El enamoramiento es un proceso inconsciente; nunca decidimos deliberadamente de quién enamorarnos. Cuando nos enamoramos de alguien mayor que nosotros, nos referimos a relaciones donde la diferencia de edad es significativa. Este fenómeno, que antes generaba controversia, ahora es parte de la diversidad de formas en que se vive el amor en el siglo XXI.

¿Por Qué Nos Atraen las Personas Mayores?
Existen múltiples razones por las cuales las personas eligen relacionarse con personas mayores, que van desde aspectos psicológicos y emocionales hasta factores sociales y culturales. Parte del proceso de autoconocimiento pasa por identificar nuestras tendencias inconscientes. Las relaciones de pareja, desde este punto de vista, son un proceso mediante el cual nos relacionamos con alguien para recuperar aspectos inconscientes de nuestra personalidad.
Factores Psicológicos y Emocionales
- Búsqueda de estabilidad emocional: Las personas mayores, debido a su mayor experiencia de vida, suelen haber desarrollado un mayor control emocional. Por ejemplo, un hombre joven que creció en un ambiente familiar caótico puede sentirse atraído por una mujer mayor que proyecta serenidad.
- Admiración: La pareja mayor, debido a su mayor conocimiento y experiencia, genera una admiración genuina en la pareja más joven. Una mujer joven puede sentirse atraída hacia un hombre mayor que le ofrece una nueva perspectiva de vida.
- Deseo de protección y cuidado: Este patrón se da en ambos géneros. En muchos casos, mujeres mayores también asumen un rol protector en sus relaciones con hombres más jóvenes, proporcionando estabilidad emocional y, en algunos casos, financiera.
- Apertura mental y menos juicio: Las personas jóvenes pueden encontrar en las mayores una mayor apertura mental y menos juicio, en comparación con su generación. Para quienes no encajan en las normas de su grupo etario, una relación con alguien mayor puede ofrecer aceptación y comprensión.
- Influencia de figuras parentales: Independientemente de cómo haya sido nuestro padre biológico, todos tenemos una imagen interna de lo que es o debería ser un padre. Esta figura arquetípica puede influir en nuestra elección de pareja y lo podemos reconocer revisando las situaciones que hemos experimentado de niños o adolescentes. Todos los aspectos paternales o maternales que no son cubiertos durante nuestra infancia conforman una serie de carencias que intentaremos suplir a través de nuestras relaciones interpersonales. Por eso, en este tipo de pareja amamos las características que asociamos inconscientemente con una persona mayor que nosotros.
Factores Sociales y Económicos
- Estabilidad económica: Las personas mayores pueden tener mayor estabilidad financiera, lo que resulta atractivo para quienes buscan seguridad económica. Por ejemplo, un hombre joven que enfrenta dificultades económicas puede sentirse atraído por una mujer mayor con éxito y estabilidad financiera. Esto le permite enfocarse en su desarrollo personal o profesional sin la presión constante de la incertidumbre económica.
Dimensión Física y Sexual
Contrario a lo que muchos piensan, las relaciones con personas mayores también tienen una importante dimensión física y sexual. Las personas mayores pueden tener una sensualidad y confianza en sí mismas que resultan muy atractivas para sus parejas más jóvenes. Tanto hombres como mujeres pueden encontrar en su pareja mayor una mayor satisfacción en sus necesidades físicas y emocionales, debido a una mayor libertad y comodidad en el ámbito sexual.

Ejemplo de una Relación con Diferencia de Edad
Imaginemos a María, una mujer de 30 años que inicia una relación con Carlos, un hombre de 55 años. María ha tenido relaciones inestables con personas de su edad, lo que la ha dejado emocionalmente agotada. Carlos, por su parte, es un hombre con una carrera estable y una vida emocional tranquila. Esta relación no se basa en un intercambio superficial, sino en la comprensión y respeto por las diferencias de edad y por los aspectos que los unen. Tanto hombres como mujeres encuentran atractivos diversos aspectos en sus parejas mayores, lo que demuestra que el amor y la atracción no dependen necesariamente de la edad. Estas relaciones, cuando están basadas en respeto mutuo y comprensión, pueden ser tan satisfactorias y saludables como cualquier otra.
