Consecuencias de la Privación del Sueño en Adultos Mayores

El sueño es un pilar fundamental para la salud y el bienestar en todas las etapas de la vida, pero su importancia se acentúa en la edad adulta mayor. Durante el sueño, el cuerpo trabaja activamente para mantener una función cerebral saludable y conservar la salud física. Sin embargo, los patrones de sueño tienden a cambiar a medida que se envejece, lo que puede llevar a una deficiencia de sueño con importantes repercusiones.

Esquema de las etapas del sueño y cómo cambian con la edad

La Importancia del Sueño y los Cambios con el Envejecimiento

La deficiencia de sueño puede generar una sensación de cansancio extremo durante el día y una falta de renovación y alerta al despertar. Esto no solo afecta el estado de ánimo, sino también diversas funciones vitales. Los estudios demuestran que el sueño nocturno de buena calidad mejora el aprendizaje y la capacidad de resolución de problemas, mientras que la deficiencia de sueño cambia la actividad en algunas partes del cerebro.

A lo largo de los años, el sueño sufre transformaciones. La mayoría de las personas mayores encuentran que el proceso de envejecimiento les lleva a tener dificultades para conciliar el sueño, se despiertan con más frecuencia durante la noche y se levantan más temprano por la mañana. Se pasa menos tiempo durmiendo profundamente y sin soñar. Las personas mayores se despiertan en promedio de 3 a 4 veces cada noche y son más conscientes del hecho de estar despiertos.

¿Por qué difiere el sueño en el anciano?

El sueño en las personas mayores difiere del de los adultos jóvenes debido a una combinación de factores:

  • Cambios hormonales: La producción de melatonina, una hormona clave en la regulación del sueño, disminuye con la edad, especialmente a partir de los 55 años. Esta disminución puede alterar el ritmo circadiano, afectando los patrones de sueño.
  • Medicación: Debido a diversas enfermedades médicas, los adultos mayores suelen tomar varios medicamentos que pueden interferir con el sueño.
  • Salud física y mental: Enfermedades como la artritis, enfermedades cardíacas, ansiedad o depresión pueden afectar significativamente la calidad del sueño.
  • Modificaciones en el ciclo circadiano: Los ritmos circadianos tienden a adelantarse, haciendo que los ancianos tiendan a acostarse y despertarse más temprano.
  • Nicturia: La necesidad de levantarse varias veces por la noche para orinar es frecuente debido a problemas prostáticos en hombres, incontinencia o una menor capacidad de la vejiga.

El tiempo total de sueño se mantiene igual o disminuye ligeramente (6.5 a 7 horas por noche), pero puede ser más difícil quedarse dormido y se puede pasar más tiempo total en la cama. La transición entre el sueño y el despertar es frecuentemente abrupta, lo que hace que las personas mayores sientan un sueño más ligero.

Consecuencias de la Deficiencia Crónica de Sueño en Adultos Mayores

La privación del sueño en adultos mayores puede ocasionar daño de forma instantánea, como en un choque automovilístico si se conduce con somnolencia, o causar daño con el correr del tiempo, aumentando el riesgo de sufrir problemas crónicos de salud. Las personas con deficiencia de sueño son menos productivas y la falta de sueño también puede dar lugar a microsueños, que son episodios incontrolables de sueño de los que no se suele tener conciencia.

Infografía sobre los riesgos de caídas y accidentes por falta de sueño

Deterioro Cognitivo y Salud Mental

La deficiencia de sueño puede causar problemas en el aprendizaje, la concentración y la reacción. Es posible que los adultos mayores tengan dificultades para tomar decisiones, resolver problemas, recordar cosas, manejar las emociones y conductas, y adaptarse al cambio. El sueño inadecuado puede empeorar problemas existentes de memoria y atención, y la privación del sueño con el tiempo puede ocasionar confusión y otros cambios mentales.

El insomnio puede aumentar los síntomas de ansiedad y depresión en los ancianos. La búsqueda intencionada de depresión y ansiedad en adultos mayores con insomnio es obligada, ya que frecuentemente se encuentran como causa directa o indirecta. Además, la falta de sueño puede aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Impacto en la Salud Física

La deficiencia de sueño continua puede cambiar la forma en que la defensa natural del cuerpo responde a los gérmenes y las enfermedades. También afecta el equilibrio de hormonas que regulan el hambre (grelina) y la saciedad (leptina), y la forma en que el cuerpo reacciona a la insulina, la hormona que controla la concentración de glucosa en sangre. Esto puede aumentar el riesgo de problemas como la obesidad, diabetes e hipertensión.

