La Pérdida de Agua en Personas Mayores: Causas, Consecuencias y Estrategias de Hidratación

El agua es uno de los principales nutrientes y componentes mayoritarios del cuerpo humano, involucrado en numerosas funciones vitales y esencial en todas las etapas de la vida. Sin embargo, en el grupo etario de las personas mayores, la hidratación no siempre está bien regulada, lo cual a menudo no se reconoce y se aborda de manera inadecuada.

La Importancia del Agua en el Organismo Humano

El agua es el medio en el que tienen lugar todas las reacciones químicas del cuerpo y es fundamental para el correcto funcionamiento del organismo. De hecho, el cuerpo humano necesita hidratación constante, y no se puede vivir más de tres o cuatro días sin beber agua. Incluso al respirar se puede perder un porcentaje de agua en el cuerpo humano de entre el 15% y el 20%.

El porcentaje de agua en el cuerpo humano varía según la edad y el sexo, siendo diferente en cada etapa de la vida. Se estima que en un adulto, aproximadamente el 65% del peso corporal es agua. Los recién nacidos, por ejemplo, tienen entre un 70% y 80% de agua. En la edad adulta, las mujeres tienden a tener un porcentaje de agua menor que los hombres y los niños, debido a una mayor cantidad de tejido adiposo (grasa corporal). La distribución del agua tampoco es homogénea entre los diferentes órganos y tejidos.

Una hidratación correcta contribuye a varios procesos y funciones en nuestro organismo. Las necesidades de hidratación diaria varían en cada persona dependiendo de su edad, sexo, condición física y estado de salud. Para ajustar al peso corporal, se puede calcular a partir de 30 ml de agua por kilogramo. Sin embargo, esta cantidad no tiene por qué provenir directamente del agua potable; este líquido se encuentra presente en muchas bebidas y alimentos.

¿Cuánta Agua Pierden las Personas Mayores? Cambios Fisiológicos y Reducción del Contenido Total de Agua Corporal

A medida que una persona envejece, los mecanismos encargados del equilibrio hídrico en el organismo se van viendo afectados. Por un proceso biológico normal, las personas mayores van perdiendo grandes cantidades de agua. Al envejecer, el contenido total de agua corporal se reduce debido a una menor masa corporal magra (músculo) y a un mayor porcentaje de grasa corporal (tejido con bajo contenido de agua).

Se estima que el contenido total de agua corporal puede reducirse de cuatro a seis litros desde los 20 hasta los 80 años. Este menor contenido total de agua corporal significa que incluso pequeñas pérdidas de agua podrían causar síntomas de deshidratación.

Infografía sobre la reducción del porcentaje de agua en el cuerpo humano con la edad

Factores que Contribuyen a la Deshidratación en la Tercera Edad

Además de los cambios fisiológicos que se producen en el cuerpo por la edad, existen numerosos factores que pueden aumentar el riesgo de deshidratación en las personas mayores. Cuantos más factores de riesgo entren en juego, mayor será la posibilidad de deshidratarse.

Disminución de la Sensación de Sed

Con la edad, el cuerpo pierde la capacidad de detectar la sed, y, por lo tanto, de mantener una adecuada hidratación. La sensación de sed tiende a disminuir en las personas mayores, lo que puede implicar un menor consumo de líquidos, especialmente tras una restricción hídrica.

No se sabe con exactitud qué puede causar la disminución de la sensación de sed, aunque se cree que puede ser por una alteración de la función osmo- y baroreceptora y los cambios producidos en hormonas y neurotransmisores, como una reducción de la dopamina (neurotransmisor que participa en la inducción de la sed) y un aumento en plasma del Péptido Natriurético Auricular (PNA), un reconocido inhibidor de la sed. Debido a esta peor regulación de la sed, las personas mayores no suelen beber lo suficiente ni suelen hidratarse bien después de una restricción hídrica.

Deterioro de la Función Renal

El propio deterioro de la capacidad de los riñones para conservar el agua es una consecuencia del envejecimiento. Los riñones tienen menor capacidad para concentrar la orina y retener agua en caso de necesidad. Por otra parte, la menor respuesta de los riñones frente a la hormona anti-diurética (ADH) debida a la edad juega un papel importante en la pérdida de la función renal. Asimismo, la capacidad excretora de los riñones se va limitando con la edad. Por todo ello, los cambios fisiológicos que se producen en las personas mayores debido a la edad dificultan que el cuerpo mantenga la homeóstasis del agua corporal.

