En la antigua Roma, las siglas SPQR simbolizaban la unión entre el consejo de ancianos, el Senado (senatus), y el pueblo (populus). Esto es una de las pruebas de que los mayores han ocupado siempre un papel central en las sociedades. Desde lo más remoto, la comunidad humana ha reservado un lugar especial y de honor a sus mayores, en principio como depositarios de toda tradición oral, cuando la escritura faltaba, y como la gran memoria de la tribu. El «homo sapiens» primitivo consideraba a los mayores no como una carga, sino como depositarios de la memoria colectiva y precursores de lo que hay tras la ignota muerte; la vejez parecía una antesala especialmente apropiada para la sabiduría. Los enterramientos de la época prehistórica nos hablan de la especial veneración hacia los mayores y del lugar preponderante que ocupaban en muchas sociedades, entendidos como guardianes chamánicos de la tribu, a los que se debía respeto, pues iban a ser figuras semidivinas.
La Relevancia de los Consejos de Ancianos en la Antigüedad
En la antigüedad, ya en la época histórica, se puede hablar de la especial relevancia de los consejos de ancianos para el desarrollo sociopolítico de las primeras ciudades de Occidente. Tras la era de los grandes imperios del antiguo Oriente, el gran salto de gigante en la historia política de la humanidad se dará en el marco del antiguo Egeo, con la aparición de una nueva forma de gobierno que pone en el centro a los ciudadanos y construye la política de abajo a arriba, desde las familias: la polis griega.
Influencia Griega en la Función de los Mayores
La ciudad-estado griega confería un importante papel a los mayores. En la hacienda familiar, el oikos, a menudo se atestigua la convivencia de dos cabezas de familia, uno joven y otro mayor. Cuando el joven estaba en la guerra, el mayor se encargaba de la gestión política en las asambleas. La doble prestación del varón -política y militar- se repartía así entre mayores y jóvenes. Además, el clima y la dieta favorecieron en la Grecia clásica la longevidad y, por ende, la mayor relevancia cultural y sociopolítica de los mayores. Hay muchos testimonios sobre el cuidado y el respeto a los mayores en la antigua Grecia, cuando algunas figuras emblemáticas de la sabiduría o la literatura -Solón o Sófocles- llegaron a alcanzar edades muy avanzadas, de unos 90 años.
Lejos de la utopía, el funcionamiento de la política griega se basaba en consejos de ancianos como la Gerousia espartana -compuesta por mayores de 60 e instituida por el legendario Licurgo- o la Boulé ateniense, cuya edad mínima de los miembros era de 30, pero que en la práctica solía ser mucho mayor.

El Senado Romano: La Asamblea de Ancianos
Este sistema de consejos de ancianos pasó a la Roma clásica republicana, una ciudad-estado en sus comienzos que reproduce el patrón político helénico. Desde sus inicios, el pie más importante del trípode político romano fue el «Senatus», etimológicamente «la asamblea de ancianos» (de senes, plural de senex, que significa anciano). El Consejo de Ancianos (senatus) de la antigua Roma se institucionalizó por el rey para contrabalancear precisamente a la institución real. Era tan solo un órgano consultivo, pero el monarca lo convocaba con frecuencia para conocer su opinión en determinadas situaciones que requerían un experto asesoramiento basado en la experiencia de los mayores de la comunidad romana.
Origen y Poder durante la República
La historia legendaria de Roma cuenta que, cuando fue expulsado el último rey, los ciudadanos confiaron el poder político a los padres de la patria, los senadores, como asamblea tradicional de los mayores. Ella recibió durante el transcurso de la República un poder omnipresente y, aunque ciertamente sometido a control de la ciudadanía, en momentos decisivos omnímodo. El Senado romano estaba encargado de crear las leyes, así como de controlar a los magistrados y dirigir la política exterior y las finanzas.
El Cargo Vitalicio y la Influencia en el Imperio
Al frente de la comunidad, desde los primeros tiempos hasta el final, había un reducido número de familias, un club selecto que enviaba a sus más conspicuos representantes al Senado. Esta ficción republicana se prolongó en el Imperio, pues Augusto siguió respetando al Senado e incluso en época del Dominado persistió la institución. Muchos personajes ilustres de la política romana llegaron a la ancianidad desempeñando sus cargos políticos, como Catón el Viejo, que estuvo en activo hasta su fallecimiento en 149 a.C., a los 85 años.
La llegada del Imperio mermó el poder del Senado, aunque diversos personajes ejercieron cargos de importancia en su vejez, empezando por los propios emperadores. Augusto, si bien soñaba con retirarse en algún momento, terminó ejerciendo el poder hasta que falleció a los 76 años. Vespasiano accedió al trono después de cumplir los 59, y sus retratos no disimulan los rasgos de la vejez de este emperador, que murió a los 69 años. El emperador Marco Aurelio, que murió a los 59 años, hizo honor a su apelativo de "filósofo" haciéndose representar durante sus últimos años de vida a la manera de los intelectuales griegos, cuya imagen se asociaba con la vejez durante la Antigüedad.

