El Cuarto Tribunal Oral en lo Penal de Santiago condenó a dos de las cuatro acusadas por la muerte de Lissette Villa, la menor de 11 años que falleció al interior del CREAD Galvarino del Sename en abril de 2016. Las otras ex funcionarias fueron absueltas. Este caso derivó en otros seis, donde se señalaron apremios ilegítimos ocurridos entre 2015 y 2016 en dicho centro.
El tribunal condenó a Conne Fritz y Thiare Oyarce por apremios ilegítimos. Por su parte, absolvió a Jessica Figueroa (ex coordinadora de turno) y a Mónica Monje (ex directora del recinto), ya que se estableció que la primera no se encontraba en el lugar y la segunda se enteró del hecho después de que la niña perdiera el conocimiento.
Durante la investigación, iniciada en mayo de ese año, el Servicio Médico Legal (SML) determinó que la causa de muerte de Lissette Villa fue "asfixia por sofocación producto de compresión mecánica externa". Esta conclusión se basó en que dos cuidadoras intentaron contenerla, colocándola en el suelo boca abajo y subiéndose sobre su espalda con el objetivo de inmovilizarla.

Los Últimos Momentos de Lissette Villa
El 11 de abril de 2016, cerca de las 20:20 horas, la jefa técnica del CREAD Galvarino recibió un llamado telefónico informando que Lissette se habría “descompensado”, un término utilizado en el Sename para describir una desregulación emocional y agitación psicomotora de un niño/a. Así lo aprendió la directora del centro cuando ingresó al CREAD Galvarino en 2012. Al recibir la noticia, la directora, quien se había retirado cerca de las 18:40 horas, regresó al centro.
Previo a su retiro, aproximadamente a las 18:30 horas, Lissette había ido a la oficina de la directora a pedir “ropa de guagua”, algo que no sorprendió, ya que la directora acostumbraba a regalarle muñecas, pues a Lissette le gustaba jugar a ser madre. La directora le explicó que no tenía en ese momento, pero que apenas consiguiera se la haría llegar con la encargada de su casa. Lissette respondió “Ya tía” y se despidieron con un abrazo y un beso.
Al llegar al CREAD cerca de las 20:50 horas, la directora observó desde Blanco Encalada hacia Bascuñán Guerrero las ambulancias y vehículos de Bomberos y Carabineros con sus balizas encendidas, una imagen que anticipó la complejidad de la situación. Apenas ingresó al centro, se dirigió a la jefa técnica, acompañada por uno de los trabajadores sociales del CREAD, para preguntar qué había pasado. La información era escasa y confusa, y todos estaban en estado de shock. En las afueras de las oficinas de dirección, Lissette estaba extendida en el piso y a su alrededor el equipo del SAPU y Bomberos la estaban reanimando.
Aproximadamente a las 21:05 horas, cesaron los esfuerzos de reanimación. Todos los que estaban allí irrumpieron en llanto. Los recuerdos de lo que siguió son una secuencia de llamadas telefónicas, la llegada de autoridades del servicio y la prensa, que se apostó de forma inmediata. Esa misma noche comenzó otra historia: de omisiones, secretos, ocultamientos e inculpaciones cruzadas.
Los medios de comunicación daban cuenta de versiones distintas y con escaso rigor; sectores políticos pedían “cabezas”. Al otro día ya se rumoreaba que la causa de la muerte habría sido una sobredosis de medicamentos. En un momento en que lo único sensato era esperar los resultados del Servicio Médico Legal, distintas versiones iban y venían. La encargada de turno relató su versión de los hechos el 11 de abril, pero once días más tarde esta fue desvirtuada por la declaración de otra niña, testigo ocular, que involucró a funcionarias del centro. Esto fue lo que se filtró a la prensa, y meses después, aparecieron dos causas de muerte opuestas.
La historia que remeció al Sename: A 5 años de la muerte de Lissete Villa
La Trayectoria de Lissette en el Sistema Sename
El horror de Lissette no se limitó a los minutos previos a su muerte, cuando solo le faltaban días para cumplir 12 años. Lissette nació el 25 de abril de 2004 y durante todos sus cortos años estuvo marcada por problemas que le fueron dejando heridas familiares profundas, las que también fueron provocadas y agravadas por omisiones y decisiones erráticas del sistema de protección social en su conjunto.
