Introducción al Envejecimiento Poblacional y la Malnutrición
El envejecimiento de la población es un fenómeno global sin precedentes en la historia de la humanidad, caracterizado por una fuerte reducción de la natalidad y una disminución de la tasa de mortalidad. Se estima que en 2015, el 10% de la población peruana superaba los 60 años, proyectándose un aumento al 13% para 2025. En Chile, más del 19% de los habitantes tiene 60 años o más, y se prevé que para 2050 este grupo represente casi un tercio del total. Este incremento en la esperanza de vida se asocia a una mayor prevalencia de problemas nutricionales que deterioran la calidad de vida.
La nutrición del anciano es un problema de salud pública crucial, ya que el estado nutricional en esta etapa juega un papel protagónico en la prevención y tratamiento de enfermedades crónicas. Una gran proporción de ancianos tienen problemas de malnutrición (desnutrición, sobrepeso u obesidad), lo que aumenta el riesgo de morbilidad y mortalidad, y genera costos elevados en la atención de salud. Esto se da en un contexto de transición demográfica y crisis de los sistemas de salud, que enfrentan dificultades para sostener el reto de una población anciana con múltiples problemas de salud y nutrición.
El Fenómeno del Envejecimiento y sus Implicaciones Nutricionales
Envejecer implica una serie de cambios que influyen directamente en el estado nutricional de los ancianos, convirtiéndolos en un grupo vulnerable con un riesgo elevado de sufrir déficits nutricionales. El proceso de envejecimiento está influenciado por el estado nutricional mantenido a lo largo de la vida, produciéndose cambios corporales, alteraciones metabólicas y alimentarias, y la coexistencia de enfermedades crónicas y agudas.
Cambios Fisiológicos Asociados al Envejecimiento
- Variaciones de peso y talla: El peso aumenta progresivamente hasta los 40-50 años en hombres y 50-60 en mujeres, estabilizándose alrededor de los 70 años, para luego descender. La talla disminuye progresivamente a partir de la edad adulta, especialmente después de los 60 años, debido a modificaciones óseas de la columna vertebral.
- Disminución de la cantidad de agua corporal: El contenido de agua corporal disminuye del 60% en adultos al 50% en ancianos, fundamentalmente en el sector extracelular. Junto a una menor eficiencia de la función renal y una reducción de la sensación de sed, esto hace que los adultos mayores sean más vulnerables a la deshidratación.
- Disminución de la masa muscular (Sarcopenia): A partir de los 30 años, la masa magra (especialmente muscular) disminuye aproximadamente un 6.3% por década, pasando de un 45% del peso total en adultos a un 27% en ancianos. La sarcopenia condiciona aspectos importantes como la fuerza y capacidad funcional, pulmonar e inmune, incrementando enfermedades crónicas, riesgo de caídas, discapacidad, comorbilidades e institucionalización, y aumentando la mortalidad.
- Aumento del porcentaje graso y de la masa grasa total: En contraposición a la pérdida de masa muscular, la edad avanzada se asocia con un aumento del tejido adiposo y una modificación en su distribución, localizándose principalmente en la zona central o abdominal, y alrededor de los órganos viscerales, mientras disminuye la grasa subcutánea y de las extremidades. Este aumento se asocia con menor actividad física y mayores dificultades en las actividades diarias.
- Alteraciones en el sistema gastrointestinal: El envejecimiento provoca cambios fisiológicos gastrointestinales, como un llenado gástrico lento y retraso en el vaciamiento gástrico, que pueden afectar la ingesta y la absorción de nutrientes.

Factores de Riesgo de Desnutrición en Adultos Mayores Institucionalizados
La desnutrición es un síndrome geriátrico multifactorial, con síntomas, mal pronóstico y coprevalencia con fragilidad, sarcopenia y discapacidad física. Se hace más evidente cuanto más avanzada es la edad, y su prevalencia se incrementa notablemente en los adultos mayores institucionalizados.
Causas Generales y Específicas
La desnutrición puede ser causada por enfermedades crónicas, disminución de la ingesta y cambios fisiológicos gastrointestinales, lo que aumenta la tasa de hospitalización y mortalidad. Algunos de los factores de riesgo son:
- Pérdida del gusto y/u olfato: Afecta el apetito y el disfrute de los alimentos.
- Anorexia: Común en la población senil, a menudo asociada a factores psicosociales o una disminución en los requerimientos energéticos.
- Problemas masticatorios y de deglución (disfagia): Dificultan la ingesta de alimentos sólidos y líquidos, afectando la cantidad y variedad de la dieta.
- Trastornos neurodegenerativos: Enfermedades como la demencia, que pueden conllevar apraxia, agnosia, trastornos de la conducta alimentaria o lesiones hipotalámicas que afectan los centros reguladores del apetito y el control del peso corporal.
- Enfermedades crónicas o agudas: Cáncer, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), insuficiencia renal, úlceras por presión (UPP) e infecciones recurrentes que aumentan los requerimientos nutricionales.
- Inmovilidad: La falta de desplazamiento puede llevar a la pérdida progresiva de masa muscular y a la dificultad para acceder a los alimentos.
