El Proceso de Envejecimiento y la Dependencia
El envejecimiento es un proceso intrínseco y progresivo que forma parte del ciclo biológico natural de todo ser vivo. Con el paso de los años, este proceso repercute en la capacidad funcional física y el nivel de dependencia de la población adulta mayor, afectando paulatinamente su salud y sus actividades cotidianas. Los avances científicos y tecnológicos en el ámbito de la salud han elevado la esperanza de vida, generando una mayor demanda de servicios especializados y costosos en atención a la salud.
El incremento de la edad y del índice de masa corporal (IMC) conllevan a un proceso de deterioro y un alto índice de dependencia funcional en el adulto mayor (AM), situación que afecta progresivamente su salud y sus actividades cotidianas, principalmente en el hogar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) definen el envejecimiento como la integración entre un individuo que envejece y una realidad contextual frente a procesos de cambio permanente, siendo el estado funcional el mejor indicador de salud en la población adulta mayor.
Se define como adulto mayor a toda persona considerada de 65 años o más, aunque en países como México el umbral de edad es menor (60 años). Para 2030, se espera que los adultos mayores representen uno de cada seis mexicanos, y en 2050, más de uno de cada cuatro. En 2015, Ecuador contaba con 1 049 824 adultos mayores en el rango de 65 años y más, lo que equivalía al 6.5 % de la población total. En la provincia de Santa Elena, se estima que el 18.5 % de los adultos mayores asisten a programas del Ministerio de Salud Pública para una longevidad activa.
La mayoría de los adultos mayores, conforme avanza su edad, desarrollan mecanismos para enfrentar sus propias limitaciones y compensar los cambios sistémicos en todos los órganos, ya que el estado de salud en general se afecta gradualmente, poniendo en peligro su vida. Un estilo de vida sedentario en la edad adulta se vincula con el desgaste del movimiento físico, siendo esta una de las razones de morbilidad en la ancianidad.
La Independencia en la Vejez
La funcionalidad del adulto mayor alude a las facultades para realizar las actividades de la vida diaria para enfrentar las demandas del ambiente y vivir de manera independiente. De la Fuente et al. definen la discapacidad como un estado en el que se encuentran las personas que, por razones ligadas a la pérdida de capacidad física o intelectual, requieren asistencia o ayuda para realizar las actividades de la vida diaria. Estas se operacionalizan en funciones principales como vestirse, bañarse, utilizar los servicios o en la disminución de la autonomía para consumir alimentos.
Para muchos adultos mayores, una parte desafiante del envejecimiento puede ser la pérdida de su independencia, lo cual no significa que su deseo de serlo haya disminuido. Es esencial mantener una comunicación fluida entre la persona mayor y sus cuidadores para garantizar este equilibrio. La independencia tiene diversos matices, y es importante analizar el grado de independencia en conjunto con la autonomía, que implica no solo el hecho de hacer, sino también estar consciente de los actos, la conducta y los riesgos.
Fomentar la independencia en la vejez ofrece beneficios significativos para los adultos mayores, contribuyendo a mejorar su salud física y mental, fortaleciendo su confianza y autoestima, y enriqueciendo su sentido de propósito y calidad de vida. Empoderarlos con independencia en una tarea concreta puede tener un efecto positivo que se extienda a otras áreas de sus vidas.
Evaluación de la Dependencia: Actividades de la Vida Diaria (AVD)
Limpiar la casa, preparar la cena y ducharse son actividades esenciales de la vida diaria (AVD) que se realizan de forma natural. Sin embargo, a medida que envejecemos, es normal que estas tareas se vuelvan cada vez más difíciles de realizar. Si los cuidadores notan que los adultos mayores tienen problemas para completar estas tareas clave, puede ser una señal de que es hora de realizar un cambio importante en su atención.
Tipos de Actividades de la Vida Diaria
- Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD): Son universales y vinculadas a las necesidades básicas del ser humano como el aseo, el comer, vestirse, etc. Se realizan a diario y de forma automática. Su valoración permite saber de forma directa si un familiar precisa ayuda y en qué medida.
- Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD): Conllevan un mayor sesgo cultural e están influenciadas por el entorno. Suponen una mayor complejidad tanto cognitiva como motriz, como llamar por teléfono, comprar o conducir.
