El fenómeno de los asesinos en serie que tienen como objetivo a personas de edad avanzada, particularmente mujeres, es un oscuro capítulo en la historia criminal mundial. Estos perpetradores a menudo explotan la vulnerabilidad y la confianza de sus víctimas, ya sea por motivos económicos, psicopatológicos o una combinación de ambos. A lo largo de la historia, varios casos han conmocionado a la sociedad, revelando patrones de conducta crueles y, en ocasiones, sorprendentemente sofisticados. A continuación, exploramos algunos de los perfiles más notorios de estos criminales, tanto en España como a nivel internacional.

Casos Destacados en España
España ha sido escenario de varios crímenes perpetrados por individuos que sistemáticamente atacaron a mujeres mayores. Estos casos han generado gran consternación y han puesto de manifiesto la necesidad de proteger a este sector de la población.
Remedios Sánchez: "La Matayayas"
La Policía Nacional investiga a Remedios Sánchez -conocida como "Reme" o "la matayayas"- por el presunto homicidio de una anciana de 91 años en A Coruña. El crimen se habría producido durante uno de sus permisos penitenciarios. La víctima fue una nonagenaria residente en la Avenida de Monelos, en A Coruña, hallada muerta en su domicilio el pasado 3 de octubre. Fuentes de la investigación han confirmado que las grabaciones de seguridad situaron a la reclusa en la zona. Sánchez, que fue condenada en 2008 a 144 años de prisión por tres asesinatos consumados y cinco tentativas cometidas en Barcelona y Mataró en 2006, fue detenida el pasado 8 de octubre en el interior de la prisión de Teixeiro, donde se encuentra internada.
El historial de Remedios Sánchez apunta a un patrón de conducta similar: entablar amistad con mujeres de edad avanzada para después asesinarlas y robarles. Ella busca el dinero de sus víctimas, y las mujeres muy mayores e indefensas siempre le han parecido piezas fáciles de batir. El Juzgado de Instrucción número seis de A Coruña ha decretado el secreto de sumario sobre el caso.

Joan Vila: El "Celador de Olot"
Joan Vila, conocido como el celador del geriátrico La Caritat de Olot (Gerona), fue condenado a 127 años de cárcel en 2013 por asesinar a 11 ancianas en la residencia donde trabajaba. Este caso conmocionó a España por la naturaleza de los crímenes y la posición de confianza del perpetrador. Cuando le preguntaron por qué mataba a las personas que debía cuidar, Vila declaró: “Quería que dejaran de sufrir”. Sin embargo, sus actos contradecían esta afirmación, ya que inyectaba o daba de beber a los ancianos líquidos corrosivos que les causaban un gran dolor y la muerte. Fue condenado por 11 asesinatos probados, aunque siempre se ha sospechado que la lista era más larga.
De su falta de empatía da fe una anécdota durante la muerte de una anciana, Paquita Gironès. Cuando la mujer agonizaba entre terribles dolores, Joan era uno de los celadores que estaba a su lado, junto al doctor que la examinaba. “Dejadla morir en paz”, musitó Vila. Poco después, tras examinar todas las cintas de vigilancia, los Mossos d'Esquadra pudieron cazar al asesino, quien le había hecho beber horas antes un líquido desatascador de tuberías que le había quemado las vías respiratorias. Gracias a una de las cámaras, pudieron detener y desentrañar la verdad: durante años había matado a 11 ancianas con métodos crueles.
Trece años después de su condena, Joan Vila protagoniza entre rejas una transición de cambio de sexo y ya ha sido trasladado a un módulo de mujeres, convirtiéndose en Aida Vila. La situación es inédita en el sistema judicial español, aunque el cambio de sexo no afectará a la condena impuesta en su momento. Vila comenzó el tratamiento hormonal para convertirse en Aida y ahora ha sido trasladado a la espera de someterse al tratamiento quirúrgico definitivo, que será sufragado por la Seguridad Social y se podrá realizar en el mismo centro penitenciario. En las últimas semanas, también había solicitado el tercer grado penitenciario para poder tener permisos, salir del recinto y volver solo a dormir, pero se le había denegado. Tanto el juzgado de vigilancia penitenciaria como la Audiencia de Girona denegaron la reclamación en base a que los informes pueden estar condicionados “por su encanto superficial y capacidad de manipulación mostrada para conseguir sus intereses”. Uno de los puntos remarca que, aunque reconoce los crímenes y asume la responsabilidad, no muestra arrepentimiento ni tiene sentimiento de culpa.

