Definición y Alcance de la Discapacidad Motora
La discapacidad motora o motriz, entendida como la pérdida de movilidad, se engloba dentro de las discapacidades físicas, las cuales también abarcan las orgánicas, que implican la pérdida de funcionamiento de órganos internos.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la discapacidad motora es «la secuela o malformación que deriva de una afección en el sistema neuromuscular a nivel central o periférico, dando como resultado alteraciones en el control del movimiento y la postura». Por tanto, implica algún tipo de dificultad para llevar a cabo actividades de la vida cotidiana, tales como dificultades para el desplazamiento, para manipular objetos, para acceder a determinados espacios o en el habla.
Las causas de una discapacidad motora son múltiples y engloban muchos tipos de diagnósticos muy variados. A la hora de clasificar este tipo de discapacidades, son categorizadas en física como condición de discapacidad.

Adaptaciones y Accesibilidad
Dada la diversidad de diagnósticos, cada persona con discapacidad motora necesitará, si es que lo hace, de unas adaptaciones o productos de apoyo específicos para mejorar su día a día. Así, podemos encontrarnos a personas que utilizan una silla de ruedas para su desplazamiento, y a otras que recurran al uso de andadores, muletas, prótesis o sistemas alternativos o aumentativos de comunicación (SAAC), mientras que otras personas pueden tener plena autonomía en su desplazamiento y comunicación.
Es fundamental que los entornos sean accesibles y que puedan facilitar esta autonomía a las personas con discapacidad física, eliminando las barreras necesarias. En el ámbito laboral, organizaciones como la Fundación Adecco ofrecen un soporte crucial. Si tienes discapacidad motora y estás buscando empleo, en la Fundación Adecco pueden ayudarte.

La Inclusión en la Educación Superior: Desafíos y Apoyos Profesionales
La educación superior representa un ámbito con desafíos particulares para las personas con discapacidad, donde el apoyo profesional y la adaptación de los entornos son esenciales para garantizar una experiencia inclusiva y enriquecedora.
El Programa para la Inclusión de Alumnos con Necesidades Especiales (PIANE)
La Universidad Católica (UC) ha implementado el Programa para la Inclusión de Alumnos con Necesidades Especiales (PIANE) para brindar apoyo integral a sus estudiantes con discapacidad. Una estudiante, al elegir la UC, comparó los apoyos para personas con discapacidad ofrecidos por otras instituciones de educación superior y encontró claridad respecto de lo que ofrece el PIANE.
«En mi opinión, creo que sí hay apoyo en la UC para personas sordas, está PIANE, la Dirección de Inclusión, hay tutorías, apuntes, intérpretes», comenta una estudiante. Sin embargo, Antonia Ortiz, estudiante de Letras Inglesas, recuerda que «cuando yo entré, PIANE y la Dirección de Inclusión eran mucho más pequeños, había menos gente trabajando y menos apoyos disponibles».
Andrea Vásquez, egresada de Psicología de la UC y usuaria de silla de ruedas, actualmente coordina el Programa PIANE, evidenciando desde su experiencia como estudiante el significativo avance de la universidad en esta materia.
Experiencias de Estudiantes con Discapacidad en la UC
María José Soto: Superando Barreras de Desplazamiento y Percepción (Discapacidad Visual)
María José Soto, estudiante de primer año de Psicología, relata que al inicio de su vida universitaria, el desplazamiento hacia y en el Campus San Joaquín fue un desafío constante, lo que la llevaba a llegar a clases al menos 30 minutos antes. Sin embargo, como persona ciega, ha logrado ir superando esta dificultad. Ingresar a la universidad no ha sido fácil para ella, pero entiende que es complejo para todos, no solo por su discapacidad, sino por el nivel de exigencia para ser profesional.