La Figura del Anciano en la Sociedad Romana
Es difícil establecer la edad en la que un romano era considerado anciano, entre otras razones porque no existía un rito simbólico que marcara el comienzo de dicha etapa de la vida. Las fuentes clásicas llaman senex o senior a hombres entre los 46 y los 60 años, pero es realmente a partir de esta segunda edad cuando comienzan a notarse las consecuencias de la vejez y quienes la tienen empiezan a ser llamados, incluso por ellos mismos, "viejos".
El Pater Familias y la Pietas Filial
Aunque en muchas ocasiones se dé una visión negativa de los ancianos en la literatura, en realidad eran respetados por su sabiduría y por los papeles de importancia que adoptaron en la sociedad romana. Esto se aprecia perfectamente en los retratos de los personajes de la élite, bustos llenos de realismo a la hora de mostrar los rasgos de la vejez (arrugas, pómulos caídos, boca hundida), pero cuyos modelos fueron representados con gran dignidad. Así, la jefatura de la familia -integrada por un gran número de personas- recaía en manos del hombre de mayor edad, el pater familias.
A pesar de las tensiones, el respeto a los ancianos dentro de la familia aparece como una obligación moral a través de la pietas. Este precepto incluía tanto el deber de los padres de criar y dar sustento a sus hijos como la obligación por parte de los hijos de apoyar económica, emocional y físicamente a los progenitores en su vejez. Esta virtud filial ya se encuentra en los relatos fundacionales de Roma, cuando Eneas huyó del incendio de Troya llevando a su viejo padre Anquises cargado a su espalda. El mismo deber se tenía para con las madres, hacia las cuales los hijos sentían una gran responsabilidad si quedaban viudas. Estas matronas ejercían su autoridad y se hacían respetar por su riqueza, por sus conexiones familiares y por una fuerte personalidad. En ausencia de la madre, la función de cuidar a los niños recaía en la abuela.
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Percepciones y Estereotipos de la Vejez
A pesar del estatus privilegiado de la ancianidad en el ámbito político y familiar, existían también visiones negativas o desafiantes sobre la vejez. El poeta Juvenal, por ejemplo, consideraba la demencia como "peor que cualquier pérdida de facultades físicas". También el número de hombres ancianos era mayor que el de mujeres, sobre todo debido a la alta mortalidad en los partos. El resultado fue una gran cantidad de viudos, que muchas veces volvían a casarse con mujeres mucho más jóvenes que ellos, dando lugar a personajes literarios como el viejo libidinoso descrito por Plauto en su obra Asinaria. Poetas como Marcial también representaron la vejez con una imagen despreciable, criticando la decrepitud física y la vanidad de los ancianos que se obstinaban en querer inspirar amor.
La Vejez y el Trabajo en las Clases Humildes
La situación era bien distinta para los ancianos más humildes. La temida combinación de vejez y pobreza en época romana era, en opinión de Cicerón, la mayor carga que una persona podía sufrir. Las calles de las ciudades estaban llenas de ancianos que se buscaban la vida como mensajeros, jornaleros, vendedores, mendigos o músicos. El escritor Dion Crisóstomo refiere que "a menudo vemos cómo, incluso en una gran agitada muchedumbre, el individuo no tiene dificultad en realizar su trabajo". También andaban por esas callejas mujeres adivinas, consideradas brujas o alcahuetas, dos de las figuras más denostadas en la literatura romana. Es curiosa la cantidad de representaciones de pescadores viejos, delgados y vestidos con harapos que se dan en la escultura romana, lo que lleva a pensar que la pesca debía de ser una ocupación frecuente entre los ancianos más pobres.
Protecciones Legales y Perspectivas Posteriores
Por un rescripto o constitución imperial, el Emperador Adriano estableció que todo amo que abandonara a un esclavo por causas de vejez o enfermedad, inmediatamente, ese esclavo adquiría su libertad. Algunos llevan ya muchos años de vida normal. El cristianismo retoma la idea del Antiguo Testamento que consideraba a los ancianos como sabios y bondadosos, lo que implicaba una respetabilidad que exigía una moralidad que conllevaba un mayor control personal y religioso. Los autores cristianos sostenían la conveniencia del castigo para aquellos ancianos que se volvieran esclavos de la avaricia, del amor, de la vanidad, del vino, de la cólera y de los placeres, y los manuales de los confesores determinaban que los ancianos que se entregasen a una vida licenciosa deberían ser juzgados más duramente que los jóvenes.