Otros Asesinos de Ancianas en España
El triste historial de crímenes contra personas mayores en España no se limita a los casos anteriores. Otros individuos también han dejado una huella de terror:
- Juan Antonio Rodríguez Vega: Conocido como el asesino de ancianas de Santander o, de forma más cruda, el mataviejas de Santander. Este gerontofílico insaciable forzaba y asesinaba a ancianas en la capital cántabra y sus alrededores. Se pudieron probar 16 asesinatos, pero estimaciones extrajudiciales calculan que sus víctimas fueron 23. Fue asesinado en la cárcel.
- José Ignacio Orduña Mayo: Conocido como el asesino de ancianas de Lesseps, debido a una de sus zonas de actuación preferente, la plaza Lesseps de Barcelona. En las dos etapas en que actuó como asesino, extendió sus pasos a otras zonas de la ciudad. Orduña Mayo estuvo en la cárcel 15 años y, al salir en los años 90, no tardó en volver a atacar ancianas.
El Fenómeno "Mataviejitas" en México
En México, el caso de "la mataviejitas" se convirtió en un hito en la historia criminal del país, no solo por la brutalidad de los crímenes, sino por la conmoción social y el impacto mediático que generó.
Juana Barraza: La Primera Asesina en Serie de México
Desde mediados de los 90, la historia del asesino en serie que se dedicaba a matar ancianas conmocionó a Ciudad de México. Los medios le dedicaron cientos de páginas y largas horas de transmisión, alcanzando una resonancia mediática inusual para un país donde los homicidios son frecuentes. El 25 de enero de 2006, la policía detuvo a la homicida que tanto buscaban: Juana Barraza, una exluchadora de lucha libre apodada "La dama del silencio". Se sorprendieron al descubrir que era una mujer.
La neuropsicóloga Feggy Ostrosky, contactada por el gobierno de Ciudad de México en 2005 para establecer una conexión entre los misteriosos asesinatos, confirmó un patrón claro: todas las víctimas eran ancianas que vivían solas, y la puerta nunca estaba forzada, lo que indicaba que alguien dejaba entrar a la persona que cometía los crímenes. Barraza se ganaba la confianza de sus víctimas, muchas veces ofreciéndose para ayudar a cambio de algo de dinero, y luego las mataba en sus domicilios, estrangulándolas con un estetoscopio u otros objetos.
La investigación social de Susana Vargas Cervantes explica a BBC Mundo que matar viejitas es imperdonable en el arquetipo de la mexicanidad, más que ser un capo de la droga o un feminicida. Vargas se sorprendió por la desproporcionada atención mediática, mayor que la de otros crímenes atroces. Las autoridades intentaban dar con el asesino basándose en información de testigos, quienes apuntaban que el homicida era alto, fuerte y de espaldas anchas, lo que llevó a sospechar de un travesti o transexual, e incluso la posibilidad de dos personas involucradas.
Tras la captura de Barraza, la doctora Ostrosky la entrevistó varias veces para desentrañar su móvil. Barraza confesó el comportamiento abusivo de su madre alcohólica, quien a los 13 años la entregó a un hombre a cambio de alcohol, lo que resultó en un embarazo. Ostrosky concluyó que la turbulenta relación con su madre condujo muy probablemente a los asesinatos. Barraza fue condenada en 2008 a 759 años de prisión, la condena más larga en la historia de México, atribuyéndosele al menos 16 asesinatos de ancianas. Sin embargo, la ley permite la libertad condicional una vez pasados 50 años en la cárcel, lo que significaría que tendría 100 años al cumplirla.
Susana Vargas, en su libro "La mataviejitas: los sensacionalizados crímenes de la primera mujer asesina en serie de México", contó las dificultades para encontrar al asesino y los condicionantes culturales detrás del caso. La investigadora apunta que la mediatización de estos asesinatos se debió en parte a que afectaba de lleno a una figura primordial dentro del arquetipo de la mexicanidad: las abuelitas. “En México las abuelitas se les trata como si fuera la Virgen de Guadalupe. Es algo instaurado en la cultura mexicana que se aprecia hasta en el cine, como en las películas famosas de Pedro Infante durante la Época de Oro del cine mexicano”, describe la investigadora.

