La malnutrición se define como un desequilibrio entre los nutrientes que el organismo necesita y aquellos de que dispone. Este término abarca tanto la sobrealimentación, es decir, el consumo excesivo de calorías o nutrientes específicos (grasas, vitaminas, minerales), como la desnutrición. La desnutrición, que a menudo se emplea indistintamente como sinónimo de malnutrición, es en realidad un tipo de malnutrición que se caracteriza por la carencia de calorías o de uno o más nutrientes esenciales.
La desnutrición puede presentarse si una persona no puede obtener o preparar alimentos, si sufre un trastorno que dificulta la ingesta o absorción, o si aumenta mucho la necesidad de calorías, como durante periodos de rápido crecimiento.
Tipos de Malnutrición
La malnutrición se manifiesta en diversas formas, clasificándose en tres grandes grupos de afecciones:
- Desnutrición: Incluye la emaciación (peso insuficiente respecto de la talla), el retraso del crecimiento (talla insuficiente para la edad) y la insuficiencia ponderal (peso insuficiente para la edad).
- Malnutrición relacionada con micronutrientes: Abarca las carencias (falta de vitaminas o minerales importantes) o el exceso de micronutrientes.
- Sobrepeso y obesidad: Se asocian a las enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación, como cardiopatías, diabetes y algunos tipos de cáncer.
Desnutrición Proteico-Energética (DPE)
La desnutrición proteico-energética es una grave carencia de proteínas y calorías que se produce cuando no se consumen suficientes durante un tiempo prolongado. Es un problema mundial, particularmente en lactantes y niños menores de 5 años, y es un factor presente en más de la mitad de las muertes infantiles al aumentar el riesgo y la gravedad de infecciones potencialmente mortales. Sin embargo, este trastorno puede afectar a cualquier persona, independientemente de su edad, si el aporte alimentario es inadecuado.

La desnutrición proteico-energética tiene tres formas principales:
- Marasmo: Es una carencia grave de calorías y proteínas que tiende a aparecer en los lactantes y los niños de edad temprana. De modo característico, produce pérdida de peso, pérdida de músculo y grasa, y deshidratación. La lactancia materna, por lo general, protege contra el marasmo.
- Kwashiorkor: Es una carencia grave de proteínas más que de calorías. Es menos frecuente que el marasmo. El término deriva de una palabra africana que significa «primer niño-segundo niño», ya que un primogénito a menudo desarrolla kwashiorkor cuando es desplazado del pecho materno por el nacimiento de un segundo niño. Esta carencia tiende a darse donde los alimentos básicos (ñame, casabe, arroz, batatas, plátano verde) son deficientes en proteínas, aunque provean suficientes calorías e hidratos de carbono. Las personas con kwashiorkor retienen líquidos, lo que les da un aspecto hinchado, con un abdomen prominente si es grave.
- Kwashiorkor marasmático: Se produce cuando un niño con kwashiorkor no consume suficientes calorías. Las personas con este trastorno retienen líquido y sus músculos y tejido graso se desgastan.
La inanición es la forma más extrema de desnutrición proteíno-energética, resultado de una falta total de nutrientes durante un tiempo prolongado. Generalmente ocurre por falta de alimentos disponibles (como durante una hambruna), pero ocasionalmente sucede cuando los alimentos están disponibles (por ejemplo, en casos de ayuno prolongado o anorexia nerviosa).
Causas y Factores de Riesgo de la Malnutrición
La malnutrición está causada por factores sociales, culturales y políticos. La pobreza es la principal causa de desnutrición en países de ingresos bajos, medianos y elevados, y la más frecuente de inseguridad alimentaria. Otros factores incluyen la guerra, los disturbios civiles, la sobrepoblación, las condiciones inseguras de vivienda, las enfermedades infecciosas, las pandemias y la urbanización.
Determinadas circunstancias o trastornos aumentan el riesgo de malnutrición:
- Incapacidad de conseguir alimentos o falta de hogar.
- Problemas de salud mental.
