La Disminución de la Masa Muscular en Adultos Mayores: Causas y Tratamientos

A medida que pasan los años, se hace más evidente una condición que, tarde o temprano, afectará a todos los adultos mayores: la disminución de la masa muscular, conocida como sarcopenia. Este proceso de envejecimiento comporta una serie de cambios fisiológicos a nivel de los diversos órganos y sistemas del cuerpo humano, siendo uno de los más significativos la pérdida progresiva de masa y fuerza en el tejido muscular esquelético.

¿Qué es la Sarcopenia?

La sarcopenia es un trastorno muscular muy frecuente en los adultos mayores, caracterizado por una pérdida progresiva de la fuerza y la masa muscular esquelética. La palabra sarcopenia proviene del griego: sarx (carne) y penia (pérdida). Aunque es un término poco conocido para el gran público, es una realidad habitual. El Instituto Nacional de Envejecimiento Norteamericano generó una nueva propuesta para el nombre de sarcopenia y la comenzó a definir como mioesteatosis del envejecimiento.

A partir de los 30 años de edad, nuestros cuerpos naturalmente comienzan a perder masa muscular. La masa muscular declina aproximadamente un 3-8% por década a partir de los 30 años, y esta tasa se acelera por encima de los 60 o 65 años. A partir de los 50 años la masa muscular disminuye entre un 1-2% anualmente y la fuerza muscular lo hace entre un 1,5-3% a partir de los 60 años. En los varones el proceso es más progresivo, mientras que las mujeres presentan un brusco descenso coincidiendo con la menopausia. Los investigadores estiman que entre un 10% y un 20% de los adultos mayores tiene sarcopenia.

Esquema de la disminución de masa muscular con la edad

Tipos de Atrofia Muscular

El desgaste o pérdida del tejido muscular puede presentarse en tres tipos principales:

  • Atrofia fisiológica: Es causada por no usar los músculos lo suficiente. Este tipo de atrofia a menudo se puede revertir con ejercicio y una mejor nutrición. Las personas más afectadas son aquellas que tienen trabajos que requieren que estén sentados, problemas de salud que limitan el movimiento, disminución en los niveles de actividad, están postradas en cama, no pueden mover las extremidades (generalmente debido a un accidente cerebrovascular, otra enfermedad cerebral o a problemas ortopédicos), o se encuentran en lugares donde no hay gravedad, como por ejemplo durante los viajes al espacio.
  • Atrofia patológica: Puede ser causada por el envejecimiento, la inanición y enfermedades, tales como el síndrome de Cushing (debido al uso elevado de medicamentos llamados corticosteroides o tener glándulas suprarrenales hiperactivas).
  • Atrofia neurogénica: Es el tipo más grave de atrofia muscular. Puede deberse a una lesión, o una enfermedad, en los nervios que se conectan a los músculos. Este tipo de atrofia muscular tiende a suceder más repentinamente que la atrofia fisiológica. Algunos ejemplos de enfermedades que afectan los nervios que controlan los músculos son: Esclerosis lateral amiotrófica (ELA o enfermedad de Lou Gehrig), daño a un solo nervio (como el síndrome del túnel carpiano), síndrome de Guillain-Barré, daño a los nervios (neuropatía) causado por una lesión, diabetes, toxinas o alcohol, polio (poliomielitis), o lesión de médula espinal.

Otras causas de atrofia muscular pueden incluir: quemaduras, terapia prolongada con corticosteroides, desnutrición, distrofia muscular y otras enfermedades de los músculos, osteoartritis y artritis reumatoide.

Consecuencias de la Pérdida de Masa Muscular

La sarcopenia es la puerta de entrada a la dependencia funcional y discapacidad física de forma paulatina. La pérdida de masa muscular provoca una disminución en la fuerza y la función muscular que están involucradas en la discapacidad del anciano. Aunque algunas personas se pueden adaptar a la atrofia muscular, incluso una atrofia muscular menor causa algo de pérdida de movimiento o fuerza.

