La desmotivación, un estado interno que dirige nuestra conducta para lograr metas o satisfacer necesidades, se convierte en un motor impulsor para emprender acciones. Sin embargo, su ausencia se manifiesta como una pérdida de entusiasmo y energía, llevando a un sentimiento de desesperanza y pesimismo ante los obstáculos. Este fenómeno es particularmente crítico en los sectores vulnerables, donde se entrelaza con complejas dinámicas socioeconómicas y educativas.
La Crisis Educativa y la Deserción Escolar en América Latina
Los altos índices de abandono del sistema educacional en los últimos años en Chile, y en América Latina en general, no son atribuibles únicamente a eventos puntuales como la pandemia. Existe un consenso creciente de que la educación nacional está en crisis, siendo una de sus causas y, a su vez, efecto, la alta deserción del sistema, tanto escolar como universitario.
Según datos recientes del MINEDUC en Chile, las cifras de desescolarización superaron los 40.000 estudiantes en 2021, llegando a 50.529 niños y adolescentes desescolarizados en 2022, lo que representa un aumento del 24% respecto a 2019. A esto se suma una tasa cercana al 40% en lo que respecta a ausentismo (menos de un 85% de asistencia, según criterios del Ministerio).

A modo de comparación, en 2020 Chile, junto a Perú, Brasil y Argentina, presentó los índices mayores de contracción en la asistencia promedio [ACEVEDO et al. 2022], una tendencia que se ha mantenido y generalizado en América Latina. Esta región, según datos de la CEPAL, ha sido una de las más golpeadas del mundo en los efectos educativos por la pandemia. Un informe de la CEPAL destaca que América Latina y el Caribe fue la región donde la interrupción de clases presenciales fue más prolongada durante la COVID-19, siendo Chile, Argentina y Brasil de los países con mayor extensión de este proceso.
Factores que Agravan la Desmotivación y el Fracaso Escolar
Todo este proceso ha dejado en evidencia múltiples desafíos que alimentan la desmotivación en los sectores vulnerables:
- Brecha digital y dificultades de acceso: La falta de condiciones adecuadas para el estudio, acentuada por la prolongada interrupción de clases presenciales.
- Violencia escolar y mala salud emocional: Problemas que afectan directamente el bienestar y la seguridad de los estudiantes.
- Brecha socioeconómica: Este factor no ha hecho más que acrecentarse, evidenciando cómo una parte de la sociedad no entrega el apoyo y acompañamiento necesario a sus hijos, especialmente en los grupos económicamente más desfavorecidos.
El sistema educativo no ha logrado consolidarse como un motor capaz de sacar de la pobreza a los sectores más vulnerables. A esto se añade la realidad de un mercado laboral sobrepoblado, con bajas rentas y liderazgos deficientes para muchos profesionales egresados, lo que disminuye las perspectivas de progreso a través de la educación.

La educación es considerada un derecho universal desde 1948 (ONU 1948), lo que ha impulsado a los países a implementar políticas educativas. Sin embargo, en Latinoamérica, caracterizada por una profunda desigualdad, los esfuerzos no han logrado revertir la exclusión social y la inequidad en el derecho a la educación (Diez 2021; Bravo et al. 2021). Esta situación estructural preexiste al ingreso de los niños a los sistemas educativos y determina sus experiencias escolares.
En Chile, a pesar de que los índices de término de la educación secundaria son relativamente altos (88% entre 18 y 25 años, según la OECD 2018), la preocupación por la relación entre fracaso escolar y factor socioeconómico persiste. Es precisamente en las escuelas y liceos de grupos más vulnerables donde se observan con mayor frecuencia situaciones como el rezago escolar, expulsiones y sobreedad del estudiantado (Espinoza, González y Loyola 2021; SENAME y MIDE UC 2016). Además, diversas investigaciones confirman una alta estratificación social en los logros académicos (Orellana et al. 2019; Rosas y Santa Cruz 2013).
Comprendiendo el Fracaso Escolar y la Desmotivación
El fracaso escolar es un concepto polisémico (Diez 2021) que generalmente se asocia con bajos aprendizajes, desmotivación para avanzar, repitencias, rezago escolar, ausencias reiteradas y dificultades conductuales (Bravo et al. 2021; Diez 2021; Marchesi y Hernández 2003). Se comprende como un proceso donde los estudiantes incumplen las expectativas y exigencias educativas (Escudero 2005).
Crítica a Modelos Reduccionistas
Es fundamental evitar modelos explicativos reduccionistas del fracaso escolar (Navas 2021). Ejemplos clásicos incluyen argumentos basados en la herencia genética, la falta de interés individual o esfuerzo, el déficit familiar, o el uso de categorías como la "indisciplina escolar" que etiqueta al estudiante como "problemático" (Cerda et al. 2018; Krskova & Baumann 2017). La idea común en estos enfoques es que la responsabilidad del fracaso recae en los propios estudiantes y/o sus familias, un principio que opera bajo un ideal meritocrático problematizado en la literatura (Diez 2021; Ochoa y Orbeta 2017).
