La Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de Montevideo, en colaboración con el personal médico del hospital Pasteur y del hospital oncológico, se dedica activamente a los cuidados paliativos. Su misión principal, como explica el P. [Nombre omitido], es brindar apoyo espiritual y sacramental a los pacientes que lo soliciten. En situaciones donde los enfermos son trasladados a residencias, se trabaja en coordinación con médicos y familiares para acompañarlos en la etapa terminal, facilitando un tránsito pacífico hacia el encuentro con Dios.

Monseñor [Nombre omitido] destaca que la legislación actual reconoce y desarrolla los cuidados paliativos, protegiendo a los más vulnerables. La Iglesia Católica considera estos cuidados como una respuesta realista y profundamente humana, enfatizando su necesidad de ser accesibles para todos. Afrontar el final de la vida de esta manera puede convertirse en una oportunidad de crecimiento humano para el enfermo, su familia y la sociedad en su conjunto.
El Dr. Daniel Scorzo, con 30 años de experiencia en Cuidados Paliativos, define estos cuidados como la prevención, identificación precoz, evaluación integral y control de problemas físicos, incluyendo el dolor y otros síntomas angustiantes, así como el sufrimiento psicológico, espiritual y las necesidades sociales. Según el Dr. Scorzo, esto implica un retorno a los orígenes de la medicina, centrados en el acompañamiento y el cuidado constante, tal como se refleja en el juramento hipocrático, agregando a la medicina la "ventana de la esperanza".

La Pastoral de la Salud se involucra en los cuidados paliativos a través de la escucha y el acompañamiento, especialmente en momentos de dificultad, ofreciendo presencia, oración, palabra y sacramentos. El P. [Nombre omitido] subraya que, respetando la libertad del paciente, se limitan a ofrecer su disposición y cercanía. Dada la individualidad de cada paciente, el abordaje de la Pastoral es amplio, detallado, cuidadoso y no invasivo. En muchas ocasiones, el silencio juega un papel primordial, creando un espacio propicio para la oración e intercesión por el enfermo.
Monseñor [Nombre omitido] afirma que la Iglesia ha sido históricamente testigo del cuidado de los enfermos, y a través de la Pastoral, continúa acompañándolos en comunidades parroquiales, hogares, sanatorios y hospitales.
El Dr. Scorzo resalta el papel fundamental que la Iglesia Católica puede aportar a los cuidados paliativos, motivado por el amor fraterno y la lucha por la vida de todos. Como ejemplo de iniciativa de la Iglesia, menciona el Hogar Padre Benito Menni, atendido por las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, que acoge a cerca de 100 residentes.
Para el Dr. Scorzo, los cuidados paliativos son esenciales para manejar el concepto del "dolor total" de la muerte, que abarca no solo el dolor físico sino también el miedo a cómo se morirá, los síntomas y, fundamentalmente, la soledad. La importancia de estos cuidados radica en que atienden integralmente al paciente, a la familia y a los cuidadores, permitiendo que estos últimos realicen mejor su labor y mitigando el impacto de la muerte.
Los cuidados paliativos pueden ofrecerse en sanatorios, policlínicas o domicilios, siempre que existan las condiciones mínimas de habitabilidad. El Dr. Scorzo añade que su aplicación es posible en todo el país, e incluso el médico tratante, si está formado en Cuidados Paliativos, puede brindar asistencia.
Monseñor Pablo Jourdán relata el testimonio de Carlos y Rosa, una pareja que enfrentó la cuadriplejia de Carlos tras un accidente laboral. A pesar de las dificultades, la fe católica de Rosa, la oración conjunta y el apoyo parroquial permitieron que Carlos encontrara un profundo deseo de vivir y se transformara en un cristiano maduro. Este caso contrasta con la experiencia del Dr. Jourdán, quien señala que, en general, accidentados con secuelas similares no manifiestan un gran deseo de vivir a largo plazo.
PILDORAS DE ESPERANZA: El dolor por la enfermedad o la pérdida de un ser querido
La Perspectiva Doctrinal de la Iglesia Católica sobre los Cuidados Paliativos
La Iglesia Católica, en su doctrina, ha abordado la realidad de la muerte y el morir, posicionándose firmemente contra la eutanasia. Se enfatiza que la vida humana es un don sagrado y que ningún ser humano puede ser sacrificado en beneficio de otro. La Iglesia promueve el respeto a la imagen de Dios en cada persona y considera la vida como un valor intrínseco, no como un tabú ni como un fin en sí mismo.
Históricamente, la Iglesia ha defendido el principio de la totalidad y el respeto a la persona. La administración de analgésicos para aliviar el dolor, incluso si pueden acortar la vida, se considera moralmente aceptable siempre que no sea la causa directa de la muerte y se administren con la intención de aliviar el sufrimiento. Se distingue entre el uso de medios ordinarios y extraordinarios para conservar la vida.
En su enseñanza, la Iglesia Católica condena la eutanasia positiva directa y cualquier forma de acción u omisión que cause la muerte o exponga a los más débiles a riesgos inaceptables. Se subraya la importancia de la dignidad humana y la protección de los más vulnerables.
Principios y Consideraciones Éticas
- Principio de la Totalidad: La Iglesia reconoce la legitimidad de la intervención sobre órganos o partes del cuerpo humano si el fin es reparar un daño o mejorar el estado general del organismo, siempre respetando la dignidad de la persona.
- Uso de Medios Terapéuticos: Se distingue entre medios "ordinarios" y "extraordinarios" para conservar la vida. No se está obligado al uso de medios extraordinarios, y en ciertos casos, aceptar la muerte natural puede ser una opción moralmente lícita.
- El Dolor y los Analgésicos: El uso de analgésicos para aliviar el dolor, incluso si pueden acortar la vida, es moralmente lícito si no es la causa directa de la muerte.
- Rechazo de la Eutanasia: La Iglesia Católica rechaza de manera inequívoca la eutanasia y el suicidio asistido, considerándolos una violación del derecho fundamental a la vida y un fracaso de la compasión.

