Percepción y Satisfacción en Barrios Vulnerables: Factores y Dinámicas Comunitarias

Los barrios son espacios fundamentales que no solo influyen directamente en las condiciones de vida y el bienestar de la población, sino que también pueden ser una fuente crucial de recursos y protección frente al estrés y los problemas sociales. La percepción y la satisfacción de los residentes en estos entornos están determinadas por una compleja interacción de factores objetivos y subjetivos, así como por las características individuales y geográficas del contexto.

Factores que Influyen en la Percepción y el Bienestar Barrial

Percepciones Subjetivas y Miedo al Crimen

Un estudio de Méndez, Otero y Perret (2020) sobre los determinantes de los sentimientos de inseguridad y el miedo al crimen en Santiago, Chile, propone un enfoque teórico integrador en torno al concepto de “bienestar”. Este enfoque permite abordar tanto las dimensiones objetivas como subjetivas, así como los contextos individuales y geográficos.

Utilizando datos de la Encuesta COES de Cohesión y Conflicto Barrial y datos georreferenciados a nivel de zona censal, los modelos de regresión lineal indican que las variables que capturan el bienestar subjetivo en el contexto barrial son las más significativas para entender las actitudes estudiadas. Específicamente, las percepciones de desorden físico/social y las experiencias de victimización indirecta muestran asociaciones positivas con los sentimientos de inseguridad y el miedo al crimen de los residentes. Por otro lado, las disposiciones de solidaridad institucional y el apego/arraigo con la comunidad muestran asociaciones negativas. Respecto del bienestar objetivo, el capital económico individual es el único factor que mantiene su significancia estadística en las estimaciones finales.

Esquema de factores de bienestar subjetivo y objetivo influyendo en la percepción de inseguridad

El Entorno Físico y sus Consecuencias

Las características del barrio de residencia tienen consecuencias directas en la calidad de vida. Una exposición continuada a condiciones físicas insalubres o a circunstancias estresantes, como el hacinamiento, la contaminación o el ruido del tráfico, puede tener un efecto directo en el deterioro de la salud. En contraste, la existencia de zonas verdes y parques, junto con otros escenarios que promueven el ejercicio físico, se relaciona con una menor prevalencia de obesidad, diabetes e hipertensión.

Asimismo, aunque existe una fuerte asociación entre haber sido víctima de violencia y la aparición de síntomas de estrés postraumático, los expertos inciden en el significativo riesgo que supone la exposición indirecta a la violencia para la salud mental de los y las jóvenes.

El Barrio como Fuente de Recursos y Protección

A pesar de los desafíos, los barrios también pueden ser una fuente de recursos y brindar protección frente al estrés y los problemas sociales. La participación ciudadana, los intercambios de apoyo social entre vecinos, la disponibilidad de servicios comunitarios, la presencia de pequeños negocios, la organización vecinal, el sentido psicológico de comunidad y la cohesión social, constituyen recursos protectores que influyen en una mejor calidad de vida.

En esta misma línea, los barrios de bajos ingresos pueden verse beneficiados por su proximidad a otros con mayores recursos socioeconómicos. Esta cercanía les ofrece lugares de interacción y sociabilidad, acceso a servicios comunitarios y pequeños comercios, oportunidades laborales y educativas y, ocasionalmente, contextos de cohesión social con un potencial estabilizador en el entorno.

La Relevancia del Espacio y los Vínculos Sociales

Configuración del Espacio y Vínculos Sociales

En las últimas décadas se ha observado la importancia del espacio en la formación de vínculos sociales y, particularmente, en la relevancia de vínculos fuertes a escala local, consolidando una idea específica de comunidad (Talen, 1999; Houghton, 2005; Adger et al., 2011; Bott, Ankel & Braun, 2019; Small & Adler, 2019; Wellman & Leigthon, 1979). Recientemente, se ha dado importancia a las características del entorno construido como generador de un escenario relacional (Blokland, 2017) que puede enmarcar las prácticas sociales (Dovey & Wood, 2015) y configurar vínculos de diferente intensidad (Valentine, 2008).

Lo anterior permite construir una idea de comunidad a partir de las propias prácticas urbanas entre vecinos y conocidos a escala barrial (Blokland, 2017). Este tipo de vínculos pueden ser más débiles, pero de igual forma constituyen prácticas y encuentros cotidianos de reconocimiento que contribuyen al sentido de pertenencia, a la cohesión barrial y que están en relación con las características del entorno construido (Señoret & Link, 2019; Link et al., 2022a).