- Trastornos que afectan el consumo, procesamiento (metabolismo) o absorción de nutrientes (ej. trastornos de malabsorción, cirugía digestiva).
- Diarrea crónica, que causa pérdida de nutrientes.
- Estar muy enfermo, lo que puede provocar inapetencia o mayores requerimientos nutricionales (ej. infección avanzada por VIH, cáncer, depresión).
- Consumo de ciertos medicamentos: diuréticos, digoxina, cisplatino, tiroxina y teofilina pueden disminuir el apetito, provocar náuseas, aumentar el metabolismo o afectar la absorción de nutrientes.
- Consumo de alcohol en exceso, que disminuye el apetito, interfiere en la absorción y utilización de nutrientes, y puede causar deficiencias de magnesio, zinc y tiamina.
- Tabaquismo, que altera el gusto y el olfato, y estimula el sistema nervioso simpático, aumentando el consumo de energía.
- Enfermedades que aumentan las necesidades calóricas: infecciones, lesiones, hipertiroidismo, quemaduras extensas y fiebre de larga duración.
- Edad: lactantes, niños y adolescentes tienen mayor riesgo por su crecimiento y mayor necesidad de calorías y nutrientes. Las personas mayores también son un grupo de riesgo, con muchos factores, incluidos los cambios debidos a la edad, que se conjugan para producir desnutrición.
La desnutrición proteico-energética es común entre adultos mayores institucionalizados (hospitales, hogares de ancianos, centros de rehabilitación y atención a largo plazo).
Síntomas y Consecuencias de la Malnutrición
El signo más obvio de una carencia de calorías es la pérdida de grasa corporal (tejido adiposo). Si una persona se priva de comida durante aproximadamente 1 mes, pierde alrededor de una cuarta parte de su peso corporal. Si la inanición se prolonga, los adultos pueden perder hasta la mitad de su peso, y los niños incluso más. Los huesos se marcan en la piel, que se vuelve fina, seca, poco elástica, pálida y fría. Finalmente, se pierde la grasa facial, y en consecuencia, las mejillas y los ojos parecen hundidos. El cabello se reseca, se vuelve ralo y cae con facilidad.
La pérdida grave de músculos y tejido graso se denomina caquexia, que puede ser resultado de un exceso en la producción de citocinas por el sistema inmunitario en respuesta a un trastorno como una infección, un cáncer o una infección avanzada por VIH.
Otros síntomas incluyen cansancio, frío permanente, diarrea, inapetencia, irritabilidad y apatía. En casos muy graves, pueden conducir a una falta de respuesta (estupor). Las personas afectadas se sienten débiles y son incapaces de realizar sus actividades habituales. Los periodos menstruales pueden volverse irregulares o detenerse. Si la desnutrición es grave, se puede acumular líquido en los brazos, las piernas y el abdomen.
El número de algunos tipos de glóbulos blancos (leucocitos) disminuye, debilitando el sistema inmunitario y aumentando el riesgo de infección. Si el déficit calórico continúa durante mucho tiempo, puede evolucionar con insuficiencia hepática, insuficiencia cardíaca y/o insuficiencia respiratoria. La inanición total generalmente es mortal en 8 a 12 semanas, aunque la duración es muy variable.
Impacto en el Desarrollo y la Salud Mental
En niños con desnutrición severa, el crecimiento puede no ser normal. El desarrollo conductual se vuelve marcadamente lento, y puede desarrollarse una discapacidad intelectual leve hasta la edad escolar como mínimo. La desnutrición, incluso con tratamiento, puede tener efectos duraderos en los niños. Las deficiencias en las capacidades intelectuales y los problemas digestivos pueden persistir, a veces durante toda la vida.
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Diagnóstico de la Malnutrición
Generalmente, la malnutrición puede diagnosticarse mediante preguntas acerca de la dieta y la pérdida de peso, y un examen físico. Una malnutrición grave y de larga duración por lo general se puede diagnosticar basándose en la apariencia y la historia de la persona.