El Papa Francisco, en su mensaje a un simposio sobre cuidados paliativos, destaca que la esperanza es fundamental ante los desafíos de la vida. Los cuidados paliativos, al aliviar el sufrimiento, son un signo de cercanía y solidaridad, ayudando a aceptar la vulnerabilidad y la finitud de la vida humana. El Papa diferencia claramente los auténticos cuidados paliativos de la eutanasia, a la que describe como un "fracaso del amor" y un reflejo de la "cultura del descarte".
La verdadera compasión, según el Papa Francisco, implica acompañar y compartir el sufrimiento, reafirmando la dignidad inviolable de la persona, especialmente de los moribundos. Desde una perspectiva de fe, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte pueden ser vistos como parte del designio divino y un medio de santificación, ofreciendo consuelo y reconciliación.
Definición y Alcance de los Cuidados Paliativos
Etimológicamente, el término "paliativo" proviene del latín "pallium", que significa manta. Paliar implica cubrir los síntomas sin abordar las causas. En este sentido, un tratamiento paliativo busca disminuir o suprimir los síntomas de una enfermedad sin actuar sobre la enfermedad en sí misma.
Teresa Vanier definió los cuidados paliativos como "todo aquello que queda por hacer cuando no hay nada que hacer". Estos cuidados responden a una nueva forma de comprender y asumir al enfermo terminal, abarcando acciones en diversos planos: médico, psicológico, social y espiritual, tras un diagnóstico de enfermedad incurable en fase terminal. La premisa fundamental es que no poder sanar a una persona no exime de la responsabilidad de cuidarla y hacer su situación menos penosa.
La relevancia de los cuidados paliativos ha ido en aumento dentro de las especialidades médicas. La manera en que una sociedad se relaciona con sus miembros más débiles, desamparados y enfermos es un indicador clave de su calidad humana y cultural, más allá de sus índices económicos o avances tecnológicos.

El Papa Francisco enfatiza la importancia de que toda persona en la última etapa de su vida pueda vivirla de la forma más humana posible, privilegiando el derecho al cuidado para todos y evitando el descarte de los más débiles. Sostiene que "la vida es un derecho, no la muerte, que debe ser acogida, no suministrada".
Para un cristiano, la "buena muerte" es una experiencia de la misericordia de Dios. La oración del Ave María, pidiendo su intercesión "ahora y en la hora de nuestra muerte", refleja esta profunda conexión espiritual en el momento final de la vida.
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