El trabajo remunerado ha ocupado históricamente un papel central en la vida de las personas. Más allá de la cobertura económica que garantiza la subsistencia propia y de la familia, proporciona un conjunto de "nutrientes" necesarios para nuestra existencia y que se sienten especialmente cuando se pierden. Introduce orden en nuestra actividad cotidiana, facilita la organización estructurada y estructurante de nuestra vida, aporta relaciones sociales más allá del ámbito familiar, amplía nuestras metas y objetivos personales, participa en la definición de nuestro estatus social, nos aporta identidad personal frente a los demás y mantiene y fomenta nuestra vida activa al imponernos la realización concertada de una actividad.
Mantenerse activo y ocupado es una de las principales motivaciones para trabajar, y uno de los mayores costes psicológicos de estar desempleado es, precisamente, el derivado de la propia inactividad. Sin embargo, los objetivos de pleno empleo que caracterizaron a las sociedades de posguerra se han ido diluyendo a partir de la crisis de los años 70. La globalización financiera y la deslocalización de la producción de bienes de consumo ha aumentado la independencia de las élites económicas frente al mundo del trabajo, y la primacía del mercado global sobre los Estados influye de forma negativa sobre el grado de autonomía y libertad real con que cuentan las personas para desarrollar su proyecto vital.
El déficit de empleo disponible se ha convertido en una condición estructural creciente en las nuevas sociedades capitalistas "de mercado", agravado en la actualidad por la recesión económica y la ineficacia de gran parte de las medidas tomadas frente a la misma por los gobiernos.
La Vida Laboral y sus Implicaciones
A lo largo de su vida, las personas van construyendo su "vida profesional", que es la suma de la experiencia del primer empleo remunerado, las distintas condiciones de desempeño (grado de estabilidad, de reconocimiento y de regulación), su adecuación a las competencias profesionales, los cambios de trabajo, las mejoras en el mismo, su pérdida y las condiciones de desempleo, su duración y la experiencia de buscar uno nuevo, la calidad y adecuación del nuevo empleo y, por último, el impacto de los trabajos sumergidos y no regulados.
Las distintas situaciones de nuestra vida laboral afectan a nuestro mundo emocional e influyen sobre nuestra salud mental. No es lo mismo disponer de un trabajo fijo que eventual, bien o mal remunerado, con o sin derechos laborales, adecuado a nuestras competencias profesionales o no. Situaciones como la edad, el género, la duración del tiempo de desempleo, el grado de apoyo social (institucional y comunitario), el grado de implicación previa con el trabajo o la variación en los ingresos económicos resultante de su pérdida, también influyen sobre el impacto emocional de las diferentes condiciones laborales.
El Desempleo y la Precariedad Laboral: Un Problema con Múltiples Riesgos
La situación actual, caracterizada por un alto desempleo mantenido y el crecimiento del empleo precario, facilita la aparición de una forma de estrés laboral donde adquiere especial relevancia tanto la inseguridad del presente como el miedo al futuro (perder el trabajo, no encontrar uno nuevo). Resulta tan estresante la preocupación por el riesgo de perder lo que se tiene como la pérdida en sí, el despido, que abre la posibilidad de elaboración del duelo, al menos, por una pérdida real, el empleo.
Consecuencias Generales para la Salud
Se han descrito múltiples riesgos del desempleo sobre la salud de las personas, incluyendo el aumento de la mortalidad general y por causa cardiovascular, con aumento de las tasas de hipertensión e hipercolesterolemia, de las enfermedades crónicas, de la mortalidad en la infancia y de distintos padecimientos físicos como cefaleas y migrañas, o la enfermedad de Crohn. También se han descrito, junto a una percepción más negativa de la propia salud, el aumento de conductas de riesgo en relación con la duración del desempleo, como tabaquismo, obesidad y sobrepeso, consumo de alcohol y otras drogas, sedentarismo y menos consumo de frutas y verduras.
