La sexualidad es un aspecto inherente a la condición humana que acompaña a las personas desde el momento de nacer hasta los últimos días de vida. Este concepto no debe ser relegado o percibido de forma diferente con el paso de los años, ya que, si bien a lo largo de la vida adquiere diversos significados y relevancia, es algo que en ningún momento se ausenta. Para abordar la sexualidad de manera integral, se reconocen tres componentes básicos que influyen en su desarrollo pleno: el biológico, el psicológico y el social.

Mitos y Estereotipos sobre la Sexualidad en la Vejez
La sexualidad en la tercera edad a menudo se encuentra rodeada de mitos y tabúes, creando la percepción errónea de que no pueden ir de la mano. La sociedad ha generado numerosos prejuicios que dan lugar al edadismo, una discriminación por motivos de edad que atribuye características negativas al envejecimiento, asumiendo la imposibilidad de una vida sexual activa o satisfactoria.
Es común la premisa, totalmente incierta, de que "los ancianos no tienen deseo sexual" o "no pueden tener relaciones sexuales". Se tiende a ver a las personas mayores como asexuales o desinteresadas en la actividad sexual, minimizando o ignorando sus necesidades eróticas. Esta creencia se agrava, por ejemplo, en el caso de las parejas homosexuales, quienes enfrentan prejuicios adicionales. Sin embargo, el placer físico es una experiencia deseable y válida para cualquier persona, sin importar la edad. Según una encuesta realizada en el Reino Unido, el 85% de los hombres entre 60 y 69 años son sexualmente activos, porcentaje que se reduce al 60% entre los 70 y 79 años, y al 32% a partir de los 80 años.
La sociedad suele creer que a partir de cierta edad se pierde el interés sexual progresivamente, pero esto no es cierto. El deseo sexual sigue siendo estable a lo largo del tiempo, independientemente del sexo. La idea de que el deseo o las fantasías sexuales deben desaparecer al envejecer, debido al deterioro físico o por no ser "natural", "moral" o "socialmente bien visto", es un estereotipo dañino. Los prejuicios y estereotipos sociales y familiares hacia la sexualidad del adulto mayor, así como hacia el proceso de envejecimiento, son una dificultad que impide la expresión sexual libre y plena. Las personas aprenden a vivir con estos tabúes, lo que resta calidad a su vida, ya que sus necesidades y sentimientos deben ser ocultados por temor a la crítica negativa.
Factores Influyentes en la Sexualidad de los Adultos Mayores
La sexualidad en la vejez está influida por una multitud de variables, incluyendo la salud general, la disponibilidad de una pareja sana, el nivel educativo y social, las creencias sexuales, la historia sexual previa, los intereses y prácticas sexuales anteriores, el grado de satisfacción con la vida y la personalidad.
Cambios Fisiológicos Naturales
El envejecimiento conlleva cambios naturales en el cuerpo que pueden influir en la respuesta sexual. Es importante destacar que estos cambios varían de una persona a otra y no necesariamente impiden disfrutar de una vida sexual satisfactoria.
- Cambios hormonales: Los niveles hormonales suelen disminuir con la edad. En los hombres, la testosterona disminuye gradualmente, lo que puede reducir el deseo sexual y afectar la función eréctil. En las mujeres, la menopausia marca el fin del ciclo menstrual y la disminución de estrógenos y progesterona puede causar sequedad vaginal y un menor deseo sexual.
- Respuesta sexual: En la tercera edad, el tiempo necesario para alcanzar la excitación y la meseta (periodo de máxima excitación) puede prolongarse. Los orgasmos pueden ser menos intensos, más cortos o más lentos debido a la disminución de la sensibilidad sexual y a los cambios hormonales. Además, la fase de resolución (relajación después del orgasmo) puede ser más prolongada.
- Salud física: La presencia de enfermedades crónicas, como la diabetes mellitus, enfermedades neurológicas, dolor y rigidez en las articulaciones, o la polifarmacia (uso de múltiples medicamentos), pueden afectar significativamente el desempeño sexual. Los adultos mayores perciben su cuerpo con posibilidades físicas disminuidas, y estos sucesos pueden modificar sus expresiones sexuales, requiriendo un ajuste a las nuevas capacidades físicas.
Factores Psicológicos y Sociales
Además de los cambios físicos, la sexualidad del adulto mayor está profundamente condicionada por factores psicológicos y el contexto social en el que se desenvuelve.
- Autoimagen y percepción corporal: La asociación del envejecimiento con la pérdida de la belleza y la vitalidad puede afectar la confianza y autoestima de las personas mayores, repercutiendo en su vida sexual.