- Alteraciones en la homeostasis: El envejecimiento se asocia con una disminución fisiológica de la ingesta de alimentos y reducción de los mecanismos homeostáticos.
- Causas no fisiológicas: Pueden ser extrínsecas (entorno, acceso a alimentos) o intrínsecas (salud bucal, causas gastrointestinales, neurológicas, psicológicas y endocrinas).

Métodos de Evaluación Nutricional en Hogares de Ancianos
Es fundamental detectar con precisión la desnutrición, la fragilidad y la función física en entornos como las residencias de ancianos, dada la alta vulnerabilidad de esta población. Para ello, se utilizan diversas herramientas y mediciones:
- Mediciones antropométricas:
- Índice de Masa Corporal (IMC): Calculado a partir del peso y la talla, es un indicador general del estado nutricional, aunque su interpretación en ancianos puede ser compleja debido a cambios en la composición corporal.
- Pliegue Cutáneo Tricipital (PCT): Evalúa las reservas energéticas al cuantificar la grasa acumulada en el área braquial.
- Circunferencia Braquial (CB): Mide el perímetro del brazo.
- Circunferencia Muscular Braquial (CMB): Se obtiene a partir del PCT y la CB, y diagnostica desnutrición proteica al identificar la cantidad de musculatura braquial.
- Perímetro Abdominal (PA): Evalúa el riesgo cardiovascular.
- Circunferencia de la Pantorrilla (CP): Es un método rápido y útil para valorar el estado nutricional, especialmente en personas con movilidad reducida o deterioro cognitivo.
- Cuestionarios y escalas de cribado:
- Mini Nutritional Assessment (MNA) y MNA-SF (forma abreviada): Validadas y recomendadas para personas mayores de 65 años, evalúan el riesgo de desnutrición y pueden predecir la mortalidad. El MNA categoriza a los pacientes en desnutrición (<17 puntos), riesgo de malnutrición (17-23,5 puntos) y sin riesgo (>23,5 puntos).
- Nutritional Risk Screening (NRS 2002): Utilizado para cribar el riesgo de desnutrición.
- Universal Screening Tool for Malnutrition (MUST): Una herramienta común en hospitales y residencias del Reino Unido.
- Escala de Fragilidad de Edmonton (EFE): Evalúa la fragilidad, demostrando ser un predictor significativo de mortalidad.
- Índice de Barthel (IB): Mide la función física y la dependencia en actividades básicas de la vida diaria.

Prevalencia y Hallazgos en Hogares de Ancianos: Estudios de Caso
Múltiples estudios han abordado la prevalencia y los factores asociados a la malnutrición en adultos mayores institucionalizados, revelando la complejidad y la variabilidad de este problema.
Estudio en Lima, Perú
Un estudio piloto realizado en un asilo de Lima entre julio y septiembre de 2014, con 58 adultos mayores de riesgo social mayores de 60 años, mostró resultados variados en su estado nutricional:
- El IMC normal predominaba (47%), pero coexistía con bajo peso (22%) y exceso de peso (31%).
- El sexo masculino tenía mayor tendencia al bajo peso (23%), reflejando menores reservas energéticas según el Pliegue Cutáneo Tricipital (PCT).
- El sexo femenino presentaba mayor exceso de peso (39%) y, por lo tanto, mayores reservas energéticas.
- El 40% de los adultos mayores tenía riesgo cardiovascular según el perímetro abdominal (PA), siendo las mujeres las más afectadas (59%).
- La mayoría de la población (73%) tenía desnutrición proteica según la circunferencia muscular braquial (CMB), presentándose con mayor frecuencia de manera leve (41%).
- La pérdida de músculo se veía reflejada en el incremento de grasa medido por el PCT, ya que la mitad de la población tenía reservas energéticas elevadas.
Este estudio identificó malnutrición en adultos mayores institucionalizados, tanto por déficit como por exceso, caracterizada por desnutrición proteica y exceso de grasa.
Estudio en Chile (INTA)
Investigaciones del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile han revelado la situación nutricional de los adultos mayores en el país:
- El 32.4% de las personas mayores de 65 años en Chile tienen riesgo de desnutrición, con un porcentaje más alto en mujeres (35%).
- La primera Encuesta de Salud, Seguridad Alimentaria y Calidad de Vida (ESSALCAVI) encontró que el 16% de los entrevistados experimentan inseguridad alimentaria severa o moderada.
- El 21% no consume alimentos saludables o nutritivos por falta de dinero.
- El 90% de los encuestados calificó el precio de las carnes como elevado e inalcanzable.
- Sobre el 60% de la población beneficiaria de 70 años y más no retira la bebida láctea ni la crema “Años Dorados” de los programas alimentarios estatales. Entre quienes sí la retiran, el 23% declaró consumirla “nunca o casi nunca” y el 19% solamente “algunos días”.
Estos datos permiten reconocer las deficiencias nutricionales acumuladas en las personas mayores y entender los cambios fisiológicos y funcionales del envejecimiento.