En relación con la salud psíquica del sujeto, se observan cuadros ansioso-depresivos de carácter reactivo, abuso de alcohol y otras sustancias, tabaquismo, distintos síntomas psicológicos y psicosomáticos en adultos jóvenes, trastornos del sueño, sentimientos de culpa, conflictos familiares, violencia doméstica e intentos de suicidio. La pérdida del empleo constituye uno de los principales factores de riesgo de aparición de problemas de salud mental tales como la ansiedad, el insomnio, la depresión y las conductas disociales. El empleo es un elemento esencial para la identidad y el bienestar emocional; no es solo una fuente de ingresos.
¿Qué efectos psicológicos tiene el desempleo?
El Impacto de la Precariedad Laboral
En el caso del empleo precario, se suma a la inestabilidad presente e inseguridad en el futuro, el efecto directo de la baja consideración social, bajos sueldos, jornadas extenuantes, altos ritmos de trabajo, elevado estrés y exigencias, amenazas de despido, condiciones ambientales nocivas, alta exposición a situaciones peligrosas y bajo o nulo control de la persona sobre la tarea desempeñada. Esto puede afectar al bienestar psíquico de la persona aún más que la situación de desempleo subsidiado.
Se ha asociado la precariedad laboral con un aumento del nerviosismo y la ansiedad, miedo, sufrimiento, depresión y pérdida de la sociabilidad y las relaciones de amistad. También con un mayor riesgo de fatiga crónica, de padecimientos crónico-degenerativos y cardiovasculares (infarto, hipertensión y diabetes), de intoxicaciones, tumores y mayor siniestralidad laboral. A pesar de que una persona desocupada puede empeorar su ya reducido bienestar psíquico al verse obligada a aceptar un trabajo precario e inadecuado para su capacitación profesional, esto no suele tenerse en cuenta al diseñar las políticas de empleo, situación que ha empeorado con las políticas de austeridad seguidas por los gobiernos en la crisis actual.
Actualmente, en muchos países, como España, más del 90% de las nuevas contrataciones son temporales y la proporción de nuevos contratos indefinidos disminuye continuamente, por lo que no es de esperar una reducción de la precariedad del mercado laboral ni de su impacto negativo sobre la salud. Como señaló L. Andor, Comisario de Empleo de la UE, "desafortunadamente, en 2014 no podemos decir que tener un trabajo equivalga a conseguir un estándar de vida decente".
El Envejecimiento y el Desempleo: Una Doble Vulnerabilidad
El envejecimiento representa un desafío estructural que afecta todas las esferas de la sociedad y la economía, como la capacidad de consumo, la generación de ingresos, los patrones de ahorro y el financiamiento de períodos de dependencia. Además, el envejecimiento es exacerbado por las desigualdades socioeconómicas y refleja las desventajas acumuladas a través de la vida en educación, salud y oportunidades laborales decentes.
A mediano plazo, la reducción de la proporción de población activa y el aumento de la relación de dependencia demográfica puede incidir de manera negativa en el crecimiento del PIB per cápita, amenazando el desarrollo regional. Sin embargo, el envejecimiento también abre nuevas oportunidades de crecimiento económico y generación de empleo. Es prioritario reformar y fortalecer los sistemas de pensiones, salud, cuidados de largo plazo y los mercados laborales, complementándolos con programas de educación continua y alfabetización digital.

El "Edadismo" y sus Efectos
La salud mental puede verse afectada tanto por el desempleo como por el subempleo, que hace referencia a cuando la persona trabaja en condiciones donde no se aprovechan sus habilidades, percibe ingresos insuficientes o trabaja por menos horas de las deseadas; como consecuencias puede darse una afectación significativa de ansiedad, depresión y baja autoestima.
Las personas mayores, en particular, enfrentan barreras laborales debido al edadismo, que son los estereotipos asociados a la edad. La combinación de subempleo y edadismo puede generar un impacto emocional más severo en poblaciones vulnerables. El retiro laboral constituye una de las transiciones más significativas en la vida de las personas. Se ha observado que retrasar la jubilación puede ejercer un efecto protector en algunos grupos, aunque el impacto no es uniforme. El sistema de pensiones, los roles de género, la representación social de las personas mayores, los estereotipos asociados a la edad y las barreras para el empleo hacia las personas mayores, son factores relevantes en este proceso.