La necesidad de comprender el rol del espacio físico en la formación de vínculos sociales y en las prácticas de sociabilidad en diferentes escalas ha centrado su foco en la configuración del espacio, su composición y proximidades (Small & Adler, 2019), especialmente en contextos urbanos metropolitanos. En este contexto, se ha establecido cierto consenso en reconocer la relevancia que las formas urbanas y estructuras espaciales tienen en la generación o inhibición de oportunidades de copresencia, contacto social y configuración de redes sociales locales (Houghton, 2005; Adger et al., 2011). De este modo, la diversidad, cantidad, variedad y configuración espacial de los usos de suelo (Wickes, et al., 2018) y espacios públicos (Lelévrier, 2013) dan lugar al encuentro e intercambio de experiencias a través de la comunicación cara a cara (Leitner & Sheppard, 2018). Small y Adler (2019) destacan este rol del espacio en la formación de vínculos a partir de tres dimensiones en diferentes escalas: la configuración espacial, la composición del espacio y las distancias respecto a las diferentes actividades cotidianas.

Capital Social y Cohesión Vecinal

El capital social es un concepto con un fuerte componente espacial y geográfico, ya que las interacciones sociales están fuertemente determinadas por su tiempo y lugar (Adger et al., 2003). Además, la forma del capital social, en su interacción con otros capitales (Bourdieu, 1986), se relaciona con el espacio de manera interdependiente (Bourdieu, 1999). Esta articulación, comprensiva y dialéctica, entre el espacio físico y el espacio social es un desafío para comprender el rol del entorno urbano construido en la configuración de biografías, redes personales y comunidades urbanas.

La formación de vínculos sociales locales y la cohesión social a escala barrial también es influenciada por el apego al lugar y las relaciones locales que en él se construyen (Wood & Giles-Corti, 2008; Mount & Cabras, 2015; Wickes et al., 2018; Otero et al., 2021; Link et al., 2022b). En este sentido, se distinguen dimensiones prácticas y simbólicas de la cohesión social vecinal, donde las primeras están asociadas a comunidades locales de vínculos fuertes y prácticas cotidianas, mientras que la segunda tiene relación con la reputación, privilegio y elección residencial (Méndez et al., 2020).

La evidencia acumulada es fuerte en relacionar dimensiones sociales y físicas de los barrios con la generación de apego al lugar (Lin & Lockwood, 2014). De esta manera, el apego al lugar puede detonar sentido de comunidad, confianza social, solidaridad y autoeficacia, propiciando residentes activos tanto en defender o gestionar el cambio de sus barrios (Drury & Reicher, 2005), como en buscar soluciones adaptativas in situ frente a problemas comunes (Marshall et al., 2012; Fong et al, 2019). Así, las dimensiones sociales y físicas de los barrios afectan la producción de vínculos sociales locales y la cohesión vecinal (Peters et al., 2010; Dai, 2011; Zhu et al., 2012; Krellenberg et al, 2014), dando pie a una sostenida atención al desarrollo de intervenciones, planificaciones y políticas urbanas centradas en constituir, promover y transformar estas dimensiones barriales (Hartig et al., 2014; Kelly et al, 2022; Akers et al., 2019; Cooke, 2020; Ulmer et al., 2016).

Impacto de la Tipología Arquitectónica

Si bien la discusión se ha centrado de manera importante en la escala barrial, ha sido poco lo que se ha avanzado en dimensionar el alcance que las tipologías arquitectónicas pueden tener sobre determinadas percepciones sobre el barrio, las que, a su vez, pueden afectar la predisposición a las relaciones vecinales (Maya-Jariego, González-Tinoco & Muñoz-Alvis, 2023). La hipótesis es que no solo las condiciones sociomateriales del barrio pueden mediar en el apego barrial y la probabilidad de interacción social vecinal, sino que también las tipologías arquitectónicas que conforman el barrio. Estas, al incidir en una buena o mala percepción barrial, pueden estimular o inhibir la formación de vínculos y prácticas de encuentro y reconocimiento.