- Actividades Avanzadas de la Vida Diaria (AAVD): Son prescindibles para la independencia, pero permiten a la persona desarrollar su papel en el entorno, totalmente relacionadas con el estilo de vida, como educación, trabajo y ocio.

Cuestionarios e Índices para Evaluar la Dependencia
Para medir el nivel de dependencia, se utilizan diversos instrumentos de evaluación, siendo los más comunes el Índice de Barthel y el Índice de Lawton.
Índice de Barthel
El Índice de Barthel, también conocido como escala Barthel o escala de Barthel de actividades de la vida diaria (ABVD), es uno de los instrumentos más utilizados globalmente para determinar el nivel de dependencia en actividades básicas de la vida cotidiana. Fue creado en 1955 por los doctores Mahoney y Barthel en un hospital para enfermos crónicos de Estados Unidos con el objetivo de medir la evolución de pacientes con procesos neuromusculares y musculoesqueléticos. Es una escala muy fiable, intuitiva y fácil de interpretar, que ofrece una visión ajustada de las necesidades de la persona en sus quehaceres cotidianos, enfocando la ayuda precisa y necesaria para una buena calidad de vida.
Este índice evalúa la capacidad funcional de una persona para realizar diez actividades básicas de la vida diaria (ABVD) en personas con discapacidad física o cognitiva (como pacientes con demencia), incluyendo comer, asearse, ir al baño, moverse, vestirse, control de esfínteres, uso de escaleras o manejo de sillas de ruedas. La evaluación se puede hacer por observación directa o por entrevista con la persona y sus familiares.
Actividades Evaluadas en el Índice de Barthel y Puntuación:
- Comer:
- Independiente (10 puntos): Capaz de comer por sí solo y en un tiempo razonable.
- Necesita ayuda (5 puntos): Necesita ayuda para cortar la carne, pan, etc.
- Dependiente (0 puntos).
- Bañarse:
- Independiente (10 puntos): Capaz de lavarse entero, incluyendo entrar y salir del baño.
- Dependiente (0 puntos).
- Aseo personal:
- Independiente (5 puntos): Realiza todas las actividades personales sin ayuda.
- Dependiente (0 puntos).
- Vestirse:
- Independiente (10 puntos): Capaz de vestirse y desvestirse solo.
- Necesita ayuda (5 puntos): Necesita ayuda para vestirse.
- Dependiente (0 puntos).
- Deposiciones (control de esfínter anal):
- Continente (10 puntos): Ningún episodio de incontinencia.
- Accidente ocasional (5 puntos): Máximo un episodio de incontinencia en 24 horas, o necesita ayuda para colocarse supositorio o lavativas.
- Dependiente (0 puntos).
- Micción (control de esfínter vesical):
- Continente (10 puntos): Ningún episodio de incontinencia.
- Accidente ocasional (5 puntos): Un episodio diario como máximo de incontinencia o necesita ayuda para cuidar de la sonda.
- Dependiente (0 puntos).
- Uso del sanitario:
- Independiente (10 puntos): Independiente para ir al baño, quitarse y ponerse la ropa.
- Necesita ayuda (5 puntos): Capaz de manejarse con una pequeña ayuda, se limpia solo.
- Dependiente (0 puntos).
- Trasladarse de sillón a cama:
- Independiente (15 puntos): Capaz de hacerlo solo.
- Mínima ayuda (10 puntos): Mínima ayuda física o supervisión.
- Gran ayuda (5 puntos): Dependiente, necesita ayuda, pero es capaz de mantenerse sentado solo.
- Dependiente (0 puntos): Necesita grúa o alzamiento por dos personas.
- Deambular:
- Independiente (15 puntos): Puede andar 50 metros o su equivalente en casa, sin ayuda o supervisión, puede usar bastón o muleta (excepto andador).
- Necesita ayuda (10 puntos): Necesita supervisión o una pequeña ayuda física, o andador.
- Independiente en silla de ruedas (5 puntos): Capaz de mover la silla sin ayuda.
- Dependiente (0 puntos).
- Subir y bajar escaleras:
- Independiente (10 puntos): Puede hacerlo de forma segura, sin ayuda ni supervisión.
- Necesita ayuda (5 puntos): Necesita ayuda física o supervisión.
- Dependiente (0 puntos).
Niveles de Dependencia según la Escala de Barthel:
- Independencia total (100 puntos): La persona es completamente autónoma.
- Independencia cercana al máximo (91-99 puntos): Escasas limitaciones, puede requerir mínima o muy mínima supervisión.