Las principales consecuencias incluyen:

  • Debilidad muscular: Dificultad para realizar las Actividades de la Vida Diaria (AVDs), como levantarse de una silla, subir escalones, caminar, abrir un frasco o cargar las bolsas de compras.
  • Dificultad mecánica: Incapacidad para realizar movimientos cotidianos.
  • Mayor riesgo de caídas y fracturas: A partir de los 80 años, el riesgo de caídas se multiplica, siendo la fractura de cadera (cuello del fémur) la consecuencia más grave. La sarcopenia incrementa el riesgo de caídas, de fracturas y aumenta la vulnerabilidad a las lesiones, y consecuentemente puede ser causa de dependencia funcional y de discapacidad en el anciano. Aquellas personas que la han desarrollado tienen casi el doble de probabilidad de ser hospitalizadas en comparación a quienes no la tienen.
  • Discapacidad y pérdida de independencia: La sarcopenia se integra dentro del síndrome del anciano frágil, siendo uno de los principales factores de riesgo de discapacidad y de muerte en la población anciana.
  • Cambios metabólicos: La disminución de la masa muscular se acompaña de otros cambios en la composición corporal, como un incremento progresivo de la masa grasa. Estos cambios se han asociado a una mayor resistencia a la insulina en el anciano, implicada en la etiopatogenia de la diabetes mellitus tipo 2, obesidad, hiperlipidemia e hipertensión arterial en la población genéticamente susceptible.
  • Menor capacidad de recuperación: La sarcopenia puede afectar la capacidad de recuperación y rehabilitación después de una enfermedad o cirugía.
  • Fatiga: La pérdida de masa muscular puede contribuir a la fatiga y la sensación de agotamiento en los adultos mayores.
Infografía sobre las consecuencias de la sarcopenia en la movilidad y riesgo de caídas

Factores Contribuyentes a la Sarcopenia (Causas)

En el desarrollo de la sarcopenia intervienen múltiples factores que con diferente intensidad modulan su evolución. Su conocimiento es de gran utilidad dado que nos permitirá conocer aquellos factores implicados que nos expliquen su mayor o menor intensidad. Estos factores se encuentran interrelacionados y pueden potenciar el efecto negativo sobre la masa y fuerza muscular de los ancianos.

El Envejecimiento y los Cambios Fisiológicos

El proceso de envejecimiento comporta una serie de cambios a nivel de los diferentes sistemas del organismo que se traducen en una pérdida progresiva de diferentes funciones. Uno de los cambios bien descritos es el que se produce en la composición corporal, que se caracteriza por una disminución de la masa magra junto con un incremento paralelo de la masa grasa. A nivel muscular, los cambios incluyen alteraciones macroscópicas (disminución de la cantidad total de masa muscular) y microscópicas (a nivel estructural con traducción funcional). Se han descrito alteraciones bioquímicas, disminución de la actividad metabólica, cambios en la distribución del tamaño de las fibras musculares, pérdida de motoneuronas periféricas y denervación selectiva de fibras de tipo II.

Con el envejecimiento, el músculo esquelético disminuye en volumen debido a una reducción de las unidades motoras que afecta tanto a las fibras nerviosas (menor número y diámetro de las motoneuronas alfa) como a las musculares, en especial por la pérdida de fibras de tipo II (menor porcentaje y área seccional), lo que se traduce en una alteración de la capacidad contráctil. También se observa una disminución en el número de capilares. A nivel bioquímico, se observa un incremento del estrés oxidativo que parece comportar modificaciones a nivel del ADN (nuclear y mitocondrial), que a su vez podrían ser la base de las alteraciones macroscópicas y microscópicas presentes. También se observan cambios moleculares tanto en las cadenas de miosina como en las de actina. Debido a que el gasto metabólico en un adulto sano está condicionado entre un 70-75% por el tejido muscular existente, la disminución de la masa muscular comporta una disminución del gasto metabólico basal y del recambio proteico global.

Factores Hormonales

El proceso de envejecimiento se acompaña de una disminución en los niveles de diversas hormonas, algunas de las cuales están relacionadas claramente con el metabolismo muscular:

