El Impacto del Cuidado Informal en la Calidad de Vida

Las enfermedades crónicas representan un problema de salud pública significativo, no solo por su creciente prevalencia, sino también por el impacto negativo que generan en el bienestar de los pacientes y sus familias. Las implicaciones de estas enfermedades, que a menudo causan limitaciones y dependencia para realizar actividades cotidianas, afectan directamente la calidad de vida de quienes brindan el cuidado, conocidos como cuidadores informales. Esta situación es producto de la considerable carga física y emocional que representa dicha tarea.

Los riesgos para la salud del cuidador informal están intrínsecamente relacionados con la transformación de sus roles y el desempeño de sus actividades diarias, ya que se ven obligados a cambiar su estilo de vida en función de la atención del paciente con enfermedad crónica. Esta actividad consume gran parte de su tiempo y conlleva la experimentación de una multiplicidad de síntomas emocionales, psicológicos y físicos que desencadenan lo que se conoce como sobrecarga o síndrome del cuidador. Esta sobrecarga se intensifica con el aumento de la necesidad de apoyo del paciente en las actividades de la vida cotidiana y la cantidad de tiempo requerido para su atención.

El acto de cuidar implica un elevado nivel de dedicación, un aumento de las responsabilidades individuales, y la aparición de sentimientos de obligación de proporcionar apoyo. Además, genera una pérdida de la sensación de libertad y efectos psicoemocionales, conductuales y fisiológicos adversos. Estas condiciones tienden a empeorar con el tiempo, a medida que el estado de salud del paciente se deteriora y la demanda de atención aumenta, interfiriendo negativamente con el bienestar y funcionamiento psicológico, personal y afectivo del cuidador, lo que resulta en insatisfacción de sus necesidades y deterioro de sus redes sociales.

Perfil del Cuidador Informal y Deterioro de la Calidad de Vida

Diversos estudios han permitido construir un perfil del individuo dedicado a la tarea de cuidado informal, mostrando un consenso entre investigadores de diferentes latitudes. La responsabilidad de cuidar a los pacientes recae esencialmente sobre la propia familia, y en particular sobre las mujeres, quienes suelen tener un nivel medio-bajo de formación educativa y combinan el cuidado del familiar durante un número elevado de horas diarias con las responsabilidades del hogar y las demandas conyugales.

Se ha observado un rendimiento notoriamente reducido en relación con la calidad de vida física del cuidador, con quejas somáticas frecuentes por fatiga y alteraciones en el sueño, así como otros malestares que incluyen cefaleas, cansancio y dolor de espalda. Incluso, en algunas enfermedades como las demencias, se ha postulado el impacto del cuidado en la salud nutricional de la díada paciente-cuidador.

A nivel psicológico, se reporta una mayor tendencia a la aparición de problemas de ansiedad y depresión, siendo común la presencia de sentimientos de miedo e inseguridad, generalmente producidos por la preocupación que genera el estado de salud del paciente y el temor a la progresión de la enfermedad. La salud mental, el estado emocional y la vitalidad del cuidador son los elementos de la calidad de vida psicológica más frecuentemente afectados.

Infografía: Perfil y desafíos del cuidador informal

Estudios de Caso y Hallazgos Específicos

Un estudio realizado en Montería (Córdoba, Colombia) durante el segundo semestre de 2012, evaluó a 127 cuidadores informales. Se utilizó el cuestionario WHOQOL-Bref de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evaluar la calidad de vida, considerando cuatro dominios: salud física, salud psicológica, relaciones sociales y medioambiente. Los resultados revelaron:

  • Bajos niveles de salud física y psicológica.
  • Deterioro de los procesos de participación social.
  • Niveles moderados de interacción con el medioambiente.
  • El género del cuidador, su ocupación y la relación con el paciente tuvieron una correspondencia significativa (p < 0,05) con la calidad de vida en relación con los dominios de medioambiente, vida social y salud psicológica.

Otro estudio transversal llevado a cabo en el área de salud Pedro del Toro Saad, Holguín, Cuba, entre octubre de 2017 y marzo de 2018, con una muestra de 40 cuidadores informales, arrojó los siguientes datos:

  • El 97% de los cuidadores informales son mujeres, con una edad promedio de 60 años.
  • El 32% alcanzó solo estudios básicos; el 52% son amas de casa.
  • El 72% percibe tener una situación económica mala.
  • El 100% recibió visitas domiciliarias del equipo básico de salud, con predominio de la atención de enfermería.
  • El 60% participó en capacitaciones del centro de salud.
  • El 55% presentó algún grado de sobrecarga, y un 55% posibles casos de depresión.

En el contexto español, la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia, reconoce la figura del cuidador no profesional o familiar. Los estudios en España también confirman que las mujeres tienen más probabilidades de ser cuidadoras que los hombres, aunque las estructuras familiares están cambiando y cada vez más hombres asumen el cuidado, especialmente cuando las mujeres de la familia están ausentes.

