La investigación sobre el cambio climático ha estado dominada por las ciencias naturales, haciendo énfasis en la modelación de escenarios. Por lo tanto, su enfoque se centra principalmente en la comprensión del impacto del Cambio Global Ambiental (CGA), en términos de transformaciones en la cobertura del uso del suelo y en los patrones climáticos (Simon 2007). Sin embargo, el progresivo reconocimiento del cambio climático como un problema cuya naturaleza se enmarca en un área epistémica y, al mismo tiempo, en una realidad que concierne tanto a los sistemas humanos como a los sistemas naturales, abre una ventana de diálogo entre científicos de diferentes disciplinas.
La publicación del Cuarto Informe de Evaluación del Panel de Expertos sobre Cambio Climático, conocido como AR4 (IPCC 2007), coincide con una nueva fase, más política, de la investigación sobre este fenómeno. No obstante, el análisis de esta dimensión política no ha sido el enfoque dominante en la literatura internacional, liderada por científicos de los campos de la meteorología y la física, con un énfasis en la mitigación, entendida como la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI).
La Vulnerabilidad en el Contexto del Cambio Climático Global
La capacidad de los sistemas humano-naturales para hacer frente y adaptarse a las amenazas relacionadas con el clima no es un asunto solamente científico. Lograr definir qué cosa es una amenaza, qué cosa es la vulnerabilidad y quién es (más) vulnerable, qué cosa se entiende por riesgo, cómo se maneja y se reduce este riesgo o qué cosa significa adaptarse, implica tomar partido entre definiciones diferentes y a menudo contrastantes, respaldadas por distintas comunidades científicas y legitimadas o deslegitimadas por instituciones cuyo poder para la ejecución de políticas o la financiación de programas y proyectos varía (Grimmond 2007; Ligeti 2007; Warren et ál. 2006).
Un ejemplo de esta situación se observó en Colombia, donde el Grupo de Mitigación del Cambio Climático (GMCC) no había cambiado de nombre al momento de redactar un estudio previo, ni siquiera tras la reestructuración ministerial, manteniendo el énfasis en la palabra "mitigación" a pesar de ocuparse también de adaptación. Como bien ha señalado Vergara (2011), se podría hablar hoy en día de una "nueva vulnerabilidad", en el sentido de que nuestras sociedades se ven enfrentadas a un conjunto de crisis de carácter sistémico -económicas, socioambientales y políticas- particularmente relevantes para las ciudades latinoamericanas.
Dentro de esta agenda de investigación, que abarca múltiples escalas y convoca a diferentes disciplinas, varios autores han reconocido la centralidad del concepto de vulnerabilidad para la comprensión de la adaptación de los sistemas humano-naturales al cambio climático (Brooks 2003; Denton 2002; Huang et ál. 2005; Sarewitz, Pielke y Keykhah 2003; Warner 2007). Al interior de esta literatura, uno de los debates más controvertidos se centra en el uso de los conceptos de riesgo, vulnerabilidad y capacidad de adaptación. Estos términos son empleados a menudo de manera intercambiable, lo cual provoca confusión, dificultando tanto la comprensión de los fenómenos, así como la claridad sobre qué es cada disciplina y cuál es su enfoque relacionado con el cambio climático. Esta ambigüedad puede obstaculizar la implementación de políticas de reducción de la vulnerabilidad en los territorios.
En particular, para la definición del concepto de vulnerabilidad frente al cambio climático, la razón de esta confusión se debe a que estos términos tienen diferentes significados para distintas disciplinas (Adger 2006). Por ejemplo, el concepto de amenaza en relación con el cambio climático plantea que esta se produce cuando se registran valores extremos frente a los valores promedio de fenómenos conocidos (como precipitación, temperatura, velocidad del viento, nivel del mar o caudal del río), o cuando una combinación de estos eventos se da en el mismo tiempo y lugar, ya sea en términos de magnitud, de intensidad o de duración de la manifestación climática.
