Calidad de vida en las personas mayores: un desafío multidimensional

El envejecimiento poblacional es un fenómeno global sin precedentes que plantea retos significativos para la sociedad, la familia y las políticas públicas. A medida que la esperanza de vida aumenta -alcanzando cifras de hasta 81 años en contextos como el chileno-, el enfoque ha dejado de centrarse únicamente en la supervivencia para desplazarse hacia la calidad de vida con la que se transitan estos años.

Gráfico comparativo del aumento de la población mayor de 60 años y la esperanza de vida entre 2007 y 2021.

El constructo de la calidad de vida

La calidad de vida es un concepto multidimensional y subjetivo, definido a menudo como el grado en que una persona se siente sana, cómoda y capaz de participar en actividades significativas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el envejecimiento saludable es el proceso de fomentar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez. Este constructo se integra por tres dimensiones fundamentales:

  • Aspectos objetivos: Condiciones materiales como ingresos, vivienda, alimentación y seguridad social.
  • Aspectos subjetivos: Elementos psíquicos como la autoestima, el autoconcepto, la intimidad y la salud percibida.
  • Aspectos sociales: Políticas públicas, programas institucionales y redes de apoyo que garantizan derechos.

Dimensiones clave: independencia y participación social

El modelo de Schalock y Verdugo propone un marco de trabajo esencial para evaluar la calidad de vida, dividiéndola en dominios que facilitan la intervención profesional y social.

Independencia y autodeterminación

La independencia en la vejez no solo se refiere a la salud física, sino a la capacidad de tomar decisiones sobre la propia vida. La promoción de la autodeterminación permite que las personas mayores ejerzan su autonomía en aspectos como la salud, el manejo del tiempo libre y la vida afectiva. Estrategias como la "Universidad de la Experiencia" han demostrado que el aprendizaje continuo y el reconocimiento de la "sabiduría" o inteligencia práctica del adulto mayor son factores protectores frente al aislamiento.

Participación social y redes de apoyo

La sensación de soledad y el riesgo de aislamiento social son preocupaciones actuales de gran magnitud. Estudios recientes indican que un porcentaje significativo de personas mayores vive sola, y la pandemia ha exacerbado estos sentimientos. La participación en la comunidad, las relaciones interpersonales positivas y el apoyo social son pilares de la salud mental. Se requiere, por tanto, transformar el paradigma del envejecimiento para evitar el edadismo, que a menudo conduce a un cuidado insuficiente o a la exclusión de actividades cotidianas basadas en prejuicios sobre la edad.

Esquema de los determinantes sociales de la salud y su impacto en el bienestar del adulto mayor.

Desafíos en la implementación de políticas públicas

Aunque existen marcos normativos internacionales y nacionales, como la Política Nacional de Envejecimiento y Vejez en Colombia o el compromiso del SENAMA en Chile, la realidad cotidiana muestra brechas importantes. La precariedad del sistema de pensiones y las dificultades de acceso a servicios de salud de calidad son barreras que impiden una vida digna.

Factor Impacto en la calidad de vida
Salud física y mental Prevención de dolor y deterioro cognitivo.
Soporte económico Acceso a bienes básicos y seguridad social.
Redes sociales Prevención del aislamiento y fomento de la pertenencia.

Para construir mejores condiciones de vida, es necesario diseñar políticas públicas que consideren el sentir y las necesidades reales de este grupo etario, integrando la actividad física, el apoyo psicosocial y una atención médica personalizada que respete la dignidad humana.

La importancia de los mayores en nuestra sociedad

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