  • Hormonas sexuales: La reducción de testosterona y estrógenos que acompaña la vejez acelera la pérdida de masa muscular. El déficit de esteroides sexuales que se produce con el envejecimiento tiene un gran impacto en el trofismo tanto del músculo como del hueso. El descenso de las hormonas gonadales va acompañado de una activación de mediadores inflamatorios que pueden actuar como citoquinas catabólicas para el músculo.
  • Hormona de crecimiento (HC) e IGF-1: La hormona de crecimiento también se ha implicado en la pérdida de masa magra corporal. El déficit de hormona de crecimiento está directamente implicado en la etiopatogenia de la sarcopenia, de forma sinérgica con el incremento de mediadores inflamatorios y con el déficit de hormonas gonadales. Las concentraciones de IGF-1 en ancianos predicen la presencia de sarcopenia de una manera inversa, actuando como un factor protector en hombres.
  • Insulina: Los cambios en la composición corporal y, en especial, el incremento del tejido graso que acompañan al envejecimiento se asocian a un incremento del riesgo de presentar insulinorresistencia. Aunque la insulina estimula selectivamente la síntesis proteica a nivel muscular, en los ancianos dicho efecto parece estar algo disminuido.
  • Vitamina D: También se considera un factor hormonal relevante en la salud muscular.

Factores Bioquímicos e Inflamatorios

Ciertas enfermedades altamente prevalentes en los ancianos (cáncer, enfermedad pulmonar obstructiva crónica o insuficiencia cardíaca) se asocian a un incremento sérico de los niveles de citocinas que pueden explicar la pérdida de peso corporal (incluyendo también masa muscular) que se conoce como caquexia. Incluso en ausencia de enfermedades caquectizantes, el propio proceso de envejecimiento se asocia a un incremento crónico y gradual de la producción de citocinas proinflamatorias, en concreto la interleucina 1, el factor de necrosis tumoral y la interleucina 6, que condicionan un estado inflamatorio subclínico. Esta situación crea un efecto catabólico directo junto con un efecto anorexigénico y a la vez favorece la disminución de otros factores anabólicos (HC o IGF-1).

Recientemente se ha descrito la existencia de una proteína, la miostatina o factor 8 de crecimiento y diferenciación, que actúa como regulador negativo de la masa muscular esquelética, determinando el número y tamaño de las fibras musculares. Durante la vida adulta se produce en el propio tejido muscular, circula por el torrente sanguíneo y limita el crecimiento muscular. En algunos estudios se han demostrado niveles séricos más elevados en proporción directa a mayor edad y relacionados con menor masa muscular.

Factores Genéticos

La influencia genética parece ser uno de los factores que más contribuyen en la variabilidad interindividual existente tanto de la masa muscular como de la función muscular, y por ello parece lógico pensar que deben contribuir al desarrollo de la sarcopenia. En los últimos años se han descrito alteraciones genéticas que condicionan modificaciones en el metabolismo proteico y en la función muscular. Algunas de estas alteraciones se describen en los genes del factor de crecimiento/diferenciación 8 (miostatina), en el gen de la enzima conversora de la angiotensina (ECA) y en los genes relacionados con la vitamina D. Ciertos polimorfismos en el gen del receptor de la vitamina D tienen efecto sobre el músculo estriado y alguno de éstos se han asociado a la aparición de sarcopenia en los ancianos.

Estilo de Vida y Otros Factores

  • Inactividad física: La falta de actividad física o un estilo de vida sedentario es una de las principales causas de pérdida de masa muscular en los adultos mayores. La inactividad física acelera la pérdida de la masa muscular. La actividad física se relaciona de forma inversa e independiente con la masa libre de grasa corporal, sobre todo en mujeres.
  • Malnutrición: La malnutrición, incluida la desnutrición y la pérdida involuntaria de peso, puede contribuir a la pérdida de masa muscular en los adultos mayores. Para el geriatra de MEDS es importante desarrollar estrategias con planes alimenticios para que mantengan, en un mayor tiempo y de la mejor manera posible, la masa y la fuerza muscular. A juicio del facultativo, también resulta clave evitar la baja de peso de los adultos mayores.
  • Pérdida de peso: La pérdida de peso en el anciano exacerba la sarcopenia, produciendo una mayor pérdida de masa magra que de masa grasa, y en los pacientes que recuperan peso perdido, la recuperación suele ser a expensas de una mayor proporción de masa adiposa.
  • Comorbilidades: La coexistencia con otro proceso patológico puede acentuar la sarcopenia.
  • Influencia del desarrollo: La sarcopenia también se ha asociado al bajo peso al nacer en ambos sexos y de forma independiente al peso y a la altura alcanzados en la edad adulta.
Diagrama de flujo de los factores que influyen en la sarcopenia

