Cuadro Depresivo no Especificado en el Adulto Mayor

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por sentimientos persistentes de tristeza, pérdida de interés o placer en actividades, y una disminución significativa de la energía. En el adulto mayor, esta condición es un problema generalizado que, a menudo, no se reconoce ni recibe el tratamiento adecuado, y no debe considerarse una parte normal del envejecimiento.

Los episodios depresivos pueden ser eventos únicos, pero también pueden volverse persistentes o reaparecer. Para diagnosticar una depresión persistente, los síntomas deben estar presentes por más de dos años. Aunque la mayoría de las personas se recuperan bien de un episodio depresivo, en algunos casos los síntomas pueden persistir a lo largo del tiempo. Los episodios depresivos también pueden ser la primera señal de un trastorno afectivo bipolar, aunque esto es poco frecuente.

Prevalencia y Factores de Riesgo en el Adulto Mayor

La depresión afecta ligeramente más a mujeres que a hombres y es más común en la adultez media o tardía. Alrededor de 1 de cada 6 personas experimentará un episodio depresivo en algún momento de su vida.

En estudios internacionales, la prevalencia actual de episodios depresivos en adultos mayores oscila entre 2% y 5%. Sin embargo, cuando se consideran los síntomas depresivos clínicamente significativos que no cumplen los criterios clásicos de depresión (CIE-10 o DSM-IV), la cifra aumenta al 15%. En instituciones geriátricas u hospitales, la sintomatología depresiva puede encontrarse entre un 40% y 50%.

En el adulto mayor, los cambios en la vida pueden incrementar el riesgo de depresión o llevar a que la depresión existente empeore. Algunos de estos cambios incluyen:

  • Mudanza del hogar, como a un centro de la tercera edad.
  • Dolor o padecimiento crónico.
  • Hijos que dejan el hogar.
  • Muerte de cónyuge y amigos cercanos.
  • Pérdida de la independencia (por ejemplo, problemas para cuidarse sin ayuda, movilizarse o pérdida de los privilegios para conducir).

La depresión también puede estar relacionada con padecimientos físicos como trastornos tiroideos, mal de Parkinson, enfermedad del corazón, cáncer, y accidente cerebrovascular. El consumo excesivo de alcohol o de determinados medicamentos (como los somníferos) puede empeorar la depresión.

Otros factores de riesgo incluyen un menor nivel educacional, un estado de salud somático deficiente, la presencia de trastornos cognitivos y la aparición de una nueva enfermedad médica. El duelo es un factor de riesgo importante sobre el que se puede intervenir, creando instancias de apoyo para quienes lo sufren.

Depresión en adultos mayores

Particularidades de la Depresión en el Envejecimiento

Al analizar la patología depresiva en adultos mayores, es necesario realizar una serie de consideraciones que sitúan esta condición en un contexto distinto al del paciente depresivo en general. Primero, existen variables psicosociales propias de esta edad, como el aislamiento y la declinación social, que están relacionadas con el enfrentamiento terapéutico y la prevención.

Además, la mayoría de las personas de la tercera edad reciben pensiones o jubilaciones más bajas que su sueldo habitual, lo que a menudo resulta en una caída de su estándar de vida. Los duelos, tanto de familiares cercanos como de amigos, afectan sobre todo a las personas de edad muy avanzada, quienes empiezan a sentir que su generación desaparece y que serán los próximos. También se produce una disminución de la actividad física y psíquica. Desde el punto de vista orgánico, suelen estar presentes múltiples patologías que limitan al paciente, y el tema farmacológico es relevante, ya que muchos tratamientos pueden favorecer o dificultar el manejo antidepresivo.

La depresión en los adultos mayores puede ser difícil de detectar debido a que síntomas comunes como fatiga, falta de apetito y problemas para dormir también pueden ser parte del proceso normal de envejecimiento o de un padecimiento físico. En casos graves, los síntomas pueden incluso asemejarse a los de la demencia.

Esquema de las interacciones entre depresión, enfermedades crónicas y factores sociales en el adulto mayor

Sintomatología

Durante un episodio depresivo, las personas se sienten tristes o decaídas la mayor parte del tiempo. Tienen dificultad para motivarse y se cansan fácilmente, notando que no disfrutan la vida tanto como solían hacerlo. Muchas personas experimentan emociones negativas como falta de esperanza, sentimientos de vacío o culpa, y sensación de inutilidad. Los episodios depresivos también pueden acompañarse de síntomas físicos, tales como dificultad para dormir, falta de apetito, dolores de cabeza, dificultad para concentrarse y cansancio.