Prevención de la Sobrecarga del cuidador informal del adulto mayor. Acarí

Disparidades de Género en el Cuidado Informal

El género influye marcadamente en la prestación de cuidados familiares, identificándose desigualdades en la distribución de tareas. Un estudio mixto, descriptivo y fenomenológico en Valencia, con ocho mujeres y cinco hombres mayores de setenta años que cuidaban a personas dependientes en el domicilio, reveló que:

  • Las cuidadoras tenían una mayor carga relacionada con los cuidados.
  • El 90% de las cuidadoras actuaban por obligación moral, compasión, reciprocidad y amor.
  • El 80% de los cuidadores lo hacían por responsabilidad y reciprocidad, obteniendo un logro y un aprendizaje satisfactorio.
  • Ambos sexos desarrollaron habilidades de resiliencia, alcanzando mayores niveles de adaptación.

Las características asociadas a los roles de género determinan un mayor nivel de sobrecarga, mayor morbilidad y depresión, y una peor calidad de vida en las mujeres cuidadoras que en los hombres. En la Comunidad Valenciana, las proyecciones para 2035 indican que el 26,4% de la población tendrá sesenta y cinco años o más, y el 7,9% superará los ochenta años, lo que exacerbará la necesidad de cuidadores.

Un problema importante y poco estudiado es la provisión de atención y cuidados familiares por parte de personas mayores de setenta años desde la perspectiva de género. No es lo mismo cuidar siendo hombre o mujer, ni tampoco cuidar durante la etapa laboral o durante la jubilación y/o vejez.

Efectos en la Salud y Apoyo Social

Los cuidadores informales ven afectada desfavorablemente su salud y su calidad de vida, experimentando cambios en sus patrones de conducta, socialización e integración familiar. Las condiciones del cuidado ofrecido sirven de predictores del nivel de afectación, por lo cual resulta indispensable analizar desde un enfoque interdisciplinario todas aquellas variables que influyen en la carga que sufren los cuidadores, sus características y su funcionamiento físico, psíquico y moral.

Un estudio con 89 cuidadoras en Gran Canaria encontró que los problemas de salud más prevalentes relacionados con su condición de cuidar fueron los problemas de salud mental (55,1%) y los problemas osteomusculares (49,4%). En cuanto a la calidad de vida, las puntuaciones más elevadas se obtuvieron en las dimensiones "Estado de salud" y "Cambios en el estado de salud".

Según el cuestionario Duke-UNC, el 64,0% de las cuidadoras refieren un apoyo social percibido normal. Sin embargo, aquellas que realizaban su labor los 7 días de la semana y llevaban más de 11 años a cargo del cuidado, mostraron una afectación en el cambio del estado de salud (p=0,000) si referían un apoyo social percibido bajo. Las mujeres presentaron peores valoraciones en cuanto a sentimientos (p=0,047).

Las participantes con sobrecarga intensa tuvieron afectadas el área de sentimientos (p=0,000) y el área de actividades sociales (p=0,004). Gran parte de las participantes realizaban su labor durante los 7 días de la semana (90,6%), más de 20 horas diarias (62,5%) y con un turno completo (75,0%).

Se observó una mayor calidad de vida en aquellas cuidadoras con alto nivel de estudio y/o conocimientos en salud, así como en el sexo masculino. La educación superior se asoció de forma estadísticamente significativa con la CVRS cuando se midió con EQvas (p=0,03). En lo que respecta a la dimensión ansiedad/depresión, estudios encontraron que un 48,1% de las cuidadoras afirmaban tener algún problema de salud mental asociado al cuidado. La presencia de sobrecarga intensa del cuidado tiene efectos secundarios perjudiciales en la salud de las cuidadoras principales, generando una calidad de vida percibida muy baja, tanto a nivel físico como mental.

Gráfico: Distribución de la sobrecarga en cuidadores

Impacto de la Pandemia COVID-19

La pandemia de COVID-19, con sus restricciones en el sistema sanitario, la falta de recursos y la disminución de la atención domiciliaria, generó un aumento de la responsabilidad en la atención brindada a sus familiares. Este efecto provocó una mayor carga física y psicológica en las cuidadoras informales, resultando en un impacto negativo en su salud.

Entre las consecuencias, y según los estudios encontrados, prevalecen las enfermedades crónicas como las cardiovasculares, artritis, diabetes, unido al mayor riesgo de padecer ansiedad, depresión, entre otras afectaciones de salud mental. Estas conclusiones son coincidentes con los resultados observados en los Centros de Salud de Gran Canaria, donde un 49,9% de las cuidadoras refirió algún tipo de patología osteomuscular relacionada con la carga del cuidado, y un 55,1% mencionó problemas relacionados con la salud mental, los cuales aumentaron durante la pandemia.

tags: #cuidadores #informales #scielo