La discapacidad forma parte del ser humano y es consustancial a la experiencia humana. Actualmente, se calcula que 1300 millones de personas, es decir, el 16 % de la población mundial, sufren algún tipo de discapacidad. A pesar de estas cifras, la sexualidad de este colectivo ha sido históricamente silenciada, invisibilizada y rodeada de mitos que impactan negativamente en el pleno ejercicio de sus derechos.

Mitos y barreras sociales
La sociedad tiende a construir una visión de las personas con discapacidad como seres asexuados, pasivos o peligrosos, lo que deriva en una represión innecesaria de su educación sexual. Entre los prejuicios más comunes se encuentran:
- La infantilización: Se les trata como niños en cuerpos de adultos, negándoles su etapa de desarrollo real, ya sea adolescente o adulta.
- El estigma de la patología: Se centra la sexualidad en la limitación física o intelectual, olvidando que son personas con deseos, fantasías y sueños propios.
- La sobreprotección: El entorno familiar, al intentar protegerlos, limita su intimidad y les impide desarrollar una vida autónoma, forzando a que muchas de sus conductas se produzcan en ámbitos públicos por falta de espacios privados.
- El falso vínculo entre sexualidad y genitalidad: Se suele reducir la sexualidad al coito y la reproducción, ignorando manifestaciones como el enamoramiento, el erotismo y la necesidad de vínculos afectivos.
Derechos sexuales y reproductivos
La sexualidad es un hecho que nos iguala. Todos somos seres sexuados y eróticos desde el nacimiento. Sin embargo, persisten brechas importantes, especialmente en mujeres con discapacidad. Según investigaciones recientes, existe una gran discriminación en el acceso a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres con discapacidad intelectual, a pesar de que muchas de ellas conocen sus derechos. Las barreras principales son los prejuicios sociales y la presión familiar.
Es fundamental reconocer que:
- Las personas con discapacidad tienen derecho a una vida afectiva y sexual plena, saludable y satisfactoria.
- Las mujeres con discapacidad son propietarias de su cuerpo y tienen derecho a la intimidad y al placer.
- La orientación sexual (homosexualidad, bisexualidad, etc.) es diversa también en este colectivo.
LO INCORRECTO - Una nueva mirada hacia la discapacidad
Hacia una educación afectivo-sexual inclusiva
La educación afectivo-sexual no debe centrarse únicamente en la prevención de riesgos, sino en el desarrollo de capacidades. Es necesario facilitar espacios donde estas personas puedan reflexionar sobre sus sentimientos y aprender a establecer límites, distinguiendo entre muestras de afecto apropiadas e inapropiadas.
La asistencia sexual -como la ofrecida por servicios de "Sex Assistent"- surge como una opción más, no como una imposición, para facilitar el derecho al placer y al reconocimiento corporal, especialmente cuando las barreras físicas impiden otras formas de acceso. El objetivo es que la persona sea reconocida por su identidad y no por un síntoma, síndrome o coeficiente intelectual.
| Concepto | Realidad |
|---|---|
| Identidad | Son seres sexuados con deseos, fantasías y sueños, iguales al resto de la población. |
| Relaciones | Pueden formar parejas entre sí o con personas sin discapacidad. |
| Autonomía | La falta de espacios privados en instituciones limita su capacidad de decisión. |
Respetar a las personas con discapacidad en lo que son, más allá de su condición, es un acto de justicia. La sexualidad debe formar parte de su vida autónoma, permitiendo que cada individuo viva y experimente su propia identidad sin las restricciones impuestas por los estereotipos sociales.
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