Diagrama de la función renal y cómo se ve afectada por el envejecimiento

Otras Limitaciones y Factores de Riesgo

El envejecimiento puede conllevar a limitaciones como una menor capacidad de deglución, una movilidad reducida o desórdenes de comprensión y comunicación que pueden llevar a una ingesta insuficiente de líquidos. Además, existen factores relacionados con síntomas y enfermedades que pueden aumentar las pérdidas de agua, tales como:

  • Fiebre
  • Diabetes
  • Incontinencia urinaria
  • Uso de ciertos medicamentos como diuréticos o laxantes
  • Exposición a temperaturas ambientales elevadas
  • Alteración del estado mental habitual

Prevalencia de la Deshidratación en Personas Mayores

A pesar de su gran relevancia en la salud pública, la prevalencia de la deshidratación no se ha investigado mucho, especialmente entre las personas mayores sanas que viven en comunidad. No obstante, la evidencia científica actual concluye que existen altas tasas de deshidratación entre los mayores en hospitales y otros centros sanitarios. De hecho, la deshidratación es una causa frecuente de hospitalización de adultos mayores y uno de los diez diagnósticos de hospitalización más frecuentes en Estados Unidos.

Los estudios realizados en residencias de ancianos también revelan altas tasas de deshidratación entre esta población. Por ejemplo, algunos estudios indican que la prevalencia de la deshidratación puede alcanzar el 88% en residentes de centros de atención continua, o que el 31% de los ancianos que viven en residencias sufren deshidratación.

En comparación con los estudios anteriores, los datos resultan más contradictorios entre los ancianos que viven en comunidad. Mientras que algunos estudios no muestran evidencia de deshidratación, otros demuestran que la prevalencia de hipertonicidad, una forma de medir la deshidratación, podría alcanzar el 60%. Es posible que la prevalencia real de la deshidratación entre los mayores que viven en comunidad varíe dependiendo del indicador utilizado para definir la hidratación.

Consecuencias de la Deshidratación en Ancianos

Impacto en la Salud y la Calidad de Vida

Mantener un adecuado nivel de hidratación es importante para el correcto funcionamiento del cuerpo humano. Varios estudios concluyen que la deshidratación está asociada a un aumento de las tasas de mortalidad entre adultos ancianos hospitalizados. En un estudio de ancianos americanos hospitalizados con un diagnóstico primario de deshidratación, la tasa de mortalidad durante el siguiente año fue de casi un 50%. Incluso en los casos en los que la deshidratación no fue el diagnóstico primario, la deshidratación concomitante aumentaba el riesgo de mortalidad a 12 meses del 16% al 78% en comparación con pacientes con el mismo diagnóstico pero sin deshidratación.

En adultos ancianos con comorbilidad, la deshidratación puede precipitar la hospitalización por urgencia y aumentar el riesgo de hospitalizaciones repetidas. Además, existe cada vez más pruebas de que la deshidratación, incluso en sus formas más leves, influye en el desarrollo de distintas afecciones. La evidencia actual apunta a que la deshidratación puede causar:

  • Estreñimiento, un problema común en las personas mayores, ya que el intestino busca absorber agua, lo que endurece las heces.
  • Alteración de las funciones cognitivas, afectando la concentración, la memoria y la cognición, lo que puede llevar a confusión mental.
  • Caídas, debido a mareos y debilidad.
  • Hipotensión ortostática.
  • Disfunción de las glándulas salivales.
  • Mal control de la hiperglucemia en la diabetes.
  • Hipertermia.

Se ha demostrado que el suministro de agua a las personas con déficit hídrico, es decir, la rehidratación, posee un efecto beneficioso en algunos de estos trastornos.

DESHIDRATACION EN EL ADULTO MAYOR/ NUTRICIONISTA GERIÁTRICA XIMENA CHÁVEZ

Carga Económica

A pesar de la escasa información existente en relación a la carga económica que supone la deshidratación de los ancianos, los análisis de los gastos de los hospitales de Estados Unidos muestran que el coste asociado a la deshidratación es sustancial. La carga económica también es considerable en las residencias de ancianos, tal y como sugiere un estudio americano que concluye que la deshidratación es uno de los cinco problemas de salud más costosos, con un tratamiento cuyo coste aproximado ronda los 1.000 dólares por episodio.

