El consejo de ancianos, como sistema de gobierno indígena, ha sido históricamente una institución fundamental en las comunidades originarias. Antropólogos y etnólogos han estudiado el poder ejercido por los ancianos a través de esta figura, generalizándola como norma de gobierno. En este sistema, el anciano está investido de sabiduría, prestigio, poder y liderazgo, rasgos de alto estatus social que homogeneizaban a la población envejecida, haciendo creer que alcanzar edades avanzadas era ingresar de manera automática a un "paraíso gerontocrático". Sin embargo, esta visión idealizada ha evolucionado, y la realidad actual muestra una compleja lucha intergeneracional por el poder y cambios significativos en la organización social y política de los pueblos indígenas, con un saldo negativo para la población anciana en algunos aspectos.

La Gerontocracia y su Evolución
La gerontocracia fundaba sus principios de gobernanza en la experiencia y sabiduría ejercidas a través de los consejos de ancianos, institución que “orienta, aconseja y procura la convivencia armónica de la comunidad”. La figura del viejo en la estructura político-religiosa de estas sociedades era investida de respeto, prestigio, poder y liderazgo. Bajo esta concepción que idealiza la vejez, se realizaron trabajos etnográficos que presentaban la vejez como un estado máximo, donde el anciano era obedecido, respetado, venerado y hasta temido por sus supuestos poderes mágicos, convirtiéndolo en una especie de semidiós.
Sin embargo, hoy día, varios pueblos han perdido esta figura o al menos no existe en su concepción original. Sus funciones han sido restringidas principalmente a ámbitos de carácter religioso y, en menor medida, a actividades sociales, donde poco o nada influye en la toma de decisiones político-comunitarias ejercidas desde el cabildo, la asamblea y otras formas de organización social como el comisariado de bienes comunales o el ejido. El consejo de ancianos ha quedado como una institución de honor y prestigio, salvaguarda de la ética, la costumbre y la tradición de la comunidad. Al perder el control político, solo les quedó el capital simbólico. Sus funciones tienen un ámbito “doméstico”, de modo que no intervienen en asuntos de competencia que rebasen las fronteras comunitarias, como levantamientos armados, megaproyectos, campañas de Greenpeace, maíz transgénico, calentamiento global o migración internacional, es decir, problemas sociales más complejos que requieren activismo político internacional y redes sociales más amplias.
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Limitaciones y Selectividad en la Conformación del Consejo de Ancianos
Factores Estructurales y de Propiedad de la Tierra
La idealización y generalización del consejo de ancianos como sistema de gobierno en los pueblos originarios no siempre consideró si el tipo de propiedad de la tierra (pequeña propiedad, comunal, ejidal o latifundio) y las formas de organización social de estas localidades (fincas o haciendas) permitían o no su creación. Por ejemplo:
- Bajo el sistema de latifundio, dada la naturaleza de peonaje acasillado, era impensable la organización de los trabajadores, y quienes llegaban a la vejez eran un estorbo para el amo, ya que no producían como antes, recibían solo alimento como pago o se endeudaban.
- En el ejido, que se rige bajo asamblea comunitaria, el Consejo no cabe en su estructura organizacional, y los viejos con estatus social alto, aunque respetados, actúan a título personal.
- En cambio, la pequeña propiedad, especialmente bajo el régimen comunal, sí permitió hasta cierto tiempo el autogobierno de sus pueblos bajo la estructura de consejo de ancianos.
Criterios de Selectividad Social
En las comunidades donde era factible la constitución del consejo de ancianos, los estudios no siempre abordaron la selectividad social que implicaba ser miembro. Alcanzar edades avanzadas no garantizaba, de facto, ser miembro de la élite. Solo los individuos que, a través de su historia de vida, lograban construir una buena imagen social de su persona, caracterizada por el manejo de habilidades de liderazgo y conocimiento de los usos y costumbres, podían ser reconocidos como “principales” y potenciales miembros del Consejo.

Requisitos para Integrar el Consejo
- Trayectoria Moral y Cívica: Lo integran únicamente hombres cuya trayectoria moral, construida desde edades tempranas, los haya convertido en “un espejo para la comunidad”. Además, deben haber desempeñado cargos civiles y religiosos (“cargueros”, mayordomías, kowiná -sistema de cargo “tradicional” en el carnaval zoque-) transparentes, lo que en la vejez se traduce en un estatus social alto.