- Dependencia leve (75-90 puntos): La persona precisa alguna ayuda en algún aspecto de las ABVD.
- Dependencia moderada (50-74 puntos): Precisa más ayuda, y específicamente en más de una actividad diaria.
- Dependencia severa (25-49 puntos): La vida diaria se ve alterada por la dependencia en la mayoría de las actividades cotidianas.
- Dependencia total (0-24 puntos): La persona anciana padece una dependencia total.
Aunque la Escala de Barthel es muy útil, tiene limitaciones, ya que no evalúa todas las actividades de la vida diaria, solo las más relevantes.
33 - Barthel
Índice de Lawton y Brody
El Índice de Lawton es una herramienta que evalúa las habilidades instrumentales de la vida diaria (AIVD), detectando los primeros signos de deterioro en personas mayores. Asigna un valor numérico de 1 (independiente) o 0 (dependiente) a cada ítem. La puntuación final es la suma de los valores de todas las respuestas, oscilando entre 0 (máxima dependencia) y 8 (independencia total). Es la escala de valoración de las AIVD más empleada, a pesar de un posible sesgo de género y cultural debido a su escasa adaptación transcultural. Valora tres funciones tradicionalmente asignadas a mujeres (preparar la comida, cuidar de la casa y lavar la ropa), por lo que a menudo se emplea una variante en la que estas tres funciones no se valoran en hombres. La información se obtiene preguntando directamente a la persona mayor o al cuidador principal, y el tiempo medio requerido para su realización es de aproximadamente 4 minutos.
Otras Herramientas de Valoración Funcional y Cognitiva
- Cuestionario de Pfeiffer (Short Portable Mental Status Questionnaire - SPMSQ): Un cuestionario muy breve con buenos índices de sensibilidad y especificidad, útil como primer acercamiento rápido o de cribado para evaluar la esfera cognitiva, valorando fundamentalmente la memoria y la orientación.
- Mini-Examen Cognoscitivo (MEC) de Lobo: Es la versión adaptada y validada al español del Mini-Examen del Estado Mental (MMSE) de Folstein. Consta de 30 ítems agrupados en 11 secciones y se tarda unos 10 minutos en cumplimentar. Valora un amplio rango de aspectos cognitivos con una estructura bien organizada y componentes bien definidos.
- Test del Informador (Informant Questionnaire on Cognitive Decline in the Elderly, IQCODE): Ha demostrado utilidad en la detección y diagnóstico precoz de la demencia, con mayor sensibilidad que incluso el MMSE en este sentido.
- Láminas COOP-WONCA: Herramienta de valoración multidimensional focalizada en la funcionalidad y calidad de vida. Consta de seis láminas (forma física, sentimientos, actividades cotidianas, actividades sociales, cambio en el estado de salud, salud global y dolor) con cinco viñetas cada una, referidas a la situación en las últimas 2 semanas. Se caracteriza por su sencillez, fácil comprensión y menor sesgo de la situación cultural.
- Escala de la Cruz Roja: Adaptada en España, consta de una subescala de valoración físico-funcional y otra de valoración mental. Requiere que las personas realicen actividades físicas relacionadas con la movilidad, la marcha o el equilibrio. Sus resultados se relacionan con los de las escalas que valoran las AIVD.
- Prueba de Velocidad de la Marcha: Se pide a la persona que camine, con su paso normal, en línea recta, una distancia variable (generalmente 6 m). Una velocidad menor de 1 m/s en personas mayores de 60 años se considera patológica; menor de 0.8 m/s se relaciona con deterioro de la movilidad y riesgo de caídas; y por debajo de 0.6 m/s predice caídas y eventos adversos de salud.
- Prueba Cronometrada de Levántese y Ande (Timed Up & Go Test): Se pide a la persona que se levante de la silla, camine 3 m y vuelva a sentarse. Se considera alterado si tarda más de 20 s.
- Cuestionario VIDA: Un nuevo cuestionario para valorar las AIVD, creado en el entorno español, que ha mostrado buena validez aparente, de constructo y fiabilidad. Una puntuación de corte < 26 puntos se relaciona bien con el "test de levántate y anda".
Otros Factores Relevantes en la Evaluación de la Dependencia
- Interacción social: La habilidad de la persona para interactuar con su entorno cercano, incluyendo familiares y amigos. Cuanto más se relacione con estos grupos, menos dependencia tenderá a tener.