Realizó su enseñanza básica en un colegio especial para personas ciegas y de baja visión, y la enseñanza media de forma particular, rindiendo exámenes libres, ya que un colegio con Programa de Integración Escolar (PIE) no estaba preparado para recibirla. Ya casi finalizando su primer año, María José destaca la integración por parte de sus compañeros, quienes comparten con ella en espacios de estudio y durante los recesos. «Cuando los profesores muestran imágenes, una muy buena compañera me va describiendo lo que va saliendo en las pantallas, porque a veces a los docentes se les olvida enviar el material a PIANE para que adapte lo que se necesita», explica, añadiendo que ha tenido buena recepción de sus compañeros.
A pesar de la buena voluntad, María José percibe cierto temor inicial en sus compañeros al interactuar con ella: «A veces me eligen para presentar los trabajos o de acompañante. También siento que les da temor hablarme, entonces soy yo quién inicia la conversación, pero es porque para ellos es algo nuevo, nunca habían interactuado con una persona ciega o con alguna discapacidad, en general, ni en sus colegios ni en su vida personal, entonces es desafiante al principio». En cuanto a la infraestructura, valora la posibilidad de caminar libre de obstáculos en el Campus San Joaquín, disminuyendo la probabilidad de accidentes. Aún así, reconoce que, si bien las condiciones de accesibilidad son adecuadas en la mayoría de los espacios, el desplazamiento sigue siendo un desafío importante para las personas ciegas dentro del campus universitario.
Ignacio Antillanca: Autonomía y Adaptación Social (Discapacidad Visual)
Ignacio Antillanca, estudiante de tercer año de Trabajo Social, perdió la visión a un año de edad. Antes de ingresar a la educación superior, se propuso alcanzar una autonomía suficiente para desenvolverse en el 'mundo real', como él lo denomina. «Hasta cuarto medio siempre me fui en furgón, así que no sabía andar en micro. No quería entrar a la universidad sin saber andar en la calle porque yo decía, en este momento mi papá me puede llevar a todos lados, pero si el día de mañana en la 'U' me piden hacer un trabajo y mi papá no me puede llevar, yo no le puedo decir al profesor que no hice el trabajo porque mi papá no me llevó», relata.
Ingresar a la educación superior fue difícil y fácil a la vez. Complejo por la movilidad, pero sin mayores problemas en cuanto a la adaptación, ya que toda su vida estudió en colegios convencionales, donde debió cumplir con los deberes como cualquier otro alumno. «Crecí sintiéndome como un niño normal, haciendo las cosas que hacía cualquier niño. Para mí nunca fue tema mi visión y si alguna vez lo fue, yo era tan chico que mi mamá supo frenar esos pensamientos negativos, cuando pensé ‘pucha, por qué a mí, por qué soy ciego’». Buscando mejores posibilidades futuras, en octavo básico postuló a otro colegio por selección, no por cupo especial: «la vida no está hecha para ciegos y yo no voy a estar pidiendo selección en todos lados. Si voy a postular a un trabajo no puedo decirle al jefe, ‘oiga seleccióneme a mí’. Así que di las pruebas y entré como cualquier otro. Y fue todo un desafío para el colegio, porque nunca habían tenido alumnos ciegos».
Ignacio, que hoy tiene 26 años, ha avanzado a paso firme como estudiante en la UC, destacando el factor social y la contención como fundamentales para él. Sin embargo, reconoce las diferencias con la vida escolar: «No ha sido fácil en ese sentido, porque no era como en el colegio, en que uno hacía su grupito que era inseparable hasta cuarto medio. En la universidad no es así, uno se hace un grupo al principio, pero llegas al segundo semestre y si no pasaste el ramo, se desarmó el grupo».
Natalia Gutiérrez: Rompiendo Barreras de Comunicación y Fomentando la Inclusión (Discapacidad Auditiva)
Natalia Gutiérrez, estudiante de tercer año de Pedagogía en Educación Física y Salud y seleccionada UC de natación, a pesar de ser una persona sorda, no dudó en aprovechar al máximo su paso por la UC. Cuando postuló, le preguntaron por qué quería estudiar la carrera, a lo que respondió: «me gusta mucho el deporte y porque también quiero que, en un futuro, personas sordas puedan trabajar y enseñar a otros, porque he visto que no hay muchos profesores que sepan lengua de señas, pero sí hay estudiantes sordos que quieren hacer deporte, talleres de natación. A mí me pasó lo mismo, yo ya enfrenté esas barreras de comunicación, entonces yo dije ‘voy a estudiar esta carrera para que otros estudiantes sordos se motiven y apoyarlos para que se atrevan a hacer todas esas cosas’».