El médico también puede indagar sobre la capacidad para la selección y preparación de los alimentos, la presencia de otros trastornos, el uso de fármacos o de otras sustancias, el estado de ánimo y la función mental. Se pueden emplear cuestionarios estandarizados para obtener información relevante y ayudar a confirmar el diagnóstico, así como a identificar la causa, lo cual es particularmente importante en los niños.
Como parte de la exploración clínica, los médicos realizan mediciones de la altura y el peso, determinan el índice de masa corporal (IMC), estiman la cantidad de músculo y grasa midiendo la circunferencia del brazo y el grosor del pliegue cutáneo del tríceps, y comprueban otros síntomas (cambios en la piel y el cabello, acumulación de líquido en las extremidades o el abdomen). Los análisis de sangre también pueden ser útiles.
Malnutrición y Discapacidad Intelectual
El Día Internacional de las Personas con Discapacidad, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, busca promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidades en todos los ámbitos de la sociedad. Como profesionales de la nutrición, es fundamental velar por cubrir las necesidades nutricionales de las personas en situación de discapacidad, tanto en cantidad como en calidad, entregando una alimentación suficiente y variada.
En este grupo poblacional, la malnutrición es un problema significativo que incluye tanto la desnutrición como el sobrepeso y la obesidad. Antiguamente, el soporte nutricional se enfocaba en evitar la malnutrición por déficit y prevenir la morbimortalidad infecciosa asociada al bajo peso. Sin embargo, en la actualidad, se observa un aumento en las cifras de sobrepeso y obesidad en todo el ciclo vital en personas con discapacidad, asociado a malos hábitos de alimentación y sedentarismo. Por ejemplo, en algunos estudios, el 23.9% de personas con discapacidad intelectual presentaron normopeso, mientras que el 76.1% tuvieron un exceso ponderal, y hasta el 44% obesidad. Esto se asocia con dislipidemias y factores socioeconómicos del entorno familiar, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares, pulmonares, metabólicas y neoplásicas.
Las personas con discapacidad intelectual pueden presentar ciertas dificultades en la alimentación. La alteración en habilidades y coordinaciones precisas para ingerir alimentos, la disminución en el flujo de saliva, la hipotonía de la lengua y la macroglosia son factores que pueden llevar a problemas nutricionales. Además, la interacción con la comida se ve alterada en este grupo poblacional debido a diversos factores, incluyendo la aceptación de texturas, sabores, temperatura de los alimentos y la forma en que se presentan. Pueden experimentar dificultades con la sensación de saciedad o comer de manera lenta o exasperantemente. Esto, sumado a la poca accesibilidad tanto en las escuelas como en el camino para llegar a ellas, así como problemas emocionales o mentales, puede constituir una barrera añadida para los pacientes.

Asimismo, los individuos con discapacidad intelectual pueden tener una mayor prevalencia de ciertas deficiencias nutricionales, como las de calcio, hierro y vitamina D. Una dieta deficiente y la inactividad física son factores que pueden ocasionarles un mayor riesgo de morbilidad. Las cardiopatías, por ejemplo, ocuparon el segundo lugar de problemas de salud asociados a discapacidades, con un 23%.
En el contexto del autismo, se ha investigado la relación entre la ingesta de ácidos grasos omega-3 y omega-6, que pueden jugar un papel en la fisiopatología del trastorno. Aunque se necesitan más estudios, se sugiere que la suplementación con omega-3 puede dar lugar a una mejoría de los síntomas conductuales en niños dentro del espectro autista. La dieta también influye en la microbiota intestinal, cuya alteración se ha relacionado con parte de la sintomatología del autismo.
Trastornos de la Alimentación y Salud Mental
Los trastornos de la alimentación, o trastornos de la conducta alimentaria, son enfermedades graves caracterizadas por alteraciones severas de la conducta alimentaria. Aunque muchas personas se preocupan por su salud, peso o apariencia, algunas se fijan excesivamente u obsesionan con la pérdida de peso, el peso en sí o la forma corporal, y el control de los alimentos que consumen. Estos pueden ser signos de un trastorno de la alimentación.