La Resonancia del Amor
En última instancia, no es cuestión de edad, sino de resonancia. Como cualquier tipo de relación, las dificultades que podamos tener en la interacción van mucho más allá de la diferencia de edad, cultura, religión o raza. Si queremos entender hasta qué punto una relación puede o no ser constructiva, tenemos que observar cuestiones más básicas como las emociones que suscita. No existe un modelo de pareja ideal, ya que cada combinación de dos seres puede tener objetivos y necesidades diferentes. En nuestras relaciones expresamos creencias, lealtades y diversas necesidades que afloran desde nuestro inconsciente. Todas estas creencias están basadas en experiencias particulares y, en ocasiones, acaban suponiendo más limitaciones que ayuda.
Autoconocimiento a Través de las Relaciones
Todas nuestras relaciones sirven para conocernos mejor. Es importante plantearse preguntas introspectivas como:
- ¿Qué es lo que me atrajo de él cuando lo conocí?
- ¿Cómo me siento acerca de mí misma cuando estoy con él?
- ¿Qué rol ocupa él en mi vida?
- ¿Podría estar buscando en esta relación algo que necesité de mi padre y y no obtuve?
- ¿Estoy intentando compensar o evitar algo que vi en la relación entre mis padres?
- ¿Existen patrones similares en las relaciones de las mujeres de mi familia? Pregúntate si tu madre, abuelas, tías, etc.
- ¿Qué valores o creencias familiares tengo sobre las relaciones y las edades?
Cada relación que elegimos tiene un propósito, una enseñanza que puede guiarnos hacia una mejor versión de nosotros mismos.
V. Completa. ¿Por qué nos equivocamos tanto en el amor? Walter Riso, doctor en Psicología y escritor
El Amor en la Edad Adulta Mayor
La presencia de vínculos emocionales con una pareja es un factor que contribuye a una adaptación óptima de la persona durante toda la vida adulta. Estos beneficios se extienden, por supuesto, también a las últimas décadas de la vida. Las personas mayores que poseen este tipo de vínculo disfrutan, en general, de una mejor salud física y mental, una mejor situación económica, menores probabilidades de tener hábitos perjudiciales para la salud y, sobre todo, disponen de un elemento fundamental de apoyo instrumental y emocional, lo que a su vez se relaciona con unos mayores niveles de bienestar psicológico. El amor no tiene edad; enamorarse y conocer a una persona con la que estar cada día es una sensación preciosa y que siempre buscamos, independientemente de nuestra edad.
Beneficios del Amor en la Tercera Edad
El amor en las personas mayores es muy positivo y aporta múltiples beneficios:
- Compañía: Tener a una persona al lado es una de las cosas que más se valora cuando se es mayor, no solo por la compañía, sino también por el apoyo en caso de necesidad.
- Ilusión: La ilusión de estar enamorado es algo que nunca se pierde. Las ganas de levantarse cada mañana para ver a la otra persona un día más siguen, a pesar de la edad, muy presentes. Es una forma de volver a tener ilusión por la vida, de vivir con más intensidad, siendo más feliz y viendo a los que te rodean felices al ver que estás estupendo/a.
- Socializar: Cuando se cumplen años, se va dejando a un lado esta faceta, y es importante no perderla.
- Trabajar la memoria: Uno de los trastornos más frecuentes en las personas mayores es la demencia. Sin embargo, es algo que se puede trabajar, y el mantener una relación activa y estimulante contribuye a ello.
La Evolución de la Relación de Pareja a lo Largo del Tiempo
Desde un punto de vista evolutivo, la satisfacción con la relación de pareja parece seguir un patrón en forma de «U». En los inicios, la relación es altamente satisfactoria para ambos miembros de la pareja. Sin embargo, a medida que la relación avanza y especialmente a partir del nacimiento de los hijos y los desafíos que implica su crianza, la satisfacción marital promedio decrece y suelen aumentar los conflictos. En las parejas de larga duración que han sobrevivido más de tres décadas a la aparición de esos conflictos y que han sabido resolverlos, la satisfacción marital vuelve a ser muy alta. Pese a ello, y con independencia de la edad, los beneficios de la vida en pareja parecen ser mayores para los varones que para las mujeres. No solo la satisfacción marital de los varones suele ser más alta que la de las mujeres, sino que mientras los varones casados manifiestan mayor satisfacción vital que los solteros, en las mujeres este efecto no aparece o es justo el contrario.
