Alejandro González Legrand, conocido artísticamente como Coco Legrand, se describe como un "triste con vocación de alegre", a pesar de llevar 53 años sobre los escenarios, observando y haciendo reír a su público.
Orígenes y Trayectoria Artística
Hijo de Raquel Legrand y José González Videla, hermano del expresidente, sus padres se separaron cuando él tenía meses, y no volvió a ver a su padre biológico hasta los 15 años. Su verdadero padre fue el segundo marido de su madre, Amado Paredes. Tras egresar del Colegio Latinoamericano, ingresó a estudiar diseño en la Universidad de Chile, y dos años después partió a Estados Unidos para especializarse en metalurgia. Trabajó un año en una empresa automotriz, hasta que su vocación por el humor pudo más.
En 1972, Coco Legrand debutó con éxito en el Festival de Viña del Mar. En sus 53 años de carrera en teatro y televisión, ha creado memorables personajes, monólogos y obras, como "Viejos de Mierda", el mayor éxito de taquilla de los últimos 50 años del teatro chileno. Entre sus personajes más populares figuran el Lolo Palanca y el Cuesco Cabrera. En total, acumula 48 años de trayectoria incluyendo el café-concert, cine, televisión y teatro, tanto en Chile como en el extranjero.
Coco Legrand Biografia 1
Legrand visitó una institución con motivo de la Cumbre Creativa de la Escuela de Publicidad, denominada “¡Típico chileno! Comunicación con talento y picardía”, la cual se realizó el 28 de septiembre. Afirma que el humor es una mirada distendida de la realidad, y que le encanta estar con la gente, fundirse en un acto maravilloso y menos oneroso. Para él, es importante saber cómo piensan y cómo reaccionan las personas frente a distintos estímulos, y aprender a escuchar. Menciona la influencia de Javier Miranda, un gran comunicador que lo estimuló desde muy joven, y del maestro Raúl Matas. Las opiniones de muchos artistas y políticos sobre su trabajo están plasmadas en su libro “70 o sé tonto”, el último que escribió, basado en fotografías y contando su historia desde sus comienzos.
Desafíos Personales y Reinvención
Con su espectáculo "70 o sé tonto", Coco Legrand ha regresado a los escenarios para intentar, como él dice, explicar lo inexplicable. Ha superado momentos difíciles, incluyendo la pérdida completa de su pierna izquierda y tres años de cesantía. Frente a estas adversidades, decidió no vivir dolorosamente, sino seguir adelante, ponerse de pie y caminar en los momentos más complicados.
Legrand ha enfatizado que este es el minuto preciso y precioso para encontrar el camino del encuentro con los demás y así lograr el "somos", diluyendo la rabia y el odio. Considera vital dejar espacios amplios para que se haga presente la confianza sincera, y así tener la oportunidad de ver nacer la emoción de la paz.

Críticas al Sistema de Pensiones y la Política
En una entrevista, Coco Legrand reveló que su jubilación no le alcanza para retirarse, por lo que decidió seguir trabajando y haciendo espectáculos. El humorista se jubila a los 67 años con una pensión de 170 mil pesos. Ante esta situación, ironizó: “Por qué no fui UDI”.
El conocido humorista ha formulado una serie de críticas al actual sistema de pensiones. “Uno es el que hace el trabajo. No nos dan el trabajo. Nosotros somos los que hacemos el trabajo”, sostuvo Legrand, aludiendo a quienes, como Carlos Alberto Délano, hablan de “dar trabajo”. También expresó su frustración con la falta de consumo debido a la cesantía y su desconfianza en los partidos políticos, afirmando: “Ya no sabemos quiénes son los malos… De hecho no voy a ir a votar, porque ya no creo en los partidos políticos”.
El Humor Como Crítica Social y Su Evolución
Coco Legrand ha sido considerado un gran crítico social en Chile, especialmente en los años ochenta y noventa. Sus rutinas a menudo retrataban la vida del "chileno medio", abordando costumbres de una familia en el supermercado o en un viaje de camping. Sin embargo, su crítica social ha sido interpretada por algunos como el "grito enfadado de quien no entiende la democracia". Sus quejas y caricaturas burlescas del ejercicio político han llevado a la percepción de que su relato, al describir un Chile catastrófico después del retorno a la democracia, ha "contaminado el humor nacional".
Algunos argumentan que el discurso de Coco Legrand, que "cuestiona el sistema de AFP", no considera que el régimen que "parece añorar" fue el que instaló dicho sistema sin un debate político de fondo. Se plantea que su "paupérrima jubilación no se debe a la democracia, sino a la falta de ésta", y que "hablar en contra de la política, en general, es hablar en contra de la democracia". Mirar la política con desdén, según esta visión, fortalece a quienes detentan y ejercen el poder. Se advierte que, sin un espíritu democrático, una sociedad entrega sus símbolos republicanos a quienes pueden comprarlos y subyugar la decisión del pueblo ante sus billeteras e influencias. Quienes se beneficiaron con la dictadura, se argumenta, fueron personas indignadas con la decisión popular que no creían en lo público y buscaban "orden". Este "dañino orden" rompió el espíritu democrático, entregándolo a la especulación y a una "numerología economicista" que hizo perder la noción de lo verdaderamente importante, imponiendo un "llanto individualista".
Filosofía de Vida y Liderazgo
Coco Legrand cree que los líderes no deben ser jerárquicos, sino facilitadores. Ha observado que muchos gerentes o líderes carecen de habilidades sociales básicas y de autoconocimiento personal, no dándose cuenta del impacto de sus estados de ánimo y emociones en los demás. Los describe como "seres poco empáticos" a quienes no les gusta estar con la gente, lo que les impide conocer y satisfacer sus necesidades. Ese tipo de líder, según él, ya no es útil.
Para Legrand, la pasión es como el hambre, se presenta todos los días y fortalece a las personas. Cuestiona la idea de que servir es un acto de "seres menores", argumentando que la naturaleza misma es un cúmulo de servicios: el viento, el surco, la nube, e incluso Dios, todos los días entregan luz y fruto. Recuerda una anécdota en Calama, después de dos funciones en el Teatro Municipal. Invitó a su grupo de trabajo a San Pedro de Atacama, donde una señora lo piropeó, diciéndole: “Coquito, mijito, usted está como el vino…”, para luego rematar con “No me dís las gracias, h…n, si vo’ estai pa’l gato”.
El humorista ha expresado una reflexión agridulce sobre su legado: “Aquí yace un triste con vocación de alegre”. Aunque le hubiese gustado que el mundo viviera de un modo más grato, cercano y humanizado, a esta edad se ha dado cuenta de que lo que ha hecho “no ha servido para nada”, que “solamente se han reído”, y que la huella que quería dejar “solamente pasó por arriba”.
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