El dolor facial, también denominado algia facial, constituye un síndrome complejo que agrupa una amplia variedad de patologías. Se estima que este padecimiento afecta al 10% de los adultos y hasta al 50% de las personas mayores de 65 años. La correcta clasificación de este dolor es fundamental para establecer un diagnóstico preciso y ofrecer una terapia efectiva.

Clasificación clínica del dolor facial
Para abordar el diagnóstico diferencial, los especialistas suelen utilizar un algoritmo que agrupa las entidades en cuatro síndromes principales:
- Neuralgias faciales: Dolor paroxístico que sigue un trayecto nervioso específico.
- Dolores faciales con síntomas neurológicos: Asociados a disfunciones del sistema nervioso central o periférico.
- Cefaleas autonómicas trigeminales: Dolores recurrentes acompañados de signos autonómicos como lagrimeo o congestión nasal.
- Dolores faciales sin síntomas neurológicos: Incluyen patologías como la rinosinusitis o la disfunción de la articulación temporomandibular (ATM).
Neuralgia del trigémino: el "Tic Doloroso"
El nervio trigémino es el responsable de la sensibilidad facial y de algunos músculos de la masticación. Su afección, conocida como neuralgia del trigémino, provoca un dolor intenso, similar a una descarga eléctrica, que suele localizarse en un solo lado de la cara.
Características y causas
El dolor se presenta en salvas y puede desencadenarse por estímulos cotidianos como hablar, comer, lavarse los dientes o incluso una corriente de aire. Aunque a menudo se denomina "esencial" por desconocerse su causa, en el 80-90% de los casos se debe a la compresión neurovascular, donde una arteria o vena presiona el nervio cerca de su entrada al tronco cerebral.

Opciones de tratamiento
El manejo inicial es farmacológico, utilizando principalmente antiepilépticos (como carbamazepina u oxcarbazepina). Ante el fracaso de la medicación, se consideran intervenciones quirúrgicas:
- Termocoagulación selectiva del Ganglio de Gasser: Técnica que utiliza radiofrecuencia para romper las fibras que transmiten el dolor.
- Descompresión microvascular: Procedimiento en el que se separa el vaso sanguíneo del nervio, interponiendo un material inerte para eliminar la compresión.
Dolor crónico en la tercera edad
En ancianos, el dolor crónico persiste más allá de tres meses y puede tener múltiples orígenes, desde la artrosis y la osteoporosis hasta el dolor neuropático y oncológico. La evaluación es compleja debido a posibles barreras de comunicación o deterioro cognitivo.
Evaluación y escalas de dolor
Para pacientes sin deterioro cognitivo, se emplean la Escala Visual Analógica (EVA) o la escala numérica. En pacientes con demencia, es vital la observación de signos no verbales mediante herramientas como:
- PAINAD: Evalúa gestos, respiración y vocalizaciones.
- PACSLAC: Analiza cambios en la expresión facial y movimientos corporales.

Enfoque terapéutico multimodal
El tratamiento en ancianos debe ser individualizado e integral, combinando:
- Farmacología: Uso de analgésicos, coadyuvantes (antidepresivos o anticonvulsivantes) y tópicos, siempre ajustando dosis por cambios metabólicos.
- Fisioterapia: Ejercicios terapéuticos, electroterapia (TENS) y masajes para mejorar la movilidad.
- Terapias complementarias: Acupuntura, yoga o musicoterapia para mejorar el estado anímico.
- Apoyo psicológico: Técnicas de relajación y terapia cognitivo-conductual para manejar la ansiedad asociada al dolor.
Otras causas comunes de dolor facial
No todo dolor facial es de origen neurológico. Es necesario descartar:
| Causa | Descripción |
|---|---|
| Disfunción de la ATM | Desgaste de la "bisagra" mandibular; común en mujeres. |
| Rinosinusitis | Dolor sordo que empeora al inclinarse o con maniobras de Valsalva. |
| Patología dental | Abscesos o caries profundas que irradian dolor hacia el rostro. |
| Arteritis temporal | Inflamación arterial que requiere tratamiento urgente con corticoides. |
Ante cualquier dolor facial persistente, pulsátil o acompañado de síntomas inexplicables, es imperativo consultar con un profesional de la salud para realizar un examen físico completo y estudios por imagen (como RM o tomografías) que permitan identificar la etiología exacta.