El Anciano Que Quería Aprender a Leer: Historias de Perseverancia y Transformación

La búsqueda del conocimiento no tiene edad. A lo largo del mundo, numerosas historias demuestran que el deseo de aprender a leer y escribir puede surgir en cualquier etapa de la vida, convirtiéndose en un motor de cambio personal y social. Estos relatos inspiradores nos invitan a revalorizar la educación y la tenacidad del espíritu humano.

Kimani Maruge: El Veterano de Kenia en el Aula

Una de las historias más conmovedoras es la de Kimani N'gan'ga Maruge, un veterano de 84 años del movimiento patriótico armado "Mau Mau" en Kenia, que decidió emprender su educación primaria. Su extraordinaria vida fue llevada a la pantalla grande en la película de drama biográfica de 2010, The First Grader (Mi compañero de clase octogenario / El estudiante de primer grado).

Una Historia Inspiradora en la Pantalla Grande

Situada en un pueblo de montaña en Kenia, la película narra la historia real de Maruge, quien, tras luchar por la libertad de su país contra el dominio colonial británico, estaba decidido a aprovechar su última oportunidad para aprender a leer y escribir. En 2003, un locutor anunció por radio que el gobierno de Kenia ofrecía educación primaria gratuita a todos los nativos con certificado de nacimiento. Maruge, de 84 años, escuchó esto y decidió comenzar su educación, uniéndose a una clase de niños de seis años de edad.

Cartel de la película The First Grader

Al llegar a su escuela local, conoció a Jane Obinchu, la directora y maestra, a quien expresó su deseo de aprender a leer. La perseverancia inquebrantable de Maruge impresionó profundamente a Jane, quien le brindó su máximo apoyo. Sin embargo, durante las clases iniciales, Maruge estaba plagado de recuerdos de su servicio durante el Levantamiento de Mau Mau en la década de 1950. Comenzó a alucinar y a volverse agresivo con los estudiantes, luchando por continuar con sus estudios. Juntos, él y su joven profesor resistirían y encontrarían una nueva manera de superar las cargas del pasado colonial.

Pronto, la historia de un anciano en la escuela se coló en los titulares nacionales. Al reunirse con el jefe de la junta de educación para defender el caso de Maruge, Jane fue rechazada. Se le explicó que, si se hacía una excepción para mantenerlo en el sistema educativo, otros seguirían su ejemplo y muchas escuelas eventualmente se llenarían de personas mayores estudiando junto a niños. Maruge fue obligado a asistir a un centro de aprendizaje para adultos, rodeado de personas sin motivación ni ambición para estudiar. Entonces prometió no volver nunca a esa institución.

A medida que su historia ganaba publicidad y atención, la prensa local se acercó a la escuela, provocando fricciones entre los padres. Los aldeanos creían que Jane y Maruge buscaban fama y fortuna a expensas de los niños. Jane se despidió de Maruge y el resto de sus alumnos. Tras las protestas y desobediencia hacia el nuevo maestro, Maruge viajó a Nairobi para apelar a la junta de educación, y Jane fue reinstalada en la escuela. El epílogo de la película muestra que, a los 84 años, Maruge es la persona de mayor edad en comenzar la escuela primaria según el Libro Guinness de los récords mundiales. Además, fue invitado a dar un discurso ante líderes internacionales en la ONU en Nueva York sobre el poder de la educación, inspirando a toda una nueva generación de personas a ir a la escuela por primera vez.

Producción y Recepción de "The First Grader"

La película The First Grader fue dirigida por Justin Chadwick y protagonizada por Oliver Litondo como Maruge y Naomie Harris como Jane Obinchu. El productor de cine estadounidense Sam Feuer encontró la historia en la portada del LA Times y adquirió los derechos. Junto a Richard Harding, se asociaron con BBC Films y contrataron a Ann Peacock para escribir el guion. La película fue filmada en locaciones del Valle del Rift en Kenia. Los críticos destacaron que, aunque la película no emplea técnicas especiales y el director simplemente narra la historia de manera honesta, la fuerza de la propia historia atrae a los espectadores, permitiendo al público comprender la historia y la realidad de Kenia.

The First Grader (2011) Official Trailer

Dionisio Cerrada Somolinos: Un 'Niño' de la Posguerra que Descubre las Letras

En España, encontramos otra conmovedora historia de aprendizaje tardío, la de Dionisio Cerrada Somolinos. A sus 85 años, este hombre se convirtió en un alumno ejemplar, demostrando que nunca es tarde para adquirir nuevos conocimientos y habilidades.