Estudio en Tres Cantos, Madrid, España
Un estudio observacional descriptivo transversal en un centro asistencial de Madrid, sobre una muestra de 113 personas frágiles, reveló:
- El riesgo de desnutrición encontrado fue del 31%; de ellos, el 22% presentaba desnutrición según Gasull.
- El 92% de los participantes presentaban algún síntoma o patología, y un alto porcentaje sufría deterioro cognitivo moderado y grave. Solo el 15.9% no padecía deterioro cognitivo.
- El 65.5% seguía una dieta basal/diabética y el 35.4% necesitaba ayuda para comer.
- Se encontró una asociación significativa entre desnutrición según Gasull y deterioro cognitivo moderado o grave.
- También hubo una asociación entre el tipo de dieta terapéutica (con textura modificada) y la desnutrición, donde las personas con dietas especiales mostraron más desnutrición de lo esperado.
Se concluyó que el estado nutricional en la residencia se relaciona con la mayor complejidad de los residentes (alto porcentaje con deterioro cognitivo y/u otras patologías) y con la calidad de la asistencia.
Estudio en Pinar del Río, Cuba
Una investigación descriptiva y transversal en el hogar de ancianos Carlos Castellanos Blanco de Pinar del Río durante 2016, que evaluó a 201 ancianos, reportó:
- Según el IMC y el sexo, la mayoría (61%) se encontraban en el rango de normopeso (21-23 Kg/m²), predominando las mujeres (37.8%).
- El 54.7% de los ancianos tenían una circunferencia del brazo (CB) dentro de los límites normales (21-22 cm), con un 34.8% de mujeres en este grupo.
- La circunferencia de la pantorrilla (CP) mostró que el 77.1% de los ancianos poseían una CP < 31 cm, con un mayor número de hombres (43.2%).
- El 65.1% de los ancianos no pudieron precisar la pérdida de peso en los últimos tres meses, predominando las mujeres en este grupo.
- Existió un discreto predominio de los ancianos bien nutridos (38.2%) sobre aquellos con riesgo de desnutrición (36.3%), seguidos por los desnutridos (25.4%), sin diferencias significativas por sexo.
Este estudio destacó que la utilización del Mini Nutritional Assessment (MNA) implica una valoración más exacta del estado nutricional que el uso exclusivo del IMC.
Estudio en Lincoln, Reino Unido
Un estudio realizado entre 2015 y 2018 en 15 hogares de ancianos en Lincoln, que incluyó a 491 adultos mayores, investigó la prevalencia de desnutrición, fragilidad y discapacidad física:
- Se observó una discordancia significativa entre el riesgo de desnutrición medido por la MNA-SF y la MUST. La MNA-SF identificó un 49.9% de personas con desnutrición grave o alto riesgo, mientras que la MUST reportó un 25.3%.
- La prevalencia de fragilidad medida por la Escala de Fragilidad de Edmonton (EFE) fue alta, con un 70.9% de los residentes presentando fragilidad grave.
- Solo el 8.6% de los pacientes eran funcionalmente independientes.
- La MNA-SF y la EFE fueron mejores predictores de mortalidad que la MUST y el Índice de Barthel (IB). Cada punto de aumento en el puntaje de la MNA-SF redujo el riesgo de muerte en un 4.2%, y cada punto de aumento del puntaje de la EFE se asoció con un aumento significativo del 9.3% en el riesgo de muerte.
Este estudio resalta los altos niveles de desnutrición, fragilidad y discapacidad física en residentes de hogares de ancianos del Reino Unido, y la importancia de utilizar herramientas sensibles para evaluar estos riesgos.
Consecuencias de la Desnutrición en Adultos Mayores
La desnutrición tiene profundas consecuencias en la salud y calidad de vida de los adultos mayores, especialmente en aquellos institucionalizados:
- Deterioro funcional: Promueve el deterioro del músculo esquelético (sarcopenia y osteopenia).
- Inmunosupresión: Debilita el sistema inmune, aumentando la susceptibilidad a infecciones.
- Disminución de la capacidad cardiorrespiratoria.
- Incremento del padecimiento de enfermedades crónicas y riesgo de caídas: Lo que conduce a discapacidad y múltiples comorbilidades.
- Aumento de la tasa de hospitalización y mortalidad.
- Mayor necesidad de institucionalización.

Estrategias y Recomendaciones para la Intervención Nutricional
Ante la alta prevalencia de malnutrición en hogares de ancianos, es crucial implementar estrategias nutricionales adecuadas para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores institucionalizados. Una intervención nutricional apropiada puede prevenir y retrasar la aparición de comorbilidades.
- Se sugiere la realización de nuevos estudios en este grupo poblacional vulnerable para comprender mejor sus necesidades.
- Es esencial contar con herramientas sensibles para evaluar los riesgos de malnutrición y fragilidad.
- Se debe prestar especial atención a los residentes con dependencia en la alimentación y aquellos que presentan deterioro cognitivo, ya que estos factores se relacionan con una mayor proporción de desnutrición.
- Mejorar la calidad de la asistencia nutricional, especialmente en los casos con dietas de textura modificada, es un factor clave para mitigar la desnutrición.
La buena nutrición: clave para los ancianos
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