Desde pequeña, Natalia afrontó el desafío de expresarse y generar relaciones, no solo por su discapacidad, sino por las barreras del entorno. Solo a partir de la enseñanza media contó con un intérprete de lengua de señas, lo que le abrió su mundo, permitiéndole establecer amistades y mejorar sus estudios. No obstante, la universidad significó nuevos desafíos: «En el colegio era sencillo y después cuando entré a la universidad, me di cuenta de que hay mucha información teórica y muchos detalles, por ejemplo, hay muchísimas palabras nuevas que tuve que aprender, palabras que en mi vida pensé que existían. Yo pensé que iba a ser fácil, pero ha sido muy difícil. Los cursos son todos diferentes y requieren de mucho esfuerzo».
El ámbito social es fundamental para Natalia, quien se muestra abierta a conocer personas y expresar lo que siente y piensa. Sin embargo, describe una barrera persistente: «Es complejo, porque las personas oyentes tienen miedo de acercarse a nosotros como personas sordas, nunca se acercan. Yo tengo que estar acercándome a ellos, preguntarles quién quiere hacer grupo de trabajo conmigo. Creo que es importante que las personas se acerquen también a nosotros, que sean valientes, que se atrevan, que aprendan señas. A veces lo intentan, pero les da un poco de vergüenza, no se atreven. Sería importante para mí que las personas se esfuercen un poquito para comunicarse con una persona sorda». Afirma que lo más difícil en estos cuatro años ha sido establecer lazos de amistad, a pesar de reconocer que «entrar a la universidad ha sido un proceso muy interesante, he aprendido muchas cosas, de verdad que he aprendido mucho. Me he ido desarrollando, me he esforzado mucho». Dispuesta a enseñar lengua de señas, Natalia quisiera que la comunidad tome conciencia de la importancia de contar con intérpretes en actividades fuera del aula, donde a menudo la falta de ellos impide la comprensión de información relevante.
Antonia Ortiz: Autonomía y Doble Diagnóstico (Enfermedad Genética Neuromuscular Degenerativa)
Antonia Ortiz, de 22 años, cursa el último semestre de Letras Inglesas. Presenta una enfermedad genética neuromuscular degenerativa que le ha requerido apoyos de movilidad desde temprana edad, obligándola a usar silla de ruedas de forma permanente a partir de los 14 años. Su experiencia en colegios de Rancagua no fue buena, ya que no estaban preparados para personas con discapacidad física, ni en infraestructura ni en convivencia escolar.
En su carrera universitaria, Antonia encontró un ambiente más cómodo y familiar, con varios compañeros en silla de ruedas, lo que facilitó la interacción con docentes y estudiantes. A partir de los 17 años, su autonomía en el desplazamiento mejoró significativamente con la instalación de una parte eléctrica en su silla. «Fue tarde igual, pero siempre tuve mucho miedo de caerme, que es algo muy típico andando en silla de ruedas y, en general, la gente que camina piensa que andar en silla de ruedas es súper cómodo, y la verdad es que, sobre todo al principio, uno se siente súper inseguro, porque es algo externo a ti que no puedes controlar al 100% que, claro, te ayuda, pero también puede ser súper peligroso si no la sabes usar bien o si alguien la toma y la mueve, que es algo que pasa mucho. Las personas no respetan las barreras personales, y toman la silla y te mueven». Con la parte eléctrica, empezó a tener más autonomía y se sentía más segura y estable físicamente.