Diagnóstico y Evaluación de la Deshidratación

El diagnóstico de la deshidratación en ancianos es complicado, ya que los síntomas clásicos, especialmente los debidos a una deshidratación leve, son más difícilmente reconocibles en ancianos que en adultos o niños (sequedad bucal, debilidad muscular o baja turgencia/elasticidad cutánea). Además, algunos síntomas podrían no aparecer, como el aumento de la sed. En las personas mayores, los síntomas de deshidratación pueden ser sutiles o confundirse con otras condiciones, por ejemplo, la confusión mental se puede atribuir a demencia cuando en realidad es deshidratación, o la fatiga se achaca a la edad o la depresión.

Si bien existen varios índices para la evaluación del estado de hidratación, no hay un método aceptado universalmente para evaluar la deshidratación entre los ancianos. Dado que no existe un único parámetro de diagnóstico, se recomienda reconocer un patrón que consiste en varios indicadores de deshidratación. Las directrices sobre deshidratación recomiendan evaluar el historial médico de los pacientes y sus parámetros físicos, realizar pruebas de laboratorio y analizar el comportamiento de ingesta de líquidos.

Síntomas Clave de Deshidratación en Ancianos

Es importante estar consciente de estos síntomas, ya que la percepción de la sed disminuye en las personas mayores:

  • Orina oscura o escasa
  • Boca seca
  • Fatiga y debilidad
  • Mareos y desmayos
  • Confusión mental o aletargamiento
  • Piel seca (pérdida de elasticidad)
  • Dolor de cabeza
  • Pulso rápido
  • Pérdida de peso rápida
Tabla de síntomas de deshidratación en ancianos y su gravedad

Recomendaciones de Ingesta de Líquidos y Prevención

La prevención de la deshidratación en ancianos se basa principalmente en garantizar una adecuada ingesta de líquidos.

Ingesta Adecuada de Agua

Las necesidades individuales de líquidos son muy variables y tienen en cuenta el ejercicio, el entorno y las comorbilidades. Es posible que se necesite una ingesta adicional de agua a temperaturas más altas, durante una mayor actividad física o debido a pérdidas excesivas de líquidos (fiebre, diarrea y vómitos).

Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), se recomienda una ingesta adecuada de agua de 2,0 litros/día para mujeres y 2,5 litros/día para hombres. Estas recomendaciones consideran el agua proveniente de bebidas y alimentos. El Instituto de Medicina de las Academias Nacionales de Ciencias de Estados Unidos estipuló en 2005 una recomendación de ingesta total de líquidos de 3,7 l y de 2,5 l en el caso de hombres y mujeres mayores, respectivamente. Debido a que las necesidades diarias de agua dependen de distintos factores, la estimación de las necesidades hídricas es variable y muy compleja, especialmente en ancianos con problemas de salud (insuficiencias cardíacas congestivas, enfermedades renales) o con medicación que afecte las necesidades de líquidos.

Se estima que los aportes totales de agua consideran tres ingresos principales: agua potable, aguas preparadas y alimentos. Además, el agua también puede generarse de forma endógena mediante la oxidación de macronutrientes, es decir, de manera interna en nuestro organismo por procesos biológicos, y una pequeña cantidad se absorbe por vía transcutánea y respiratoria.

Estrategias de Prevención de la Deshidratación

Para el manejo de la deshidratación por ingesta baja, primero debemos evitar que esto suceda. La concienciación de los ancianos, de sus familias y de sus cuidadores respecto a la gravedad de la deshidratación y de sus factores de riesgo es fundamental para prevenirla. Un estudio americano indica que el 89% de los cuidadores considera que la educación y concienciación de los ancianos constituye una estrategia clave. Debería animarse a los ancianos a beber líquidos, y para ello se han propuesto numerosas estrategias:

  • Fomentar el consumo regular de agua a lo largo del día. Establecer un horario para beber, ya que el cuerpo pierde la percepción de sed con la edad. No esperar a que tenga sed: anticípate.
  • Introducir los líquidos de forma gradual: si la persona es reacia a beber, no intentes obligarla a beber grandes cantidades de repente. Comienza con cantidades pequeñas, ofrece la bebida que le gusta (si es saludable), y poco a poco ve aumentando.
  • Fomentar la ingesta de líquidos a través de alimentos ricos en agua como frutas, verduras y hortalizas deben formar parte de la alimentación diaria. Otras opciones válidas para hidratar son consumir caldos, sopas no saladas y leche.
  • Monitorear el color de la orina: un color amarillo claro es un signo de buena hidratación, mientras que una orina oscura indica la necesidad de beber más líquidos.
  • Limitar o evitar el consumo de bebidas con cafeína y alcohol, ya que pueden tener un efecto diurético o deshidratante, aumentando la necesidad de agua.
  • Mantener un ambiente fresco. En climas cálidos, asegurar que la temperatura en el hogar sea cómoda y fresca. Evitar la exposición al calor extremo y preferir el uso de ropa adecuada (sombreros o sombrillas).
  • Fomentar las visitas médicas regulares para un seguimiento de la salud general.

Estrategias de Rehidratación

Pueden identificarse cuatro estrategias principales para lograr la rehidratación, basadas en la administración de líquidos por vía oral, enteral, subcutánea o intravenosa. La elección del método de rehidratación dependerá de la gravedad y del tipo de deshidratación padecida (isotónica, hipotónica o hipertónica), del estado clínico del paciente y de la disponibilidad de procedimientos.

Siempre que sea posible, se preferirá una reposición oral de líquidos. Este tipo de terapia es adecuado en ausencia de síntomas severos y siempre que la situación lo permita, es decir, si los líquidos pueden reponerse gradualmente.

Cuando la ingesta de líquidos por vía oral resulte insuficiente o cuando el paciente no consuma suficientes nutrientes, se recomienda una administración de líquidos por vía nasogástrica, ya que permite una rehidratación rápida sin riesgo de sobrecarga.

La terapia intravenosa es eficaz cuando la deshidratación es grave y cuando el estado clínico del paciente exige una intervención aguda. Sin embargo, además de sus riesgos potenciales y de su alto coste, la principal desventaja de esta opción es que precisa personal cualificado y generalmente hospitalización. A pesar de estas desventajas, en la práctica, los cuidadores a menudo prefieren las estrategias intravenosas.

Una alternativa interesante y con bajo riesgo de complicaciones es la infusión subcutánea de líquidos, también denominada hipodermoclisis. Dado que la hipodermoclisis es fácil de administrar, puede utilizarse de forma eficaz en ancianos que viven en residencias o en comunidad, evitando así su ingreso. A pesar de ello, se trata de una estrategia a menudo infrautilizada. En general, las estrategias de tratamiento de la deshidratación pueden requerir personal cualificado e instalaciones específicas, por lo que suelen ser de difícil administración.

Beneficios de una Hidratación Adecuada en la Tercera Edad

La hidratación es fundamental en el cuidado de la salud, especialmente en las personas mayores. Conocer los beneficios del agua es clave para motivar un consumo adecuado:

  • Mantenimiento de la función cerebral: la deshidratación puede afectar la concentración, la memoria y la cognición, por lo que mantenerse bien hidratado es esencial para preservar la salud mental.
  • Salud cardiovascular: contribuye a mantener una presión arterial saludable, evitando mareos.
  • Regulación de la temperatura corporal: especialmente importante con la edad, ya que se pierde la capacidad de adaptarse bien a los cambios de temperatura, tanto al frío como al calor.
  • Prevención de estreñimiento: ayuda a mantener las heces blandas y facilita el tránsito intestinal.
  • Mantenimiento de la función renal: beber suficiente agua ayuda a mantener los riñones en buen estado de funcionamiento y a eliminar las toxinas del cuerpo.
  • Prevención de infecciones del tracto urinario: una buena hidratación aumenta el flujo de orina, lo que ayuda a prevenir este tipo de problemas.
  • Reducción del riesgo de caídas: la falta de líquidos puede causar mareos y debilidad, aumentando las probabilidades de caídas. Mantenerse hidratado contribuye a mantener la estabilidad y prevenir accidentes.
  • Piel saludable: la piel tiende a volverse más seca con la edad. Una hidratación adecuada ayuda a mantener una buena piel, evitando la sequedad y el agrietamiento.

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