En contraste, otras investigaciones reconocen el fracaso escolar como un problema fundamentalmente social y político (Diez 2021), enfatizando una perspectiva relacional y estructural (Cimolai y Toscano 2008; Baquero 2014). Aquí destacan los factores sociales, culturales y el funcionamiento del propio sistema educativo (Calvo y Martagón 2014; Rivas & Sánchez 2020), especialmente la cultura escolar y el estilo de los profesores (Diez 2021; Tarabini 2015). Las instituciones y agentes educativos pueden validar prácticas de patologización y exclusión de la diversidad que no encajan con la cultura escolar (Hargreaves 1992; Luna 2015).
Investigación sobre Desmotivación en Jóvenes del SENAME
Un estudio desarrollado entre marzo y agosto de 2019 en dos programas del Servicio Nacional de Menores (SENAME) en Temuco, Chile, tuvo como objetivo conocer las motivaciones y causas del fracaso escolar en jóvenes ingresados en dicha fundación. La investigación, de tipo exploratoria, integró elementos de estudio de caso, investigación etnográfica y entrevistas en profundidad para comprender los significados para los jóvenes.
Los jóvenes, de entre 14 y 18 años, presentaban características como rezago escolar, repitencias y ausentismo. La inserción del investigador en los centros permitió una asistencia regular y el acceso a observaciones y entrevistas en los centros, escuelas y barrios relacionados con la vida cotidiana de los jóvenes.

Una categoría principal que emergió del análisis de los discursos de los jóvenes entrevistados fue la desmotivación. Frases como "no iba con ningún fin al liceo" (Claudia, 18 años) eran comunes. Describían sus escuelas como un lugar de "encierro" (Laura, 17 años), "estrés" (Rosa, 15 años), "latero" (Arturo, 18 años) y "aburrimiento" (Martín, 15 años). Esta visión negativa y desesperanzadora del sistema escolar se basa en la percepción de que este "no se interesa realmente por sus estudiantes".
El Mito de los "Jóvenes Ni-Ni" y la Autoestigmatización
El término "jóvenes Ni-ni" (ni estudian ni trabajan), utilizado para referirse a poblaciones de 15 a 29 años, a menudo se vincula con etiquetas negativas como "vagos", "pasivos" o "sin perspectivas de futuro" (INJUB 2014). Sin embargo, la investigación reveló la impertinencia de su uso irreflexivo, ya que la condición de no estudiar ni trabajar debe ser flexibilizada.
- Son relativamente pocos los adolescentes en completo abandono escolar, y las redes de apoyo priorizan la reinserción educativa.
- La desmotivación y la ausencia de sentido en las prácticas escolares no siempre significan "vagos" o "pasivos", sino que reflejan problemas complejos.
La visión desmotivada de su posición como estudiantes y la búsqueda de estrategias para hacer más llevadera la experiencia escolar a menudo los lleva a autodefinirse como "estudiantes problemáticos", reproduciendo el discurso institucional. Expresiones como "igual entiendo la rabia de los profesores" (Arturo, 18 años) o descripciones de comportamientos disruptivos ("iba a hacer puras leseras, si no me ponía a pelear o si no me drogaba dentro del liceo") evidencian esta internalización.
Esta fijación de docentes y del sistema escolar por la disciplina y el discurso meritocrático no es casual, sino un reflejo de un modelo que atribuye las causas del fracaso escolar a los jóvenes y sus familias. Los propios jóvenes se culpabilizan y autodeprecian con etiquetas como "atrasados", "fracasados" o "anormales". Después de experiencias de fracaso escolar, la mayoría se siente responsable, atribuyéndolo a su "limitada capacidad" o "incapacidad" para cumplir los requisitos escolares. Un joven, Martín (15 años), llegó a decir: "yo mismo me impido cumplir mis proyectos".
Desmotivación y Abandono Escolar Masculino a Nivel Global
A escala mundial, 132 millones de niños no están escolarizados, superando los 127 millones de niñas, según un informe de la UNESCO. Este informe revela que los niños están cada vez más rezagados en educación: son más propensos a repetir, no progresar, no terminar y no aprender. Aunque en el pasado la preocupación por el abandono escolar masculino se centraba en países de altos ingresos, ahora numerosos países de ingresos bajos y medios muestran una inversión en las disparidades de género, con los niños más rezagados que las niñas en escolarización y adquisición de aprendizaje.
La motivación escolar
Los principales factores del abandono escolar masculino incluyen la pobreza y la necesidad de trabajar. Por ejemplo, en Filipinas, solo el 40% de los niños de hogares más pobres terminan el primer ciclo de secundaria, frente al 75% general. Las normas y expectativas de género también influyen: en muchos contextos, las actividades escolares y ciertas asignaturas se consideran contrarias a las expresiones de masculinidad, haciendo que la educación sea impopular entre los niños.
Prácticas como la división de alumnos por nivel, la separación por géneros, la disciplina estricta, los castigos corporales y la violencia de género en el entorno escolar repercuten negativamente. Los niños están más expuestos al acoso físico y a menudo son blanco de acoso por su orientación o identidad de género real o percibida.
