Esta tesis doctoral se centró en los estudios sobre la coordinación motriz (CM) y su relación con la antropometría y el nivel de actividad física en personas con Síndrome de Down (SD), principalmente con edades comprendidas entre 7 y 10 años.
El estudio se desarrolló con naturaleza cuantitativa, de tipo descriptivo y abordaje transversal. Participaron en el estudio 17 personas con SD de ambos sexos, con edad entre siete y 10 años, vinculadas a fundaciones y centros escolares de la provincia de Barcelona.
Para el tratamiento de los datos, se utilizaron los programas Excel 2010 y SPSS Statistics 23.0. Fueron utilizadas técnicas paramétricas una vez comprobada la normalidad de los datos. Se realizaron estadísticas descriptivas (promedio y desviación típica), estadística comparativa a través del test “t” de Student para la comparación entre dos grupos y ANOVA de un factor (post hoc - Bonferroni) para más de dos grupos, y estadística correlativa a través del test de correlación de Pearson.
Resultados Relevantes del Estudio
Como resultados más relevantes se observó que las características personales de los participantes son las mismas presentadas frecuentemente en cuanto a tipología y enfermedad. Se ha visto que todos los participantes estaban estudiando y que el 24% sabe leer y escribir.
Los participantes realizan actividades sedentarias (ver televisión o jugar a la consola/ordenador/tableta) en cantidades aceptables, de manera idéntica a la población sin discapacidad. Los participantes presentaron altura, peso e Índice de Masa Corporal (IMC) dentro de la normalidad de acuerdo con los valores de referencia en la tabla de crecimiento específico para población con SD. Según las tablas de crecimiento para personas sin discapacidad, el peso estaba dentro de la normalidad y la altura por debajo de lo esperado para la edad. Ello contribuyó a que el IMC también resultase alterado, con indicaciones de sobrepeso y obesidad.
Las niñas presentan una tendencia a alcanzar un mayor porcentaje de grasa que los niños. Los participantes no realizan la cantidad de actividades físicas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta constatación corrobora el resultado de los niveles de actividad física encontrados a través del PAQ-C, entre moderadamente activo, sedentario y muy sedentario.
Los niveles de CM fueron clasificados por debajo de la normalidad, más específicamente con coordinación insuficiente y perturbación en la coordinación. Estos datos no se mostraron relevantes cuando fueron comparados entre sí; sin embargo, hubo una correlación positiva, de baja intensidad, entre la puntuación final del Test KTK y la puntuación del PAQ-C. Se observó diferencia significativa entre el nivel de actividad física y las variables antropométricas únicamente en el IMC. Tal diferencia fue constatada entre los sedentarios y moderadamente activos. No hubo correlación entre las variables antropométricas y el resultado del PAQ-C.

Marco Teórico y Antecedentes
Estimular al niño de una forma integral y desde la mirada de la estimulación temprana nos lleva a una intervención educativa más respetuosa y personalizada. A nivel mundial, el año 2015 fue crucial debido a que marcó el fin de un patrón internacional para el desarrollo, centrado en los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y las seis metas de Educación para Todos. El inicio de una nueva visión sobre la base de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) asegura desde el plano conceptual una educación más inclusiva.
Muchos son los autores que han abordado esta problemática a nivel nacional e internacional en el transcurso del siglo XXI. Jara & Rodas (2010) realizaron una propuesta curricular basada en las habilidades adaptativas para la estimulación temprana de niños y niñas de 0 a 3 años de edad con discapacidad cognitiva, con la intención de mejorar la coherencia, la pertinencia y la efectividad de la Educación Especial que se ofrece a estudiantes con Necesidades Educativas Especiales (NEE), específicamente en condición de discapacidad cognitiva desde la estimulación temprana.
