El Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) impulsa el desarrollo de conocimiento en diversas áreas, incluyendo aquellas enfocadas en el envejecimiento y la mejora de la calidad de vida de los adultos mayores. A través de programas como el Fondo de Investigación y Desarrollo en temas de Envejecimiento y el Programa IDeA de FONDEF, se busca fomentar la investigación multidisciplinaria que aborde las complejidades de la vejez en Chile.
Fondo de Investigación y Desarrollo en Temas de Envejecimiento
Como parte de un estudio participativo que busca impulsar el nuevo "Fondo de Investigación y Desarrollo en temas de Envejecimiento" de CONICYT, se realizó un encuentro que reunió a la Directora Nacional del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), Rayén Inglés; investigadores de la Universidad de Chile; y consejeros asesores regionales del adulto mayor, para dialogar sobre las condiciones de vejez en el país. Durante la actividad, se expusieron antecedentes sobre la vejez, vinculación con el medio y la importancia de la participación ciudadana en las investigaciones.
De acuerdo a la directora nacional del SENAMA, Rayén Inglés, “en Chile no existen datos de caracterización del envejecimiento y por primera vez existe un fondo destinado al tema de vejez, lo que permitirá mejorar la calidad de vida de los adultos mayores pues se visualizarán las necesidades y los temas más relevantes para aportar con conocimiento en nuevas políticas públicas. Esta instancia es una oportunidad única, ya que reúne a la universidad, el SENAMA y los consejos regionales con el fin de generar un proceso de investigación participativa”.
Este fondo se orienta a apoyar propuestas que generen conocimiento multidisciplinario contribuyente a mejorar la calidad de vida de las personas mayores y sus entornos a través de la investigación sobre el proceso del envejecimiento en Chile, desde la perspectiva y aportes de las Ciencias, las Ciencias Sociales, la Educación y la Tecnología.

Características de las Propuestas
Las propuestas deben proponer resultados que sean factibles de obtener dentro de los plazos considerados para la primera y segunda Etapa (4 años). El diseño de este concurso es el mismo utilizado en el Programa IDeA en dos etapas regular de Fondef. En ese sentido, las propuestas deben considerar dos etapas de un mismo proceso.
- Equipo de Investigación: Dentro del equipo debe haber como mínimo dos doctores que hayan obtenido este grado académico (PhD) dentro de los cinco años previos a la fecha de postulación. Los doctores deben ser residentes en Chile, pudiendo tener nacionalidad distinta a la chilena.
- Entidades Asociadas: Se requiere la participación de al menos una empresa u otra entidad que exprese interés en el desarrollo mediante la presentación de una carta de interés. Esta carta debe expresar conformidad con los antecedentes presentados en el capítulo de impacto potencial económico social.
- Financiamiento: Los proyectos deberán ser financiados a lo menos en un 10% de su costo total por las entidades beneficiarias del subsidio. Esta contribución al financiamiento podrá ser en aportes incrementales y no incrementales.
Programa IDeA de FONDEF y la Investigación en Envejecimiento
El encargado de finanzas de FONDEF, Iván Muñoz, considera que “falta potenciar el debate en torno a la vejez, por lo que en FONDEF lo estamos trabajando como un tema altamente prioritario. Es muy importante levantar la problemática del adulto mayor y hacerla visible en la sociedad, considerando que la población nacional está envejeciendo rápidamente”.
Para el jefe de la Unidad de Proyectos Transdisciplinarios de la VID, Pablo Riveros, “actualmente la mayor parte de los fondos de investigación se hacen desvinculados de las demandas ciudadanas, además el país continúa sin invertir lo suficiente en investigación y desarrollo. Esta iniciativa convoca a organismos del Estado, investigadores y ciudadanos en un mismo espacio, siendo un enorme aporte para abrir el diálogo y el debate con el objetivo de seguir avanzando en la temática del envejecimiento a nivel nacional”.