- Salud Física y Mental: Para el desempeño cabal de sus actividades, deben contar con buena salud tanto física como mental, es decir, deben ser autosuficientes y altamente productivos laboralmente. No se concibe al líder como una persona débil, ni mucho menos a un enfermo crónico e incapacitado. El periodo de “vejez completa funcional” en la que el anciano se mantiene activo dentro del Consejo es conocido en lengua zoque como pitse'a: “claro-oscuro”, haciendo referencia a la edad avanzada pero activa, productiva y lúcida, vistos como "viejos-jóvenes con salud de roble". Quienes no cumplen con estas características son excluidos -o autoexcluidos-, incluyendo a aquellos con discapacidades (sordos, mudos, ciegos) o enfermedades crónicas incapacitantes.
- Ausencia de Antecedentes Delictivos: Un tercer filtro veta a aquellos que han llegado a la vejez con una trayectoria criminal y perversa explícita (violadores, asesinos, ladrones, estafadores).
- Estatus Social y Habilidades: Un cuarto criterio descarta a ancianos de bajo estatus social como los mendigos, alcohólicos crónicos y ancianos “comunes” -aun estando sanos- que no manejan habilidades discursivas útiles a la comunidad, arte alguno o el conocimiento y manejo de los rituales de la “costumbre”.
El cargo puede ser vitalicio: la persona es miembro del Consejo en tanto dé muestras de lucidez mental y pueda recordar, pensar, razonar y tomar decisiones consensadas. Una vez que el viejo muestra decrepitud, poco a poco abandona el Consejo y rápidamente es sustituido por nuevos integrantes.

Denominaciones y Respeto a los Ancianos "Principales"
En pueblos donde aún se guarda esta figura, el anciano “principal” o “caracterizado” es sumamente respetado por la jerarquía social que su comportamiento en sociedad -conjugado con su edad avanzada y sus funciones sociales- le otorga. En lengua zoque existe un término particular para designarlos: kubguy jyara (kubguy, “pueblo”; jy, marcador de posesivo de tercera persona en singular, y jara, “papá”), es decir, “papá del pueblo”. El término da una idea del alto estatus social que aún goza, aunque ahora sus funciones hayan sido relegadas a cuestiones básicamente religiosas (planea la fiesta, dirige el ceremonial, “barre” o hace “limpias” frente al altar mayor a los fieles con plantas y flores ofrendadas a las imágenes católicas; están al pendiente de las danzas, etcétera). Las esposas de los ancianos “principales” comparten el estatus social del marido, pero no son integrantes del Consejo.
En lengua mixe, a un líder anciano o maduro que ha dado muestras de honorabilidad y se ha ganado el respeto de todos se le llama nääxtsënaapy-käjpntsënaapyë (difrasismo que literalmente indica “el que vive la tierra”, “el que vive el pueblo”), y son quienes hacen posible que la comunidad o el pueblo viva, posibilitan la vida en comunidad. Otro nombre es niiwä'än-niitijëpë, “quien da indicaciones y dice cómo se deben hacer las cosas, el líder” o, sencillamente, mëjä'äytyëjk, “los que son parte del grupo o conjunto de ancianos”.
Funciones Actuales del Consejo de Ancianos Mixe
Entre los mixes, la obligación de los miembros del consejo de ancianos se centra en la iglesia y, consecuentemente, en la vida religiosa de la comunidad (fiestas patronales, mayordomías, rituales comunitarios, bodas, defunciones). Deben estar presentes, también, en los eventos sociales (celebración de las fiestas patrias, inauguración de alguna obra, etcétera). De no ir (salvo que estén enfermos, imposibilitados o, incluso cuando el clima es adverso, pueden quedarse en casa, ya que son proclives a enfermar, caer y golpearse), pueden ser amonestados por el alcalde, quien los representa en el municipio. El papel del alcalde es llevar la batuta tanto en el cabildo (es quien encabeza los actos de justicia, más que el presidente municipal) como en la iglesia. Entre otras actividades religiosas, tanto el alcalde como el Consejo coordinan trabajos: llaman, contratan y pagan al sacerdote católico, cuentan la limosna, cuidan y dirigen el cambio de ropa a los santos, resguardan las llaves de las arcas, pagan la reparación y el mantenimiento de la iglesia, etcétera. Por eso, el alcalde es el cargo de mayor prestigio que se llega a desempeñar en la comunidad, es el mëj täjk (“la vara de mando más grande”, “la vara mayor o las más grande vara de servicio”), y la responsabilidad recae siempre en un viejo, el de mayor experiencia, quien haya cumplido con muchos servicios y conozca los rituales y la “costumbre”.
