Desarrollo de Funciones Básicas de Psicomotricidad en Personas con Discapacidad

La psicomotricidad es una disciplina fundamental que estudia y trabaja la relación entre el cuerpo, el movimiento, las emociones y los procesos cognitivos. Su importancia es incuestionable en el desarrollo infantil, especialmente en niños y niñas con discapacidad motora, intelectual, sensorial o del neurodesarrollo. La estimulación integral desde una edad temprana conduce a una intervención educativa más respetuosa y personalizada.

Esquema conceptual de la interconexión entre cuerpo, movimiento, emociones y cognición en la psicomotricidad.

Importancia de la Psicomotricidad en la Educación Especial

El presente trabajo busca ofrecer una propuesta de intervención psicomotriz dirigida a los docentes que trabajan con personas con Discapacidad Intelectual, enfocada en la adquisición y desarrollo de la lectura y la escritura, así como en los ámbitos educativos y reeducativos. Los escolares con Necesidades Educativas Especiales (NEE) pueden experimentar con su entorno, lo que facilita una mejor adquisición de su capacidad intelectual. La psicomotricidad adaptada desempeña un papel crucial en la educación especial, proporcionando a los alumnos con NEE herramientas y oportunidades para mejorar su desarrollo físico, emocional y cognitivo.

Docentes interactuando con niños con discapacidad intelectual en una actividad psicomotriz centrada en la lectura y escritura.

El Papel del Psicomotricista

El psicomotricista desempeña un papel fundamental en el apoyo a los alumnos con NEE. Su intervención no busca "mejorar" la limitación, sino que se enfoca en la "posibilidad" y el "deseo" de hacer del sujeto, facilitando el descubrimiento de las posibilidades de acción del niño/joven. La evaluación inicial y el seguimiento continuo son esenciales para comprender el desarrollo motor y emocional de estos alumnos. La psicomotricidad debe integrarse en el Plan de Educación Individualizado (PEI) para abordar las necesidades específicas de los alumnos con NEE, y la selección adecuada de recursos y materiales es crucial para apoyar su desarrollo psicomotor.

Evolución Conceptual de la Discapacidad Intelectual y la Psicomotricidad

La 10ma edición de la Asociación Americana para el Retraso Mental (AAMR) mantuvo características importantes como el propio término de retraso mental, la orientación funcional y el énfasis en los apoyos. Sin embargo, incorporó una quinta dimensión: participación, interacción y roles sociales, y avanzó en la planificación de los apoyos. Se propuso una mayor precisión en la medición de la inteligencia y la conducta adaptativa, eliminando las diez habilidades adaptativas de la definición de 1992 y organizándolas en torno a tres tipos: conceptuales, sociales y prácticas. La AAMR pasó a denominarse Asociación Americana de Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo (AAIDD).

El cambio de concepción, planteado en 2007, tiene un enorme impacto sobre la forma en que la sociedad reacciona ante las personas con discapacidad intelectual. El término "retraso mental" hace referencia a una condición interna (lentitud de pensamiento), mientras que "discapacidad intelectual" se refiere a un estado de funcionamiento. La adopción del nuevo término implica una comprensión de la discapacidad consistente con una perspectiva ecológica y multidimensional, y requiere que la sociedad responda con intervenciones centradas en las fortalezas individuales que enfaticen el papel de los apoyos para mejorar el funcionamiento humano. Por ello, cuando se habla de NEE, se sugiere una atención personalizada que se adapte a las necesidades de cada individuo en particular.

Desarrollo Psicomotor y sus Implicaciones

Desde el nacimiento y durante la infancia, la motricidad del niño evoluciona de forma rápida y dinámica, basándose en las leyes céfalo-caudal (control de la musculatura de la cabeza a las extremidades inferiores) y próximo-distal (control de lo cercano al tronco a lo distal). A partir de estas leyes, los niños evolucionan hasta alcanzar la posición erguida y el dominio de las extremidades, desarrollando una gran variedad de conductas motoras. Inicialmente, los movimientos son involuntarios e inconscientes, volviéndose intencionados y coordinados con el crecimiento.

Infografía del desarrollo psicomotor infantil, mostrando la progresión céfalo-caudal y próximo-distal.