Algunas investigaciones financiadas por el NHLBI hallaron que los adultos que habitualmente duermen 7-8 horas por noche tienen un menor riesgo de obesidad y presión arterial alta. La privación del sueño es un factor de riesgo significativo e independiente para una gran diversidad de enfermedades cardiovasculares, incluyendo hipertensión, infarto agudo del miocardio, insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular. En la esfera neurológica, los trastornos del sueño son un factor de riesgo independiente para el desarrollo de enfermedad vascular cerebral (infarto cerebral) y un factor de pronóstico negativo para su recuperación funcional.

Aumento del Riesgo de Caídas y Fracturas

El cansancio y la fatiga aumentan el tiempo de reacción y hacen que los reflejos sean más lentos para mantener el equilibrio, lo cual puede favorecer las caídas. Las caídas en los ancianos son muy graves porque sus huesos son débiles y se pueden fracturar con mayor facilidad, tardando más en consolidar el callo de la fractura y pudiendo no recuperar nunca la movilidad perdida.

Problemas Comunes del Sueño en Adultos Mayores

Los problemas del sueño son frecuentes en las personas mayores y, en general, la cantidad necesaria de sueño permanece constante a lo largo de la vida adulta (7 a 8 horas todas las noches).

Insomnio

El insomnio es uno de los problemas más prevalentes en las personas de edad avanzada, considerado por algunos como un problema de salud pública. Se define por la incapacidad para iniciar o mantener el sueño a lo largo de la noche durante un periodo mínimo de tres meses y con una frecuencia mínima de tres días a la semana. En el anciano, el insomnio es multifactorial, a menudo un síntoma secundario de una enfermedad o fármaco más que un diagnóstico primario.

Trastornos Respiratorios del Sueño

La apnea del sueño es una afección en la que la respiración se detiene por un tiempo durante el sueño, lo que puede causar problemas graves. Se asocia a ronquidos, sueño poco reparador y somnolencia diurna, haciendo que quienes la padecen despierten muchas veces durante la noche.

Trastornos de Movimientos Relacionados con el Sueño

  • El síndrome de las piernas inquietas (SPI) se caracteriza por un malestar poco definible, especialmente en las piernas, que consiste en la necesidad incontrolable de moverlas para aliviar esa molestia.
  • El síndrome de movimientos periódicos de extremidades durante el sueño (SMPES) también se caracteriza por movimientos anormales de las extremidades que fragmentan y disminuyen la calidad del sueño.

Alteraciones en el Ritmo Circadiano del Sueño

Estos trastornos se producen cuando el ciclo sueño-vigilia es alterado por tratar de mantenerse despierto cuando la condición fisiológica favorece el sueño (fase atrasada del sueño) o intentar dormir cuando se favorece el mantenerse despierto (fase adelantada de sueño).

Otros Trastornos

También se pueden presentar otros trastornos del sueño, como la narcolepsia o el hipersomnio.

Diagnóstico de los Trastornos del Sueño en Adultos Mayores

El diagnóstico del insomnio es fundamentalmente clínico. Siempre será conveniente investigar causas específicas, considerando la mezcla de factores en cada caso particular, así como la evaluación psicosocial. El deterioro de las capacidades mentales, la sintomatología psicoafectiva en su relación con la educación, la red de apoyo familiar y el nivel socioeconómico juegan un papel importante en la perpetuación o precipitación de cuadros de insomnio en la persona de edad avanzada.

Los trastornos neuropsiquiátricos tienen una asociación frecuente con las alteraciones del sueño en el adulto mayor; enfermedades como depresión, ansiedad, demencia tipo Alzheimer, enfermedad de Parkinson y secuelas de enfermedad vascular cerebral son las más comunes.

La polisomnografía es el estudio paraclínico considerado el "estándar de oro" para el diagnóstico de los diferentes trastornos del sueño. Se realiza en un laboratorio especializado donde se monitorizan simultáneamente múltiples variables biológicas del individuo durante una noche "típica" de sueño, incluyendo el electroencefalograma (EEG), electrooculograma (EOG), electromiograma submentoniano (EMG), flujo de aire nasal u oral, esfuerzo respiratorio, oximetría, electrocardiograma (ECG) y monitoreo de la posición del paciente.

Diagnóstico y tratamiento del insomnio (Reportaje TVE. 2019)

Prevención y Tratamiento del Insomnio en Adultos Mayores

El tratamiento ideal del insomnio en el adulto mayor es la combinación del manejo de las causas secundarias, terapias no farmacológicas que incluyan medidas de higiene del sueño y tratamiento farmacológico con agentes aprobados. Es crucial educar al paciente sobre su padecimiento y las medidas de higiene del sueño.