Ingreso y Desafíos Familiares
Entre los hitos de su historia, se encuentra el abandono y la vida al alero de la institucionalidad del Sename. Lissette tenía 5 años cuando ingresó por primera vez a una residencia. A partir de ese momento, la psicóloga del CREAD (quien posteriormente fue directora del recinto) conoció el proceso que vivió Lissette. Ni el padre ni la madre consiguieron jamás recuperar el cuidado de Lissette, quien era visitada de manera intermitente, con largos periodos sin visita alguna.
Los meses transcurrieron y, ante la situación, se optó por la posibilidad de derivarla a un Hogar de Protección con dinámica de “apadrinamiento”. En paralelo, se inició la búsqueda de una residencia más idónea para Lissette, ya que el pronóstico no fue favorable para que ella regresara con su familia de origen. La ausencia de visitas regulares de sus padres le provocaba a la niña una doble sensación de abandono.
Aunque se trabajó psicosocialmente con la niña, la separación del CREAD Galvarino y el proceso de inclusión a su nueva residencia presentaron dificultades. A raíz de lo anterior, la psicóloga del CREAD (en ese momento) junto con otra educadora comenzaron a visitar a Lissette en su nueva residencia para apoyar su adaptación. Poco después, se supo de la intención de esa residencia de solicitar que la niña fuera reingresada al CREAD Galvarino, declarándose incompetente para asumir su cuidado.
Regresos al CREAD Galvarino y Situación de Hermanos
Su regreso al Galvarino se concretó el 12 de noviembre de 2013. No había transcurrido un mes de su vuelta a este centro cuando se produjo el primer ingreso de uno de sus hermanos al sistema residencial proteccional. Después sería el turno de una de sus hermanas. Antes de que Lissette reingresara al CREAD Galvarino, la niña fue llevada por su anterior residencia al Hospital San Borja Arriarán para una atención psiquiátrica. El año 2014, recién se iniciaba cuando ingresó al CREAD Galvarino su hermana menor.
A raíz de problemas familiares, la hermana mayor reconoció las dificultades que enfrentaba para continuar con el cuidado de la niña, situación comprensible por su corta edad e historia propia de vulneraciones. Así, la dupla psicosocial a cargo del CREAD visualizó el cambio de residencia de las hermanas, considerando las visitas intermitentes de los padres y la inexistencia de adultos que asumieran su cuidado.
Así fue como en junio de ese mismo 2014, Lissette y su hermana menor se incorporaron a otra residencia más pequeña, modalidad Rem-Per. Lo que motivó el cambio fue la revelación por parte de Lissette de una experiencia de vulneración siendo pequeña, situación que le había generado una desregulación emocional y conductual, reportando la residencia colaboradora la presencia de altos niveles de agresión a terceros y a sí misma. Así fue como esa institución, sin transar ni flexibilizar, también se declaró incompetente para asumir su cuidado. En noviembre de 2014, Lissette fue dada de alta del hospital.
Al principio no hubo dificultades, pero en el transcurso de las semanas su conducta comenzó a complejizarse. Seguía sin visitas de familiares, por lo que se empezó a coordinar el establecimiento de visitas regulares con su hermana menor, que permanecía en la residencia antes aludida. En octubre de 2015, tras meses de ausencia, la madre de Lissette se presentó en el CREAD Galvarino, siendo entrevistada por la dupla psicosocial responsable de la niña. A partir de ese momento, la madre retomó las visitas los fines de semana, para lo cual el CREAD asumió el subsidio del costo del traslado de la madre desde Til Til.
Atención Médica y Farmacológica
En el ámbito médico, Lissette se mantenía con atención psicológica y psiquiátrica en el Hospital San Borja Arriarán. Allí la niña recibía tratamiento farmacológico prescrito por un psiquiatra tratante, limitándose el CREAD a su administración y al reporte de sus efectos. Ante la gran ingesta de medicamentos, en una oportunidad se decidió solicitar que Lissette fuese reingresada al hospital para que fuera desintoxicada y se le diera un nuevo esquema medicamentoso.
Crítica al Funcionamiento y Estructura del Sename
La ex directora del CREAD Galvarino, Mónica Monje, manifiesta que si Lissette falleció, ese hecho es suficientemente contundente para que ella asuma que no puede salir “ilesa” de lo sucedido, aun cuando no estaba presente en el momento de su deceso. Lo asume como profesional, como psicóloga y directora del CREAD Galvarino. Escribir este testimonio obedece a su deseo de que una voz muy poco escuchada pueda ser oída. Todo lo que relata intentó decírselo a la actual directora del Sename, que en ese momento llevaba poco tiempo en el cargo.