Cartas para la Libertad | Juana Barraza
Asesinos de Ancianas a Nivel Internacional
El patrón de atacar a personas mayores no es exclusivo de una región, habiendo surgido casos notorios en diversas partes del mundo que subrayan la universalidad de esta terrible predilección criminal.
Dorothea Puente: La "Abuela Asesina" de Sacramento
Dorothea Puente, conocida como la abuela asesina, se convirtió en una figura infame en Sacramento, California. Estaba acusada de nueve homicidios contra verdaderos ancianos, de haber hecho desaparecer los cuerpos de ocho de ellos, de haber enterrado con sus propias manos a siete en el jardín de su propia casa, de haber cobrado durante meses las pensiones de sus víctimas, de violar una libertad condicional que nadie sospechaba que estaba cumpliendo y de delitos menores.
Casi cinco años después de su detención, seguía mostrándose al mundo como la bondadosa anciana que administraba la pensión “El Samaritano”, destinada a albergar a discapacitados y personas sin techo. La “anciana” tenía poco más de sesenta años pero aparentaba cargar más de 75 sobre un cuerpo que mostraba deliberadamente frágil. Nadie había dudado de la bondad de Dorothea hasta que en noviembre de 1988 una asistente social, Jill M., desconfió al no encontrar a uno de sus protegidos, Álvaro González Montoya ("Bert"). Cuando la policía visitó a Dorothea, ella volvió a decir que Bert se había ido con la familia. Sin embargo, un anciano llamado John Sharp reveló: “Dorothea me pidió que mintiera, que si decíamos que Bert no había vuelto le cerrarían la pensión y nos quedaríamos en la calle, pero yo no quiero mentir”. Y después añadió: “Cada vez que alguien se va, Dorothea hace un pozo en el jardín”.
Esta declaración impulsó una orden de allanamiento. En la casa de la calle F 1426 de Sacramento, la policía encontró gran cantidad de somníferos y manchas de sangre. En el jardín, uno tras otro, desenterraron siete cuerpos: Leon Carpenter, Dorothy Miller, Álvaro Montoya (Bert), Benjamin Fink, James Gallop, Vera Faye Martin y Betty Palmer. Todos eran huéspedes de “El Samaritano” cuyos cheques del seguro social Dorothea Puente seguía cobrando. La “anciana” fue capturada días después en Los Ángeles, al ser reconocida por una foto difundida por los canales de televisión.
La publicación de su fotografía permitió conectar dos viejos crímenes más con Puente: la muerte de Ruth Monroe en 1982 por sobredosis y la de Everson Gillmouth, cuyo cadáver fue encontrado flotando en el río en 1986. La investigación destapó el oscuro pasado de Dorothea Helen Grey (su nombre de nacimiento el 9 de enero de 1929 en Redlands, California): huérfana, abandonó a sus hijas, ejerció la prostitución y fue madama, con condenas por trata de personas. Tras un breve curso de asistente de enfermería, usaba somníferos para saquear las casas de los ancianos que cuidaba. Se casó varias veces (McFaul, Johanson, Puente, Montalvo), adoptando los apellidos para borrar su pasado.
En 1976, continuó su modus operandi de drogar a hombres mayores en bares para robarles. Salió por última vez de la cárcel en 1985 y alquiló la casa de la calle F 1426, consiguiendo autorización para operar una pensión para ancianos y discapacitados, a pesar de estar en libertad condicional y tener prohibido interactuar con personas mayores. El juicio, que duró un año, vio a la fiscalía llamar a 130 testigos, mientras la defensa presentaba decenas de personas que la describían como servicial y bondadosa.
Durante todo el proceso, Dorothea Puente mantuvo incólume su personaje de anciana frágil e incapaz de matar. El jurado, tras horas de deliberación, la declaró culpable de tres asesinatos, y fue condenada a tres cadenas perpetuas sin posibilidad de libertad condicional. Dorothea Grey murió en la cárcel el 27 de marzo de 2011, a los 82 años, manteniendo siempre su inocencia. La casa de sus crímenes no fue demolida, protegida por la legislación californiana como "patrimonio histórico de la ciudad" por haber sido construida en 1890. Su historia, parcialmente contada, puede verse en un capítulo de la docuserie Worst Roommate Ever (El peor inquilino del mundo) en Netflix.

Harold Shipman: El "Doctor Muerte" de Reino Unido
Harold Shipman ostenta el infame título de ser el asesino en serie más prolífico de la historia. Conocido como el Doctor Muerte, se calcula que mató a más de 200 pacientes, la mayoría mujeres de avanzada edad. Este médico inglés fue detenido tras conocerse que asesinó mediante la inyección de dosis letales de opiáceos a personas a las que trataba, tuvieran dolencias leves, graves o terminales. Tras ser condenado, se ahorcó en prisión, poniendo fin a la vida del que es considerado el médico asesino más letal de todos los tiempos.