Aunque los síntomas fundamentales del síndrome depresivo son similares en el adulto joven y en el anciano, la depresión tardía tiene ciertas particularidades. Algunos grupos han planteado que el adulto mayor tiende a vivir la culpa o la inutilidad de otra manera, como un "sin sentido", expresado como "no veo qué más puedo hacer" o "ya terminé mi tarea", por lo que solo le queda esperar la muerte.

Criterios Diagnósticos del DSM-5

La característica esencial del trastorno depresivo mayor en el DSM-5 continúa siendo un período de al menos 2 semanas consecutivas en el que la persona manifiesta un mínimo de 5 síntomas, de los cuales al menos uno debe ser estado de ánimo depresivo o disminución del interés o placer por todas o casi todas las actividades. Los síntomas incluyen:

  1. Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día.
  2. Marcada disminución del interés o placer en todas o casi todas las actividades la mayor parte del día (anhedonia).
  3. Aumento o pérdida significativa (>5%) de peso, o disminución o aumento del apetito.
  4. Insomnio (a menudo insomnio de mantenimiento del sueño) o hipersomnia.
  5. Agitación o retardo psicomotor observado por otros.
  6. Fatiga o pérdida de energía.
  7. Sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva o inapropiada.
  8. Capacidad disminuida para pensar o concentrarse, o indecisión.
  9. Pensamientos recurrentes de muerte o suicidio, intento de suicidio o un plan específico para suicidarse.

Es importante señalar que una reacción o proceso de duelo no excluye la existencia de un episodio depresivo mayor, indicando la conveniencia de valorar la presencia de depresión mayor además de la respuesta normal a una pérdida significativa.

Clasificaciones de Trastornos Depresivos

En la quinta edición del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5-TR), los trastornos depresivos se clasifican en varios tipos según sus síntomas específicos o etiología. La clasificación incluye:

  • Trastorno depresivo mayor (a menudo denominado depresión).
  • Trastorno depresivo persistente (distimia).
  • Otro trastorno depresivo especificado o no especificado.
  • Trastorno disfórico premenstrual.
  • Trastorno depresivo debido a otra enfermedad.
  • Trastorno depresivo inducido por sustancias/fármacos.

Trastornos Depresivos no Especificados

Existe una multitud de cuadros que no cumplen con los criterios de depresión mayor o distimia según el CIE-10 o DSM-IV, pero que también provocan bastante disfunción. La línea de estudio más reciente plantea la existencia de otros síndromes “depresivos” que constituyen una depresión y tienen un impacto pronóstico demostrado, en relación con la presencia de nueva morbilidad (por ejemplo, patología vascular) o con el riesgo de desarrollo de demencia o riesgo vital, especialmente cuando existen síntomas cognitivos intensos.

Algunos autores han propuesto la presencia, particularmente en adultos mayores, de un espectro depresivo, porque existen sujetos que no tienen una depresión mayor, pero presentan una sintomatología depresiva significativa que les causa discapacidad, les aumenta el riesgo de desarrollar patología cardiovascular y, eventualmente, aumenta su morbimortalidad. Es crucial identificar a estas personas, ya que con algunas intervenciones se podría mejorar su pronóstico, en lugar de asumir estos síntomas como normales de la edad.

Además de la depresión mayor, existen otros cuadros menos evidentes pero igualmente importantes en el adulto mayor:

  • Distimia: No cumple con la cantidad de criterios de una depresión mayor, pero presenta algunos de ellos por un período de dos años o más, siendo altamente discapacitante.
  • Depresión menor: Incluida en las categorías diagnósticas en estudio del DSM-IV. Corresponde a un episodio depresivo que, al igual que la depresión mayor, dura más de dos semanas y menos de dos años.
  • Episodios depresivos breves y recurrentes: Con intenso decaimiento, cumplen con anhedonia o tristeza y cinco criterios, pero duran menos de dos semanas.
  • Síntomas depresivos dispersos: Sintomatología depresiva de menor intensidad que en los cuadros previos, pero que puede ser relevante si es sostenida en el tiempo.

En el trastorno depresivo persistente, los síntomas depresivos que duran más de 2 años sin remisión se clasifican como tal, categoría que consolida trastornos anteriormente denominados trastorno depresivo mayor crónico y trastorno distímico. Los pacientes afectados pueden presentarse habitualmente negativos, pesimistas, sin sentido del humor, pasivos, obnubilados, introvertidos, hipercríticos consigo mismos y con los demás, y quejumbrosos. También tienen más probabilidades de experimentar trastornos de ansiedad subyacentes, trastornos por abuso de sustancias o trastornos de la personalidad.