Una de las primeras manifestaciones de la motricidad es el juego, que se vuelve más complejo con estímulos y experiencias, lo que mejora la coordinación de los movimientos. La motricidad se relaciona con todos los movimientos coordinados y voluntarios que el niño realiza con pequeños y grandes grupos de músculos, constituyendo la base para el desarrollo de las áreas cognitivas y del lenguaje, e incluye la espontaneidad y la creatividad. A partir de los dos años, las habilidades motrices fundamentales permiten al niño desplazarse de forma autónoma y variada, y controlar objetos de manera cada vez más eficaz.

Habilidades Motrices en Niños con NEE

En niños con NEE, las habilidades y destrezas psicomotrices son factores que determinan la capacidad motriz y el nivel de habilidad, y pueden desarrollarse en la misma medida independientemente de las condiciones genéticas (Ramírez, 2012). La habilidad motriz es una capacidad que permite realizar con eficacia cualquier movimiento voluntario. La destreza, por tanto, es la capacidad adquirida que permite ejecutar un movimiento perfectamente ajustado a un esquema preconcebido.

Las habilidades y destrezas psicomotrices son una aptitud innata desarrollada en una concepción integral del sujeto. En niños con NEE, se basan en el rendimiento y aprendizaje, con diferentes niveles que van de lo simple a lo más complejo y específico. Las acciones motrices proceden de la realización o combinación de esquemas motores, lográndose una automatización con la repetición y variación cuantitativa y cualitativa. Los niveles de alteración de las conductas motrices son directamente proporcionales a los niveles cognitivos, los apoyos recibidos y las condiciones del entorno. Si el déficit es leve, el niño puede alcanzar niveles normales; en deficiencias severas y profundas, pueden presentarse condiciones como falta de coordinación, torpeza, mala configuración del esquema corporal, mala orientación espacial y problemas de equilibrio.

Problemas Específicos del Desarrollo Motor

Estudios como los de García y Medina (2017) muestran problemas específicos del desarrollo motor en niños con discapacidad intelectual, tales como déficit en habilidades motrices básicas, esquema corporal, control de funciones corporales, coordinación óculo-manual, lateralidad, control visual motor, equilibrio y tono muscular. En el desarrollo psicomotor del niño con discapacidad intelectual, el juego ocupa una porción importante de su vida y es central para su evolución. La habilidad motriz se refiere al nivel en que las personas son capaces de operar con facilidad y eficiencia en su ambiente; al madurar, estas habilidades pueden ser ampliadas en una variedad de juegos y deportes. El desarrollo motor se manifiesta en la coordinación de músculos y nervios para lograr el control de los movimientos del cuerpo.

INTERVENCIÓN DESDE LA PSICOMOTRICIDAD EN NIÑOS PREESCOLARES

Propuesta de Intervención en Psicomotricidad

En el contexto educativo formal o no formal, es necesario desarrollar un programa de psicomotricidad con objetivos dirigidos a que las personas con discapacidad intelectual controlen y conozcan mejor su propio cuerpo respecto al movimiento, logrando así el mayor desarrollo psicomotor. Se considera necesario profundizar en el desarrollo de estrategias de estimulación del área motriz, utilizando la vía del trabajo científico para la solución de esta problemática. La revisión de documentos revela que las investigaciones sobre el desarrollo de la motricidad en escolares con discapacidad intelectual aún no son suficientes.

Los hallazgos de diversas investigaciones reafirman la importancia del desarrollo de la motricidad para el mejor desempeño e inserción social de los niños con necesidades educativas especiales. Basados en la estimulación temprana, la mayoría de los estudios consideran que los primeros años de vida son el espacio ideal para la formación de hábitos y destrezas motrices que contribuyen positivamente a su autonomía e independencia. Se destaca la investigación de Simón (2015), que propone actividades para la estimulación de la motricidad fina en niños de dos a cuatro años con factores de riesgo de retraso mental, y la de Olivera (2018), dirigida a actividades manuales para el desarrollo de la motricidad fina en un escolar con discapacidad intelectual asociado a síndrome de Down.

Ejemplo de Caso y Resultados de Intervención

Un estudio de caso describe el embarazo de la madre con dificultades de alimentación y consumo de tabaco y alcohol por parte del padre. El niño nació a las 38 semanas e ingresó en neonatología por ingerir líquido amniótico. Comenzó a caminar y hablar a los dos años, con un vocabulario limitado. Fue atendido por Retardo en el Desarrollo Psicomotor (RDP), con ambos padres presentando retardo mental. El diagnóstico logopédico planteó NEE en comunicación y lenguaje, con afectaciones en los planos fónico, léxico y gramatical. Padres y abuelos consideraron que el entorno familiar era bueno, pero el desarrollo de movimientos del niño era limitado por su dependencia, corroborado por la observación de falta de interés en caminar o correr. En una primera evaluación, el menor no poseía ninguna habilidad motriz, evaluándose como "no logradas".