La segunda versión del concurso se caracterizó por el incremento en los montos máximos de financiamiento en las etapas de Ciencia Aplicada e Investigación Tecnológica, que podrán llegar hasta los $200 millones. Las instituciones beneficiarias corresponden a la Universidad Tecnológica Metropolitana; Universidad de Santiago de Chile; Pontificia Universidad Católica de Chile; Universidad Austral de Chile, y la Universidad de Talca. Los proyectos financiadas por este concurso tienen una duración de 24 meses y buscarán obtener productos, procesos o servicios válidos en condiciones cercanas a una aplicación definitiva que vaya en pro de mejorar la calidad de vida del público objetivo. Destaca que, del total de las iniciativas adjudicadas, tres son dirigidas por mujeres.
Investigaciones Específicas y Desafíos
Telerehabilitación Sincrónica para Adultos Mayores
“La telerehabilitación sincrónica, que implica la interacción directa entre el profesional y el paciente durante la sesión de ejercicio, busca asegurar que los participantes reciban la supervisión y retroalimentación necesaria para realizar los ejercicios de manera efectiva y segura”, explicó el Dr. La iniciativa surge en un contexto postpandemia, en el que la telemedicina y la telerehabilitación han cobrado relevancia como alternativas viables para atender a personas que tienen dificultades para desplazarse a los centros de salud, especialmente en zonas rurales o de difícil acceso. «Queremos demostrar que la telerehabilitación sincrónica es una opción válida y segura para las personas mayores, especialmente para aquellos que no pueden acudir a los centros de salud de manera regular. La investigación se enmarca en el ámbito de la investigación sobre envejecimiento activo y saludable, un área clave en la atención de la salud pública.
Webinar Implementación de un programa de intervención en el adulto mayor desde la telerehabilitación
Vulnerabilidad de Adultos Mayores ante Desastres Socionaturales
Chile es reconocido como un país sometido a diversos desastres socionaturales, siendo de interés indagar cómo los vivencian las personas mayores, debido a que podrían presentar más dificultades que otros grupos para enfrentarlos. En abril de 2014, Valparaíso fue arrasado por un incendio que dejó más de 12.000 damnificados, concentrándose en el cerro La Cruz, el número más alto de personas mayores afectadas. El objetivo de este estudio cualitativo de carácter exploratorio fue indagar cómo las personas mayores significan su experiencia en situaciones de desastre a partir de este siniestro.
América Latina y el Caribe es una de las regiones del mundo más afectadas por desastres socio-naturales. En relación a esto, hasta hace muy poco tiempo, se ponía mayor énfasis en los agentes causantes y menos en las circunstancias de las poblaciones expuestas. El estudio desarrollado por Vargas (2002) advierte que “el 90% de las víctimas de desastres viven en países en desarrollo, bajo condiciones de pobreza, lo que las empuja a habitar en áreas y viviendas de alto riesgo” (p. 10).
Este podría ser el caso de las personas y familias afectadas por el incendio de Valparaíso de 2014, que, de acuerdo a los primeros diagnósticos del Departamento Social de la Gobernación Provincial de Valparaíso en el momento inmediatamente posterior al incendio, habitaban en las partes más altas de los cerros, laderas empinadas, quebradas y fondos de quebradas, situación que las haría propensas a ser afectadas por desastres. Esta descripción es coincidente con lo que plantea el Observatorio de Valparaíso (2015), en su primer reporte de la reconstrucción, luego del incendio, en que declara que “persisten condiciones que podrían hacer que una lluvia fuerte, o una fogata fuera de control genere una nueva tragedia, dada la gran cantidad de viviendas de material ligero ubicadas en zonas de riesgo y rodeadas por bosques” (p. 8). Por tanto, como señala Vargas (2002), “las consecuencias desastrosas son proporcionales a las vulnerabilidades de las comunidades y los territorios” (p. 10).
En particular, Chile es reconocido, nacional e internacionalmente, como un país sometido a diversos y continuos desastres socionaturales. Solo entre los años 2014 y 2015 se documentaron las erupciones de los volcanes Villarica (2015) y Calbuco (2015), y el aluvión ocurrido en el norte del país en 2015, sin considerar los desastres que han ocurrido en los años posteriores, dentro de los cuales se encuentran varios mega incendios.
