La religiosidad mapuche actual está teñida por el sincretismo de los conceptos introducidos por la evangelización cristiana, los que se integran a la cosmología mapuche tradicional. Esta integración genera nuevas dimensiones de lo sagrado, símbolos y ritos. El Admapu es el conjunto de símbolos, prácticas y creencias tradicionales que propugnan que el pueblo mapuche y la tierra (mapu), fueron creados por Nguenechén (“dueño de los hombres”). En su cosmovisión, la muerte es entendida como un viaje a una plataforma superior, lo que se refleja en sus cementerios, donde se distingue el contraste entre lo terrenal y lo divino y diversas formas que cuentan de la vida más que de la muerte.
La Cosmovisión Mapuche y el Principio Ordenador
En tiempos antiguos, la figura mítica fundamental fue el Pillán, espíritu del antepasado fundador del linaje. Existiría un principio ordenador dentro de la cosmovisión mapuche: el de izquierda/derecha, donde la primera se asocia a lo inferior y la derecha a lo superior. Este dualismo, como conjunción de dos principios opuestos, conforma parejas de oposiciones, resultando en un sistema cuadripartito. Este sistema es representado en los diseños que porta el tambor ceremonial o kultrun. Los o las chamanes (machi) invocan en los ritos a las cuatro grandes deidades: el Anciano, la Anciana, el Joven y la Joven. El Wenumapu, el cielo, se divide en cuatro cielos que ordenan el número de bailes o de oraciones que componen el Nguillatún o rogativa, una de las ceremonias mapuche más importantes.
Eltún: Los Cementerios Mapuche y sus Prácticas Funerarias
Las formas de entierro en los cementerios de los antecesores mapuches fueron diversas: en canoas o en troncos ahuecados, en cistas de piedra, inhumaciones directas en la tierra y en urnas funerarias de cerámica. Esta última fue la modalidad de inhumación más común de la cultura El Vergel, entre el Bío Bío y el Toltén. A veces, coexisten enterratorios en urnas y en canoas en un mismo cementerio. En las tumbas de la más antigua cultura Pitrén, se disponen como ofrendas vasijas cerámicas, predominando los jarros simétricos y asimétricos con engobe negro o con decoración negativa de motivos geométricos o fitomorfos.

La evolución de las prácticas funerarias permitió la configuración del Eltún (o cementerio mapuche) durante el siglo XVII, cuando las incursiones españolas eran constantes. Los cementerios de las comunidades Mapuche son reflejo de su diversidad y de las innumerables reducciones a las cuales fueron relegados, conservando una estrecha relación entre sujeto y naturaleza. Este Cementerio o Eltún, ubicado en Antiquina, comuna de Cañete, posee valores tangibles explícitos y valores intangibles implícitos, sustentados en la cosmovisión propia del pueblo mapuche, los que permanecen vigentes.
Chemamüll: Tótems Funerarios y Guardianes
El entendimiento de lo Chemamüll, como parte de la cultura mapuche, es un elemento crucial en el contexto funerario. Originalmente, los Chemamüll eran tótems funerarios, que marcaban y protegían las sepulturas, sirviendo como representación de los antepasados y la conexión con el mundo espiritual.
Ritos Funerarios: El Viaje al País de los Muertos
El sentido tradicional de la conmemoración de los difuntos está presente en prácticamente todas las culturas originarias de Chile, donde la muerte es un fenómeno esencial; un hito que define la transición entre dos estados: la vida y la muerte, que forman parte de una sola continuidad vital. Para los Mapuche, la ceremonia final es crucial para que el alma pueda penetrar al país de los muertos.
La preparación del cadáver comienza con el luto y las lamentaciones. Antes de vestir al difunto, se derraman cántaros de agua, y el cuerpo se viste con sus mejores prendas, como el llangi. Es común que el cadáver permanezca en la casa durante un período variable, entre uno y tres meses, aunque las autoridades han limitado el plazo a ocho días. Un mensajero (huerquen) es enviado para comunicar el duelo y convocar a la comunidad para la fiesta terminal.
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La Fiesta del Muerto y el Entierro
Una vez cumplidos los preparativos, se procede al arreglo del ataúd. Este consiste en un tronco de árbol ahuecado para colocar dentro el cadáver, y otro tronco ahuecado, llamado tacú huampu (canoa para cubierta), que sirve de tapa. La víspera de la fiesta del muerto, los invitados, hombres y mujeres, se reúnen para tomar. Se enfatiza que las mujeres no deben llorar, pues el difunto debe irse a la tierra de los muertos. Se mata un caballo y todas sus prendas se disponen para el viaje del alma.
El ataúd se traslada en carreta a un espacio abierto próximo a la casa y no distante del enterratorio. Sobre cuatro varas se suspende el pillai (féretro). Los convidados van llegando y se sientan cerca del pillai formando un círculo, agrupándose según sus familias. Destaca la figura de un indígena, que es el jefe. Antes de la traslación del muerto al enterratorio (Eltún), los caciques realizan un ritual. Montados a caballo, dan cuatro vueltas alrededor de la casa, levantando sus lanzas y gritando "¡Jefe! ¡Jefe! ¡Jefe! ¡Diablo!". Esta operación se repite cuatro veces. Al declinar la tarde de este mismo día, o en ocasiones al siguiente, el féretro es llevado procesionalmente al cementerio.
