ordenadas de mayor a menor y de izquierda a derecha. La calificación asignada a la escala fue de 1 a 4 puntos, donde 1 se asignó al cuadro más pequeño (totalmente en desacuerdo) y 4 al cuadro más grande (totalmente de acuerdo).
Procedimiento
En todos los casos, se informó que la información proporcionada sería anónima y se explicó que se trataba de una investigación con fines científicos. A quienes aceptaron participar voluntariamente, se les entregó el instrumento y se les solicitó firmar el consentimiento informado. Durante la aplicación, un evaluador estuvo presente para resolver cualquier duda que pudiera surgir.
Resultados
Los resultados de este estudio en adultos mayores de la Ciudad de México señalan que la escala posee un alfa de Cronbach total de .73, una varianza explicada del 52% y una adecuada estructura factorial. La escala de autoestima de Rosenberg cuenta con criterios psicométricos adecuados para medir autoestima en adultos mayores de la ciudad de México. Sin embargo, en futuros estudios se recomienda realizar adaptaciones de la escala con muestras más amplias y representativas.
Interpretación y Aplicación Clínica de la Escala de Rosenberg
La Escala de Autoestima de Rosenberg (EAR) es uno de los instrumentos más utilizados en la práctica clínica y en la investigación para evaluar la percepción global de la valía personal. Mide la autoestima global, entendida como una valoración básica y estable de uno mismo. En términos psicodinámicos y del apego, la puntuación se relaciona con la internalización de figuras cuidadoras, la vergüenza crónica y la capacidad de mantener la autoempatía.
Estructura y Puntuación
La escala contiene 10 ítems con cuatro opciones de respuesta. Existen dos formatos de puntuación habituales: de 0 a 30 y de 10 a 40. Cinco ítems son positivos y cinco negativos. En el formato original, los ítems 2, 5, 6, 8 y 9 se puntúan de forma inversa. Tras invertir estos ítems, se suman las puntuaciones de los 10 ítems; una mayor puntuación total indica una mayor autoestima.
Rangos de Interpretación
- Para el rango 0-30, valores de 0-15 suelen considerarse bajos, 16-25 moderados y 26-30 altos.
- En el rango 10-40, 10-25 se consideran bajos, 26-35 moderados y 36-40 altos.
Consideraciones en la Interpretación
Al abordar la interpretación de la Escala de Autoestima de Rosenberg, es fundamental centrarse menos en un umbral estático y más en el patrón dinámico. El contexto biográfico cualifica el número: una puntuación moderada en alguien con historia de trauma relacional temprano quizás refleje un progreso sustantivo, mientras que un valor alto, acompañado de grandiosidad defensiva, puede ocultar una fragilidad narcisista.
La escala muestra una alta consistencia interna y buena estabilidad temporal. Aunque clásicamente se la considera unidimensional, algunos estudios proponen dos facetas latentes: aprecio por uno mismo y sentido de competencia. La invarianza métrica entre culturas hispanohablantes es razonable, pero no perfecta.
Factores Culturales y Contextuales
En España, México, Argentina y otros países de la región, factores como la humildad normativa y el peso del contexto familiar pueden modular las respuestas. Además, elementos como la precariedad económica, la migración o la discriminación influyen en la autoevaluación.
Autoestima, Trauma y Apego
Una autoestima frágil suele asociarse a hipervigilancia, hiperalgesia y una mayor reactividad del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. Después de experiencias de trauma temprano, la vergüenza se convierte en un eje organizador del yo. En estos casos, un descenso del puntaje no es un rasgo de "personalidad" sino una adaptación defensiva. El fortalecimiento del apego seguro facilita una narrativa más compasiva del yo. La escala, aplicada cada 6-8 semanas, puede monitorizar esta evolución.
Errores Comunes y Recomendaciones
Uno de los errores más frecuentes es no invertir correctamente los ítems negativos (ítems 2, 5, 6, 8 y 9), lo que altera la puntuación total. Otro error es utilizar puntos de corte rígidos sin considerar la cultura, la edad o el contexto social del individuo. Se debe evitar administrar la escala en momentos de crisis aguda sin aclarar previamente su propósito. Se recomienda integrar la escala con entrevistas clínicas, medidas de síntomas afectivos y un mapa de experiencias tempranas del paciente.
Ejemplo de Caso
Una mujer de 34 años, con cefaleas y colon irritable, obtuvo un puntaje de 17/30. Presentaba una historia de cuidados inconsistentes y crítica severa. Tras 12 sesiones centradas en apego y regulación, su puntaje subió a 24/30, acompañado de una reducción de las crisis digestivas y una mejora del sueño.
Consideraciones en Adolescentes
En adolescentes, la autoestima es más lábil y sensible a la influencia de los compañeros y al rendimiento académico. Es importante interpretar los cambios con ventanas temporales más cortas y triangular la información con observaciones familiares y escolares. Si bien la escala puede aportar valor en programas de liderazgo y bienestar, siempre debe aplicarse con consentimiento informado y garantizando la confidencialidad.
Integración en Protocolos Terapéuticos
Es recomendable compartir el resultado con un lenguaje no estigmatizante, por ejemplo: “Este puntaje sugiere que tiendes a ser muy exigente contigo; podemos trabajar para fortalecer tu autoaprecio”. Se recomienda un protocolo basado en la práctica clínica y la evidencia, que integre la escala en tres momentos:
- Inicio: Para establecer una línea base.
- A mitad del proceso: Para reajustar objetivos.
- Cierre o mantenimiento: Para la prevención de recaídas.
Conversión de Formatos de Puntuación
Si es necesario convertir entre formatos, una regla práctica es reescalar linealmente. Por ejemplo, para pasar de 0-30 a 10-40: nuevo = 10 + (puntuación × 1). Para obtener el rango 10-40 a partir de un total en el rango 0-30, simplemente sume 10 puntos al total. Es fundamental mantener siempre el mismo formato dentro de un mismo caso para comparar trayectorias.
Uso en Estudios Longitudinales y Aspectos Éticos
En estudios longitudinales, la escala funciona bien como resultado secundario, siendo sensible a intervenciones centradas en trauma, apego y regulación del estrés. Se debe obtener siempre el consentimiento informado, evitar usos punitivos y proteger la privacidad. La transparencia es clave: no es un diagnóstico, sino un indicador útil para el plan terapéutico.
Limitaciones de la Escala
Su brevedad favorece la practicidad, pero también la hace sensible a sesgos de estado de ánimo y deseabilidad social. Además, no capta matices de autoestima contingente ni específica por dominios. La interpretación de la Escala de Autoestima de Rosenberg cobra sentido cuando el número se inserta en la biografía, el cuerpo y el contexto social del paciente. Debe usarse como una brújula, no como un veredicto.