A partir de hallazgos en línea con Link et al. (2022), se plantea que las tipologías arquitectónicas “progresivas”, es decir, abiertas a su modificación y adaptación por parte de cada propietario, pueden constituir un recurso espacial que, en complemento con otras estrategias sociales y urbanas, ayudarían a propiciar percepciones positivas respecto de la preferencia y predilección por vivir y quedarse en el barrio.

Estudio de Caso: Gran Concepción, Chile

Contexto y Metodología

El Área Metropolitana de Concepción, o Gran Concepción, es un sistema urbano compuesto por 12 comunas que aglomeran a más de un millón de personas. El barrio objeto de estudio se ubica en San Pedro de la Paz y abarca un conjunto habitacional de altura llamado Michaihue 716, y la Población La Estrella. Ambos fueron soluciones habitacionales generadas a partir de una política pública caracterizada por la vivienda en extensión y progresiva, donde se entregaba solo cocina y un dormitorio, dejando lo demás para las posibilidades de cada vecino.

El poblamiento oficial del sector comenzó en 1995 con la construcción de viviendas en Población La Estrella, impulsada por la fundación San José de la Dehesa. Originalmente, se construyeron tres tipologías de vivienda, con superficies de 24 m², 36 m² y 48 m², de materialidad madera y en su mayoría sin baño integrado. Las últimas viviendas edificadas en La Estrella se construyeron a través del subsidio DFL 2 y se entregaron en 2005, destinadas a familias provenientes de Candelaria, Michaihue histórico y Boca Sur. A finales de la década de los '90, se construyeron los bloques de Michaihue 716, un conjunto de condominios que abarca 44 bloques de edificios con un total de 716 departamentos, cada uno de 45 m².

Esta investigación se constituyó a partir de dos tipos de levantamiento de datos de fuentes primarias. El primero, en base a un Censo domiciliario estandarizado realizado durante el 2020, cubrió un 80% de las 990 residencias del barrio (716 departamentos y 274 viviendas), es decir, 792 unidades, todas de propietarios. De este censo se analizaron dos preguntas clave: i) ¿le gusta vivir en este conjunto habitacional? y ii) Si pudiera elegir ¿se iría o se quedaría viviendo en este conjunto habitacional? El segundo levantamiento, más acotado y exploratorio, correspondió a entrevistas a redes personales de vecinos residentes de ambas tipologías, cuyas percepciones sobre la preferencia y predilección barrial eran distintas.

Censista visitando el barrio La Estrella, destacando la interacción con los residentes

Perfil Sociodemográfico y Condiciones del Área

Del total de habitantes del conjunto o polígono de estudio, se aprecia que el 56% corresponde a mujeres y el 43% a hombres. Respecto a la edad, el mayor número de personas se encuentra en el tramo de 15 a 29 años, con un 29%, mientras que el menor porcentaje se muestra en los adultos mayores de 65 años, representando el 7,21%. Al comparar esta información con los datos comunales, la distribución por edad presenta en general homogeneidad, pero se destacan diferencias en los tramos de 15 a 29 años, donde la población del polígono cuenta con el 29,37% y la comunal con el 22,77%. El nivel de ingresos del grupo de estudio es bajo, pues el 79,1% de las personas percibe menos del Ingreso Mínimo.

En términos de infraestructura, todo el sector presenta un avanzado deterioro de las edificaciones, sus estructuras, terminaciones e instalaciones. Sin embargo, el 98,7% de los casos declara estar a menos de cuatro cuadras de servicios de paraderos de locomoción colectiva (o estaciones de biotren). Lo mismo ocurre con el 94,3% de los casos para servicios de comercio menor (negocios, peluquerías, panaderías). La composición social del barrio es bastante homogénea y los niveles de confianza y control social tienden a ser altos, lo que se evidencia en que alrededor del 82% de los encuestados cree que sus vecinos son honestos y dignos de confianza.

Resultados de la Percepción y Satisfacción

Ante la primera pregunta del censo, “¿Le gusta vivir en este conjunto habitacional?”, las respuestas se dividieron en un 50,4% NO, y un 49,6% SÍ. Sin embargo, al desagregar por tipología, en Michaihue 716 (tipología en altura), la percepción fue menos favorable en comparación con La Estrella (tipología en extensión progresiva). En Michaihue 716, con un total de 573 residencias encuestadas, el 55,7% (319 casos) manifestó que no le gusta vivir en el sector. En contraste, en las residencias de La Estrella, el 63,1% de los censados (137) manifestó que sí le gusta vivir en el lugar.