Al llegar a la tumba, un mapuche desciende al fondo del hoyo ya cavado, y con ayuda de otros, baja el ataúd. Se colocan ofrendas junto al cadáver: alimentos, chicha (licor), frenos, espuelas y otros objetos necesarios para el largo viaje que el alma debe emprender. Las mujeres acompañan la procesión con lamentaciones que se desarrollan de notas altas a bajas y viceversa, una forma de llanto de sollozos propia de los pueblos civilizados, según los cronistas.
Mitología Mapuche: Seres y Fuerzas del Mundo Espiritual
La mitología mapuche está poblada de seres y fuerzas que interactúan con el mundo humano y el más allá. Entre ellos, se encuentran entidades como el Guirivilu, una serpiente con cabeza de gallo que habita en los ríos y lagos, y el Pihuichen, un pájaro de características vampíricas. El Anchimallen es un espíritu luminoso que se asocia con el fuego y puede traer buena suerte o ser un presagio, mientras que el Choñchoñ es un ser mítico con forma de cabeza voladora.

Otros seres incluyen el Huitranalhue, un esqueleto que de día aparece como tal y de noche se alimenta de sangre, o el Trelquehuecufe, un ser acuático en forma de cuero de vaquilla con garras. Estos seres mitológicos, junto con las creencias en venenos (vuñapue) y la constante interacción entre el mundo material y el espiritual, dan forma a la comprensión mapuche de la vida, la muerte y el cuidado de los ancestros.
Impacto de la Colonización y la Resiliencia Cultural
Tras la ocupación del Estado chileno, el panorama de los cementerios mapuches cambió radicalmente, desapareciendo muchos de estos lugares ancestrales. Relegados, los Mapuche debieron construir nuevos cementerios, adecuándose a las nuevas condiciones de la reducción, pero manteniendo algunas características de los Eltún. Entre estas adecuaciones destacan los modos de sepultar a los muertos, donde se adoptan simbolismos cristianos como la cruz y la sepultura en profundidad. Los nuevos cementerios fueron establecidos dentro de sus propios territorios, en lugares privilegiados, determinados por la altura y el paisaje.
La Mitohistoria de Rosa Kurin: Un Ejemplo de Resistencia
La mitohistoria de Rosa Kurin ilustra cómo la memoria mapuche entrelaza el mito y la historia frente a la adversidad. En un frío día de invierno de julio de 2010, en la comunidad mapuche de Millali al sur de Chile, se narró la historia de Rosa Kurin, una poderosa machi alemana-mapuche de la Patagonia que llegó a Millali en 1879 y la salvó del caos y la destrucción. Rosa, de 6 años, y su madre alemana, huyeron de la Patagonia argentina a caballo hacia la Araucanía chilena, llevando como protección una piedra trueno (tralkankura) que contenía el espíritu de un antiguo guerrero chamán. La piedra pertenecía al padre de Rosa, un jefe mapuche o longko llamado Kurin.
Rosa se convirtió en machi repentinamente a los doce años, al tener una visión de un toro con una campana gigante de bronce. El animal trepó a la cima del cerro que se levantaba sobre Millali, el lugar de origen cósmico de la comunidad, donde, según creencias, se había librado una batalla entre los míticos culebrones del agua y de la tierra. Para los Mapuche, las visiones de toros están asociadas con espíritus del agua y de la tierra y a veces presagian violencia y conflictos futuros. En el sueño de Rosa, los toros se transformaban en piedras y ella pudo usar su poder mágico para proteger a la comunidad.
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Rosa Kurin vivió en tiempos de enormes cambios culturales, económicos y políticos para los Mapuche. Entre fines del siglo XIX y principios del XX, el estado chileno doblegó la resistencia mapuche, obligándolos a instalarse en reservas y dividiendo sus tierras. Para 2010, cincuenta y cinco años después de la muerte de Rosa, los habitantes de Millali recordaban ese período como un tiempo de caos cósmico y a Rosa como la machi que había salvado a Millali. Después de su muerte, fue mitificada como una líder religiosa chamánica que transformó el caos cósmico en un nuevo orden mundial mediante sus poderes chamánicos y su herencia étnica mixta.
Las mitohistorias chamánicas son un modo de transmitir la capacidad histórica de accionar de los indígenas, además de ser expresiones de identidad étnica, condición de persona y ontología indígenas. Los Mapuche tienen diversas maneras de representar el pasado, combinando nociones cíclicas y lineales del tiempo. La mitohistoria de Rosa combina historias de vida individuales, mitos, la historia de la cambiante identidad cultural y política de los Mapuche e historias nacionales chilenas más amplias, reinterpretadas a través de la óptica chamánica. Al entrecruzarse lo cíclico con lo lineal, la mitohistoria mapuche en Millali puede verse como una especie de espiral donde las personas y los acontecimientos se repiten y se mueven a lo largo del tiempo.
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