La obesidad es una enfermedad crónica multifactorial compleja, caracterizada por el exceso o la acumulación de tejido adiposo disfuncional. Esta condición tiene consecuencias negativas demostradas para la salud, asociándose con múltiples enfermedades que aumentan el riesgo de complicaciones médicas a largo plazo, además de deteriorar la calidad de vida y reducir la esperanza de vida.

Evaluación clínica en el adulto mayor
El diagnóstico de la obesidad en la práctica clínica requiere una evaluación integral que trascienda la simple medición del peso. Los profesionales de la salud deben realizar los siguientes pasos:
- Historial médico: Revisión de antecedentes de peso, esfuerzos previos para bajar de peso, patrones alimentarios, niveles de estrés y uso de fármacos que puedan influir en el peso corporal.
- Examen físico general: Evaluación de comorbilidades asociadas.
- Cálculo del IMC: Aunque el índice de masa corporal (IMC) es una herramienta valiosa de cribado, tiene limitaciones en adultos mayores al no distinguir entre masa grasa y masa magra. Un IMC igual o superior a 30 kg/m² se considera obesidad.
- Medición de la circunferencia de cintura: Es un predictor independiente del riesgo cardiovascular y de la presencia de grasa visceral. Valores superiores a 89 cm en mujeres y 102 cm en hombres se asocian con un mayor riesgo.

El desafío de la obesidad en la vejez: la obesidad pre-sarcopénica
El envejecimiento es un proceso fisiológico que implica una pérdida progresiva de reserva funcional. En este contexto, surge la obesidad pre-sarcopénica, definida como la coexistencia de obesidad (medida por grasa abdominal) y una baja fuerza muscular (pre-sarcopenia). Estudios en población chilena han identificado que esta condición afecta a una parte significativa de los adultos mayores, siendo más prevalente en mujeres, personas de mayor edad y aquellos con menor nivel educacional.
Es fundamental reconocer que el uso exclusivo del IMC puede llevar al infradiagnóstico de esta condición, ya que un adulto mayor puede tener un IMC dentro de rangos "normales" mientras presenta un exceso de grasa corporal combinado con una reducción crítica de su masa muscular.
Estrategias de tratamiento
El objetivo del tratamiento debe centrarse en la mejora de la salud y el bienestar general, más que en la pérdida de peso aislada. Se recomienda una pérdida modesta de entre el 5% y el 10% del peso total para obtener beneficios metabólicos significativos.
Cambios en el estilo de vida
- Alimentación saludable: Reducción de la ingesta calórica mediante el consumo de frutas, verduras, cereales integrales y proteínas magras. Se debe limitar el consumo de azúcares, grasas procesadas y sal.
- Actividad física: Se recomienda realizar al menos 150 minutos a la semana de actividad de intensidad moderada. En adultos mayores, se suelen preferir ejercicios de bajo impacto.
- Modificación de conducta: El asesoramiento profesional y los grupos de apoyo son esenciales para abordar los desencadenantes emocionales de la ingesta y mantener el compromiso a largo plazo.
Intervenciones médicas
En casos seleccionados, el tratamiento puede incluir:
- Terapia farmacológica: Utilizada como complemento a la dieta y el ejercicio para pacientes con IMC ≥30 kg/m² o ≥27 kg/m² con complicaciones asociadas.
- Procedimientos endoscópicos y cirugía bariátrica: Considerados en pacientes con obesidad severa o con comorbilidades mal controladas que no han respondido a otros tratamientos.
Plan de clase para personas con obesidad o sobrepeso - Educación Física Adaptada
La obesidad es una enfermedad que requiere un enfoque multidisciplinario, libre de estigmatización y centrado en la persona. La colaboración continua entre el paciente y el equipo de salud es vital para establecer expectativas realistas y objetivos sostenibles.