Teniendo en cuenta los resultados del test, se diseñaron actividades motrices dirigidas al desarrollo de la motricidad fina y gruesa, basándose en ciencias filosóficas, sociológicas, psicológicas y pedagógicas. Tras la aplicación de las actividades, se observó un avance en tres de los logros motrices, considerándose "en proceso". Solo uno de estos logros, "saltar con dos piernas desde una altura hacia diferentes direcciones", se mantuvo como "no logrado". El niño mostró cooperación y motivación en las actividades. Se observó una mejoría en el desarrollo motriz del niño a partir de la evaluación de los logros motores según la edad.

La Psicomotricidad y la Deficiencia Visual

La ceguera o deficiencia visual implica una limitación total o muy seria de la función visual. Los niños con estas deficiencias suelen tener patrones de movimiento más pobres debido a que se adquieren a través de la imitación y el comportamiento social. Por ello, la psicomotricidad se convierte en una herramienta necesaria en la intervención precoz y atención temprana. La deficiencia visual obstaculiza el desarrollo cognitivo y social del niño, requiriendo formación adecuada de profesionales en clasificación, diagnóstico, desarrollo esencial e intervención educativa.

Consecuencias de la Deficiencia Visual en el Desarrollo Psicomotor

Estudios demuestran que el desarrollo psicomotor es la base para el aprendizaje, el desarrollo intelectual y la madurez del sistema nervioso. La falta de información visual afecta la movilidad, el equilibrio, la imitación visual y puede generar miedo a golpearse e inseguridad, retrasando la autonomía personal. La evolución psicomotriz en niños con deficiencia visual tiene un retraso; por ejemplo, pueden comenzar a andar a los 24 meses en lugar de a los 12. Encuentran dificultades para cambiar de postura y permanecen inmóviles, por lo que es crucial motivarlos a moverse a través del juego. Un ajuste ojo-mano deficitario complica la autonomía en la vida cotidiana y puede causar retraso escolar. Particularidades sensoriales como hipo o hipersensibilidad pueden llevar a la búsqueda excesiva o evitación de sensaciones (balanceos, estereotipias). También pueden presentarse trastornos alimentarios y retraso en la adquisición del lenguaje.

Niño con deficiencia visual explorando diferentes texturas y sonidos en un entorno de juego adaptado.

Objetivos del Trabajo Psicomotriz en Deficiencia Visual

En función del perfil visual del niño, el trabajo de psicomotricidad puede tener diferentes objetivos:

  • Ayudar al niño a desarrollar su tonicidad, motricidad, representación corporal, tacto, lateralidad y organización espacio-temporal, habilidades necesarias para el aprendizaje escolar y para el braille en niños no videntes.
  • Favorecer el control motor, la regulación tónico-emocional, el equilibrio, la coordinación, la representación mental y la confianza en sí mismo, indispensables para prepararse en el uso del bastón para personas ciegas.
  • Proponer experiencias senso-motrices variadas para enriquecer su vocabulario, posturas y dar sentido a las palabras a través del cuerpo, reduciendo el lenguaje verbal y mejorando la capacidad de adaptación a cambios o situaciones nuevas.

Es necesario adaptar el entorno cotidiano a las necesidades del niño. La postura, los masajes, las salidas al parque y los recorridos psicomotores favorecen la actividad física y la exploración. El acompañamiento verbal asociado al tacto o la audición permite al niño construir una representación de su entorno. La pedagogía Montessori, libros táctiles, objetos luminosos, juegos de escondite y canciones sobre el cuerpo contribuyen a su desarrollo.

Discapacidad Profunda y Multi-Impedimento

La discapacidad profunda no solo hace alusión a la discapacidad intelectual severa, sino a trastornos que privan al sujeto de relacionarse y comunicarse "normalmente" con la sociedad. Un niño multi-impedido presenta múltiples trastornos asociados que complican la patología de base, modificando su curso, tratamiento y pronóstico. Estas manifestaciones clínicas inciden en el desarrollo psicomotor, haciéndolo particular en ritmo, calidad y características. Incluyen trastornos motores, físicos (cardíacos, respiratorios, digestivos, neurológicos), movimientos involuntarios, estereotipias, torpeza, falta de estabilidad, hiper o hipotonía, y rigidez extrema.