La tarde del 12 de abril del año 2014, se produjo el desastre incendiario más grande ocurrido en la historia de la ciudad de Valparaíso, afectando a los cerros La Cruz, Las Cañas, El Litre, El Vergel, Mariposas, Ramaditas, Rocuant y Merced. Según el informe del PNUD (2014), “el fuego consumió cerca de 1.000 hectáreas, dejó alrededor de 3.000 viviendas destruidas, además de escuelas e infraestructura pública y comunitaria, 15 personas fallecidas y cerca de 12.500 personas damnificadas” (p. 6).
Las personas mayores son un grupo que en general suelen tener dificultades para enfrentar los desastres y sus consecuencias. Es usual que queden aisladas de sus sistemas de apoyo y vivan solas, como resultado de esto, con frecuencia tienen miedo de buscar ayuda. Los problemas típicos en este grupo, después de las catástrofes son la depresión y sensación de impotencia. Es desafortunado que una respuesta común en algunos adultos mayores sea la falta de interés en la reconstrucción de su vida.

Conceptos Clave: Emergencia y Desastre
Para adentrarse en el fenómeno de estudio, es necesario distinguir los conceptos de emergencia y desastre. De acuerdo a lo propuesto por López-Ibor (2004) “el impacto de un peligro en un grupo social tiene que ver con los mecanismos y adaptación que la sociedad ha desarrollado para enfrentar los efectos potencialmente destructivos, si estos son efectivos se está frente a una emergencia”. En cambio, desastre, según analiza el mismo López-Ibor, desde la definición que propone el glosario de las Naciones Unidas corresponde a una “disrupción grave del funcionamiento social que causa pérdidas amplias humanas, materiales y del medio que supera la capacidad del grupo afectado para afrontarlas solo con sus propios recursos” (p. 5).
Al aplicar estos conceptos en el análisis del incendio ocurrido en Valparaíso, es posible identificar que se estuvo frente a un desastre puesto que la población local no habría podido resolver de manera autónoma la demanda de recursos que necesitaron para enfrentar las consecuencias del incendio. Esto según lo informado en medios de prensa locales y nacionales y lo analizado por autoridades regionales en el Plan de recuperación post desastre (PNUD, 2014), “la gravedad del incendio superó la capacidad local para hacer frente al desastre. Siguiendo con lo estipulado en el plan nacional de protección civil, las autoridades municipales recibieron apoyo de los niveles regional y nacional” (p. 13).
El alto impacto de este desastre movilizó a organismos especializados, servicios estatales, sociedad civil, voluntarios y a la academia, para implementar estrategias paliativas y de más largo plazo, orientadas primeramente a solidarizar con las poblaciones afectadas y posteriormente a analizar las condiciones de riesgo, con miras a su prevención y solución.
Clasificación de Desastres y Vulnerabilidad
Los desastres pueden clasificarse en dos grupos: los naturales y los tecnológicos o creados por el hombre, es decir, antrópicos (IFRC, 2014). En el caso de un desastre incendiario, éste se puede incluir en ambos grupos debido a que, por factores naturales, tales como los rayos producidos por las tormentas eléctricas, altas temperaturas, la presencia de fuertes vientos, heladas y/o sequías que secan los pastos, puede naturalmente generar una combustión. No obstante, las estadísticas internacionales y nacionales demuestran que un gran porcentaje (alrededor de un 98%) de los incendios son antrópicos, es decir, provocados por la acción del hombre (Skarwar, 2014).
Amaya en Pérez (2013), agrega que “los desastres son procesos históricamente construidos, producto de la acumulación de riesgos y de la vulnerabilidad, relacionados y derivados del tipo de sociedad y de economía que se han ido desarrollando, con el paso del tiempo” (p. 3).