Por su parte, Chachapoya (2019) tuvo como objetivo proponer un plan de intervención para niños de 3 a 5 años de edad con discapacidad, en función de que estos alcancen destrezas en el área motriz fina y puedan obtener su autonomía e independencia. La investigación de Sandoval (2019) se limitó a un estudio descriptivo que determinó el nivel de desarrollo psicomotriz de los niños y niñas de 5 a 6 años con discapacidad intelectual leve, con la finalidad de definir acciones de estimulación temprana a través de Programas de Desarrollo Individual (P.D.I.) para capacitar y orientar a educadoras de los subsistemas educativos, regular y especial, así como también a padres y madres de familia.
Los hallazgos mostrados en estas investigaciones reafirman la importancia del desarrollo de la motricidad para el mejor desempeño e inserción social de los niños con necesidades educativas especiales. Basados en la estimulación temprana, consideran, en su totalidad, que los primeros años de vida son el espacio ideal para la formación de hábitos y destrezas motrices que contribuyen de manera positiva a su autonomía e independencia.
Se destaca la investigación de Simón (2015), que aporta actividades para la estimulación a la motricidad fina en niños y niñas de dos a cuatro años con factores de riesgo de retraso mental. Particularmente en Cienfuegos, se destacan investigaciones como la de Olivera (2018), la cual va dirigida a la propuesta de actividades manuales para el desarrollo de la motricidad fina en un escolar con discapacidad intelectual asociado a un síndrome de Down.
A pesar de estos estudios realizados, se considera necesario profundizar en el desarrollo de estrategias de estimulación del área motriz. La revisión de documentos ha brindado aportes significativos, permitiendo conocer que en estos momentos aún no son suficientes las investigaciones sobre el desarrollo de la motricidad en escolares con discapacidad intelectual.
Evolución de la Terminología y Conceptos en Discapacidad Intelectual
La 10ma edición de la Asociación Americana para el Retraso Mental (AAMR) mantuvo características importantes como el propio término de retraso mental, la orientación funcional y el énfasis en los apoyos. Sin embargo, hubo cambios y aportes importantes, como la incorporación de una quinta dimensión: participación, interacción y roles sociales. Además, se avanzó en la planificación de los apoyos, al incorporar la investigación de los últimos años sobre evaluación y determinación de la intensidad de los mismos.
También se propuso una mayor precisión en la medición de la inteligencia y la conducta adaptativa. Esto permite una visión diferente del constructo de conducta adaptativa, en la que se eliminan las diez habilidades adaptativas de la definición de 1992. De ahí que se organicen en torno a tres tipos de habilidades: conceptuales, sociales y prácticas.
La Asociación Americana de Retraso Mental (AAMR) pasa a denominarse Asociación Americana de Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo (AAIDD). La discapacidad intelectual debe concebirse hoy desde un enfoque que subraye en primer lugar a la persona, y se elimina definitivamente el término de Retraso Mental por el de Discapacidad Intelectual. El término retraso mental hace referencia a una condición interna de la persona (lentitud de pensamiento); discapacidad intelectual se refiere a un estado de funcionamiento, no a una condición.
El cambio de concepción de la discapacidad que se refleja en el término discapacidad intelectual, planteado en 2007, tiene un enorme impacto sobre la forma en que la sociedad reacciona ante las personas con discapacidad intelectual. La adopción del nuevo término implica una comprensión de la discapacidad consistente en una perspectiva ecológica y multidimensional, y requiere que la sociedad responda con intervenciones centradas en las fortalezas individuales y que enfaticen el papel de los apoyos para mejorar el funcionamiento humano.
Desarrollo de la Motricidad en la Infancia y su Importancia
Cuando se habla de NEE, se sugiere la atención a personas con un desarrollo bajo de sus capacidades. Es por ello que se ha de prestar especial atención a la adaptación de las actividades que satisfagan las necesidades de cada individuo en particular.
Desde el nacimiento y durante la infancia, la motricidad del niño evoluciona de forma rápida y dinámica. Esta evolución se produce en base a dos grandes leyes del desarrollo: la ley céfalo-caudal y la próximo-distal. La primera establece que el niño controla antes la musculatura más cercana a la cabeza y dicho control se extiende hasta las extremidades inferiores. A partir de estas leyes y tendencias en el desarrollo, los niños van evolucionando a través de diferentes etapas hasta alcanzar la posición erguida y el dominio de las extremidades, desarrollando a su vez una gran variedad de conductas motoras.