- Experiencias de vida y moral: Las influencias tempranas en la sexualidad, la crianza recibida, la moral familiar (pasada y actual) y las creencias religiosas arraigadas, pueden moldear la concepción y la forma de vivir la sexualidad en la vejez. En muchos casos, los temas sexuales fueron reprimidos o considerados tabú en el entorno familiar, generando recuerdos desagradables y afectando el significado que hoy le otorgan a su sexualidad.
- Falta de educación sexual: Existe un déficit de conocimiento sobre temas sexuales entre las personas mayores de 60 años, lo que pone en riesgo su salud y sus derechos. La falta de orientación profesional puede llevar a situaciones de necesidad de información urgente, especialmente sobre cómo atender las necesidades relacionadas con la edad.
- Opinión social y prejuicios: Los estereotipos y prejuicios sociales hacia la sexualidad en la vejez pueden generar vergüenza o culpa, llevando a las personas mayores a reprimir sus necesidades sexuales. La censura, el reproche, las risas o el miedo han marcado a muchas personas de la tercera edad, dificultando una expresión sexual libre y plena.
- Cambios en la vida social: La pérdida de un cónyuge o la disminución de la red social pueden afectar la conducta sexual, ya que algunas personas pueden sentirse menos atraídas por el sexo sin la compañía de una pareja, o con menos oportunidades de participar en actividades sexuales debido al aislamiento.

Disfunciones Sexuales Comunes y su Abordaje
Las disfunciones sexuales son problemas que afectan la capacidad de una persona para disfrutar o participar en actividades sexuales. Son una realidad común en la tercera edad, pero no deben ser un obstáculo insuperable para mantener una vida sexual saludable y satisfactoria. Alrededor del 33% de los adultos mayores encuestados en un estudio refirieron haber presentado algún grado de disfunción sexual, siendo la disfunción eréctil la de mayor frecuencia.
Disfunciones Más Comunes en la Tercera Edad:
- Disfunción eréctil: Incapacidad para lograr o mantener una erección durante el coito, común en hombres mayores debido a cambios fisiológicos.
- Disminución del deseo sexual: Reducción del interés o deseo de participar en actividades sexuales, influida por cambios hormonales, problemas de salud, medicamentos o factores sociales.
- Sequedad vaginal: Común en mujeres mayores, causada por la disminución de estrógenos, lo que puede provocar dolor durante el coito.
- Problemas de eyaculación: Hombres mayores pueden experimentar eyaculación retardada o precoz.
- Dolor durante el coito: Causado por sequedad vaginal, problemas de próstata o tensión muscular, afectando el disfrute sexual.
La presencia de alteraciones físicas o mentales, como patologías crónicas (diabetes mellitus), condiciones psicológicas (depresión, ansiedad) o la polifarmacia, son factores primordiales que pueden afectar la satisfacción sexual.
Estrategias para Manejar las Disfunciones Sexuales:
Es fundamental recordar que las disfunciones sexuales son comunes y no deben considerarse vergonzosas. Hablar con un profesional de la salud es crucial para explorar opciones de tratamiento.
- Comunicación abierta: Hablar sobre los problemas sexuales con la pareja y/o profesionales de la salud es fundamental para encontrar soluciones, reducir la ansiedad y fomentar la intimidad.
- Estilo de vida saludable: Mantener una dieta equilibrada, hábitos de sueño adecuados y limitar el consumo de nicotina, alcohol y otras drogas puede tener un impacto positivo en la salud sexual.
- Actividad física: El ejercicio mejora la salud cardiovascular, lo que puede optimizar la función sexual. Los "ejercicios de Kegel" pueden fortalecer los músculos del suelo pélvico, siendo útiles para mujeres con incontinencia urinaria o debilidad muscular.
- Terapia de reemplazo hormonal y lubricantes: Para la sequedad vaginal, la terapia hormonal y el uso de lubricantes son opciones efectivas.
- Búsqueda de ayuda profesional: Acudir a un sexólogo o terapeuta sexual puede ayudar a identificar factores psicológicos o afectivos que contribuyen a los problemas sexuales y proporcionar herramientas para manejarlos.
La Importancia de la Educación y el Apoyo Profesional
La sexualidad en la vejez sigue siendo un tema rodeado de mitos y tabúes. Es crucial desmitificarla, abordar los desafíos y fomentar un enfoque positivo hacia el placer y la intimidad. Para promover la salud sexual y el bienestar de las personas mayores, es imprescindible fomentar la comunicación abierta y honesta.