Una Vida sin Escuela y la Decisión de Aprender

Dionisio vivió y trabajó para un señorito, y pasó por el siglo XX y el XXI sin saber leer ni escribir. Creció al aire libre en Prádena (Guadalajara), siendo el segundo de seis hermanos. Su padre se dedicaba al ganado y a la tierra, mientras su madre hacía pan y amasaba hijos. Su hermano Rufino fue el primero de la clase, Sabina y Luis también sabían leer y escribir, pero Dionisio nunca fue a la escuela en el pueblo.

La primera vez que pisó una escuela tenía nueve años y fue en Boadilla del Monte, adonde su familia inmigró en los años cincuenta buscando un lugar mejor. Sin embargo, duró nada más que un curso estudiando, ya que lo dejó porque la familia quería que pastorease un rebaño de ovejas propiedad del duque de Sueca. Después de dos años con los animales y otros dos con las huertas, debutó a los 17 años en el trabajo que le acompañaría el resto de su vida: la construcción. El peón de albañil, que siempre se movía en bici o en motocicleta porque carné de conducir no tenía, llegó a oficial de primera.

Al poco de jubilarse de la construcción, Dionisio decidió ocupar su tiempo y, alentado por la idea de aprender lo que no pudo de joven, se acercó a un centro de educación para adultos. La profesora Patricia Murillo, quien lo atendió, recuerda el momento: "Le dimos una ficha para que la rellenara. La cogió. La miró y remiró. Dionisio vacilaba apurado. Le dije: 'Traiga, ande, deme'. Y se la rellené yo...", sonríe. "Ahí fue como lo supe: no sabía leer ni escribir".

Persona mayor estudiando en una clase de adultos con otros alumnos

Los Desafíos y Logros en el Centro de Adultos

Hoy, Dionisio se sienta en clase junto a la ventana, pegado al maestro, con gorra de publicidad de Repsol y garrota. Confiesa: "En mi clase no hay nada más que mayores, pero yo voy más atrasado que los demás. Todos saben más que yo". Sin embargo, sus logros son notables. Si observas el dictado escolar que ha hecho, con una caligrafía temblorosa, compruebas que solo ha tenido tres faltas de ortografía: no ha puesto la J y la O mayúsculas en 'Juegos Olímpicos' y no ha colocado la tilde en 'francés'. Si repasas las 48 sumas que le mandó el maestro, ves que solo han tenido que corregirle en rotulador rojo dos operaciones.

Dionisio, que contaba con los dedos de las manos como su madre, ahora sabe sumar, restar, multiplicar y dividir por una cifra. "Por dos, no, a ver. Por dos no sé dividir... Lo que más me cuesta de todo es leer. Aunque ya hago las letras bonitas. Mira, deja que te enseñe", dice, mostrando con orgullo sus cuadernos. Patricia Murillo reflexiona: "Dionisio supo elegir. Otros se jubilan y no saben en qué ocupar el tiempo. Él decidió hacer algo que no había podido hacer: formarse. Es un hombre al que, cuando le tiendes la mano, te la coge. Confía en los docentes. Por eso ha podido desarrollarse".

El Centro de Educación de Personas Adultas La Mesta, con 486 alumnos distribuidos en cinco localidades, es su "santuario del conocimiento". Víctor Díez, el actual maestro de Dionisio, describe a su alumno como "serio y formal", "puntual y correcto", "no ruidoso ni hablador", aunque la expresión oral no es su fuerte. En el ámbito de la lengua, se encuentra en un nivel de 2º/3º de Primaria, y en matemáticas se defiende algo mejor con las operaciones aritméticas, aunque la división entre dos cifras le cuesta y está empezando a tener lagunas y olvidos propios de la edad.

Ana Sánchez, jefa de estudios, resume el ambiente: "Suelen venir con cierta 'vergüenza' social, pero aquí son motivo de 'orgullo'". A pesar de que llueva o haga mal tiempo, frío o calor, los alumnos como Dionisio vienen a clase con ilusión y ganas, con sus achaques propios de la salud por la edad y con las obligaciones familiares. Después de clase, Dionisio sale de la escuela de mayores, se toma un café con leche en el bar, come tranquilo, y por la noche, va a la casa de la cultura y lee la letra grande de los periódicos de papel. Un recordatorio de que en España hay más de medio millón de personas que no saben leer ni escribir, y un pequeño porcentaje indeterminado no se resigna.