Lavell (2011) ha discutido coherentemente dos elementos que complementan esta definición. En primer lugar, el hecho de que dentro de la tradición de la gestión del riesgo de desastres, el registro de valores extremos en las precipitaciones, el viento y otras manifestaciones del medio ambiente no se define como extremo, sino que es bastante normal con referencia a las escalas de medición. En segundo lugar, al hablar de los valores extremos se minimiza la importancia de otros eventos de menor magnitud que, si bien son potencialmente impactantes, resultan, por tanto, clasificados como de menor importancia y puede que no sean incluidos en políticas que busquen contrarrestar sus efectos, y que se descarte la financiación de las acciones relativas. Por el contrario, tanto en la literatura internacional como en la nacional sobre el riesgo intensivo se ha reiterado la gran relevancia de este tipo de acontecimientos que afectan a las personas a través de períodos de tiempo más largos y de mayores concentraciones espaciales en términos geográficos, tanto en lo que se refiere a los impactos acumulados, como a los costos y, finalmente, a la disminución en términos de bienestar y desarrollo socioeconómico (OSSO 2008; UNISDR 2011).

Debates Conceptuales: Vulnerabilidad Resultante vs. Vulnerabilidad Inherente
El problema de investigación, base de la reflexión teórica, consiste en la existencia de definiciones contrastantes de vulnerabilidad al cambio climático. La no-neutralidad de la ciencia y su relación con diferentes posturas políticas, así como de comprensión de la realidad, hacen del tema de las definiciones un punto álgido en el proceso de intercambio entre ciencia y política pública, claramente central en el caso del cambio climático; de hecho, definir de una manera o de otra un fenómeno puede implicar evidenciar o descartar como irrelevantes sus efectos e implicaciones.
El argumento principal de la imposibilidad de equiparar la vulnerabilidad resultante a la vulnerabilidad inherente es un aspecto crucial. La búsqueda de una manera de reducir la una a la otra constituye el error principal de las elaboraciones producidas por las políticas públicas sobre adaptación al cambio climático en el país. Con ejemplos concretos se ilustra cómo el concepto de vulnerabilidad resultante es profundamente diferente en cuanto al tipo de conocimiento generado y al enfoque epistemológico empleado, dependiendo de si se utiliza el concepto de vulnerabilidad inherente o el de vulnerabilidad resultante. La utilización de uno u otro conlleva políticas públicas radicalmente diferentes en sus alcances.
Enfoques y Agendas sobre la Vulnerabilidad
La relación entre vulnerabilidad y cambio climático no es unívoca debido a la complejidad multi-dimensional y multi-escalar del fenómeno. Siguiendo la labor de clasificación realizada por el World Research Institute (WRI), según el tipo de enfoque epistemológico y dependiendo de la unidad de análisis considerada, se puede construir una tipología que comprende dos polos extremos (McGray, Hammill y Bradley 2007). El primero entiende la vulnerabilidad al cambio climático como un hecho principalmente relacionado con los sistemas físicos, mientras que en el segundo se ubica la visión de quienes consideran la vulnerabilidad al cambio climático como un problema de desarrollo. Esta tipología se puede resumir de la siguiente manera:
- Acciones dirigidas a enfrentar los drivers de la vulnerabilidad: por ejemplo, la diversificación de activos en ámbito rural o urbano (diferentes cultivos y habilidades) y el fortalecimiento de la base de activos (trabajo-vacunas).
- Acciones dirigidas a maximizar la capacidad de respuesta de las poblaciones: por ejemplo, la reforestación participativa de zonas de ladera y la reconstrucción de redes de pastoreo para fomentar el mejor manejo del recurso ambiental.
- Acciones dirigidas a mejorar la gestión del riesgo climático: por ejemplo, el monitoreo de la salinización del agua potable, la reposición sostenible y el entrenamiento para la recolección de datos climáticos y su integración en la toma de decisiones (como el Integrated National Adaptation Project [INAP]).
- Acciones dirigidas a enfrentar de manera directa los efectos del cambio climático.
Los Nueve Criterios de Vulnerabilidad de la CMNUCC (1992)
Es importante destacar que en el año 1992, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) definió nueve criterios de vulnerabilidad asociados al cambio climático para los países. Estos criterios buscan orientar la comprensión y evaluación de cómo diversas naciones pueden ser afectadas por los impactos del cambio climático, sirviendo como una base para la formulación de políticas y acciones de adaptación a nivel global.