Diagnóstico de la Sarcopenia

El diagnóstico de sarcopenia está dificultado por la falta de disponibilidad de los métodos más fiables para medir la masa muscular. Tampoco está claro exactamente cuánto músculo alguien puede perder antes de que lleve a una discapacidad o lesión. Para su estudio se utilizan diversas técnicas:

  • Medición de la masa muscular: La evaluación de la masa muscular se puede realizar mediante técnicas como la absorciometría de rayos X de energía dual (DXA), la bioimpedancia eléctrica (BIA), la resonancia magnética (RM), la tomografía axial computadorizada (TAC), la valoración de la excreción urinaria de creatinina y la antropometría.
  • Evaluación de la fuerza muscular: La pérdida de masa muscular conduce a una disminución en la fuerza y la capacidad física. Se mide la fuerza de agarre de las manos o la fuerza en la extensión de la rodilla.
  • Funcionalidad física: Además de la fuerza y la masa muscular, se deben evaluar otros aspectos de la funcionalidad física, como la capacidad para caminar (velocidad de caminata, con menos de 2.6 pies por segundo como un indicador), levantarse de una silla o mantener el equilibrio.

La presencia de sarcopenia en el anciano comporta una disminución de la capacidad funcional, con el consecuente desarrollo de discapacidad secundaria. Se determinan unos puntos de corte que se correlacionan con el riesgo de aparición de complicaciones.

Estrategias de Prevención y Tratamiento

El enfoque terapéutico de la sarcopenia es múltiple, aunque se basa principalmente en su prevención. Las personas que no pueden mover de forma activa una o más articulaciones pueden hacer ejercicios usando dispositivos ortopédicos o férulas (tablillas). Se recomienda comunicarse con un proveedor si se presenta una pérdida muscular prolongada e inexplicable.

Rutina de Ejercicios de CALENTAMIENTO para Adultos Mayores Activos (10 minutos)

Ejercicio Físico: El Pilar Fundamental

Es un hecho probado que el ejercicio físico es capaz de revertir la sarcopenia, incluso en edades muy avanzadas o en personas con un gran deterioro funcional. Realizar suficiente actividad física es clave. El entrenamiento físico destaca por su mayor utilidad.

  • Entrenamiento de fuerza o resistencia: El entrenamiento de fuerza, que implica el uso de resistencia (pesas, máquinas, bandas elásticas, etc.), es fundamental para estimular el crecimiento y la regeneración muscular. Esto ayudará a desarrollar la fortaleza. Puede incluir actividades como flexiones de brazos, sentadillas o levantar pesas. De todas las alternativas terapéuticas, solo el ejercicio físico de resistencia ha demostrado su eficacia en incrementar la masa muscular esquelética, asociado o no a suplementación nutricional.
  • Ejercicio aeróbico: Además del entrenamiento de fuerza, el ejercicio aeróbico, como caminar, nadar, andar en bicicleta o bailar, es importante para mantener la salud cardiovascular y la resistencia. Algunos de los ejercicios se pueden realizar en una alberca para reducir la carga muscular.
  • Periodización del entrenamiento: Es importante implementar una progresión gradual en el programa de entrenamiento, comenzando con cargas ligeras y aumentándolas de manera gradual con el tiempo.

El objetivo principal del ejercicio es prevenir y/o ralentizar lo máximo posible los efectos de la sarcopenia, mejorando la fuerza muscular y promoviendo la movilidad.

Nutrición Adecuada

Una alimentación saludable puede también ayudar a prevenir o controlar la sarcopenia. Las medidas nutricionales son cruciales en el abordaje de la sarcopenia.

  • Proteínas: Las proteínas son los componentes fundamentales para el mantenimiento de la masa muscular. Su cuerpo necesita proteína para desarrollar y mantener sus músculos. Se recomienda que los adultos mayores consuman suficiente proteína de alta calidad en cada comida. Fuentes de proteínas recomendadas incluyen carnes magras, pescado, aves, huevos, lácteos, legumbres y productos de soja.
  • Nutrientes esenciales: Además de las proteínas, es importante asegurarse de obtener otros nutrientes esenciales necesarios para la salud muscular. Estos incluyen vitaminas (como la vitamina D, vitamina C, vitamina E y vitamina B12), minerales (como calcio, magnesio y zinc) y ácidos grasos omega-3.
  • Hidratación: Mantener una adecuada hidratación también es importante para la salud muscular. La deshidratación puede afectar negativamente la función muscular y la recuperación.
  • Evitar la malnutrición: La malnutrición, incluida la desnutrición y la pérdida involuntaria de peso, puede contribuir a la pérdida de masa muscular en los adultos mayores.