El Papel de la Tecnología y el Estrés Académico en la Motivación
La motivación de los estudiantes en el aula es uno de los mayores retos educativos actuales. Encuestas recientes revelan una brecha entre la percepción de las familias (que creen que la motivación ha mejorado) y la realidad descrita por los docentes.
La tecnología es un factor clave. Las pantallas omnipresentes, redes sociales y videos de consumo rápido están redefiniendo la forma en que los estudiantes se relacionan con el aprendizaje. La motivación académica no desaparece de repente; se erosiona cuando el entorno digital condiciona la forma en que los estudiantes procesan el esfuerzo, el tiempo y la frustración. Aunque la tecnología no es intrínsecamente negativa, su uso desregulado se vincula con la pérdida de concentración, el aumento del estrés y la desmotivación académica.
El estrés académico no solo afecta el bienestar emocional, sino que progresivamente erosiona la motivación y la capacidad de implicarse activamente en el aula. Las aspiraciones profesionales influyen directamente en la motivación, actuando como motor o como fuente de presión adicional.
Estrategias y Propuestas para Fomentar la Motivación y el Progreso
Es por esto que se hacen necesarias políticas de Estado que, por un lado, puedan hacerse cargo del progresivo empobrecimiento, desigualdad y fragmentación social; y que por otro establezcan políticas públicas alineadas con una actualización relevante de lo que se enseña en los colegios. Como planteara Pozos (2002): "La escuela… de formas modernas e incertidumbres posmodernas enseña contenidos del siglo XIX, con profesores y maestros del siglo XX, a niños, adolescentes, jóvenes y adultos del siglo XXI".

Rol de la Escuela y la Comunidad
Para el logro de un sistema educativo eficaz, se requiere una escuela con una enseñanza integral, no solo basada en contenidos curriculares, sino también en el desarrollo de la personalidad individual y social de sus protagonistas. La escuela debe ser un escenario de instrucción y convivencia, formando en habilidades sociales para el presente y el futuro. El abordaje de la prevención de conflictos, especialmente la violencia, debe ser interdisciplinar, involucrando a servicios de salud mental, instituciones de protección social y centros educativos.
El éxito escolar y el reconocimiento del esfuerzo del estudiante son medios para lograr la motivación y evitar la conflictividad. El fracaso académico alimenta la sensación de fracaso general, lo que conduce al rechazo de tareas, al aburrimiento y a la disruptividad.
Asimismo, la vida es siempre social, y el progreso ocurre a través de redes de relaciones interpersonales. Aprender a hacer un análisis comunitario de las dificultades evita el desánimo y la culpa, y nos posiciona para la mejora, viendo a los demás como potencial de transformación. La acción conjunta proporciona sentido personal y social. La educación, en su sentido más amplio, son los sistemas formales o informales de los que nos dotamos para el perfeccionamiento de nosotros mismos y de nuestras condiciones de vida.
Medidas Concretas para la Mejora Educativa
En el contexto chileno, en 2023 se observa una tasa de desvinculación del 1,66%, correspondiente a 50.814 estudiantes. Aunque la inasistencia grave disminuyó en 4 puntos porcentuales respecto a 2022 (140.000 estudiantes menos en esta situación), las tasas de desvinculación más elevadas se encuentran en los quintiles más vulnerable y menos vulnerable (ambos con un 2%). Se destaca un aumento significativo en la tasa del quintil socioeconómico más alto, pasando del 1,3% al 2,0%.
Para abordar esta problemática, el gobierno de Chile está implementando un sistema de garantía de trayectorias educativas. Esta iniciativa busca frenar los procesos de desvinculación, revincular a estudiantes no matriculados e impulsar medidas para mejorar la asistencia sistemática. Entre las acciones principales se encuentran:
- Entrega de reportes periódicos a las comunidades educativas con información relevante sobre las trayectorias escolares.
- Instalación de aulas de reingreso dentro de los establecimientos, espacios pedagógicos diseñados para la revinculación de estudiantes con rezago educativo.
Además de estas iniciativas, es necesario:
- Un mayor control sobre las subvenciones y fiscalización del gasto público asociado a la educación.
- Examen del currículum escolar bajo un lente de formación integral, enfocado no solo en contenido, sino en habilidades sociales.
- Incorporar a docentes de aula en las mejoras curriculares, cuidando de no ideologizar el currículum.
- Mejorar las condiciones laborales de los docentes, establecer políticas de retención, y mejorar los procesos de capacitación y formación continua.
- Ampliar las becas y pasantías estatales para profesores del sistema escolar.
- Considerar el crecimiento exponencial de escuelas alternativas o "escuelas libres" como respuesta a un currículum nacional percibido como demasiado rígido.
Cuando la motivación en el aula se debilita, el apoyo personalizado puede marcar la diferencia. La tutoría es una estrategia de motivación a largo plazo, especialmente en un contexto donde la atención, la presión académica y el uso de la tecnología dificultan el trabajo en clase. Las estrategias de motivación funcionan mejor cuando combinan resultados académicos, apoyo social y una relación positiva con los profesores. La confianza académica es necesaria para la motivación, pero cuando se apoya únicamente en las calificaciones puede convertirse en un factor de riesgo.
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