Estos trastornos pueden afectar adversamente la salud física y mental de quien los tiene y, en algunos casos, pueden poner en peligro su vida. Pueden afectar a personas de cualquier edad, origen racial y étnico, peso corporal y sexo, incluyendo a quienes parecen saludables. Las personas con trastornos de la alimentación pueden tener bajo peso, peso normal o sobrepeso.
Algunos tipos frecuentes de estos trastornos incluyen:
- Anorexia nerviosa: Las personas evitan o restringen severamente el consumo de alimentos debido a una imagen distorsionada de sí mismas o un temor intenso a aumentar de peso. Incluso con un peso peligrosamente bajo, pueden verse con sobrepeso. Las consecuencias graves incluyen pérdida de masa ósea, anemia leve, desgaste muscular, pubertad tardía, estreñimiento grave, presión arterial baja, daños cardíacos, cansancio constante, infertilidad, daño cerebral e insuficiencia de varios órganos. La anorexia nerviosa tiene una tasa de mortalidad extremadamente alta, siendo el suicidio la segunda causa principal de muerte en personas diagnosticadas con ella.
- Trastorno por atracones: Las personas pierden con regularidad el control de su alimentación, comiendo cantidades inusualmente grandes de alimentos, y suelen tener sobrepeso u obesidad.
- Bulimia nerviosa: Las personas comen en exceso con regularidad y luego adoptan conductas poco saludables para evitar aumentar de peso, como forzar el vómito o usar laxantes. Pueden mantener un peso promedio o tener sobrepeso.
- Trastorno por evitación o restricción de la ingesta de alimentos (ARFID): Las personas limitan la cantidad y variedad de alimentos debido a ansiedad, temor a las consecuencias de comer (como atragantarse o vomitar) o por aversión a las características de un alimento.
Las personas con trastornos de la alimentación corren el riesgo de tener enfermedades mentales concurrentes, que por lo general incluyen depresión, ansiedad y trastornos por consumo de sustancias, además de un mayor riesgo de suicidio.
El tratamiento exitoso de los trastornos de la alimentación es posible, siendo crucial la detección y el tratamiento tempranos. Los planes de tratamiento incluyen psicoterapia (individual, grupal o familiar), atención médica y monitoreo, asesoramiento nutricional y medicamentos para tratar síntomas específicos o comorbilidades como ansiedad o depresión. En casos graves, puede ser necesaria la hospitalización.
Estrategias de Prevención y Abordaje
La estrategia preventiva más importante a nivel mundial es reducir la pobreza y mejorar la educación nutricional y las medidas de salud pública. La pobreza multiplica el riesgo de sufrir malnutrición y sus consecuencias, aumentando los costos de la atención de salud, reduciendo la productividad y frenando el crecimiento económico, perpetuando así un ciclo de pobreza y mala salud.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informó que casi 735 millones de personas estaban desnutridas en 2022, lo que representa un aumento significativo respecto a 2019, antes de la pandemia de COVID-19. La prevalencia de la desnutrición en África aumentó del 19,4% en 2021 al 19,7% en 2022, mientras que en Asia disminuyó del 8,8% en 2021 al 8,5% en 2022.
El Decenio de las Naciones Unidas de Acción sobre la Nutrición 2016-2025 es una iniciativa global para luchar contra todas las formas de malnutrición, fijando compromisos para cumplir metas mundiales de nutrición y enfermedades no transmisibles para 2025, y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) pertinentes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), en cumplimiento de su estrategia sobre nutrición 2016-2025, colabora con sus Estados Miembros y asociados para lograr el acceso universal a intervenciones nutricionales eficaces y dietas saludables, y para que los sistemas alimentarios sean sostenibles y resilientes. La OMS define, armoniza y promueve prioridades y políticas para mejorar la nutrición mundial, elabora orientaciones basadas en datos probatorios y supervisa la aplicación de políticas y programas.
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