Todos los documentos que dan cuenta de las gestiones que se hicieron antes de fallecer Lissette para intentar develar la precariedad del CREAD Galvarino fueron proporcionados a la Fiscalía. Se desconoce si se encuentran en la carpeta investigativa que ya abarca 17 tomos. Al iniciarse el juicio, a la directora le asistió la esperanza e incluso la convicción de que la justicia apuntaría a la totalidad de los reales responsables, penal, técnica y políticamente. Creía que la crisis del Sename se había hecho tan evidente para todos, que al fin el gobierno tomaría la decisión de intervenir esta institución, pero se equivocó. Todo el “mal” del Sename se centró en cinco o seis funcionarios inculpados. El resto (responsables de departamentos técnicos, encargados de salud, supervisores, jueces de familia y también parlamentarios que deciden los presupuestos y planificaciones sin conocer la realidad del Sename en las residencias), no fue interpelado.
La directora confiesa que este escrito también lo hace por Lissette. Porque la conoció, porque fue su psicóloga por unos años y conoció sus dolores, porque la cuidó y defendió, la acompañó en otras residencias, la visitó en las unidades de psiquiatría, la vio bailar pascuense, compartió su última Navidad, la vio jugar con muñecas y cuidar a los hijos pequeños de los funcionarios. También la escuchó decir: “Cuando sea mamá cuidaré a mis hijos, no los abandonaré”.
La crisis del Sename ha seguido su curso mientras los ejes principales del problema se han ido diluyendo. No ha habido una respuesta potente al cierre masivo de hogares de protección de organismos colaboradores por falencias económicas, técnicas y procedimentales. Lo mismo ha ocurrido con la segunda comisión investigadora de la Cámara de Diputados, que ha puesto la mira en los responsables políticos y no en el nudo principal de la crisis.
La Precariedad del CREAD Galvarino
Al llegar a este punto del relato, se considera necesario precisar cómo funciona un CREAD. Se intenta plasmar la precariedad y el trabajo solitario que allí dentro se realiza, así como la jerarquía que allí opera y quién diseña y decide las orientaciones técnicas.
Jerarquía y Protocolos
En un servicio jerarquizado como el Sename, toda orientación técnica proviene de su dirección nacional. En lo que respecta al sistema de protección -cuya línea de mando es diferente a la que sigue el sistema de Justicia Juvenil-, la instancia desde donde emanan todas las orientaciones técnicas es el Departamento de Protección y Restitución de Derechos (Deprode). Es ahí donde se elaboran protocolos, orientaciones técnicas, instructivos, etc. Aquí yace un punto central del funcionamiento -y mal funcionamiento- de los centros.
Un ejemplo de ello son los canales de retroalimentación de un CREAD. Toda propuesta técnica que emane de la dirección o equipo de un centro debe ser validada por el departamento técnico central (Deprode). El problema es que, por lo general, ese departamento es un ente cerrado e impermeable a las sugerencias que se elaboran desde los equipos técnicos y profesionales de los centros. No ha habido ninguna interpelación ni a las autoridades del Sename ni a las de su Departamento de Protección y Restitución de Derechos (Deprode). La jefa de este departamento, en declaración a la Fiscalía, se desentiende de la elaboración del protocolo de actuación en crisis donde se explicitan las contenciones autorizadas por el servicio.

Cambio de Denominación y Aumento de Plazas
Aproximadamente en el año 2010, por temas de corte administrativo y económico (relacionados con la Dirección de Presupuesto del Ministerio de Hacienda), se procedió a renombrar a los centros que albergaban niños/as tras una orden de un tribunal en modalidad proteccional residencial. Así, los llamados Centro de Tránsito y Diagnóstico (CTD) pasaron a denominarse Centros de Reparación Especializado de Administración Directa (CREAD).
A la luz de la experiencia de estos casi siete años, sería importante saber qué hecho motivó que el Departamento Técnico decidiera el aumento de plazas de niños/as posibles de atender. Esa situación generó mucho ruido, ya que si bien se mantenían los mismos funcionarios, las “nuevas” orientaciones técnicas indicaban que se debía hacer un trabajo “reparatorio” de cada niño/a ingresado. Una meta imposible, ya que ampliar las plazas atenta contra el trabajo de intervención en todas sus dimensiones.