Profundizando en el Impacto Psicológico del Desempleo en Personas Mayores
El desempleo tiene la capacidad de generar un fuerte impacto en la vida personal y en el bienestar de las personas. Los efectos negativos sobre la salud mental se profundizan a medida que la condición de desempleo se prolonga en el tiempo. El trabajo, además de aportar un nivel económico, aporta sensación de bienestar y estabilidad emocional/psicológica, familiar y social.
El impacto psicológico del desempleo puede derivar en problemas gastrointestinales, cansancio físico, así como desequilibrios alimenticios, como la pérdida del apetito o atracones compulsivos. El estrés que sufre la persona por dicha situación de desempleo se encarga de segregar hormonas como el cortisol y la adrenalina que afectan al correcto funcionamiento del organismo.
Síntomas Emocionales y Deterioro de la Salud Mental
En términos emocionales, los problemas del desempleo producen síntomas de tristeza, ansiedad, pensamientos negativos, inseguridad, desesperación, baja autoestima, sentimiento de fracaso y otros pensamientos negativos. El fracaso es uno de los principales sentimientos que puede llegar a experimentar una persona que posee problemas de desempleo, poniéndose de manifiesto al reconocer la situación de desempleo frente a otras personas. Una alta intensidad de estos sentimientos puede derivar en el deterioro de la salud mental.
Dependiendo de las condiciones económicas del desempleado, perder un trabajo o permanecer desempleado durante un largo periodo de tiempo produce desesperanza. El desempleo también conlleva la ruptura de rutinas diarias, tales como las de traslado, relación y experiencias compartidas con compañeros de trabajo, reduciéndose también las oportunidades para la creatividad, el desarrollo profesional y los sentimientos de utilidad al contribuir al bienestar de la familia y de la sociedad.
Fases Psicológicas del Desempleo
Fase de Entusiasmo:
Este periodo puede abarcar los primeros 6 meses a partir de la pérdida del empleo.Periodo de Estancamiento:
Puede extenderse desde los 6 meses hasta los 18 meses desde la pérdida del empleo.Desmotivación:
Suele aparecer entre los 18 y 24 meses desde la pérdida del empleo.
Estrategias de Mitigación y Resiliencia
Las crisis económicas plantean retos a los gobiernos para proteger la salud de las personas acuciadas por la misma. En este contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha remarcado al desempleo, junto con el empobrecimiento, los problemas de alojamiento y la menor accesibilidad a los servicios públicos, como los principales factores de riesgo para la salud mental. El grado de protección socio-sanitaria de las personas puede actuar como contrapunto, ya que el riesgo de padecer un problema psíquico es significativamente mayor en desempleados sin subsidio que en los activos.
El objetivo de reforzar la protección social y sanitaria en tiempos de crisis es doble: mantener la salud de la población y ayudar a la recuperación económica mediante un gasto social eficiente.
Redes de Apoyo y Mentoría Intergeneracional
Las redes de apoyo fuertes y las interacciones positivas con diferentes generaciones pueden mitigar los efectos psicológicos del desempleo y el subempleo. Para reducir el impacto del edadismo, las intervenciones versarían en desafiar estereotipos y programas de mentoría intergeneracional. Algunos enfoques contemplan la mentoría bidireccional, donde empleados jóvenes y mayores compartan conocimientos y experiencias. La resiliencia como componente personal y los estilos de afrontamiento que se pongan en marcha son cruciales.
Combatir los prejuicios de edad, fomentar políticas inclusivas y crear entornos de apoyo son pasos esenciales para reducir el impacto del desempleo y el subempleo, permitiendo que las personas, independientemente de su etapa de vida, recuperen su bienestar emocional y profesional.