Diagnóstico

El diagnóstico de depresión se basa en los síntomas que experimenta la persona afectada. Durante una consulta médica, se deben descartar otras posibles causas de los síntomas, como ciertos medicamentos, infecciones o condiciones del sistema endocrino, antes de realizar el diagnóstico. Algunos análisis de sangre pueden ser útiles para descartar estas causas. Además, llevar un diario para documentar los estados de ánimo, el sueño, la energía y los pensamientos puede ser de ayuda.

En el adulto mayor, el diagnóstico debe realizarse mediante entrevista clínica y no derivarse únicamente de cuestionarios, ya que estos por sí solos no permiten un diagnóstico individual. Se deberán emplear técnicas específicas, tanto verbales como no verbales, debido a la existencia de posibles limitaciones cognitivas y de verbalización en este grupo de edad. La anamnesis debe incluir una pregunta sobre los medicamentos que toma o ha estado tomando recientemente.

Depresión y Demencia: Diagnóstico Diferencial

La depresión y la demencia coexisten en alrededor del 33% de los casos en la tercera edad. Es fundamental distinguir cuándo se trata de una demencia de origen depresivo (pseudodemencia depresiva) de una demencia propiamente dicha, es decir, una demencia irreversible, como la enfermedad de Alzheimer, debido a su frecuencia.

Factores sugerentes de pseudodemencia depresiva incluyen una progresión rápida de la demencia, antecedente clínico de un cuadro anímico que haya precedido a la demencia, y que el paciente se queje mucho de su déficit cognitivo (a diferencia de los pacientes con Alzheimer que tienden a minimizar sus problemas). Los delirios de origen depresivo tienden a ser somáticos, y las alteraciones del sueño son del tipo despertar precoz. El paciente con pseudodemencia depresiva presenta marcada anhedonia y desinterés. Si se sospecha que un paciente con demencia tiene un componente anímico significativo, es necesario realizar una prueba terapéutica con el medicamento antidepresivo adecuado.

La presencia de lesiones isquémicas silentes en la sustancia blanca cerebral, evidenciadas en pruebas de neuroimagen (resonancia magnética nuclear), es común en la depresión de inicio tardío en mayores de 75-80 años sin antecedentes depresivos previos, lo que soporta la hipótesis de la depresión vascular en la edad avanzada.

Tratamiento y Pronóstico

El tratamiento de un episodio de depresión se basa en la gravedad de la depresión y las circunstancias de la persona afectada. Las alternativas comunes de tratamiento incluyen orientación psicológica, medicamentos antidepresivos y psicoterapia. En los casos severos, podría ser necesaria una hospitalización. Métodos adicionales como la actividad física, terapias grupales o grupos de apoyo social también pueden ser de mucha ayuda.

Los primeros pasos del tratamiento incluyen: tratar cualquier padecimiento que pueda estar causando los síntomas, suspender cualquier medicamento que pueda estar empeorando los síntomas, y evitar el alcohol y los somníferos. Si estas medidas no sirven, los antidepresivos y la psicoterapia a menudo ayudan. Los profesionales de la salud suelen prescribir dosis más bajas de antidepresivos para las personas mayores e incrementan la dosis más lentamente que en los adultos más jóvenes.

Con tratamiento y buen apoyo, muchas personas se sienten mejor a los 3 o 4 meses de iniciado el tratamiento. A pesar de que los episodios depresivos pueden volver a ocurrir o ser persistentes, aproximadamente la mitad de las personas que experimentan un episodio depresivo nunca vuelven a tener otro.

Prevención

Aunque algunos casos de depresión no pueden ser prevenidos, se conocen algunas medidas que ayudan a proteger a las personas de una depresión o de casos graves. Estas incluyen mantener relaciones sociales positivas, reducir el estrés y realizar actividad física regularmente.

Para manejar mejor la depresión en el hogar, es recomendable hacer ejercicio regularmente, rodearse de personas cariñosas y positivas, y realizar actividades agradables. Aprender buenos hábitos de sueño, vigilar los signos tempranos de depresión y saber cómo reaccionar, beber menos alcohol y evitar las drogas ilícitas, y hablar de los sentimientos con alguien de confianza son también medidas importantes.

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