En la primera etapa, a partir del nacimiento, los movimientos son involuntarios e inconscientes; a medida que van creciendo, van volviéndose movimientos intencionados, pero con muy poca coordinación hasta que ya son completamente capaces de coordinar y dirigir todos los movimientos. Una de las primeras manifestaciones de la motricidad es el juego, que poco a poco se va haciendo más complejo con los estímulos y experiencias, lo que hace que los movimientos cada vez sean más coordinados.
La motricidad se relaciona con todos los movimientos que de manera coordinada y voluntaria realiza el niño con pequeños y grandes grupos de músculos, constituyendo la base para adquirir el desarrollo de las áreas cognitivas y del lenguaje, e incluye además la espontaneidad y la creatividad. Desde los dos años aproximadamente, las habilidades motrices fundamentales permitirán al niño desplazarse de manera autónoma y variada y controlar objetos de manera cada vez más eficaz.
Los escolares con NEE pueden experimentar con el entorno que les rodea, lo que facilita una mejor adquisición de su capacidad intelectual. El proceso evolutivo que se desarrolla gradualmente contribuye al desarrollo integral de su persona, comprendiendo todas aquellas actividades que deben realizar y necesitando de una gran precisión y una buena coordinación.
Con respecto a su motricidad, desarrollan habilidades que están estrechamente relacionadas con el hecho de mostrar preferencias por utilizar una mano más que la otra, hecho que es conocido como dominancia manual. Es característico en estos niños el gusto por el trabajo y las actividades manuales, lo que contribuye al desarrollo de su motricidad fina y al desarrollo del proceso psíquico. En estos niños, las habilidades y destrezas psicomotrices son los factores que determinan la capacidad motriz y el nivel de habilidad, y que todos ellos se puedan desarrollar en la misma medida al margen de las condiciones genéticas (Ramírez, 2012).
Otro elemento importante en estos niños es la habilidad motriz (Sánchez, 1986), por ser una capacidad que permite realizar, con eficacia, cualquier movimiento voluntario. De ahí que la destreza constituye, por tanto, la capacidad adquirida que permite ejecutar un movimiento perfectamente ajustado a un esquema preconcebido. Un elemento sustancial a considerar son las habilidades y destrezas psicomotrices como una aptitud innata desarrollada en una concepción integral del sujeto, por lo que en niños con NEE están basadas en el rendimiento y aprendizaje, teniendo diferentes niveles que van de lo simple y sencillo a lo más complejo y específico.
Las acciones motrices proceden de la realización de un esquema motor o de la combinación de varios de ellos y se alcanzan a partir del trabajo de diferentes tareas, lográndose una automatización con la repetición y la variación cuantitativa y cualitativa. Los niveles de alteración de las conductas motrices son directamente proporcionales a los niveles cognitivos de cada individuo, los apoyos que se le den y las condiciones de su entorno. Si el déficit es leve, el niño puede llegar a alcanzar niveles normales; sin embargo, en casos de deficiencias severas y profundas se pueden presentar condiciones que establezcan falta de coordinación en los movimientos y otras dificultades.
Manifestaciones de Alteraciones Psicomotrices en Niños con Discapacidad Intelectual
Se observan dificultades como: respiración superficial, torpeza, mala configuración del esquema corporal y de la autoimagen. Presentan mala orientación y estructuración del espacio, problemas para ejercitar el equilibrio de forma estática.
En el contexto educativo formal o no formal, es necesario desarrollar un programa de psicomotricidad y establecer objetivos que estén dirigidos a que las personas con discapacidad intelectual sean capaces de controlar y conocer mejor su propio cuerpo con respecto al movimiento y así conseguir el mayor desarrollo psicomotor.