La combinación de ejercicio físico regular, una dieta rica en proteínas y evaluaciones médicas periódicas son los tres pilares de la prevención.

Enfoques Farmacológicos y Hormonales (En Investigación y con Precaución)

Se han ensayado diversas estrategias para el tratamiento de la sarcopenia, que incluyen tratamientos sustitutivos con hormonas y otros agentes, aunque su eficacia y seguridad aún son objeto de controversia o investigación. Mientras que se necesitan más investigaciones, algunos suplementos dietéticos han mostrado ser prometedores para prevenir la pérdida muscular cuando se combinan con dieta y ejercicio.

  • Testosterona y otros andrógenos anabolizantes: Las concentraciones bajas de testosterona se asocian con una menor masa libre de grasa, menor masa muscular esquelética apendicular y una menor fuerza en varones hipogonadales. En hombres jóvenes hipogonadales el tratamiento sustitutivo con testosterona se asocia con un incremento en la masa magra, una disminución en la masa grasa, un incremento en la fuerza muscular y en la síntesis proteica muscular. Sin embargo, existe controversia acerca del efecto ergogénico del tratamiento con testosterona en varones eugonadales, y los cambios conseguidos en la composición corporal no siempre han ido seguidos de un incremento en la fuerza muscular. Además, algunos estudios que han utilizado dosis suprafisiológicas de testosterona en pacientes hipogonadales han obtenido resultados similares a los obtenidos con ejercicios de resistencia. Hay dudas acerca de la seguridad del tratamiento con testosterona en ancianos, en concreto sobre el riesgo sobre la próstata y las enfermedades cardiovasculares.
  • Dehidroepiandrosterona (DHEA): La suplementación con DHEA está siendo investigada como tratamiento de la sarcopenia. Morales y cols. administraron 100 mg de DHEA durante 6 meses a personas de 50-65 años, y obtuvieron un incremento en la masa magra y una disminución en la masa grasa, pero solo se tradujo en un incremento moderado de la fuerza muscular en hombres, no en mujeres. Las concentraciones de testosterona se elevaron marcadamente pero solo en las mujeres. Percheron y cols. realizaron un estudio randomizado controlado con placebo en el que no consiguieron reproducir los resultados del estudio anterior.
  • Oxandrolona: Es un esteroide androgénico con un potente efecto anabólico. Aunque no hay estudios clínicos con oxandrolona en pacientes ancianos con sarcopenia, se dispone de numerosos estudios en situaciones patológicas caquectizantes (como el wasting syndrome asociado a la infección por VIH) que demuestran que incrementa la síntesis proteica en el músculo esquelético, aumenta la función muscular y los niveles de actividad física. Por ello, la oxandrolona podría ser una estrategia terapéutica para el tratamiento de la sarcopenia en el anciano.
  • Androstendiona: No hay estudios controlados que hayan utilizado androstendiona en ancianos, y los escasos estudios publicados han sido realizados en personas jóvenes. Los resultados en cuanto a la eficacia en incrementar las concentraciones de testosterona plasmática han sido inconsistentes, y no se ha conseguido demostrar un incremento en la síntesis proteica ni en la fuerza muscular.
  • Moduladores selectivos del receptor androgénico (SARM): Se halla en fase de investigación la utilización de agonistas que actúen con preferencia sobre el tejido muscular y óseo.
  • Estrógenos: Diversos estudios han evaluado el efecto del tratamiento sustitutivo con estrógenos en mujeres postmenopáusicas sobre la masa muscular, pero no está demasiado claro si puede prevenir o revertir esta pérdida. Dosis bajas de estradiol no han modificado la masa muscular esquelética apendicular.
  • Hormona de crecimiento humana (HGH): Se ha ensayado como tratamiento.
  • Intervenciones sobre citoquinas y función inmune: Otro enfoque en estudio.

Es importante “desarrollar estrategias con planes alimenticios y de programas de entrenamientos, para que mantengan, en un mayor tiempo y de la mejor manera posible, la masa y la fuerza muscular. Si usted piensa que tiene sarcopenia, hable con su doctor.

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