Gráfico de barras mostrando porcentajes de respuestas positivas y negativas a la pregunta

Por su parte, en la segunda pregunta, “Si usted pudiera elegir, ¿se iría o se quedaría viviendo en este conjunto habitacional?”, la brecha fue mucho más marcada. Un 73,2% de las residencias encuestadas se iría y solo un 23,1% se quedaría. Al desagregar por tipología, los residentes de La Estrella que quisieran quedarse corresponde a un 43%, y en Michaihue 716, a un 17%.

Influencia de Atributos Individuales y Tipología Residencial

Al cruzar los resultados del Censo y estas dos preguntas clave con los atributos individuales (etarios, de género y antigüedad de residencia), los resultados muestran una relación esperable entre ambas preguntas, pero también importantes diferencias que se acentúan dependiendo de los atributos de los entrevistados.

  • Género: Frente a la pregunta “¿le gusta vivir en este conjunto habitacional?”, un 56% de los propietarios hombres respondió SÍ y un 44% NO. En las propietarias mujeres, esto cambia levemente, con un 52% SÍ y un 48% NO. En cuanto a la opción de irse, es un 10% más alta en el género femenino (80%) que en el masculino (70%).
  • Edad: Por edad, el deseo de irse es alto en jóvenes (hasta 24 años), con 86%. En adultos, este índice baja a 78% (más de 24 y menos de 65 años) y a 64% en adultos mayores (más de 65 años).
  • Antigüedad de residencia: No se aprecian diferencias significativas en el "gusto por vivir" entre los tramos analizados (antigüedad alta, media, baja), rondando siempre el 50% de desaprobación. La opción de irse siempre está sobre el 70% en todos los tramos de antigüedad.
  • Participación en organizaciones sociales locales: Tampoco parece afectar el "gusto por vivir" si el encuestado participa o no en organizaciones sociales locales, ya que en ambos casos la desaprobación se mantiene en el 50%. Sin embargo, en quienes participan, el deseo de irse cae un 10% (70%) en relación con los que no participan (80%).
  • Tipología residencial: Donde sí hay una diferenciación significativa es la tipología residencial del encuestado. La respuesta positiva de los propietarios de tipologías en extensión progresiva llega a un 62%, mientras que las respuestas de los propietarios de tipologías en altura baja a un 42%. Esta tipología explica un aumento del 20% en la percepción de predilección por vivir en el barrio en los propietarios de tipologías progresivas.

Desde el punto de vista de la edad, este aumento del 20% en la predilección significó pasar del 36% al 58% en jóvenes, del 46% al 60% en adultos, y del 48% al 70% en adultos mayores. En cuanto a la antigüedad, los propietarios de viviendas en extensión progresiva marcan un aumento en relación con los propietarios de tipologías en altura, pasando de un 52% a un 60% en los de antigüedad baja, de un 40% a un 70% en los de antigüedad media, y de un 42% a 62% los de antigüedad alta.

En la segunda pregunta, en el caso de los propietarios de tipologías en altura, resultan casi irrelevantes los atributos personales, pues la opción de irse frente al quedarse nunca baja del 78%. Sin embargo, en la tipología en extensión progresiva se aprecian cambios significativos, como es el caso de los propietarios masculinos, adultos mayores y aquellos que participan en organizaciones sociales locales, donde primó la opción de quedarse. Los puntos más altos respecto de la opción irse se mantienen entre las propietarias mujeres, los adultos, y aquellos de antigüedad media y baja.

Las razones principales por las cuales no les gusta vivir en este conjunto habitacional fueron la inseguridad, delincuencia, tráfico, consumo de drogas y peleas callejeras, representando el 19,5% de las menciones.

Redes Personales y Cohesión

Una vez analizado el Censo, se realizó un ejercicio exploratorio entrevistando a vecinos residentes en tipologías de altura (Michaihue 716) y en extensión progresiva (La Estrella), y en cada caso, con percepciones declaradas, tanto positivas como negativas, de preferencia y predilección por el barrio. Con estas entrevistas se levantaron y analizaron sus redes personales. De los contactos declarados, el 38,3% vive en el mismo barrio, y de estos, un 43% tiene comunicación al menos una vez a la semana.

Entrevista a Lucía Dammert , socióloga, sobre seguridad ciudadana y cohesión social

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