Otro cambio importante que experimentan las parejas a medida que avanzan en su relación tiene que ver con el ámbito sexual. Ciertamente, una mayoría de las parejas mayores continúa manteniendo este tipo de relaciones y su cese, cuando se produce, parece estar vinculado más con la aparición de ciertos cambios no deseados (típicamente enfermedades graves en uno u otro miembro de la pareja) que con el desinterés o la desmotivación sexual, aunque también parece cierto que la frecuencia de las relaciones sexuales tiende a disminuir con el paso de los años.
Al hilo de cambios como este, algunas investigaciones sugieren que, más allá de los niveles cuantitativos de satisfacción marital, la relación de pareja se transforma cualitativamente a medida que pasa el tiempo. Las parejas mayores se caracterizan, de esta manera, por unos niveles de compromiso mutuo, de implicación emocional y de confianza mayores que los que muestran las parejas más jóvenes. Esta tendencia coincide con los resultados de algunas líneas de investigación, que parecen indicar que las personas mayores valoran más que las jóvenes los aspectos afectivos y emocionales de la vida y de las relaciones personales y, al mismo tiempo, son capaces de regular las propias emociones de manera más eficiente. Esto contribuiría a la presencia de mayores emociones positivas en los matrimonios de larga duración, protagonizados por personas mayores con 3, 4 y aún más décadas de vida en común.
La Teoría Triárquica del Amor de Sternberg
Una propuesta útil en esta diferenciación en componentes de la relación amorosa es la que propone Sternberg. Su modelo, denominado «teoría triárquica del amor», es uno de los más populares en el estudio de las relaciones amorosas desde la psicología social y plantea que la experiencia amorosa está configurada por tres grandes factores: la intimidad, el compromiso y la pasión.

Componentes del Amor según Sternberg
- Intimidad: Definida como el sentimiento de tener un vínculo afectivo especial con la persona amada. Implica promover el bienestar del otro, la comprensión mutua, una comunicación fluida, la compenetración con el otro y el hecho de compartir emociones, valores, gustos o actividades. Para Sternberg, la intimidad es el componente emocional del amor.
- Pasión: Hace referencia a la experiencia de necesitar al otro y sentir deseo de él o ella, un deseo que implica una activación fisiológica y, en el caso del amor de pareja, en buena parte un aspecto sexual. La pasión sería el componente motivacional y energético del amor.
- Compromiso: Se refiere a la decisión de mantener la relación con la otra persona, tanto a corto como a largo plazo. Es la disposición a sostener la relación en el tiempo a pesar de las dificultades que se puedan presentar. Sería, para Sternberg, el componente cognitivo del amor.
Esta estructura en tres factores ha sido apoyada en lo fundamental por la investigación empírica realizada hasta el momento, ya sea llevada a cabo por el propio Sternberg o por otros investigadores. En España, la utilidad del modelo ha sido demostrada en investigaciones como las de Serrano et al. o Yela. Sin embargo, en los estudios anglosajones y en los realizados en España, las muestras utilizadas no corresponden a personas mayores. En la práctica totalidad de ellos se trabaja con muestras de estudiantes o, en todo caso, con personas entre los 20 y los 30 años de edad.
Ya desde su propuesta inicial, Sternberg planteó que las relaciones amorosas podían cambiar con el tiempo y que, en concreto, la trayectoria temporal de cada componente podría ser diferente. En las primeras fases de la relación, el componente de pasión tendería a ser el más importante, para luego declinar de manera muy significativa. En contraste, los componentes de intimidad y compromiso tenderían, partiendo de un nivel inferior, a crecer de manera marcada durante los primeros años (especialmente el componente de intimidad), para luego mantenerse en niveles altos durante el resto de la relación. Estas diferencias de los componentes en función de la duración de la relación han sido confirmadas por un estudio realizado en España por Yela, aunque según sus datos, la dimensión pasional del amor se desvía algo de lo inicialmente propuesto por Sternberg, creciendo menos abruptamente al principio y después descendiendo de manera más suave de lo esperado hasta llegar a una cierta estabilidad.