Medidas de Higiene del Sueño

Estas son un conjunto de hábitos que favorecen un descanso adecuado y deben ser la primera línea de acción:

  • Intente acostarse a la misma hora todas las noches y despertarse a la misma hora todas las mañanas.
  • Utilice la cama solamente para dormir o para la actividad sexual.
  • Duerma en un lugar tranquilo, en el que no haga demasiado calor o frío.
  • Un refrigerio ligero a la hora de ir a la cama puede ser de gran ayuda; muchas personas encuentran que la leche tibia aumenta la somnolencia.
  • Evite estimulantes como la cafeína (café, té, bebidas de cola y chocolate) durante al menos 3 o 4 horas antes de acostarse.
  • No tome siestas prolongadas durante el día.
  • Haga ejercicio en horarios regulares cada día, pero no 3 horas antes de acostarse.
  • Evite la estimulación excesiva, como programas televisivos violentos o juegos de computadora, antes de irse a dormir.
  • Practique técnicas de relajación a la hora de ir a la cama.
  • No vea televisión ni utilice su computadora, teléfono celular o tableta en el cuarto.
  • Evite los productos de tabaco, especialmente antes de irse a dormir.
  • Pregunte a su proveedor si alguno de los medicamentos que toma pueden afectar su sueño.
  • En caso de no poder conciliar el sueño después de 20 minutos, levántese y realice una actividad tranquila como leer o escuchar música; cuando se sienta con sueño, regrese a la cama.
Lista visual de consejos para mejorar la higiene del sueño

Tratamiento Farmacológico

Las personas de edad avanzada responden de una manera diferente a los medicamentos en comparación con los adultos jóvenes, por lo que es muy importante consultar con un proveedor de atención médica antes de tomar cualquier medicamento para dormir. La farmacoterapia del insomnio puede ser complicada, y se deben tomar en cuenta los cambios en la cinética y dinámica de los fármacos asociados a la edad.

Precauciones con ciertos medicamentos

  • Antihistamínicos (difenhidramina, doxilamina): Aprobados en algunos lugares como hipnóticos, presentan propiedades anticolinérgicas que predisponen a cuadros delirantes, deterioro cognitivo, retención urinaria, estreñimiento, alteraciones de la marcha y caídas. Por lo tanto, no se recomiendan para tratar el insomnio crónico en el anciano.
  • Benzodiacepinas (Lormetazepam, Lorazepam, Diazepam, Lexatin, Orfidal, entre otras) y agonistas de receptores benzodiacepínicos (zolpidem, zaleplon, eszopiclona): Aunque han demostrado ser efectivos para el insomnio a corto plazo, su uso en ancianos plantea importantes riesgos. La disminución de la función hepática y renal en esta población provoca una eliminación más lenta, aumentando la acumulación y la probabilidad de efectos secundarios como sedación prolongada, somnolencia diurna, alteración de funciones cognitivas (memoria, atención) y un aumento significativo del riesgo de caídas y fracturas.

    No se recomienda el tratamiento a largo plazo debido a que su eficacia no está claramente establecida y hay evidencia de incremento en el riesgo de deterioro cognoscitivo, demencia, depresión, confusión, caídas y fracturas, además de la posibilidad de generar dependencia, tolerancia, insomnio de rebote y síndrome de abstinencia. Estos fármacos deben retirarse gradualmente para evitar insomnio de rebote, que suele presentarse cuando la administración se interrumpe de manera abrupta.

  • Neurolépticos/Antipsicóticos (haloperidol, olanzapina, risperidona, quetiapina): No se recomienda su uso en el tratamiento del insomnio crónico en el paciente de edad avanzada debido al incremento de los riesgos contra los beneficios, incluyendo el potencial riesgo de muerte súbita.

Opciones de tratamiento más seguras

  • Antidepresivos con efecto sedante: Pueden ser de mucha ayuda si la depresión o ansiedad afecta el sueño, y algunos no ocasionan los mismos efectos secundarios que los medicamentos para dormir.
  • Melatonina: La producción fisiológica de melatonina disminuye con la edad. La melatonina de liberación prolongada (MLP 2 mg) fue diseñada para imitar el modelo endógeno de secreción y ha demostrado eficacia en pacientes mayores de 55 años, induciendo mejoras significativas en el tiempo de latencia del inicio del sueño, calidad del sueño y calidad de vida, sin alterar su estructura. Tiene mínimos efectos adversos a la dosis terapéutica de 2 mg.
  • Daridorexant (Quviviq ®): Disponible con receta médica, ha demostrado ser un fármaco seguro en adultos y pacientes de edades comprendidas entre los 65 y 85 años. Ofrece importantes ventajas frente a las benzodiacepinas: no produce somnolencia al día siguiente, preserva habilidades psicomotoras y cognitivas, no aumenta el riesgo de caída (incluso lo disminuye), tiene menor potencial de abuso y adicción, y no genera tolerancia con el tiempo.

Recomendaciones Finales

Si las molestias del sueño persisten por más de un mes o son lo suficientemente intensas para afectar negativamente la calidad de vida, es fundamental consultar a un proveedor de atención médica. El médico valorará si existe alguna enfermedad que justifique el insomnio y si es necesario iniciar tratamiento, siempre priorizando opciones no farmacológicas y un enfoque individualizado para cada paciente.

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