Anteriormente, Antonia asociaba su dificultad para establecer vínculos sociales a su discapacidad física. Sin embargo, en 2019 fue diagnosticada con déficit de atención y, hace un año y medio, con autismo. «Cuando era más pequeña no sabía qué era neurodivergente y no sabía el impacto que podría tener en el ámbito social, principalmente», explica. Con el tiempo, se dio cuenta de que eran temas muy distintos y que, en general, no tiene mayores problemas en ese ámbito ahora.
Constanza Caroca: El Impacto de un Diagnóstico Tardío y el Apoyo Universitario (Autismo, Narcolepsia y Movilidad Reducida)
Constanza Caroca, egresada de Antropología y actualmente estudiando un magíster en Trabajo Social, cursaba segundo año en otra universidad cuando decidió cambiar de rumbo debido al bullying y hostigamiento por su discapacidad: autismo, narcolepsia y movilidad reducida, a raíz de problemas de funcionamiento de órganos internos. «Yo fui diagnosticada tardíamente cuando ingresé a la ‘vida real’, porque provengo de un ambiente privilegiado, en el que fui protegida por mi entorno y donde mi discapacidad no era un tema, porque crecí con terapias de apoyo. Siempre supe que había algo distinto en mí, porque uno se da cuenta de eso, pero como crecí tan protegida, nunca tuve la necesidad de mostrar una credencial frente al mundo».
Cuando recibió el diagnóstico de su discapacidad, su vida dio un giro, permitiéndole comprender muchas situaciones que antes no encajaban. «La gente muchas veces no entiende que el autismo es un espectro, en el que yo no me veo autista, pero mi carnet de discapacidad certifica que tengo 75% global». Asegura que, a pesar de ser consciente de sus capacidades y rendimiento académico, el factor crucial que le permitió concluir sus estudios de pregrado con éxito fue su ingreso a la UC. «Se me podía estar desplomando el mundo, pero mi casa de estudios fue incluso más allá, guiándome y dándome oportunidades de intercambio y de ofrecer un espacio seguro para aprender. Me abrió una puerta al ‘mundo real’ sin perderme a mí misma y sufrir pensando en lo que podría pasar cuando saliera de la universidad siendo autista y me diera cuenta de que el mundo no funciona como en la universidad».

Avances y Visión Futura en la Inclusión Universitaria
Desde su experiencia como estudiante hasta hoy, Andrea Vásquez, coordinadora del Programa PIANE, ha evidenciado cuánto ha avanzado la universidad. «Creo que cuando uno ve la discapacidad, hay una tendencia a decir siempre esto es lo que nos falta. Yo fui estudiante de la UC, así que la conozco de cerca desde hace bastantes años, pero sí veo que hay un avance significativo. Hace 10 o 15 años atrás, la visión de la discapacidad era la gente en silla de ruedas y hoy hay mucha más diversidad». Asimismo, valora la posición que ha tomado la universidad y sus distintas unidades académicas para avanzar en el acceso a personas con discapacidad.
«Antes se pensaba que había que tener todo resuelto para abrirnos a la posibilidad de recibir a estudiantes con discapacidad distinta a la movilidad», indica Andrea. Catalina García, directora de Inclusión, añade que «ha habido muchos avances: primero, que la inclusión es vista de manera más transversal, empujado por la propia institución y también en el contexto nacional, hay leyes que se han ido sumando, que nos permiten mirar la inclusión mucho más desde la equidad que desde la lástima».
En este sentido, son evidentes los avances dirigidos hacia el estudiantado, que tienen que ver con la ampliación de las vías de admisión de equidad y, posteriormente, una visión de la inclusión mucho más transversal, sumando capacitación, el trabajo con las carreras y sus docentes, además de disponer de recursos para acompañar de mejor manera a los estudiantes con discapacidad.
Afirma que las trayectorias diferenciadas y el acompañamiento respectivo han significado un importante avance, «concretándose uno de nuestros sueños que era crear las nivelaciones que, en este caso, no son solo académicas». Este también es un avance importante, porque permite abordar barreras de aprendizaje o conocimientos no enseñados. En el próximo proceso de admisión, además de la discapacidad visual, auditiva o motora, la casa de estudios incorporará a aquellos postulantes con discapacidad mental o psíquica.
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