Yela explica esta discrepancia argumentando que en el cuestionario original de Sternberg, junto con elementos de pasión claramente eróticos, nítidamente vinculados con la motivación sexual, se encuentran también otros de carácter más romántico (idealización del otro, creencia de la omnipotencia del amor, etc.) que serían los que amortiguan la caída de la dimensión pasional a medida que avanza la relación. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que, en este estudio de Yela, la media de edad de los participantes apenas alcanza los 23 años, con un promedio de 2,9 años de duración en su relación de pareja. Así, en resumen, ninguno de estos estudios se centra en parejas mayores con relaciones de muy larga duración. Además, cuando tienen en cuenta grupos de personas con diferentes duraciones de su relación de pareja, son muy raros los casos con relaciones que superan los 10 o 15 años y se asume que tras esos años la estabilidad es la norma. La cuestión de qué pasa más allá, y en especial en la vejez, cuando las relaciones es probable que sean muy duraderas, permanece en gran medida sin respuesta.
Precisamente, el objetivo general del presente trabajo es ayudar a aumentar nuestro conocimiento de estas parejas mayores de larga duración, prestando atención a la experiencia amorosa de los implicados en ellas. De manera más específica, se pretende, por una parte, evaluar el funcionamiento de la escala de Sternberg en una muestra de personas con relaciones de pareja de muy larga duración y, por otra, examinar el efecto que algunas variables podrían tener en la relación amorosa que experimentan este tipo de personas. Aunque el objetivo fundamental es de carácter exploratorio, estudios previos permiten plantear una serie de hipótesis, entre ellas:
- Si los tres componentes de Sternberg presentan patrones distintos de evolución temporal, en las relaciones amorosas de larga duración se encontrarán diferencias entre sus puntuaciones. En concreto, la intimidad y el compromiso mantendrán niveles altos, mientras que la pasión presentará puntuaciones significativamente menores.
- Las mujeres presentarán puntuaciones ligeramente menores que las de los varones en las medidas de satisfacción marital, y puntuaciones también menores que estos en los componentes de la experiencia amorosa diferenciados por Sternberg.
- Si tras una serie de años (típicamente 10 o 15) la experiencia amorosa se estabiliza, no habrá efectos asociados con la edad en las medidas de la experiencia amorosa obtenidas en una muestra de personas mayores implicadas en relaciones de larga duración.
Metodología de un Estudio sobre Parejas de Larga Duración
En un estudio específico, se contaron con los datos proporcionados por 144 personas voluntarias, todas ellas mayores de 65 años, que vivían en la ciudad de Tarragona y su área de influencia. El muestreo fue intencional y se tuvieron en cuenta dos criterios de selección, además de la edad:
- Únicamente podían formar parte de la muestra personas que estuviesen conviviendo con la misma pareja desde hacía al menos 30 años.
- Dado que el sexo era una de las principales variables a estudiar, se intentó que la proporción de varones y mujeres participantes fuera similar para garantizar la posterior comparación entre ambos grupos.
Esta forma de obtener la muestra hace que no sea representativa, lo que tendrá consecuencias para la generalización de los resultados. Adicionalmente, la repetida incomprensión de diferentes preguntas por parte de determinado entrevistado aconsejaba también no tomar en consideración sus respuestas. Este hecho motivó la eliminación de 2 personas de la muestra definitiva.
Características de los Participantes
De las 144 personas que formaron parte de esta muestra definitiva, 75 fueron varones (52,1%) y 69 mujeres (47,9%). La edad media ± desviación estándar (DE) de los participantes fue de 73,06 ± 4,29 años y las mujeres (71,9 ± 4,24 años) eran ligeramente más jóvenes como promedio que los varones (74,1 ± 3,86 años). La duración media de la relación de pareja era de 46,6 ± 6,73 años (30 años en el menor de los casos y 58 años la relación más duradera). El número de relaciones anteriores antes de iniciar la de larga duración era, como media, de 1,08 ± 1,37. El 52% de la muestra no tenía ninguna experiencia de pareja previa antes de iniciar la relación de larga duración.