- Dieta y nutrición: El envejecimiento afecta la anatomía, incluyendo la mandíbula y el aparato digestivo. Se recomienda una dieta de elaboración rápida, ligera, de fácil masticación y deglución, y con buena presentación.
- Orientación espacio-temporal: Este indicador revela el grado de confusión, ligado a la percepción del tiempo y el espacio. La interacción diaria es fundamental para ayudar a mantener un mejor control.
- Manejo de caídas: Un aumento en la frecuencia de las caídas sugiere una disminución en la autonomía, sirviendo también como indicador de dependencia.
Estudios de Caso y Resultados Relevantes
Estudio en la Fundación para la Inclusión Social Melvin Jones, Ecuador (2018)
Un estudio cuantitativo, descriptivo de corte transversal, realizado en la Fundación para la Inclusión Social Melvin Jones, Ecuador, durante 2018, tuvo como finalidad evaluar la capacidad funcional y el grado de dependencia de los adultos mayores que asisten a la fundación. El universo inicial fue de 258 adultos mayores, de los cuales 144 eran mayores de 65 años según el INEC. Tras excluir a 18 personas que no desearon participar, la muestra final quedó conformada por 126 sujetos de ambos sexos, con un rango de 71 a 80 años de edad, que fueron invitados a participar voluntariamente. Se excluyeron los sujetos que no permitieron la entrevista por motivos personales.
Se evaluaron características sociodemográficas y de salud (sexo, edad, estado civil e IMC), funcionalidad y dependencia, utilizando el Índice de Barthel. Se obtuvo consentimiento informado y se utilizó estadística descriptiva y X² para comparaciones entre sexos. El trabajo de investigación fue autorizado y considerado de riesgo mínimo por el comité de ética de la Universidad Estatal Península de Santa Elena. La muestra poblacional estuvo constituida por 2 (1.59 %) adultos mayores del sexo masculino y 124 (98.41 %) del sexo femenino, con una relación de 1:1.8, lo que demuestra una mayor proporción de mujeres que asisten a este tipo de fundación.
El promedio de edad en la población estudiada fue de 71.94 ± 12.8 años (rango de 60 a 81 años), observándose que a mayor edad disminuye el número de individuos. El promedio del peso de la población fue de 33.33 ± 3.19 Kg/m². El IMC mostró que el 53.17 % de la población presentaba sobrepeso; obesidad grado I el 11.91 %, y solo el 33.33 % de la población se encontraba dentro de un rango normal. Aunque la proporción fue mayor en los funcionales, las diferencias calculadas con X² no fueron estadísticamente significativas (p = 0.36).
Al evaluar las 10 actividades básicas de la vida diaria con la Escala de Barthel, se identificó la capacidad funcional de los adultos mayores con los siguientes resultados:
- Arreglarse: 97.62 % de independencia.
- Comer y bañarse: 90.48 % de independencia.
- Usar el sanitario y defecar: 88.88 % de independencia.
- Orinar y cuidar de la sonda (si cuenta con ella): 87.30 % de independencia.
- Deambular: 84.13 % de independencia.
- Trasladarse de forma independiente de un sofá a la cama: 78.57 % de independencia.
- Subir y bajar escaleras: 73.80 % de independencia.
Estos resultados reflejan un alto grado de independencia del adulto mayor, encontrándose un solo sujeto completamente independiente. Es importante destacar que el 98.41 % de la muestra presentó algún grado de dependencia funcional; se observó que 67 (91.04 %) sujetos tenían dependencia leve y 1 (0.79 %) dependencia total en sus actividades básicas cotidianas. Al considerar el sexo del adulto mayor y su grado de dependencia para realizar sus ABVD de forma leve, moderada, grave o total, se observó una mayor dependencia total conforme se incrementa la edad, siendo esta más marcada en el sexo femenino.
Las actividades básicas con la mayor dependencia total fueron bañarse, vestirse, trasladarse y caminar, subir y bajar escaleras, y tener deposiciones. La capacidad funcional y el grado de dependencia de los adultos mayores en la Fundación Melvin Jones están determinados por la edad, las características sociodemográficas y la evaluación nutricional.