Así, una vez que la directora asumió el cargo en el CREAD, informó a todos los Tribunales de Familia que se encontraban con alta dotación de niños varones, a punto de no contar con camas para recibirlos. Hicieron oídos sordos. El aumento de las plazas generó, además, mayor hacinamiento, concepto prohibido en el Sename. Del mismo hecho informó a las autoridades del Sename. En un documento se sistematizaron los perfiles, las complejidades y las necesidades de cada niño/a, y la urgencia de despeje de niños/as de otros perfiles a residencias simples. La respuesta fue insuficiente, momentánea y de parche.
Falta de Capacitación y Recursos Humanos
Así, en 2010 se erige el CREAD con los mismos profesionales y los mismos educadores de trato directo, sin un plan de capacitación coherente con el nuevo modelo. Las capacitaciones que se han desarrollado no solo no responden al modelo instaurado, sino que han incluido a un reducido grupo de profesionales técnicos y/o administrativos y de trato directo. Nunca abarcaron a la totalidad de los funcionarios del CREAD y siempre fueron resorte exclusivo del Deprode.
Cabe señalar que en el CREAD Galvarino se recibían -y se siguen recibiendo- a niños con trastornos del tipo Autista Asperger, niños/as con dificultades motoras de desplazamiento y con enfermedades crónicas (asma, corazón, etc.). Además, muchos de ellos han sido abandonados y vulnerados, lo que construye una doble o triple realidad afectiva-emocional-intelectual. Es decir, los centros deben hacerse cargo de la salud física y mental de niños que requieren de tratamientos altamente especializados para recuperarlos y rehabilitarlos.
Condiciones de Salud y Ausencia de Profesionales
Los centros tampoco tienen las mínimas condiciones de atención de salud. En febrero de 2016, como directora del CREAD, se solicitó a la Dirección Regional del Sename la contratación de un pediatra, o al menos de horas pediátricas. Al momento de fallecer Lissette, ni siquiera se había recibido una respuesta.
Las diez horas semanales de atención de un psiquiatra se consiguieron tras una solicitud de las duplas psicosociales del CREAD Galvarino en 2014, documento que fue socializado por una de las asociaciones de funcionarios. Las dos enfermeras están contratadas a honorarios (una media jornada y la otra jornada completa), y después de las 18:00 horas y los fines de semana, no se cuenta con profesionales de la Salud. Además, al estar contratadas a “honorarios” no tienen responsabilidad administrativa ante una eventual mala praxis.
Lo cierto es que, para que exista presupuesto o se visualice una necesidad, es el Deprode el que tiene que estipularlo. Y la experiencia indica que, para ese departamento, basta con la atención psicosocial.
Reflexiones sobre la Responsabilidad y la Justicia
La mañana del lunes, ante el Cuarto Tribunal Oral en lo Penal de Santiago, se desarrolló la última jornada de alegatos de clausura por el caso de Lissette Villa. Durante el juicio se logró acreditar que el 11 de abril de 2016, la ausencia de su mamá a una visita y su posible traslado al CREAD Pudahuel, provocaron que Lissette estuviera inestable emocionalmente.
En la primera jornada de alegatos de clausura, el tribunal informó sobre una posible recalificación de delitos, incluyendo el tipo penal de homicidio y cuasidelito de homicidio. Al respecto, la abogada querellante, María Elena Santibáñez, señaló que “el llamado a recalificar estas conductas supone desconocer absolutamente las conductas previas ejecutadas por las imputadas, en el sentido de apremiar ilegítimamente y dolosamente a Lissette”.
Sobre la situación de la ex directora del CREAD, Mónica Monje, y de la coordinadora de turno de los educadores de trato directo, Jessica Figueroa, Santibáñez enfatizó que “su obligación era velar porque se respeten las reglas y se proteja la vida y la integridad física de los niños y niñas”. La abogada aseguró que el único tipo penal capaz de absorber todo el desvalor de las conductas de los implicados es el de apremios ilegítimos, ya que los hechos se tratarían de “un castigo corporal practicado con intención de castigo, pero aún más, de un castigo contra el primer sujeto de protección que tiene el Estado, esto es, niños”.
Santibáñez subrayó que se trata de “niños que están en una situación de máxima desprotección, que no cuentan con redes familiares, y que por lo mismo han tenido que ser objeto de la intervención del Estado, internándolos en estos centros especiales, ¿y qué hacen estas personas que encarnan al Estado, estos empleados públicos?”.
Después de cinco años, con el cierre de los alegatos en el juicio por el triste fallecimiento de Lissette Villa, se insiste en que ella estaba bajo la responsabilidad del Estado y murió justamente en ese contexto de estar a cargo, no en circunstancias externas.