Imagínate en una isla lejana, atrapado con un extraño compañero y un faro que parece atraerte como un canto de sirena. Esta es la experiencia que vivieron los protagonistas de El faro (2019), la particularísima película de Robert Eggers, y es una sensación que resuena profundamente con los temas abordados por uno de los maestros del terror gótico, Edgar Allan Poe.
La Semilla del Abismo: "The Light-House" de Edgar Allan Poe
El faro (The Light-House) es un relato inconcluso del escritor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849). Este es, de hecho, el último relato que Poe dejó sin finalizar. Nos sitúa hacia el año nuevo de 1796 en algún lugar de Escandinavia, quizás en los fríos mares noruegos. El relato de Poe, como no podía ser de otro modo, plantea muchos enigmas.
Para algunos, puede tratarse del inicio de una novela, para otros, de un cuento de terror tradicional. Sin embargo, en él se abordan dos de los tópicos preferidos de Poe: el aislamiento y la paranoia. En este sentido, el guardián del faro podría ser el propio autor, expresando sus sentimientos de soledad y reclusión. La atmósfera de su obra recuerda a un cruce entre Poe y H.P. Lovecraft.

Diario de un Guardián Solitario
El relato se desarrolla a través de las entradas de un diario, donde el guardián del faro registra su descenso a la locura:
- El 1 de enero, el guardián escribe: "Hoy, mi primer día en el faro, hago esta anotación en mi diario, según lo acordado con De Grät. Llevaré el diario con la mayor regularidad posible, aunque Dios sabe lo que podría sucederle a alguien tan solitario como yo... Hasta ahora, todo bien. Mi ánimo mejora solo con pensar que estaré -al menos una vez en mi vida- completamente solo, pues por grande que sea Neptuno, es obvio que no se le puede considerar parte de la 'sociedad'. Sabe el cielo que nunca he confiado en la sociedad ni la mitad de lo que confío en este perro."
- Continúa expresando su sorpresa por la dificultad que tuvo De Grät para conseguirle el puesto, a pesar de ser un noble del reino. Menciona que las obligaciones son mínimas y las instrucciones claras, y enfatiza su deseo de estar solo, lo que le permitiría avanzar con su libro sin la distracción de un compañero como Orndoff.
- Sin embargo, el tono cambia al reconocer el "triste sonido de la palabra 'solo'". A pesar de intentar convencerse de que no permitirá que el aislamiento lo inquiete, nota algo extraño en el eco de los muros cilíndricos, aunque lo descarta como absurdo.
- El 2 de enero, describe un "éxtasis casi imposible de describir", una gratificación por la soledad que nunca había sentido. El viento amainó al alba y por la tarde el mar se había retirado.
- El 3 de enero, el día transcurre en "calma chicha". El mar parecía de cristal, sin rastro de nubes. Se entretiene explorando el faro, notando su impresionante altura de casi cincuenta metros desde el nivel del agua y su robustez, sintiéndose seguro incluso ante un huracán. No obstante, recuerda relatos de marineros sobre el mar subiendo a alturas excepcionales en ese punto, con la sola excepción del paso occidental del Estrecho de Magallanes.
Ecos de la Cordura Perdida: "El Faro" (2019) de Robert Eggers
La película de Robert Eggers tiene una posible influencia directa del relato de Poe, ya que comparte la premisa de un joven que, aislado en un faro, comienza a perder la cordura. La atmósfera de El faro (2019) evoca los cuentos de terror gótico, como si Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft se hubieran unido para escribir la historia.
En el film, el océano no es solo un decorado; es casi otro personaje, un abismo desconocido que despierta lo peor en aquellos que se atreven a mirarlo durante demasiado tiempo, ahondando en la psique de los personajes.
El faro - Trailer español (HD)
Simbolismo y Referencias Clásicas
La película está repleta de referencias mitológicas y simbolismo que enriquecen su compleja narrativa:
- El mito de Prometeo: La historia de Prometeo encaja perfectamente. Ephraim Winslow, el aprendiz interpretado por Robert Pattinson, se siente irresistiblemente atraído por la luz del faro. Esta obsesión no es solo curiosidad, sino una condena que lo lleva hacia su perdición. En cada ascenso hacia la luz, Winslow parece pagar un precio devastador.
- El mito de Sísifo: Este mito también aparece en escena. Winslow se ve inmerso en un ciclo de trabajos inútiles, como cargar barriles de aceite hasta lo más alto, una y otra vez, de manera similar a Sísifo, condenado a empujar una roca cuesta arriba para verla caer. Esta rutina absurda refleja la idea de la vida sin propósito que Albert Camus atribuía a Sísifo.
- Simbolismo cristiano: Eggers añade una capa de interpretación cristiana. La lucha entre los dos personajes, el joven Winslow y el viejo farero Thomas Wake (Willem Dafoe), es una batalla de fuerzas opuestas que evoca la iconografía de una catedral antigua. Wake actúa como un guardián de la luz del faro, un "San Pedro" moderno con sus llaves y sus juicios, anotando las faltas de Ephraim en un "diario de crímenes". Cada pecado tiene su precio, manifestándose en gaviotas vengativas y visiones de sirenas.
La Relación entre el Joven y el Viejo
En el fondo, la película parece girar en torno a la relación entre estos dos personajes: el joven y el viejo, la tradición contra lo nuevo. A medida que la trama avanza, la relación se vuelve tan confusa que los personajes empiezan a mezclarse. ¿Son dos caras de la misma moneda? ¿Representan diferentes aspectos de la psique humana? El aprendiz, ansioso por aprender y explorar, choca constantemente con el viejo farero, quien parece representar todo lo que Ephraim detesta y, al mismo tiempo, todo lo que teme convertirse.

Un Desenlace Ambiguo
Finalmente, Ephraim alcanza la ansiada luz, esa "verdad" que ha perseguido toda la película, pero el resultado es devastador. No hay redención ni héroes; la película cierra su ciclo sin ninguna certeza. La luz del faro queda como un símbolo ambiguo, un ideal que no se puede poseer sin pagar un precio incalculable.
El Legado de los Faros: Inspiración para la Literatura y el Cine
Los faros siempre han sido verdaderos monumentos del ingenio humano, capaces de guiar en las noches más oscuras. Una de las grandes innovaciones fue introducida en 1822 por Augustin-Jean Fresnel, quien inventó una lente que permitía concentrar la luz y hacer que esta llegara mucho más lejos, popularizándose a partir de 1860.
De este modo, la literatura ha recogido miles de historias sobre estos puntos luminosos, y la figura del cuidador del faro, aislado en su torre, ha servido como un potente arquetipo para explorar la soledad, la lucha contra los elementos y, en particular, el descenso a la locura, tal como magistralmente lo inició Poe y lo reinterpretó Eggers.