Casi la totalidad de los adultos mayores sexualmente activos desean recibir información y/o educación sexual. Aunque muchos recurren a medios de comunicación e internet para informarse, existe el riesgo de encontrar información tendenciosa o incorrecta. Por ello, la necesidad de que los profesionales de la salud, como médicos y enfermeros, retomen esta temática y provean el cuidado y la orientación adecuados, especialmente en situaciones donde las necesidades relacionadas con la edad son difíciles de atender por falta de conocimiento. La educación no solo debe enfocarse en las personas mayores, sino que debe iniciar desde abordajes con la familia y la sociedad en general para combatir los prejuicios y estereotipos derivados de la edad.
Los profesionales de la psicología y sexología pueden desempeñar un papel clave en la promoción de una sexualidad saludable en la vejez. En instituciones de salud, como el Hospital Puerto Montt, existen equipos de geriatras dispuestos a ayudar a los adultos mayores con este y otros temas. La clave, según los expertos, es la comunicación: perder el miedo a expresar deseos, entender que la sexualidad va más allá del acto sexual clásico e implica relación afectiva, caricias e intimidad.
Es importante reconocer que la sexualidad en la vejez no es homogénea y que las experiencias de las personas LGTBIQ+ pueden ser diferentes, requiriendo un enfoque inclusivo y diverso en la atención y el apoyo.
Intimidad, placer y conexión: Sexualidad en la tercera edad | Entrevista con Elia Luna
Envejecimiento Poblacional y el Desafío de una Sexualidad Saludable
El envejecimiento poblacional es un fenómeno demográfico global en el siglo XXI. En Chile, por ejemplo, las personas mayores de 60 años representan el 18% de la población, y se proyecta que para 2050 esta cifra alcanzará el 32%. Este cambio demográfico exige un cambio cultural anticipado en la percepción de la vejez y la sexualidad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) enfatizan la importancia de políticas que incentiven el envejecimiento activo y saludable, donde la salud sexual se entiende como un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad, más allá de la ausencia de enfermedad o disfunción. Esto implica un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad, donde los derechos sexuales de todas las personas deben ser respetados, protegidos y ejercidos a plenitud.
En Chile, según una encuesta nacional de calidad de vida en la vejez, cerca del 60% de las personas mayores de 60 años consideran que la vida sexual es importante. De ellos, un 50,1% de los hombres y un 22,5% de las mujeres señalaron tener una vida sexual activa, especialmente aquellos que vivían en pareja (54,8%).
Las innovaciones en tecnologías digitales, como el uso de redes sociales o aplicaciones, pueden ser útiles para mejorar el acceso a la información y la vinculación social y comunitaria de los adultos mayores, especialmente en entornos rurales. Sin embargo, existen barreras relacionadas con el nivel educativo y el acceso a estas tecnologías, así como una brecha en la investigación y el desarrollo de soluciones tecnológicas específicas para la educación sexual en la vejez.
Las universidades y los sistemas sanitarios de los países tienen el desafío de generar políticas públicas que mejoren la calidad de vida y el bienestar biopsicosocial de las personas mayores, donde la salud sexual debe ser considerada como un derecho humano. Poner este tema en la agenda social es fundamental para promover un envejecimiento activo y saludable.
Experiencias y Percepciones de los Adultos Mayores
La sexualidad es percibida por los adultos mayores como una necesidad fisiológica importante que se sigue viviendo durante la vejez, y cuya satisfacción es buscada y valorada tanto por hombres como por mujeres. Esta satisfacción se manifiesta como algo agradable, placentero y relajante para su vida actual. La mayoría de los adultos mayores sexualmente activos se consideran satisfechos con su vida sexual.
Las expresiones sexuales sutiles, como besos, caricias, abrazos y palabras, son una fuente importante de satisfacción sexual, situando al amor como un elemento central y relegando la penetración a un papel prescindible. El sexo en esta etapa de la vida tiene beneficios a nivel mental, y las personas con una vida sexual sana suelen ser más felices. Es claro que la sexualidad va mucho más allá del acto del coito, implicando una relación afectiva y sensaciones de placer. Los adultos mayores encuentran satisfacción sexual en diversas formas de intimidad, adaptándose a sus posibilidades físicas y entendimiento con la pareja.
Es fundamental fomentar la comunicación abierta sobre los deseos, miedos y expectativas en la sexualidad de la tercera edad. La sociedad debe ser consciente de las necesidades de salud sexual de las personas mayores y trabajar para desterrar el edadismo y los prejuicios que aún limitan una vida sexual plena y satisfactoria.