El incendio se extendió descontroladamente favorecido por diversos factores naturales y sociales, entre ellos las condiciones climáticas características de la zona como los intensos vientos; las características geográficas del territorio como quebradas con fuertes pendientes, que dificultan su accesibilidad y favorecen la propagación del fuego; la propia trama urbano-territorial, con limitaciones de conectividad y acceso, la ausencia de vías de evacuación, la ubicación de las viviendas en zonas de riesgos, inadecuados materiales de construcción de las mismas; y la acumulación de basura y otros materiales en las quebradas que actuaron como combustible para avivar el incendio (p. 5).
Es decir, un peligro combinado con vulnerabilidad y limitado por la capacidad de las personas, para reducir las consecuencias negativas potenciales, daría lugar a un desastre. Así, la vulnerabilidad puede definirse como “la capacidad disminuida de una persona o un grupo de personas para anticiparse, hacer frente y resistir a los efectos de un peligro natural o causado por la actividad humana, y para recuperarse de los mismos” (p. 40). Es un concepto relativo y dinámico.
En complemento, Vargas (2002) señala que la vulnerabilidad ante un desastre puede entenderse como “la disposición interna a ser afectado por una amenaza” (p. 16). Respecto a esto, existen tres categorías, siendo la primera de ellas la exposición destructiva ante una determinada amenaza, seguida de la incapacidad de reaccionar adecuadamente cuando la amenaza se presenta y, finalmente, la incompetencia para lograr la recuperación de las condiciones normales de vida.
Formiga, Prieto y Medus (2009) añaden que “la vulnerabilidad es mayor en los casos en que se considera que la población carece de recursos económicos o tiene ingresos muy limitados, con escasas relaciones sociales y con carencias importantes en su forma de habitar, considerando la vivienda y su entorno” (p. 38).
Las condiciones de salud, movilidad, vista y oído, la falta de provisión de servicios adecuados, la discriminación por edad y los niveles de pobreza entre las personas mayores, exacerbados por la falta de protección social, mecanismos y oportunidades de subsistencia, incrementan la vulnerabilidad social al volver a las comunidades más susceptibles de daño.
La Experiencia de las Personas Mayores en Desastres
Profundizando el análisis, el desarrollo investigativo internacional y nacional del último decenio, da cuenta que la vulnerabilidad de las personas mayores ante un desastre es el resultado de diversos factores, tanto sociodemográficos como medioambientales. A modo ilustrativo, en el estudio de Sánchez y Egea (2011), se señala que la vulnerabilidad en la vejez no es específica de las características demográficas de las personas mayores, sino un producto de la combinación de características e interacciones entre las amenazas, la exposición y las capacidades de afrontamiento en contextos ambientales específicos.
No obstante, esta complejidad no debe olvidarse que este colectivo cuenta con un aspecto de gran valor proporcionado precisamente por la edad: “La experiencia acumulada durante el ciclo vital, que es también la experiencia de los riesgos naturales y sociales en la vida adulta, así como la capacidad para afrontarlos a partir de las formas de administrar los recursos individuales y colectivos” (p. 173).
En este sentido, se propone el análisis de la vulnerabilidad de los adultos mayores desde estudios longitudinales (historias de vida y encuestas) y a escala de hogar, abandonando limitadas aproximaciones basadas solo en el individuo. Este estudio expone la necesidad de generar estrategias de afrontamiento, para posponer los efectos negativos ambientales, sociales e individuales de la vejez, junto con disminuir el grado de vulnerabilidad de la población adulta mayor.
Desigualdad de Género en la Investigación Financiada por CONICYT
En los medios de comunicación ya se instaló la idea de la desigualdad entre géneros como una realidad, impulsada por las demandas de la calle lideradas por estudiantes y grupos feministas. El mundo académico no está exento de denuncias de desigualdad y cuestionamientos al patriarcado, ni de demandas por interrumpir la violencia machista.
Consideramos relevante discutir el rol de CONICYT en la desigualdad de género en la carrera académica, dado que es la encargada de brindar apoyo financiero para la investigación avanzada y de frontera en el país. ¿Quiénes están detrás de generar conocimiento en el país? ¿Cómo se genera este conocimiento? ¿De qué manera el financiamiento de la investigación se vincula a las demandas de una universidad sin violencia de género?