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Contexto Actual y Doble Vulnerabilidad de los Ancianos Indígenas
La gerontocracia tuvo su mayor auge en los pueblos indígenas que permitían este sistema de gobierno, especialmente cuando la escasez de ancianos era evidente (entre 1 y 3 %), y la vejez se alcanzaba a edades más tempranas. Por ejemplo, a principios del siglo XX, la esperanza de vida en el país se calculó en 33 años -y menos en los pueblos indígenas-, en cambio hoy día, con base en datos del XII Censo General de Población y Vivienda 2010, la esperanza de vida para el estado de Chiapas se estimó en 72 años (69 años para los hombres, y 75 años para las mujeres). Es decir, en los últimos años, la esperanza de vida está cerca de triplicarse, y las cohortes etarias de vejez se establecen, generalmente, a partir de los 60 años de edad.
La toma de conciencia y la valoración del Día Internacional de los Ancianos es muy significativa, sobre todo en un contexto humanitario, donde hay grupos con un mayor grado de vulnerabilidad, y los adultos mayores son siempre un nicho de este grupo. Cuando hablamos de ancianos indígenas, ellos sufren una doble vulnerabilidad. Es muy importante incorporarlos al proceso. Ellos son los que detentan la cultura, el conocimiento ancestral de su pueblo, y nadie mejor que los ancianos para compartir lo que han vivido, su conocimiento, lengua, cultura, danza y comida con los más jóvenes. Yumelis Tovar, joven del pueblo Warao, relató que aprendió mucho de su cacique sobre el respeto y el cuidado de las personas mayores y la importancia de escuchar los consejos que ofrecen a los más jóvenes, enviando un mensaje a los jóvenes: «Nosotros, los jóvenes, tomemos los consejos de los mayores para nuestras vidas, para mejorar nuestro futuro. Si ponemos en práctica los conocimientos ancestrales que nos transmiten los ancianos, creo que no perderemos las enseñanzas culturales en el futuro.»

Cambios en las Formas de Organización
Las formas de organización que tienen los pueblos respecto a la conformación o no de los Consejos de Ancianos son variadas. Por ejemplo, en Alotepec, un poblado mixe de Oaxaca cuya propiedad de la tierra es comunal, se registra una población total de 1,200 habitantes, de los cuales 134 son adultos de 60 y más años de edad; es decir, el 12 % son viejos. Del total de adultos mayores, solo 50 personas (37%) participan activamente en el Consejo de Ancianos, quedando fuera del grupo de élite el 63% por diversos motivos: enfermedad, discapacidad o por bajo estatus social, por lo que, en consecuencia, no poseen las habilidades requeridas para su desempeño.
Siguiendo la estrategia de los “usos y costumbres”, el cabildo tampoco es la única instancia para atender los problemas, especialmente si se trata de algún caso grave. Así, las autoridades municipales recurren a la consulta de las personas “caracterizadas” (que generalmente son las que más hablan en las asambleas y tienen mayor capacidad de análisis y propuestas); cuando ni siquiera ellos pudieran darle solución o si se trata de un caso que rebasa su competencia, entonces recurren a la asamblea general, como máxima instancia en la toma de decisiones.
Por otro lado, Carmen Tonapac, del Municipio de Chiapa de Corzo, es una localidad zoque en el estado de Chiapas que cuenta con 73 viejos. En reunión de asamblea ejidal se decidió nombrar solamente a un anciano “principal” quien sería reconocido como el “papá del pueblo”, encargado de atender todos los asuntos relacionados con las festividades religiosas de la colonia, incluidas las danzas. Esta modalidad de nombramiento único, bajo ninguna circunstancia podría llamársele “consejo”. Cae, más bien, bajo la figura de “encargado”. Las nuevas generaciones optan por nombrar una “comisión de festejos”, en el cual tiene poca o nula cabida la población adulta mayor, especialmente si es monolingüe en lengua nativa y/o analfabeta, limitando a los ancianos al ámbito ritual (peregrinaciones, procesiones, rosarios, ofrendas, danzas y música tradicionales, “cargueros” -especie de mayordomía- rezos, “limpias”, repique de campanas, limpieza y mantenimiento de la iglesia, bendiciones, etcétera).