También presentan dificultades en la comunicación y el lenguaje, atención y concentración, alimentación, control de esfínteres, autonomía e higiene personal. Frecuentemente, existe una perturbación en la esfera socio-afectiva y en el vínculo materno, limitando las oportunidades del niño para lograr su identidad y comprender sus sentimientos. Estos niños tienen las mismas necesidades emocionales que cualquier persona y precisan oportunidades para desenvolverse y ser dueños de sí mismos.

Intervención Psicomotriz en Discapacidades Severas/Profundas

El psicomotricista en una institución que brinda atención terapéutica a niños y jóvenes con discapacidades severas/profundas tiene múltiples posibilidades de abordaje. El trabajo en psicomotricidad privilegia el cuerpo del sujeto, dándole la posibilidad de manifestarse tal cual es, con sus posibilidades y limitaciones. El psicomotricista, con su propio cuerpo, contiene, sostiene e incentiva al sujeto a desplegar todas sus posibilidades de acción, promoviendo el deseo de ser y hacer con su cuerpo. La intervención se basa en el deseo de hacer del sujeto, no en "mejorar" la limitación, sino en posibilitar su inclusión en una dinámica de placer y facilitar el descubrimiento de sus posibilidades de acción. Interviniendo desde las resonancias tónico-emocionales entre terapeuta-niño, el psicomotricista instala, crea y reconstituye experiencias que han faltado en el sujeto.

El niño con "multi-impedimentos" presenta fallas en la estructuración psicoafectiva, dificultando la constitución de su personalidad y la construcción de su integridad corporal. Lo que no se vive con placer no es significativo. Como exponen A. Lapierre y B. Aucouturier, se busca conseguir una vivencia emocional que conserve su dimensión afectiva, buscando todas las posibilidades de acceder al placer de vivenciar su cuerpo en relación con el mundo, el espacio, los objetos y los demás. Según Henri Wallon, la emoción tiene un papel crucial en el proceso psicológico y madurativo del niño, siendo el primer sistema de expresión y comunicación. El psicomotricista, a través de su inclusión en equipos interdisciplinarios, tiene las herramientas para que este niño/joven emerja como sujeto que puede y desea, superando las clasificaciones estigmatizantes.

Herramientas y Recursos Psicomotrices

El desarrollo multilateral y armónico de los niños con discapacidad intelectual se beneficia de diversas actividades. Lanzar un objeto al interior de una cesta, caja, etc., son juegos que contribuyen a este desarrollo. Las habilidades motoras deben ser estimuladas con frases de aliento como: ¡Lo lograste! ¡Tú sí puedes lograrlo! ¡Hazlo de una forma diferente! ¡Atrévete! Es fundamental que el entorno más adecuado para el estímulo sea el social.

En el contexto de la pandemia por COVID-19, se observó que el confinamiento y el aprendizaje a distancia o en clases remotas afectaron el desarrollo psicomotor de los niños. Esto subraya la necesidad de adaptaciones curriculares para atender deficiencias en el área motriz y garantizar el beneficio de los jóvenes estudiantes. El desarrollo motor se manifiesta en la coordinación de músculos y nervios, controlando los movimientos del cuerpo, lo cual es vital para el desarrollo integral del individuo, su independencia y capacidad de tomar decisiones.

Ejemplos de Materiales Sensoriales

  • Gel multisensorial: Proporciona una experiencia multisensorial única con efectos de burbujas en la piel, ideal para la toma de conciencia del sentido propioceptivo.
  • Dimpl: Juguete táctil y sensorial que permite chasquear bolitas de colores, ideal para la estimulación de los dedos.
  • Bufanda sensorial: Hecha de retales de distintas texturas, permite deslizar una pelota a través de anillos texturados, desarrollando la sensibilidad táctil y la coordinación.
  • Tactos cuadrados: Cojines cuadrados de diferentes tejidos para desarrollar la sensibilidad táctil, la expresión de sensaciones o juegos de memoria.
  • Caja de sonidos: Juego de memoria auditiva en madera para encontrar parejas de cubos con sonidos iguales, desarrollando concentración y deducción.
  • Tabletas rugosas Montessori: 10 tabletas que forman 5 pares de rugosidades para desarrollar la percepción táctil, la concentración y la organización.

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