La investigación ha sido históricamente un espacio masculinizado y dominado por hombres. Sin embargo, desde las últimas décadas la presencia de académicas en las universidades, donde se realiza más del 90% de la investigación, ha llegado a tensionar la naturalizada marginalización de las mujeres en la construcción de conocimiento. Esto visibilizaba, en parte, la carta enviada por más de 130 investigadoras y estudiantes en enero de este año a un medio de prensa. El objetivo de esa carta era denunciar el bajo monto de financiamiento entregado a mujeres investigadoras, la necesidad de un pronunciamiento de CONICYT sobre financiar académicos acusados de violencia de género y la necesidad de la creación de un grupo de estudios de género.
La carta fue respondida en apenas un par de líneas, planteando la creación de una unidad de género en CONICYT y aludiendo al Gender Summit desarrollado en diciembre del 2017 para subrayar los avances desarrollados por CONICYT. En esta carta se omitieron cifras sobre el financiamiento para las mujeres en la investigación, así como la forma en que CONICYT podría contribuir a la erradicación de la violencia de género en las universidades. Algo que hemos aprendido durante estos meses es que la violencia de género no es un tema solo jurídico: es un tema cultural, político y ético.
Cifras de Financiamiento y Liderazgo en Investigación
Las cifras hablan por sí solas. Si hacemos un análisis simple, entre el 2005 y el 2015 se aprobaron un total de 8.378 proyectos del programa Fondecyt (regular, iniciación, y postdoctorado). De esos proyectos, el 28% fue liderado por mujeres investigadoras y el 72% por hombres investigadores. Los porcentajes son similares en cuanto a la presencia de co-investigadores (31,7% mujeres vs 68,3% hombres).
Si analizamos estos números con lupa disciplinar, encontramos que existen áreas del conocimiento donde el porcentaje de mujeres liderando investigación con financiamiento de Fondecyt (regular, iniciación y postdoctorado) es cercano al 15% o 10%, como por ejemplo en Astronomía o Física. Incluso más dramático es notar que no existe un área que tenga una presencia mayor de mujeres.
Estos números invitan a reflexionar respecto al impacto en la carrera académica de las mujeres en las universidades y preguntarse sobre las condiciones estructurales del trabajo de la mujer en la academia. Es de conocimiento común que hoy en día la permanencia y ascenso en las universidades depende de la capacidad de productividad científica, traducido en número de proyectos de investigación, y lo anterior, asociado a número de publicaciones indexadas.
La desigualdad de género en el financiamiento de la investigación es altamente problemática, porque impacta directamente los procesos de categorización y/o jerarquización de las académicas, generando una baja presencia de mujeres como profesoras asociadas o titulares, y un alto porcentaje de ellas como docentes adjuntas o eternamente en el cargo de profesora asistente.
Si observamos que en el 2005, 22,2% de académicas se adjudicaron un Fondecyt regular, iniciación y postdoctorado (82 de 370) y en el 2015, 22,6% (130 de 574), podemos decir que, lamentablemente, CONICYT ha mantenido la persistente desigualdad de género en la construcción de conocimiento a través del financiamiento de la investigación.

El Rol de CONICYT ante la Violencia de Género
Finalmente, los números obligan a preguntarse sobre las condiciones en las cuales se construye conocimiento en las universidades. Omitir una respuesta sobre la demanda de un grupo de estudio en temas interdisciplinarios y/o de género, significa un total desconocimiento de las formas en que la arquitectura del conocimiento disciplinar de hoy en día se encuentra tensionada por la necesidad de una mirada compleja de los temas país. Así, por ejemplo, el no hacerse cargo de temas como el acoso sexual en las universidades no contribuye a la discusión sobre una problemática que preocupa a la comunidad académica y a la sociedad en general.
CONICYT es la principal institución que financia la investigación en Chile, y tiene hoy en sus manos el poder de contribuir a la reducción de la violencia de género o ser cómplice de quienes hoy generan y perpetúan la postergación de las mujeres en los espacios académicos.