Estudio de Dependencia, Autocuidado y Calidad de Vida en Querétaro, México
Un estudio transversal, descriptivo y correlacional se llevó a cabo en adultos mayores que acudieron a consulta en una unidad de medicina familiar del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) en Querétaro. El muestreo fue de tipo probabilístico simple, incluyendo adultos mayores entre 60 y 70 años debido a que en esta edad la literatura refiere menor daño neurológico (demencias). El cálculo del tamaño de la muestra resultó en 116 adultos mayores que firmaron un consentimiento informado. Las variables estudiadas fueron: dependencia, autocuidado y calidad de vida. Se utilizó la Escala de Barthel, la Escala de Capacidades de Autocuidado y el Cuestionario SF-36 de calidad de vida.
De los 116 adultos mayores encuestados, el 54.3 % eran mujeres. El 67.2 % estaban casados y el 24.1 % eran viudos. En relación a la escolaridad, el 32.8 % de los participantes tenían primaria incompleta y el 23.3 %, completa; el 20.7 % tenían nivel de estudios profesionales. El 86.2 % profesaban la religión católica, y el 64 % vivían con su cónyuge, mientras que el 23.3 % vivían con sus hijos.
Los resultados sobre el nivel de dependencia mostraron que el 25 % necesitaban apoyo para subir o bajar escalones, el 24.1 % requerían ayuda física o supervisión para caminar 50 m, y el 18.1 % precisaban ayuda física o supervisión para el traslado. Respecto a los requisitos de autocuidado universales, el 82.8 % evitaban consumir alcohol, tabaco y drogas, y el 62.1 % estaban habituados a consumir agua. En cuanto a la comunicación, el 83.7 % manifestaron facilidad para comunicarse con las personas, y el 93.1 % siempre tuvieron con quien recurrir en caso necesario.
En la percepción de calidad de vida en función de su salud, el 29.3 % de los entrevistados consideraron que era buena y el 56 % regular. En forma global, el 44 % de los encuestados podían clasificarse con alta calidad de vida y el 56 % con baja calidad de vida. El 76 % reflejaron tener muy buen autocuidado, el 22.4 % buen autocuidado y el 9 % un autocuidado regular.
Se realizaron pruebas de correlación entre autocuidado y nivel de dependencia, así como calidad de vida y dependencia (Spearman). También se realizó la prueba de correlación de Pearson para nivel de dependencia y edad, así como calidad de vida y edad. El estudio arrojó datos relevantes de un grupo poblacional que amerita investigación constante para mejorar la calidad de la atención en las instituciones de salud. Los resultados evidencian que adultos mayores que transitan entre los 60 y los 70 años, con condiciones básicas de subsistencia aseguradas, no presentan aún patologías incapacitantes o niveles altos o moderados de dependencia.
Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia (ENDIDE) en Chile
La Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia (ENDIDE) en Chile, levantada por primera vez de manera simultánea, reveló que el 17.6 % de las personas adultas del país presenta algún grado de discapacidad, equivalente a 2 703 893 personas. La encuesta evidenció que la prevalencia de la discapacidad es mayor entre las mujeres (21.9 %) que entre hombres (13.1 %). Al mismo tiempo, el estudio muestra que la probabilidad de presentar una discapacidad aumenta con la edad. Los datos también revelan que la probabilidad de presentar discapacidad disminuye a medida que aumenta el ingreso del hogar de las personas.
Según los resultados de la encuesta, el 9.8 % de la población adulta del país, equivalente a casi 1.5 millones de personas, se encuentra en situación de dependencia. La mayoría de las personas en situación de dependencia son mujeres, con un 12.4 %. La encuesta también arrojó que la dependencia aumenta con la edad, especialmente al llegar al tramo de 60 años o más, grupo donde la proporción es del 22.2 %. El nivel de ingresos de los hogares donde viven las personas con discapacidad también influye en su situación de dependencia.
ENDIDE también permite identificar a las personas responsables principales del cuidado de otro integrante del hogar. Los resultados mostraron que el 41.3 % de las personas con dependencia declara no tener un cuidador que le preste asistencia de manera permanente, mientras que el 41.5 % declara tener uno o más cuidadores que residen en el hogar. La encuesta incorporó las más recientes recomendaciones de la OMS, que apoyó técnicamente el proceso, tanto en la medición de la discapacidad como de la dependencia. Además, permitió aumentar el universo en la medición de dependencia funcional a partir de los 18 años, ya que hasta ahora el país solo contaba con datos de dependencia a partir de los 60 años, que datan de 2009.
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