Los estudios efectuados por García & Medina (2017) muestran los problemas específicos del desarrollo motor, tales como habilidades motrices básicas, esquema corporal y control de las funciones corporales. Se identifican:
- Déficit de coordinación óculo-manual.
- Déficit de lateralidad y de control visual motor.
- Falta de equilibrio, el escaso tono muscular.
Considera, además, que en el desarrollo psicomotor del niño con discapacidad intelectual el juego ocupa una larga porción de su vida y es el centro de su importancia. Por otra parte, Ramírez (2012) le atribuye igual importancia a las habilidades y destrezas psicomotrices, definiéndolas como los factores que determinan la capacidad motriz y el nivel de habilidad de cualquier individuo, y que todos ellos pueden desarrollarse en la misma medida al margen de las condiciones genéticas. Las habilidades motrices se refieren a un nivel en que las personas sean capaces de operar con una considerable facilidad y eficiencia en su ambiente. Al madurar, estas habilidades pueden ser ampliadas en una variedad de juegos y deportes.
Por otra parte, el desarrollo motor se manifiesta en el ser humano mediante la coordinación de músculos y nervios, de tal manera que se logre un control de los movimientos del cuerpo. Se presentan también problemas para la socialización y trastornos del lenguaje.
Ejercicios de estimulación para niños de 1 a 2 años - curso de cuidado infantil
Estudio de Caso: Desarrollo Motriz en un Niño con Discapacidad Intelectual y Retardo en el Desarrollo Psicomotor
Se describe el caso de un niño cuya gestación presentó dificultades debido a que la madre no se alimentaba correctamente, fumaba y el padre ingería bebidas alcohólicas. Durante el embarazo, la madre presentó una vaginosis bacteriana; el niño nació a las 38 semanas y estuvo ingresado en neonatología por ingerir líquido amniótico.
El niño comenzó a caminar y a hablar a los 2 años, aunque las palabras que tiene aprendidas se limitan a: mamá, papá, vamos y no. Es atendido por el CDO por Retardo en el Desarrollo Psicomotor (RDP). Su mamá presenta retardo mental moderado y el padre retardo mental leve.
El diagnóstico logopédico plantea que es un menor con NEE en la comunicación y el lenguaje, caracterizado por un trastorno del lenguaje y presentando afectaciones en los tres planos de la lengua: fónico, léxico y gramatical, con deficiente adquisición de los fonemas del lenguaje.
Se les realizó una entrevista a la madre y el abuelo, quienes son los que más comparten el día con el niño. Ambos consideran que el entorno familiar del niño es bueno; en el hogar se les presta atención a sus necesidades, tiene garantizada la alimentación y sus necesidades básicas, y se interesan todos por su educación y desarrollo. Describen el desarrollo de movimientos en el niño como limitado, pues tiene mucha dependencia de ellos para realizar cualquier acción. Esto se corrobora mediante la observación, pues no muestra interés por caminar o correr porque su madre siempre lo tiene cargado.
En una primera evaluación de estas habilidades motrices, se observa que el menor no posee ninguna de ellas, por lo que se evalúan como no logradas. Teniendo en cuenta los resultados del test, se diseñan actividades motrices dirigidas al desarrollo de la motricidad fina y gruesa, tomando como puntos de partida las ciencias filosóficas, sociológicas, psicológicas, así como la pedagogía como vía de acción.
Al establecer una comparación entre los resultados obtenidos antes y después de la aplicación de las actividades motrices, se observa que, en un primer momento, todos los logros motrices no están logrados. Se muestra además un avance en 3 de los logros motrices al considerarse en proceso. Solo 1 de estos logros: saltar con dos piernas desde una altura hacia diferentes direcciones, se mantiene como no logrado. El niño se muestra en muchos de los casos, durante las actividades, cooperativo y motivado.
El niño con discapacidad intelectual estudiado durante la investigación se caracteriza desde el punto de vista motriz por presentar una torpeza motora. Tras la aplicación de las actividades motrices diseñadas, se observa una mejoría en el desarrollo motriz del niño a partir de la evaluación de los logros motores según la edad que posee.
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