Otros Testimonios de Aprendizaje en la Madurez

El anhelo de aprender no es exclusivo de Maruge o Dionisio. Otros adultos mayores también han encontrado en la educación un camino para enriquecer sus vidas.

Feliciana Alegre: Descubriendo Pasiones

Feliciana Alegre, extremeña de 76 años, es otro ejemplo. Perdió a su padre muy joven y creció ayudando a su madre con cinco hijos y dos abuelas, lo que apenas le dejó tiempo para la escuela. Se casó, emigró a París y dedicó su vida a limpiar, sacrificándolo todo por sus tres hijos y su esposo. Al regresar a España, a sus sesenta y pico, volvió al aulario. "Gracias a la escuela de adultos empecé a saber qué es lo que me gustaba de mí... Y entonces vi que me gustaban la música clásica, las palabras, todo...", afirma, demostrando que el aprendizaje puede abrir un mundo de nuevas pasiones.

Felipe Lira: La Cuarentena como Oportunidad

En tiempos más recientes, la historia de Felipe Lira, un hombre mexicano que aprovechó la cuarentena por coronavirus para aprender a leer y escribir con la ayuda de sus sobrinas, también se volvió viral. Después de migrar a Estados Unidos y trabajar en la construcción, la pandemia lo obligó a quedarse en casa, lo que se convirtió en una oportunidad. Felipe no solo aprendió a leer y escribir, sino que también descubrió nuevos talentos, como dibujar sus propios proyectos de construcción. Su nuevo reto es aprender inglés, para lo cual otros internautas le colaboraron enviándole útiles. Su historia es un testamento de cómo el apoyo familiar y la perseverancia pueden transformar la vida.

Reflexiones sobre el Valor de la Educación para Todos

Estas historias resaltan temas universales que merecen nuestra atención y reflexión.

Revalorizar la Educación Disponible

Para aquellos que hemos tenido la oportunidad de recibir educación primaria, secundaria y universitaria, estas historias son una invitación a revalorizar el poder estudiar y aprender, sin prejuicios ni demasiados obstáculos a nuestro alrededor. Nos dan una visión de un país (o una sociedad) donde la educación es vista como un privilegio y no un derecho. Los niños de la escuela keniana de Maruge, al igual que muchos en otras partes del mundo, tenían que aprender en aulas con recursos limitados, pero con maestros esforzándose y, lo más importante, ellos mismos con muchas ganas de aprender.

La Perseverancia: Un Mensaje Atemporal

Uno de los grandes mensajes que dejan estos protagonistas es la perseverancia, sin importar la edad. Tanto Maruge como Dionisio obtuvieron un "no" inicial ante la "loca idea" de que un anciano pudiera estudiar. Sin embargo, tras cada negativa, lo intentaron de nuevo, sin rendirse. Su determinación es un recordatorio de que los obstáculos, ya sean en la universidad, el trabajo o en la vida, pueden superarse con una voluntad inquebrantable.

Maestros: Instrumentos de Cambio y Guías

Los maestros y educadores son instrumentos que cambian vidas. Un buen maestro puede ser la persona que transforme la vida de sus alumnos para siempre. Así fue como la Directora/Maestra Jane cambió la vida de Maruge, y cómo Patricia Murillo y Víctor Díez han impactado a Dionisio y a sus compañeros. Ellos guían el aprendizaje de los alumnos y pueden llegar a impactar en una comunidad más que cualquier otra persona, formando a los profesionales del mañana.

Infografía sobre el impacto positivo de la educación en la tercera edad

Mirar el Pasado para Construir el Futuro

Finalmente, un mensaje transversal es cómo el pasado afecta el presente y el futuro de una sociedad. Maruge reflexionaba seriamente sobre su pasado y el precio pagado por la libertad, y sus coloridos días con los niños se veían interrumpidos constantemente por recuerdos de su vida bajo el dominio colonial británico. Dionisio, el 'niño' de la posguerra, representa una generación que no tuvo acceso a la escuela. Estas historias demuestran la importancia de dejar atrás el pasado opresivo, pero sin olvidarlo, para que las nuevas generaciones puedan forjar un futuro mejor con las herramientas que la educación ofrece.

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