Chile como Caso de Estudio: Impactos y Vulnerabilidad Regional
Chile es un país altamente vulnerable al cambio climático, tal como lo indican los estudios realizados a nivel internacional y nacional, y sus efectos ya se están haciendo notar en el territorio nacional. Los efectos adversos del cambio climático son considerados como amenazas cuyos impactos pueden poner en riesgo el desarrollo de los países y la integridad ecosistémica a nivel mundial. Numerosas especies vegetales y animales, debilitadas ya por la contaminación y la pérdida de hábitat, no sobrevivirán los próximos años. Los análisis científicos también señalan una tendencia creciente en la frecuencia e intensidad de los eventos meteorológicos extremos en los últimos cincuenta años y se considera probable que las altas temperaturas, olas de calor y fuertes precipitaciones continuarán siendo más frecuentes en el futuro.
Megasequía y Desertificación
En 2019, Chile cumplió 10 años desde que una megasequía se instaló en parte importante del país, en el contexto de la década más cálida de los últimos 100 años. La región de Coquimbo, una de las zonas afectadas, lidia además con la desertificación y la degradación de sus tierras, golpeando las zonas rurales. Se estima que al menos un 25% del déficit de precipitación durante la megasequía es atribuible al cambio climático antrópico. Esta megasequía se da en el marco de la década más cálida registrada en Chile en los últimos 100 años.
Con relación al aumento de temperaturas a nivel país, el Dr. [nombre científico] añade que “la posición media de la isoterma 0°C, durante los eventos de precipitación estaría más alta, lo que implica una reducción del manto nival, que se traduciría en una menor reserva de agua para la estación seca y en erosión pluvial en una mayor área importante de las cuencas”. En el Boletín Climático de Ceaza de diciembre pasado se informó que el 2019 fue uno de los años más secos de los últimos 40 años en la región. Respecto de la realidad regional, el Dr. Pablo Álvarez, director del Laboratorio PROMMRA de la Universidad de La Serena, señala que “se puede pasar de períodos de abundancia a períodos extremos de sequía en una temporada o en dos temporadas”.
Otro tema de preocupación es el avance de la desertificación y la degradación de sus tierras. Coquimbo presenta problemas derivados de la desertificación y la sequía; el 84,3% de su territorio manifiesta erosión según el documento “Programa Nacional de la lucha contra la desertificación, la degradación de las tierras y la sequía”. "Con esta megasequía a la que se hace referencia, se va dando pie para el aumento de la desertificación, y después va avanzando de norte a sur de forma progresiva."

Proyecciones y Efectos en el Territorio Chileno
En la actualidad, existe un amplio consenso científico en que el fenómeno del cambio climático es un hecho inequívoco, causado principalmente por la acción del hombre. Según lo indicado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) en su último reporte, desde la década de 1950, muchos de los cambios observados no han tenido precedentes en los últimos decenios a milenios. La atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado.
Chile no ha estado ajeno a esta realidad y en los últimos años ha desarrollado avances importantes en la comprensión de los impactos del cambio climático. Las proyecciones climáticas para el país muestran como principales efectos el alza en la temperatura y la disminución en las precipitaciones. También se proyecta un aumento en la frecuencia de eventos extremos tales como sequías e inundaciones fluviales y costeras. Todos estos cambios tendrán repercusión directa o indirecta sobre la mayor parte de las actividades productivas del país, y por supuesto, también las personas, el medio ambiente y la biodiversidad.
Fenómenos meteorológicos extremos: "Esta variabilidad climática se volvería mucho más común"
La Adaptación como Respuesta al Cambio Climático
Hoy en día, la adaptación tiene mayor presencia en las negociaciones internacionales de cambio climático, en la creación de fondos para apoyarla en los países en desarrollo, en la generación de conocimiento y en el desarrollo de estrategias y planes en varios países.
Definición y Tipos de Adaptación
La adaptación al cambio climático puede ser definida como «los ajustes en sistemas humanos o naturales como respuesta a estímulos climáticos proyectados o reales, o sus efectos, que pueden moderar el daño o aprovechar sus aspectos beneficiosos” (IPCC, 2007). La adaptación puede ser autónoma, planificada, reactiva y preventiva.
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