La gran mayoría de participantes estaba casada (95,8%) y vivía únicamente con la pareja, sin hijos u otra familia (86,1%). Por lo que respecta al nivel educativo de la muestra, el 22,9% manifestó no haber acabado los estudios primarios, mientras que el 50% disponía únicamente de estos estudios básicos. Por el contrario, el 18,8% de los participantes tenía estudios secundarios y el restante 8,3% estudios universitarios. Respecto al nivel económico, el 7% manifestó que los ingresos de su unidad familiar (sumando los propios y los de la pareja únicamente) no superaban los 600 €. Los siguientes 3 intervalos considerados (600-900, 900-1.200 y 1.200-1500 €) constituyeron cada uno de ellos el 25,7% de la muestra. Por último, el 14,2% de los participantes mencionó disponer de ingresos superiores a 1.500 € mensuales.
Variables Evaluadas
El estudio contó como variables criterio con los componentes de la experiencia amorosa, tal y como es concebida y medida desde el modelo propuesto por Sternberg. Adicionalmente, también se incluyó como criterio variable la satisfacción marital, evaluada mediante la escala de Hendrick.
Las tres principales variables predictoras fueron el género, la edad de los participantes y la duración de su relación de pareja. El género se categorizó con dos valores, 0 (varón) y 1 (mujer), mientras para la edad y la duración se utilizó el valor directo en años que proporcionó el participante. Adicionalmente, se contemplaron otras variables, como el número de relaciones de pareja estables anteriores, el nivel de estudios (con 4 intervalos de respuesta: sin estudios, primarios, secundarios, universitarios), los ingresos de la unidad familiar (con 5 intervalos de respuesta), la percepción del grado de religiosidad (con 4 categorías de respuesta), la percepción de frecuencia de discusiones (con valores que iban desde 0 para «nunca» a 4 para «muy frecuentemente»), quién inicia las discusiones (yo, mi pareja, los dos, ninguno de los dos) y cómo se solucionan (cedo yo, cede mi pareja, cedemos los dos, no cede nadie). En estos últimos dos casos, los valores se codificaron con números de 0 a 3.
Materiales y Procedimiento
Para evaluar la experiencia amorosa se utilizó la escala de Sternberg. Esta escala está compuesta por 45 ítems con un formato de respuesta tipo Likert de 5 alternativas (de totalmente en desacuerdo a totalmente de acuerdo). La escala tiene, ordenados de manera aleatoria, 15 ítems que miden cada uno de los tres componentes del amor descritos por el autor (intimidad, pasión y compromiso). Todos están formulados de manera positiva, por lo que para calcular la puntuación de un componente únicamente se han de sumar las puntuaciones de sus ítems.
En este estudio, y con el fin de facilitar la respuesta, el entrevistador leía el ítem y al mismo tiempo presentaba una lámina con una línea graduada de 5 puntos (cada uno con la etiqueta de la alternativa correspondiente). El participante tenía que señalar el punto de la línea graduada que mejor se ajustaba a su respuesta. Este procedimiento resultó especialmente útil con los participantes, que en su mayoría estaban poco acostumbrados a responder a cuestionarios de esta naturaleza. Por otra parte, esta forma de respuesta facilitaba que el entrevistador pudiera detectar sesgos, como el de aquiescencia (e insistir en el ítem si era necesario), que pueden aparecer en escalas con todos los ítems redactados en positivo.
Para finalizar se aplicó la Escala de Satisfacción Marital de Hendrick. Debido a que la versión en español de la escala, efectuada por la propia Hendrick, había sido realizada en México, fue necesario adaptar ligeramente algunas expresiones para adecuarla al español de España. En cualquier caso, la escala consta de 7 ítems de 5 alternativas de respuesta cada uno de ellos.
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